Todo aquello que ha hecho que este verano sea inolvidable

Tal y como os dije la semana pasada, hoy os escribo desde el vagón de un tren. Vuelvo a mi ciudad… Después de un verano inolvidable.

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10 cosas que he hecho en mi semana de vacaciones

Lunes, otra vez… ¿Y sabéis qué hay peor que los lunes? El primer lunes después de vacaciones. Eso es. Vuelvo al trabajo después de una semana de (merecido) descanso. Ardes, Madrid. Porque hijo mío, qué caloh.

Sea como fuere, es hora de volver a la oficina. Así que puede que estés leyendo esto en el sofá de tu casa, en la piscina, en la playa o yendo a la ofi como yo (sacaremos a España adelante, We Can!); pero me apetece contarte las 10 cosas más chachis que he hecho en mi semana de vacaciones.

Ir a la playa

¡Sería imperdonable! ¡Imperdonable! Soy del sur, adoro la playa, tenía que ir. Y aunque no he regresado como Beyoncé, sí que he cogido morenito.

Terminar (o casi) mi novela en una cafetería

Muy a lo película de las 4 de la tarde en Antena 3, o muy Blue Jeans, la verdad. Pero no podía escribir en casa, y si en Madrid tenía un templo al que acudir, todos conocéis Le Petite Sara, mi santuario inspiracional, Almoradí no iba a ser menos. La Cafetería Vapor ha ocupado el puesto, y os lo pueden decir ellos: de 3 a seis y media, todas las tardes, misma mesa. A veces tenía visitas, a veces no. Esto es un pueblo, ya sabéis cómo funciona. El caso es que he avanzado mucho, pero no; todavía no está acabada. Los procesos creativos son caprichosos, como los artistas.

Pasar tiempo con la gente a la que quiero

Aunque no el suficiente. Decir adiós siempre es complicado y vivir lejos, mucho más. Y aunque llames por teléfono todas las semanas, o incluso todos los días, siempre te dejas cosas en el tintero. Los que vivimos fuera sabemos que cada vez que regresamos a nuestros hogares, hay cosas que han cambiado. Pero es el ciclo de la vida, y de esto nadie tiene la culpa.

La girlband reunida.

Rutina beauty

La fashion week se acerca y mi piel también necesita un respiro. Antes de cada edición de la MBFW Madrid me someto a la rutina no-beauty. Estamos morenos y ¿no dicen que la percha es lo que importa?

A lo fashion editor

¿Qué es viajar hasta una casa abandonada o ir a la playa a las seis de la mañana? Como una verdadera editora de moda, Lauren Izquierdo ha preparado dos pecados capitales: gula y pereza. Con María Murcia a la cámara, un vestido (maravilloso) de Maison Mesa y una botella de champán, podemos decir que el resultado ha sido muy, pero que muy guay. Quedan dos, ¿quiénes serán los protagonistas?

Empezar Game of Thrones

Sí. ¡Lo confieso! He caído y ya me he zapado la primera temporada… Así, como quien no quiere la cosa. El final del capítulo 10 es una verdadera obra de arte. ¿Pueden matar a los Lannister (menos a Tyrion) ya? Por favor y gracias.

Aumentar mi biblioteca

Esta semana me he leído el nuevo libro de mi escritora favorita La última carta de amor. Y ya sabéis que no soy lo que se dice, especial, especialmente romántica, pero he de reconocer que Jojo Moyes tiene algo que hace irresistible cualquier cosa que escriba.

Trabajar (aunque dije que no lo haría)

Es lo que tiene ser una ejecutiva millennial. La novela, la fashion week, que está a la vuelta de la esquina… Era inevitable. Pero como le dije a mi madre, no es lo mismo coger el teléfono en la oficina que en la playa.

Cenar con mi familia (y saltarme la dieta)

Teníamos muchas cosas que celebrar y la cena es el único momento en el que podemos reunirnos todos. La verdad es que somos bastante majos.

En el restaurante Maya.

Shopping is my cardio

Ir de compras es hacer cardio del bueno, aunque no te compres nada. ¿Rebajas? Hoy en día, con tanto mid season y tanta parafernalia, las rebajas ya no tienen sentido. Y yo no he encontrado nada (de momento).

Así que ya veis, después de hacer todas estas cosas, regreso al mundo real. Primer día de ofi. Que alguien me mate. Esta semana empieza la fashion week, así que va a haber mucho movimiento por aquí. Espero que os unáis… Yo ya veo venir cómo acabaré. Y creo que se parece mucho a esta foto. ¿Vosotros qué decís?

© María Murcia.

Sed felices,

Lauren Izquierdo.

Historia de un helado incomprendido

No lo entiendo. No lo entiendo de verdad. Normalmente, esto no suele pasar. Tengo calor. Mucho calor. Estoy sudando. Estoy perdiendo consistencia. Tengo siete pares de ojos observándome con recelo. Yo sé que quieren comerme. ¿Por qué no me comen? Yo sé que quieren disfrutar de mi sabor. Lo veo desde la vitrina cuando pasan, lo veo cuando me miran, y no los culpo, tienen motivos. Esto es así: estoy muy bueno. Muy, muy bueno. Y no soy un ególatra. No, no, no; solo soy realista. Por eso no lo entiendo. Es que no lo entiendo. Estamos a cuarenta grados a la sombra. Agosto ha empezado con un calor atroz, y soy una de las mejores salvaciones del verano. Ese odioso tinto me hace la competencia, pero yo he existido durante toda la vida. Y lo bueno perdura. Además, que soy muy versátil; y tengo más sabores que Carmen Lomana vestidos. Chica, que estás a pie de playa, y yo aquí no soy barato. ¡Cómeme! Mírala, si parece lela. ¿Puede hacer alguien el favor de comerme?

Jo. Si lo llego a saber no me gasto cuatro euros. En verdad me apetece, pero es que no paran de mirarme. Debería darme igual, lo sé; pero en verano pierdo seguridad en mí misma. No me siento acomplejada, pero eso de estar con los michelines al aire no hace que me sienta especial especialmente lo que se dice cómoda. Y menos con ellas delante. Sus ojos me miran desafiantes. 

Tendrá valor. ¿No irá a comerse eso verdad? ¿Es que no sabe que esta en marcha la operación bikini? Yo hoy ni siquiera he comido. Que alguien se lo explique, por favor, que me está poniendo nerviosa. ¿Quién la ha traído?

Por desgracia, para muchas personas el verano es un calvario, y no porque hagan cuarenta grados a la sombra, que también, sino porque cada día el ser humano se vuelve más hipócrita, más cínico y mucho, pero que mucho más cruel.

Las redes sociales se han llenado de palabras afiladas que tienen el mismo efecto que el día a posteriori de la primera clase de crossfit. Los cánones que esta sociedad de mierda ha implantado están llegando demasiado lejos. Hablamos del body shaming. Su traducción al español corresponde a “cuerpo avergonzado”. En resumidas cuentas, un cuerpo que no cumple con los estándares de belleza establecidos por la sociedad actual.

Ya no se critica el hecho de hacerte una foto en la playa, otra absurdidad de la que ya hablaré otro día, sino que ahora parece que, o tienes unas medidas concretas o no tienes derecho a subir una foto sin ser humillada públicamente. Humanos, despertad. Despertad porque hay animales más cívicos que vosotros, además de menos gilipollas.

Esta aberración comenzó con vituperios de usuarios hacia fotos en bikini o bañador que famosas y celebridades colgaron en sus redes personales. Un caso viral es el de Chiara Ferragni en su despedida de soltera. Lo más indignante de toda esta parafernalia es que la mayoría de esos comentarios punzantes son obra de mujeres. Es decir, ya no solo tenemos que combatir contra los machitos que nos comentan puta, zorra, te partía en dos, o el clásico hola, guapa, ¿tienes WhatsApp?; sino que ahora tenemos que batallar con cuatro retraídas que tienen más complejos que Paquita Salas ganas de comerse un Donettes. Chica, supera primero tus propios fantasmas y y deja en paz a los demás.

Y algunos dirán que esto es libertad de expresión o que España, para lo que quiere, ojo al dato; es un país libre. Tu libertad de expresión comienza donde acaba la mía. Por lo que no es libertad, es opresión. Le arrebatas a alguien el derecho de expresarse libremente como persona para alimentar el ego, tus propios complejos, y un exceso de libertad que ni viene al cuento ni es necesario. Luego le echan la culpa a la industria de la moda por promover la anorexia, que no digo que algunos no lo hagan, aquí nadie es un santo, y quien lo sea ya irá al cielo; pero pensemos un momento en la clase de monstruos en la que nos estamos convirtiendo, en el odio y en la inseguridad en uno mismo que estamos fomentando y en el aburrimiento y en la vida vacía que estamos demostrando que algunos tienen. Venga, por favor. Esto es una vergüenza.

Vergüenza es lo que yo siento y lo que muchos y muchas deberían sentir. Que no hace falta que nos recuerden que tenemos estrías, que no hace faltan que nos recuerden que tenemos celulitis, pelos o kilos de más, que tenemos ojos; pero lo que no me parece normal es que si una persona se quiere tal y como es, o no, porque eso no lo sabes; tengas que venir a joderle la marrana, hablando en plata. Encima, además de un aberración me parece de una cobardía impetuosa: ni siquiera a la cara, todo detrás de la pantallita dichosa.

Así que la próxima vez, piénsalo, pero no lo digas. No lo digas porque no es necesario, y como dijo Christina Aguilera: You are beautiful no matter what they say. Words won’t bring you down.

Una última cosa: pensad y solidarizaros con los helados, que en verano, si no te los comes, se vuelven unos incomprendidos y no hay Dios que los soporte.

Y como no podía ser de otra forma, os dejo con una foto mía en bikini, y a quien no le guste, pues que no mire.