Si yo fuera Mía: Capítulo 2

Yo soy María

— ¿No te das cuenta? Eres tú a la que quiero. No puedo vivir sin ti, yo…
— María, déjate ya el Netflix – mi madre acababa de llegar a mi cuarto. Sin llamar. Otra vez.
— Joder, mamá; me has estropeado el final de la peli.
— Pero si siempre es lo mismo: chico conoce a chica, se enamoran, se engañan y luego se casan.
— Y son felices para siempre – le dije.
— No, y son felices hasta que acaba la peli – me miró de reojo.
— Touché – no quería rebatirle.
— ¿Has limpiado los baños? – me preguntó mientras estiraba la colcha.
— Sí. Hace una hora.
— ¿Todos?
— Sí, mamá – resoplé.
— ¿Tienes deberes?
— Voy a la universidad, no tengo deberes – espeté.
— Entonces, ponte a estudiar.
— No hay nada que estudiar. Hoy ha sido el primer día – insistí. Estaba esforzándome por no estallar. Pero mi madre era desesperante.
— Seguro que hay algo.
— Los horarios – bufé.
— Ya sabes que…
— Lo sé, mamá – la corté-. Pero no hace falta que me lo repitas seis veces al día.
— Vale, perdona – me cogió por los hombros-. Voy a hacer la comida. ¿Tienes hambre?
— Siempre tengo hambre – espeté.
— Lo sé, ni que no te diera de comer… – dejó caer-. Ahora te aviso.
— Mamá.
— Dime.
— ¿Qué hay para comer?
— Macarrones con queso – sonrió.
— ¡Bien! – aplaudí. Es mi comida favorita.
— Te vas a poner como una foca – volvió a dirigirse hacia la puerta.
— Mamá.
— ¿Qué?
— Te quiero.
— Y yo – y cerró la puerta.

Volví a darle al play, pero retrocedí 20 segundos.

— ¿No te das cuenta? Eres tú a la que quiero. No puedo vivir sin ti, yo… Te quiero.
— Carlos…
— Cásate conmigo.

La pantalla se oscureció y al son de una balada romántica, tres letras anunciaron su fin. Qué bonita. Qué mágica. Qué romántica.

Me llamo María Saavedra. Tengo dieciocho años recién cumplidos. Soy cabezota, y Tauro. ¿Qué le vamos a hacer? Estudio y vivo en Madrid con mi madre. Vivimos en una mansión a las afueras de la ciudad, en un barrio muy rico al que apodan la Moraleja. Pero no es nuestra casa. Es más, vivimos aquí porque los Falcó (que no son quién pensáis) la compraron hace tres años. Nosotras nos encargamos de parte del mantenimiento de la finca. Así que, sí; somos las encargadas de que los baños huelan a a pino y de que los sumideros traguen el agua de las duchas. No sabéis la de mierda que se acumula ahí. De verdad. Pero, a cambio de todo eso, dejan que hagamos nuestra vida bajo su techo; y no solo eso, sino que me han pagado la universidad. Estoy estudiando derecho en la Universidad Antonio de Nebrija. Lo sé. Podría haber ido a una universidad pública, esto no es Estados Unidos, pero insistieron. No tienen hijos y mi madre dice que hubiera estado feo rechazar un regalo como ese.

Mi mayor sueño es convertirme en abogada y especializarme en casos de violencia de género. Sé que valgo para ello, y sé que valgo porque no hay mayor poder de convicción y de hacer que la verdadera vocación. Voy a por ello. Y voy a conseguirlo. Me cueste lo que me cueste.

Como habéis podido comprobar, me encantan los macarrones con queso. Quizás es algo básico, pero no he probado ninguna pasta con polvorone como la de mi madre. Como en casa no se come en ningún sitio.

Me encanta pasarme las tardes viendo películas y series. Mi favorita es ‘Suits’ y ‘How to get away with murder?’ Era fácil de adivinar. Aunque la verdad es que siempre lloro con el final de ‘Glee’, es la única serie que he visto más de dos veces. Concretamente, siete. No obstante, también soy algo snob, porque para escribir, leer o estudiar me encanta encender una vela con olor a vainilla y canela y escuchar música clásica, como ‘Nocturne en mi bémol majeur opus 9 n2: Ballade en Sol Mineur No.1’, de Chopin. Y cuando llega la época navideña, paso los domingos con mi madre viendo películas de magia blanca, aunque ya hace tres años que la Navidad es algo más amarga, como el chocolate negro. La disfrutas, pero ya no tanto como antes.

Pero son cosas que pasan. Y más cuando la realidad es que ambas tenemos suerte de estar vivas.

Si yo fuera Mía: Capítulo 1

Yo soy Mía

No es cinismo, y mucho menos autocompasión. Vuelvo a decir que sé que soy una privilegiada. Pero es difícil ser como Mía. Es muy difícil ser como yo.  ¿Nunca habéis deseado ser otra persona? ¿Nunca habéis deseado cambiaros por alguien a lo ‘Cambio de princesa’ o ‘ Tú a Londres y yo a California’? Es curioso. Porque yo quise hacerlo; de hecho, lo hice, y ahora me gustaría volver a hacerlo. Supongo que es algo que va incrustado dentro de la anatomía del ser humano. Siempre queremos más y nunca nos conformamos. Es algo que también nos pasa a los inconformistas. Pero somos de la generación Z, ¿qué más puede justificarnos?

Mía puede ser un nombre algo pedante. ¿Os suena pedante? Me apuesto un McQueen a que sí. Pero es lo que hay. Además, es un nombre corto que suele gustar a todo el mundo. A los chicos les encanta. ‘Eres mía, Mía‘; les pone muchísimo, os lo aseguro. Aunque he de decir que a mi novia también le vuelve loca. Que te susurren eso mientras utilizan el succionador de clítoris contigo es increíble. Probadlo. En serio.

Ahora estoy viviendo en Madrid, aunque para ser exactos, paso un 60% de mi vida en trenes, barcos y aviones. Viajo muchísimo. Soy influencer y ecoactivista. Sé lo que estáis pensando y sí, conozco a Greta Thunberg. Es más, quedamos de vez en cuando para tomar el té y comer pastel, eso sí, vegano. No consumo nada que no lleve la etiqueta verde. La revolución ha llegado. Nos estamos cargando el planeta y no, no es ninguna tontería.

En mi cuenta de Instagram, @ifyouweremia, os hablo de datos, leyes y posibles soluciones para luchar a favor del medioambiente. Bueno, y para seros sincera, también cuelgo fotos mías haciendo yoga, con Clara (mi novia) y con mis mejores amigas, Rosalía y Beyoncé. Son la caña. ¿Habéis ido alguna vez a un cabaret con las reinas del Coachella? Es lo más.

Sé lo que me vais a decir. ¿Greta Thunberg, Rosalía y Beyoncé? Pero sí, es una true story. Si no me creéis, entrad en mi Instagram, y seguidme, claro. Tengo 10 millones de seguidores. Supero a Ester Expósito y Danna Paola. ¿Sabéis quién son? Bueno, tampoco os perdéis nada.

También he salido en los Fashion Vogue Drama, he cocinado una paella para C. Tangana y le hecho una entrevista a Michel Obama. Una mujer con muchas cosas que contar, la verdad. Algún día me la hará ella a mí, estoy segura. Congeniamos bastante bien. Espero pasar las navidades en La Casa Blanca, aunque si no, me iré con Oprah. Beyoncé estará ocupada con sus niños y no puedo irme con Rosalía… Las cosas para los que no somos catalanes están mu mal, mu mal.

Pero insisto, no os dejéis llevar por las apariencias, engañan. Vuelvo a repetir, es muy difícil ser como yo, pero Rocío, mi manager (que no es la de Rosalía), dice que todo el mundo quiere ser como Mía. Por cierto, tengo apellido, pero no os voy a decir cuál es. No quiero acabar con el misterio tan pronto. Es posible que os preguntéis si mi vida ha sido siempre así. Soy rica, famosa y ecoactivista, pero no lo he sido siempre. Lo cierto es que he concedido varias entrevistas contando mi historia, aunque francamente os recomiendo que sigáis leyendo. Leerlo en primera persona siempre será mejor que hacerlo por medio de un periodista de pacotilla que ha tergiversado tus palabras. Y estáis en lo cierto: como os imaginaréis, odio esa revista