Working girl y otros estilismos para darle la bienvenida al otoño

Oficialmente la rutina ha entrado de lleno en nuestras vidas. Tras una semana de universidad y mucho trabajo; y por trabajo me estoy refiriendo a mi entrevista a Agoney, Ester Expósito y el musical “La vida es sueño”, me he dado cuenta de que Ana Milán tenía razón: septiembre es el año nuevo de las urbanitas, y como inicio de año que es, si la cuesta de enero cuesta (valga la redundancia y ole yo), la de septiembre no te digo ná (yo ya no quiero ná).

Tan intensa ha sido mi semana, que me ha dado tiempo hasta a ponerme enferma. Como os lo cuento… El caso es que pilas cargadas, vuelta a la marcha y lunes otra vez. Por Madonna; qué poco dura lo bueno. Y el cambio es serio, tan serio que me he cambiado la foto de perfil de Twitter e Instagram, que salía en la playa. Esto es como la cera, del tirón; que duele menos.

Este lunes os traigo una propuesta de working girl. Personalmente, la moda de otoño-invierno es la que más me gusta, y como aficionada y loca de los trajes, poder ponerme una chaqueta me da la vida:

Muchos días no sé cómo ir a la universidad, a una entrevista, a un espectáculo, o simplemente a tomarme un Martini o una birra por algún bar de Madrid… Suelo tirar de estas opciones. Sinceramente, así es como voy hoy (lo digo en serio). Me siento cómoda, me siento yo, y sientan muy, muy bien.

Hasta hace poco no era muy fan de los vaqueros. He de confesar que uno de mis mayores complejos siempre han sido mis piernas, ya no; ahora me encantan: los vaqueros y mis piernas. Habiendo hecho esta confesión, propongo que nos volvamos a centrar en el look y en lo sencillo, fácil y versátil que es:

Composición: jeans, blusa lencera, blazer oversize fluida, botines. Como complementos: cinturón, clutch artesanal, pendientes artesanales. Sencillo, fácil; y si alguien pregunta por mis gafas, diré que, aunque no lo parezca, soy miope.

Los pantalones son de Stradivarius, están mucho más rotos que el día que me los compré, pero es que a mí me gustan así; la blusa es de H&M; y la mejor inversión de mi vida es de Sfera. Actualmente, ya no quedan existencias. Fue una de mis primeras compras aquí en Madrid. Estaba de rebajas, cómo me alegro de que mi compañera de piso me animara a comprármela.

Con respecto a los botines, sí; son por los que tanto me preguntasteis el año pasado. Están como nuevos, otra compra estrella. Los pendientes y el bolso, como ya he dicho, son artesanales y me los traje de mi viaje a Granada.

Como siempre, las fotos son de la increíble Beatriz Jericó, que me saca guapa hasta cuando estoy malísima de la muerte.

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Parece Nueva York, ¿verdad? Pues no, es Madrid, una ciudad que me tiene eternamente encandilada.

Pasad buena semana, bonitos; y ya sabéis: llega el otoño, dad rienda a la imaginación y sacad los trajes, que sientan muy, pero que muy bien.

Lauren Izquierdo

¡En el Retiro con buen tino!

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!

¡Y feliz lunes! Ya sé que parezco bipolar a veces. A menudo, comienzo diciendo que odio los lunes, y no me falta razón. Comenzar la semana siempre se me hace cuesta arriba: la alarma a las seis, los dos cafés y escuchar tres horas de filosofía política no es que sea de mi más sincera devoción, pero seamos positivos. Soy una persona positiva, algo dramática y un poco loca, pero siempre positiva. Ante todo.Si piensas en cosas buenas, te pasaran cosas buenas.”

Bueno, o eso dicen.

Basta de cháchara que me enrollo como las persianas ¡y vamos a lo que vamos!

Este fin de semana mi fotógrafa ha sido Natalia Reyes, va mi clase de periodismo, es un amor. Decidimos escoger el Retiro porque ahora comienza a inundarse de hojas de color carmín y calabaza y es una maravilla.

Además, mi look contrastaba tan bien con el paisaje, que hasta a mí me enamoró el resultado…

Muchos de vosotros estaréis pensando ese mono me suena y no os falta razón. ¡Me habéis pillado! En esta época donde nadie sabe qué narices ponerse, llego yo con este mono de cuadros oversize. Si este año se llevan los cuadros, no os quepa duda que el año pasado también se llevaban.

Este mono es con el que asistí al desfile de Moisés Nieto en septiembre de 2016, y al parecer fue una buena compra dado que este año puedo seguir poniéndomelo.

Es de Asos, para quién se lo pregunte, pero como bien sabéis, siempre me preocupo de dejaros en mi 21 buttons (Laurenizquierdo, ole el spam) las prendas para que podáis llegar a ellas sin problemas.

Os dejo unas cuantas fotos más. La verdad sea dicha, me lo paso como una niña pequeña haciendo estas sesiones, y las hago con mucho gusto para que os lleguen a vosotros con la misma ilusión que intento trasmitiros.

Y ya como siempre, solo me queda deciros que nos veremos muy pronto con otro post en “Talla Treinta y Ocho By Lauren”. Disfrutad de este puente, sois los mejores y desde mi más profunda sinceridad, gracias por vuestro tiempo. No sería lo mismo sin vosotros.

L.I.

Total black en el Palacio Real. 

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Bienvenidos a mi primer post de otoño, (aunque sigue haciendo un calor que te mueres.) Hoy es un día muy especial porque aunque los post se publican los lunes, yo los escribo los domingos, y hoy, uno de octubre, es mi mesaniversario. ¡HAGO UN MES EN MADRID! 

Mi hermana dice que parece que haga 3 000 años que me he ido, pero la verdad es que el tiempo se me ha pasado volando. Estoy orgullosa de lo que estoy consiguiendo, y aunque Carlos III me tiene hasta las narices en el primer mes, (en serio, TCM es lo peor de la vida,) los amigos, las experiencias y los momentos que he vivido este mes, no me los quita nadie. Madrid es una ciudad mágica. Madrid me enamora. 

Por eso lo he querido celebrar con unas fotos muy especiales, hechas por mi amiga, (sí, Vir, ya tienes el título,) Virginia López. Para hacer este post pensamos en un ambiente regio, elegante, impotente, imapactante, lleno de lujos, de minimalismo y sí, de realeza. Nada mejor que el Palacio Real de Madrid. Para provocar un choque de polos opuestos pensé en el look más black que especulé. ¡Y tachán! Esto es lo que salió: 



La gente me miraba mucho (no sé por qué será) pero lo cierto es que a estas alturas, ya me da igual porque estaba ¡diviiiiina! No sé si divina, pero este rollo me enganchó desde el segundo uno que mi mente lo especuló. 


El vestido vaporoso lleno de trasparencias y de tul, las botas altas de ante, mi bolso riñonera con tachuelas (es un bolso viejo con un lazo, que no os engañen) y mi labio rojo definió lo que muchas veces mi madre y mi padre me dicen: “Lauren, hija mía, tú vas a meterle caña al mundo”. Puede que el look  idóneo para comerme el mundo, o al menos para enamorar a un motero.😉

Aquí os dejo unas cuantas fotos más. Espero que os guste el look ¡y a copiar, comprar y posar! 


Gracias por llegar al final y por vuestro tiempo. Sois los mejores. Esta familia cada vez es más grande y vuestro apoyo es la gema que hace que siga adelante. Sois muy grandes. 

Nos vemos la semana que viene con otro post de “Talla Treinta y Ocho by Lauren” ¡Buena semana!

L.I. 

Malasaña viste de rojo.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!

Hoy es lunes… ¡TAZA DE CAFÉ EN MANO, POR FAVOOOOOOOR! 

Mi agenda Mr. Wonderful dice esta mañana: si piensas en negativo, no te ocurrirá nada positivo. Así que no voy a pensar que acabo de salir de una clase de tres horas de filosofía política y que tengo que hacer ahora a las dos un trabajo para teoría de la comunicación mediática que tiene veintidós hojas sobre el mito de Superman y así, y con suerte, o más bien un milagro, llego a las nueve a mi casa. La vida universitaria es dura, amigos.

Pero no quiero aburriros con mi futura carrera. ¡Voy a hablaros del tercer componente de la creación de las Supernenas, de cosas bonitas! Apunte: para quien no lo sepa, las Supernenas están hechas de azúcar, especias y muchas cosas bonitas. Qué incultura, por Madonna.

Ayer por la tarde fui a pasear, como no tienes veinte mil cosas que estudiar, Lauren, a uno de los barrios que tanto alimenta la ciudad de la que vivo enamorada, Malasaña. La temperatura se encontraba sobre los veinte grados, pero ya va notándose el fresquito y la necesidad de una manga más larga que proteja nuestra piel. Madrid es seco. Madrid es frío.

 Os traigo de regreso en una bonita sesión cápsula, un look que me encanta, con una prenda muy, muy especial: mi abrigo rojo.

Claramente, estamos hablando de un outfit de entretiempo. A nadie le gusta el otoño. Dicen que es el jueves entre el verano y el invierno, pero a mí me encanta. ¿A que nos encanta el otoño? Claro que sí.

El abrigo ya lo conocéis, pero para el que no, es de Stradivarius, al igual que el bolso. Las botas y el pantalón mom es de Pull&Bear, y la camiseta es de Primark. ¿Lauren sin Zara? Como veis, es posible. El look completo lo podéis encontrar en mi 21 buttons, como veis, me he transformado en una moderna. 

Me encanta este conjunto, qué queréis que os diga. Es cómodo, versátil y tiene ese toque de luz que tanto me encanta. Además del rojo. Para quien no lo haya notado, me encanta el rojo, tengo una conexión especial con este color, y ni siquiera es mi favorito. 

Aquí os dejo unas cuantas fotos más…

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Ya solo queda daros las gracias por vuestro tiempo y por sumaros cada vez más al carro. En especial, gracias a Celia Gómez y a Virginia López por esta tarde llena de risas y por un trabajo bien conseguido. Me encantan las fotos. ¿A que nos encantan?

¡De nuevo, gracias! ¡Nos vemos muy pronto con otro post en Talla Treinta y Ocho y no os perdáis las novedades que nos acontecerán muy pronto!

L.I.

Segundo capítulo de mi libro: Silencio.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Hoy estoy extremadamente feliz porque es el primer día que voy a estar en la zona  prensa de un desfile, así que mañana espero tener una crónica barra crítica que os enamore y enganche tanto como espero que me enganche a mí. La ESNE ha tenido el precioso detalle de tenerme en cuenta para su lista de invitados especial, así que tendré una acreditación con mi nombre y todo. ¡Es tan guay!

Al estar tan feliz he decidido haceros un regalo y os he publicado el segundo capítulo de mi libro, ya que he podido observar que el primero tuvo muy buenos resultados. Si no recuerdas el primero no te preocupes Capítulo uno de mi nuevo libro, Silencio. con que pinches en lo azul será suficiente, te llevará a la entrada donde lo publiqué. Una vez más solo espero que os encante y nada. Nos vemos esta tarde en mi Instagram y mañana con otro post en mi blog “Talla treinta y Ocho”.

L.I.

CAPÍTULO II.

Manuel, Marco, Carlos, Mikel y Martín.

Eran tantas las cosas que me resultaban inverosímiles en esta historia. No sabía por qué me habían contratado. ¿Por qué ahora quería que formara parte de su séquito? No sabía nada de ese hombre, solo que quería que fuera su secretaria porque Julia Jones iba a ser madre. Qué bonito. Ojalá yo tuviera a alguien con quien poder volver a intentarlo. Siempre quise ser madre, pero al igual que mis centenares de proyectos de obsesiva adolescente, no había cumplimentado ninguno. Decidí investigar a Maximum Smith, tratar de averiguar algo que todavía no supiera. Mañana debería darle una respuesta. Era el segundo millonario más rico del mundo y lideraba la herencia del proyecto ambicioso de su padre Maximum Jefferson Smith. Tenía tres hijos, trillizos; Amber era una promesa en el mundo del diseño, Carlos era escritor y estaba licenciado en empresariales y James era jugador de rugby, que si no recuerdo mal, salió un tiempo con Kate, una amiga mía de la facultad. Kate solo sale con ricos. No sé qué me sorprende más, si el hecho de lo superficial que puede llegar a ser o que cada dos semanas tenga un novio nuevo. No mantengo relación con ella. Todo se acabó entre nosotras después de nuestro viaje a las Vegas, pero las redes sociales dan mucho de sí, y aunque no la sigo en Instagram, sí que me sé su cuenta de memoria y muchas veces le cotilleo. La tía está forrada, está estupenda y encima polioperada. Algunas se lo montan bien.

El reloj anunció su llegada a media noche. No sabía qué decisión tomaría. A veces deseaba que todavía estuviese aquí. Echaba de menos tener a alguien con quien hablar. Mañana sería otro día.

 

No sé ni cómo terminé rellenando aquel extenso e inacabable contrato, pero me sentía como si estuviese vendiéndole mi alma al diablo. Posiblemente así fuera. Julia me miraba lastimosa, como si la hubiese traicionado, aunque si no hubiera aceptado, el despido de ella seguiría en pie y otro más listo que yo tendría mi puesto.

Era la nueva secretaria del jefe de la cadena de compraventa de empresas más importante de todo Nueva York, NY Publish. Un magnate en toda regla. Un idiota en toda regla; un hombre que además tenía millones de acciones distribuidas por toda el planeta que lo hacía más multimillonario de lo que ya era. Sonaba intimidante, pero quizás ahora pudiera renovar mi coche, mi pobre Jake necesitaba morir de una vez.

No puedo negar lo que me dolieron muchas de las palabras que expulsó aquel misógino de tomo y lomo. Ni siquiera sabía cómo demonios conocía la noticia de mi quinto fracaso matrimonial. Sí, la irónica historia de Hera, la supuesta diosa del matrimonio. Deberían hacer un reality show sobre mí. Al fin y al cabo lo único que me diferencia de las Kardashian es mi lamentable y actual aspecto, y si no recuerdo mal, ellas están operadas. Tengo una maldición, soy una fracasada en el amor, y no lo digo precisamente de manera figurativa. Mi vida ha ido pegando altibajos excéntricos. Mi madre no fue lo suficientemente fuerte como para cargar con todo ella sola, y no puedo culparla por ello, es más, muchas veces pienso que la culpa fue mía.

Mi adolescencia fue algo… ¿alocada? Sí, utilicemos ese adjetivo. Quizás hubiera necesitado un internado, la cárcel, o un padre.  Me casé con dieciocho años con Manuel, el batería buenorro de la banda de mi primo. Se conocieron en Erasmus. Era español y me enamoró que odiara los toros. Nunca entenderé la cultura de aquel país. Sé que cada uno tiene sus costumbres y que NY no es perfecto, pero vamos, ¿matar a un animal inocente para la diversión de otros? Adoro y adoraré España, a sus gentes, su gastronomía, su folclore, sus playas, pero aunque no sea antitaurina, lo cierto es que no es fruto de mi devoción. Aquello duró apenas seis meses. Lo descubrí con una hippie en mi cama, y además no me hacía gracia que usara mis bragas como turbante en sus conciertos.  Creía que lo nuestro duraría toda la vida, qué estúpida, y qué adolescente.

Volví a estudiar, necesitaba encarrilar mi vida, y en el segundo año de carrera conocí a Marco, un estudiante italiano que me prometió la luna. ¡Malditos italianos y maldita su labia! Era muy religioso, por lo que no copulamos hasta el matrimonio. Al principio me pareció extraño, pero poco a poco me autoconvencí de que si estaba inculcado en la fe cristiana, era algo medianamente normal. ¿Normal? Ahora no me lo parece en absoluto, y más en los tiempos en los que estamos. Cuando llevábamos un año saliendo me pidió matrimonio. ¿Matrimonio precipitado y fe cristina que impedía el coito? Me sentí confusa. ¡Ni siquiera me había presentado a sus padres!, pero como una boba alocada y una amante deseosa, acepté. La boda fue genial, pero a la semana me enteré por Margarita, mi suegra, una encantadora mujer con la que todavía mantengo contacto, que él había exilado de un convento la misma noche en la que nos conocimos. Desde que me enteré de aquello, mi matrimonio fue decayendo,  no confiaba en él, y a Marco le molestaba todo de mí, sobre todo que fuera atea. Pasados seis meses, me dijo que se volvía al convento. Pensaba que estaría mejor allí. La única a la que siempre le entregaría su amor fiel sería a la virgen, pese a que él ya no lo fuera. En un año incluso obtuvimos la nulidad matrimonial.

Tras dos matrimonios y terminar la carrera de publicidad, me largué con mis dos mejores amigas, Inés y Kate, a las Vegas. Necesitaba aclararme las ideas. Casino, juerga, y nada de matrimonios. Pasamos unos días alucinantes. Fue el mejor regalo de fin de carrera que nos pudimos hacer. Claro que volví con anillo. ¡En serio! Debería estar prohibido que Elvis case a gente estando ebria y sin testigos. Se llamaba Carlos. Era español, otro, y estudiante de medicina, un buen chico. Los dos decidimos que lo más sensato era desprenderse de ese matrimonio, que asombrosamente tenía validez. Ni siquiera sé si puedo contarlo como marido, pero era un gran chico. Me hacía reír todo el tiempo, se lo tomó a broma y tranquilizó a mi madre. Todavía recuerdo el momento en el que se lo dijimos:

 – Madre mía, Hera. Es que no piensas en las consecuencias. Tienes que dejar de vivir aventuras y empezar a sentar cabeza.

– Sra. Harrison, ambos estamos muy arrepentidos y no sabemos cómo ha podido suceder tal cosa.

– A mí no me sorprende. Cómo se nota que no conoces a mi hija.

– No, es cierto, no la conozco, pero por lo que he hablado con ella, no me cabe la menor duda de que es una mujer maravillosa.

 

Y puede que hubiéramos congeniado, pero ninguno quisimos correr riegos, y menos con un anillo de por medio. Podríamos haber seguido conociéndonos después de aquello, es más, me invitó a un par de cafés después de los trámites, pero yo lo rechacé. ¡Adiós al tercero de la lista! Y eso que dicen que a la tercera va la vencida.

Nunca me gusta citar a mi cuarto matrimonio. Fue el más deprimente de los cinco. Se llamaba Mikel, ruso. Me dejó porque se volvió gay. Ahora está casado con una amiga mía, Evelyn, pero a estas alturas de mi vida… Eso ya me da igual. No le guardo rencor, pero no le mando postales de Navidad como a los demás. No se las merece, no me gustan los mentirosos.

Tras siete años de consternación divina contra mí, conocí a Martín, un chico catalán que viajaba a Nueva York por asuntos de trabajo. Era arquitecto y se convirtió en el hombre de mi vida, pese a que suene cursi. Odio que todavía suene cursi. Lo que más me gustaba de él eran sus ojos color aceituna. Era guapísimo aunque él lo negara continuamente. La modestia era uno de sus fuertes y me hizo olvidar a aquellos cuatro patanes. No me juzgó por haber estado casada cuatro veces con tan corta edad. Simplemente sonrió e hizo un comentario gracioso. “No serás una viuda negra, ¿verdad?” Qué ocurrente. Cuando dices que llevas cuatro divorcios a tus espaldas a tus veintitrés años, te miran raro, y con motivo. Sin duda lo que me enamoró infinitamente de él fue su perseverancia, además de sus múltiples virtudes. Me mudé a España tras seis meses de relación. Lo nuestro iba en serio, aparentemente, y me alegré de poder afirmar que al fin caminaba en la senda correcta… Ninguno nos queríamos hacer ilusiones, pero sabíamos que el tiempo pasaba y seguíamos juntos, y eso importaba, ya lo creo que importaba. Una de las cosas que más le gustaba era que cantara en la ducha después de hacer el amor. Encontré trabajo en una revista de moda, que al principio odiaba, digamos la verdad. Era publicista, no una finolis de talla treinta y seis que se quejaba de que sus Manolos le hacían daño. La gente nos sonreía por la calle. Definitivamente él me hizo sentir como nunca antes nadie me había hecho sentir y era bonito poder decir aquello. Después de tres años me pidió matrimonio en una bonita casa rural en un verano muy lluvioso. Nuestra boda fue grandiosa. No quisimos quedarnos cortos en nada. Mi madre no paraba de llorar al ver que al fin había logrado ser feliz y me aseguró cientos de veces que no había visto una novia más bonita que yo… Me hubiera encantado que mi padre se hubiera presentado, me hubiera visto casada, de blanco y feliz al fin, aunque no le importara. Desgraciadamente todo termina. Mi madre enfermó en estado grave debido a un cáncer craneoencefálico. Enseguida quise estar a su lado y Martín lo entendió. Él abandonó su puesto de trabajo, tal y como yo hice en su momento, aunque lo hiciéramos por amores distintos. No tardó en encontrar otro trabajo que suplantara al antiguo. Tenía talento. Era absurdo negarlo. Era absurdo no contratarlo. Yo llené mi tiempo entrando en esta empresa individualista, NY Publish. Pronto mi madre murió. Era inevitable. Ese cáncer no tenía cura. Martín me apoyó durante todo el proceso, y yo se lo agradecí, pero no fue suficiente. Comencé a abandonarme, a llegar tarde a casa, a no aceptar sus caricias… Terminé por alejarlo de mí cuando lo que necesitaba era justo lo contario. No pude aceptar que otro ser querido me abandonara. Demasiado injusto. Demasiado duro.

Quizás este toque envidioso de ambición fuera justo lo que necesitaba para llenar mi vacía vida, pero francamente no creía que mis pantalones de pinza desgastados por las continuas lavadas y mi blusa victoriana de hacía siete temporadas encajara con el perfil que quería otorgar. Quizás en el 2000, pero no ahora. ¿Cuánto haría que no iba de compras? Tenía que admitir que era algo dejada. Era una treinta y dos añera dejada. Aunque, ¿qué habría llegado a los oídos de mi jefe que tanto lo había convencido? ¿Qué, cómo y por qué? La eficacia y mi persistencia podría decirse. ¿De verdad, Hera? Había tomado la decisión de ascenderme… E iba a aprovecharlo.

 

 

¡Y con Mickey me voy de viaje!

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!

Para quien no se haya levantado todavía o le pase como a mí que ya no sé ni en qué día vivo, hoy es el último día de julio. ¡Ya! ¿No os parece que este verano se está pasando más deprisa que de costumbre? Dicen que cuando cumples los dieciocho la vida pasa más deprisa, ¿pero tanto? Solo me quedan treinta días para despedirme oficialmente de Almoradí. Y espero que sea una despedida larga, eso siempre será buena señal.

Hoy os traigo un outfit que muchos pensaréis que qué mosca me ha picad porque es bastante bastante sencillo, pero estoy segura de que os encantará.

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¿Qué me decís?

Es muy apto para estos días en los que el calor nos inunda y ya no sabemos si hacer nudismo por la calle o hibernar en nuestra casa con el aire acondicionado, o en mi caso, con el ventilador.

Ahora que se aproxima una época para mí de muchos viajes (Madrid, Granada, Totana, Madrid y Menorca…) la comodidad casi prima en mis looks, aunque siempre tendrán mis toques extravagantes, como el lazo de puntos, mis gafas, o mis labios rojos… ¡ESO QUE NO FALTE!

Si os soy sincera, pocas veces me pongo pantalones cortos, creo que en este año, es la primera vez, soy más de vestidos y de faltas, pero eso ya lo sabéis… Además el look muy básico, muy sencillo y muy copiable. Así que tranquilos, que sí, podéis copiarme. ¡Si ya sabéis que me encanta!

Aquí os dejo unas cuantas fotos más para que os entretengáis mirándolas y para que se note que me esfuerzo  en mejorar cada día más por y para vosotros. El jueves estaré en Madrid, así que no os perdáis en mi Instagram Stories Instagram de Lauren (spam al poder) todo lo que me suceda. ¿Volverán a ser puntitos mis historias?

Y ya como siempre solo me queda daros las gracias por ser como sois y por apoyarme tanto como lo hacéis. Me encanta leer y releer los mails que me mandáis, y muchas veces me emociono cuando me decís que me he convertido en un referente para vosotros. Gracias, de verdad. Sin vosotros, nada de esto sería posible.

Nos vemos muy pronto con otro post en “Talla Treinta y Ocho By Lauren.”

L.I.

Y qué mono para estar mona.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!

Tal y como os avisé, aquí estoy, un lunes más a vuestro lado. Es la última semana de julio y no puedo creer que nos quede tan poco tiempo para despedirnos del verano. Esta semana son fiestas en mi pueblo, Almoradí; y ya veis, voy del trabajo a la feria y madrugo muchísimo para estar con vosotros. Tenedlo en cuenta, eh; que aunque como dicen “quien algo quiere algo le cuesta” hoy tengo un sueño que me muero. (Pobre Lauren)

Hoy he sacado de mi armario un mono que a muchos os encanta. Una prenda que adquirí en Madrid por una cantidad inimaginable, y es que si os soy sincera, este mono, que tanto me gusta y que tanto os gusta, no llega ni a 20 euros. Sí, como lo escucháis. Para quien no sepáis de qué narices hablo… Hablo de este mono.

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¿Es bonito, verdad?

Tanto el mono como los zapatos son de tiendas de Madrid que muy fácilmente podéis encontrar, simplemente porque son franquicias, vamos. Los zapatos son de Stradivarius, que lo cierto es que ahora están de rebajas y están tirados del precio. El mono es de Primark. De nuevo increíble pero cierto.

El mono me gusta porque es muy versátil. Me apasiona su diseño con esos volantes tan discretos, la caída, el corte… Yo he escogido estos zapatos multicolor porque no soy una persona discreta, pero muchas veces he utilizado sandalias amarillas con perlas, un zapato rojo, negro, plata, cereza… ¡SI ES QUE LE PUEDES METER CUALQUIER COSA! Es una maravilla. Y es apto para la noche y para el día.

Os dejo unas cuantas fotillos más y os prometo que el próximo lunes será un paisaje distinto…

Y como siempre, gracias por compartir vuestro tiempo conmigo, sois una de las mejores cosas que me ha pasado. Hasta la semana que viene, con un nuevo post en Talla Treinta y Ocho By Lauren.

Muack!

L.I.