¡Que comience la fiesta!

El frío ha entrado de lleno y por sorpresa en nuestra vida, por lo menos en Madrid. Ahora mismo, mientras os escribo en una de mis cafeterías favoritas de la ciudad, llevo un jersey de lana verde, unos pantalones largos y unos botines. La temperatura ha descendido y nos ha obligado a innovar y a rebuscar en nuestros armarios aquellas prendas más abrigadas. Por ello, mi propuesta de la semana es esta:

Como podéis apreciar, es un look llamativo, el cual mezcla la elegancia clásica del negro con la pasión desinhibida del rojo. Para combatir el frío, el cuello halter me parece un básico de armario infalible, el tweed también es muy calentito, y para estilizar no se me ocurre nada mejor que un buen botín, sobre todo si sois bajitas como yo.

Negro, rojo, negro. ¡Y voilà!

Repasemos la composición del estilismo: cuello halter negro y falda tweed midi roja con mucho brillibrilli. Como complementos: botines de ante negros y pendientes de hoja. Al tener poco cuello opté por una cola ondulada a media altura. El makeup muy sencillo. Traté de aparcar mis característicos labios rojos porque la idea base es utilizarla para el día. Si hubiera sido por la noche, podéis apostaros el cuello a que mi sello iría conmigo, de la mano, y bien juntitos.

Ahora sí, hablemos de marcas: la falda es de Sfera, el cuello halter de Terra, los botines son de una tienda de mi pueblo (¡lo siento! Sé que os encantan…) Los pendientes de Bijou Brigitte. Esta vez, todo mi makeup es de Loreal. Tenéis todos los enlaces directos en mi cuenta de 21 buttons. Os lo prometo. ¡Están todos!

Esta época del año sin duda alguna es de mis favoritas. La moda de invierno me gusta mucho más que la moda de verano. También puede ser un estilismo apto para ir a la oficina, de cóctel o para una cena navideña. ¿Por qué no? La versatilidad es algo que llega a donde tú quieras que llegue.

Así que, vestida de gala, elegante o no, ilusionada y con muchas ganas, emprendo mañana mi viaje de regreso a casa, porque volver a casa siempre es un motivo para estar feliz, aunque sea para unos diítas. Por ello y por los míos, ¡que comience la fiesta!

Espero que paséis un buen puente. A los que os vayáis, buen viaje; y a los que os quedéis, descansad mucho. Nos vemos la semana que viene.

Lauren Izquierdo

Cuatro tendencias, una sola propuesta.

No os hacéis una idea de las ganas que tenía de escribiros. La Cibeles Fashion Week se ha terminado y volvemos a la normalidad. La avalancha entre críticas de pasarela y looks ha finalizado, y los lunes, vuelven a ser lunes de Lauren.

No sé si os habéis dado cuenta o no, pero por fin tengo dominio propio. Es decir, esta página ya es mía (it’s mine!). Es el primer post de laurenizquierdo.com y es genial. ¿A que es genial? Sí, es genial.

Lo celebramos con mi color favorito, el rojo. Estos días está haciendo mucho frío, y para mí, no ha mejor opción que los jerseys calentitos, y si son de color rojo, mejor. Por lo que, esta es mi propuesta de lunes:

En estas fechas, el punto es nuestro aliado más cercano y asequible. Además, he hecho uso de cuatro tendencias fáciles de encontrar en cualquier tienda low cost:

1. Las famosas high heel boots, o como todo el mundo las conoce, botas por encima de la rodilla. Yo he decidido combinarla con un jean azul desgastado, pero también podéis combinarlas con vestidos, shorts, o faldas mini. Quedan genial. Son una maravilla. En concreto, las mías son de Stradivarius. Os pondré el enlace en mi 21 buttons.

2. Colores vivos en invierno. ¡Claro que sí! ¿He dicho ya que el rojo nos encanta? Porque, si no ha quedado claro, nos encanta.

3. Pendientes extravagantes. Los míos los tiene Amaia de OT y son de Mango.

4. Moda oversize. Conocida mundialmente como la moda saco de patatas. Cuando tu madre o tu abuela te dice ‘¿eso no te queda como un saco de patatas?’ ‘Parece que lleves un saco de patatas.’ Moda oversize. Y es genial, porque luego en verano, todo el mundo cree que estás más delgada. Y eso es maravilloso.

Esta semana las gafas de sol han sido mis aliadas. Siempre lo son. Ya sabéis que son mi accesorio favorito, puesto que los zapatos son mis hijos. Me ha salido un orzuelo por el estrés y no sabéis cómo me duele, ¡auch!

Quisiera dar las gracias a mi gran amiga Natalia Reyes, por las fotos tan bonitas y de tanta calidad que siempre me hace, y a las que a todos nos fascina.

A vosotros, como siempre, también quiero daros las gracias. No me canso de decir, ni de repetir que vosotros sois los que me hacéis estar donde estoy: con vuestras palabras, vuestros mails y vuestro tiempo.

Hoy es la última gala de OT, ¡a llorar se ha dicho! Nos vemos muy pronto con otro post en Talla Treinta y Ocho; y mañana en No Solo Moda.

Lauren Izquierdo.

Total black en el Palacio Real. 

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Bienvenidos a mi primer post de otoño, (aunque sigue haciendo un calor que te mueres.) Hoy es un día muy especial porque aunque los post se publican los lunes, yo los escribo los domingos, y hoy, uno de octubre, es mi mesaniversario. ¡HAGO UN MES EN MADRID! 

Mi hermana dice que parece que haga 3 000 años que me he ido, pero la verdad es que el tiempo se me ha pasado volando. Estoy orgullosa de lo que estoy consiguiendo, y aunque Carlos III me tiene hasta las narices en el primer mes, (en serio, TCM es lo peor de la vida,) los amigos, las experiencias y los momentos que he vivido este mes, no me los quita nadie. Madrid es una ciudad mágica. Madrid me enamora. 

Por eso lo he querido celebrar con unas fotos muy especiales, hechas por mi amiga, (sí, Vir, ya tienes el título,) Virginia López. Para hacer este post pensamos en un ambiente regio, elegante, impotente, imapactante, lleno de lujos, de minimalismo y sí, de realeza. Nada mejor que el Palacio Real de Madrid. Para provocar un choque de polos opuestos pensé en el look más black que especulé. ¡Y tachán! Esto es lo que salió: 



La gente me miraba mucho (no sé por qué será) pero lo cierto es que a estas alturas, ya me da igual porque estaba ¡diviiiiina! No sé si divina, pero este rollo me enganchó desde el segundo uno que mi mente lo especuló. 


El vestido vaporoso lleno de trasparencias y de tul, las botas altas de ante, mi bolso riñonera con tachuelas (es un bolso viejo con un lazo, que no os engañen) y mi labio rojo definió lo que muchas veces mi madre y mi padre me dicen: “Lauren, hija mía, tú vas a meterle caña al mundo”. Puede que el look  idóneo para comerme el mundo, o al menos para enamorar a un motero.😉

Aquí os dejo unas cuantas fotos más. Espero que os guste el look ¡y a copiar, comprar y posar! 


Gracias por llegar al final y por vuestro tiempo. Sois los mejores. Esta familia cada vez es más grande y vuestro apoyo es la gema que hace que siga adelante. Sois muy grandes. 

Nos vemos la semana que viene con otro post de “Talla Treinta y Ocho by Lauren” ¡Buena semana!

L.I. 

Malasaña viste de rojo.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!

Hoy es lunes… ¡TAZA DE CAFÉ EN MANO, POR FAVOOOOOOOR! 

Mi agenda Mr. Wonderful dice esta mañana: si piensas en negativo, no te ocurrirá nada positivo. Así que no voy a pensar que acabo de salir de una clase de tres horas de filosofía política y que tengo que hacer ahora a las dos un trabajo para teoría de la comunicación mediática que tiene veintidós hojas sobre el mito de Superman y así, y con suerte, o más bien un milagro, llego a las nueve a mi casa. La vida universitaria es dura, amigos.

Pero no quiero aburriros con mi futura carrera. ¡Voy a hablaros del tercer componente de la creación de las Supernenas, de cosas bonitas! Apunte: para quien no lo sepa, las Supernenas están hechas de azúcar, especias y muchas cosas bonitas. Qué incultura, por Madonna.

Ayer por la tarde fui a pasear, como no tienes veinte mil cosas que estudiar, Lauren, a uno de los barrios que tanto alimenta la ciudad de la que vivo enamorada, Malasaña. La temperatura se encontraba sobre los veinte grados, pero ya va notándose el fresquito y la necesidad de una manga más larga que proteja nuestra piel. Madrid es seco. Madrid es frío.

 Os traigo de regreso en una bonita sesión cápsula, un look que me encanta, con una prenda muy, muy especial: mi abrigo rojo.

Claramente, estamos hablando de un outfit de entretiempo. A nadie le gusta el otoño. Dicen que es el jueves entre el verano y el invierno, pero a mí me encanta. ¿A que nos encanta el otoño? Claro que sí.

El abrigo ya lo conocéis, pero para el que no, es de Stradivarius, al igual que el bolso. Las botas y el pantalón mom es de Pull&Bear, y la camiseta es de Primark. ¿Lauren sin Zara? Como veis, es posible. El look completo lo podéis encontrar en mi 21 buttons, como veis, me he transformado en una moderna. 

Me encanta este conjunto, qué queréis que os diga. Es cómodo, versátil y tiene ese toque de luz que tanto me encanta. Además del rojo. Para quien no lo haya notado, me encanta el rojo, tengo una conexión especial con este color, y ni siquiera es mi favorito. 

Aquí os dejo unas cuantas fotos más…

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Ya solo queda daros las gracias por vuestro tiempo y por sumaros cada vez más al carro. En especial, gracias a Celia Gómez y a Virginia López por esta tarde llena de risas y por un trabajo bien conseguido. Me encantan las fotos. ¿A que nos encantan?

¡De nuevo, gracias! ¡Nos vemos muy pronto con otro post en Talla Treinta y Ocho y no os perdáis las novedades que nos acontecerán muy pronto!

L.I.

Segundo capítulo de mi libro: Silencio.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Hoy estoy extremadamente feliz porque es el primer día que voy a estar en la zona  prensa de un desfile, así que mañana espero tener una crónica barra crítica que os enamore y enganche tanto como espero que me enganche a mí. La ESNE ha tenido el precioso detalle de tenerme en cuenta para su lista de invitados especial, así que tendré una acreditación con mi nombre y todo. ¡Es tan guay!

Al estar tan feliz he decidido haceros un regalo y os he publicado el segundo capítulo de mi libro, ya que he podido observar que el primero tuvo muy buenos resultados. Si no recuerdas el primero no te preocupes Capítulo uno de mi nuevo libro, Silencio. con que pinches en lo azul será suficiente, te llevará a la entrada donde lo publiqué. Una vez más solo espero que os encante y nada. Nos vemos esta tarde en mi Instagram y mañana con otro post en mi blog “Talla treinta y Ocho”.

L.I.

CAPÍTULO II.

Manuel, Marco, Carlos, Mikel y Martín.

Eran tantas las cosas que me resultaban inverosímiles en esta historia. No sabía por qué me habían contratado. ¿Por qué ahora quería que formara parte de su séquito? No sabía nada de ese hombre, solo que quería que fuera su secretaria porque Julia Jones iba a ser madre. Qué bonito. Ojalá yo tuviera a alguien con quien poder volver a intentarlo. Siempre quise ser madre, pero al igual que mis centenares de proyectos de obsesiva adolescente, no había cumplimentado ninguno. Decidí investigar a Maximum Smith, tratar de averiguar algo que todavía no supiera. Mañana debería darle una respuesta. Era el segundo millonario más rico del mundo y lideraba la herencia del proyecto ambicioso de su padre Maximum Jefferson Smith. Tenía tres hijos, trillizos; Amber era una promesa en el mundo del diseño, Carlos era escritor y estaba licenciado en empresariales y James era jugador de rugby, que si no recuerdo mal, salió un tiempo con Kate, una amiga mía de la facultad. Kate solo sale con ricos. No sé qué me sorprende más, si el hecho de lo superficial que puede llegar a ser o que cada dos semanas tenga un novio nuevo. No mantengo relación con ella. Todo se acabó entre nosotras después de nuestro viaje a las Vegas, pero las redes sociales dan mucho de sí, y aunque no la sigo en Instagram, sí que me sé su cuenta de memoria y muchas veces le cotilleo. La tía está forrada, está estupenda y encima polioperada. Algunas se lo montan bien.

El reloj anunció su llegada a media noche. No sabía qué decisión tomaría. A veces deseaba que todavía estuviese aquí. Echaba de menos tener a alguien con quien hablar. Mañana sería otro día.

 

No sé ni cómo terminé rellenando aquel extenso e inacabable contrato, pero me sentía como si estuviese vendiéndole mi alma al diablo. Posiblemente así fuera. Julia me miraba lastimosa, como si la hubiese traicionado, aunque si no hubiera aceptado, el despido de ella seguiría en pie y otro más listo que yo tendría mi puesto.

Era la nueva secretaria del jefe de la cadena de compraventa de empresas más importante de todo Nueva York, NY Publish. Un magnate en toda regla. Un idiota en toda regla; un hombre que además tenía millones de acciones distribuidas por toda el planeta que lo hacía más multimillonario de lo que ya era. Sonaba intimidante, pero quizás ahora pudiera renovar mi coche, mi pobre Jake necesitaba morir de una vez.

No puedo negar lo que me dolieron muchas de las palabras que expulsó aquel misógino de tomo y lomo. Ni siquiera sabía cómo demonios conocía la noticia de mi quinto fracaso matrimonial. Sí, la irónica historia de Hera, la supuesta diosa del matrimonio. Deberían hacer un reality show sobre mí. Al fin y al cabo lo único que me diferencia de las Kardashian es mi lamentable y actual aspecto, y si no recuerdo mal, ellas están operadas. Tengo una maldición, soy una fracasada en el amor, y no lo digo precisamente de manera figurativa. Mi vida ha ido pegando altibajos excéntricos. Mi madre no fue lo suficientemente fuerte como para cargar con todo ella sola, y no puedo culparla por ello, es más, muchas veces pienso que la culpa fue mía.

Mi adolescencia fue algo… ¿alocada? Sí, utilicemos ese adjetivo. Quizás hubiera necesitado un internado, la cárcel, o un padre.  Me casé con dieciocho años con Manuel, el batería buenorro de la banda de mi primo. Se conocieron en Erasmus. Era español y me enamoró que odiara los toros. Nunca entenderé la cultura de aquel país. Sé que cada uno tiene sus costumbres y que NY no es perfecto, pero vamos, ¿matar a un animal inocente para la diversión de otros? Adoro y adoraré España, a sus gentes, su gastronomía, su folclore, sus playas, pero aunque no sea antitaurina, lo cierto es que no es fruto de mi devoción. Aquello duró apenas seis meses. Lo descubrí con una hippie en mi cama, y además no me hacía gracia que usara mis bragas como turbante en sus conciertos.  Creía que lo nuestro duraría toda la vida, qué estúpida, y qué adolescente.

Volví a estudiar, necesitaba encarrilar mi vida, y en el segundo año de carrera conocí a Marco, un estudiante italiano que me prometió la luna. ¡Malditos italianos y maldita su labia! Era muy religioso, por lo que no copulamos hasta el matrimonio. Al principio me pareció extraño, pero poco a poco me autoconvencí de que si estaba inculcado en la fe cristiana, era algo medianamente normal. ¿Normal? Ahora no me lo parece en absoluto, y más en los tiempos en los que estamos. Cuando llevábamos un año saliendo me pidió matrimonio. ¿Matrimonio precipitado y fe cristina que impedía el coito? Me sentí confusa. ¡Ni siquiera me había presentado a sus padres!, pero como una boba alocada y una amante deseosa, acepté. La boda fue genial, pero a la semana me enteré por Margarita, mi suegra, una encantadora mujer con la que todavía mantengo contacto, que él había exilado de un convento la misma noche en la que nos conocimos. Desde que me enteré de aquello, mi matrimonio fue decayendo,  no confiaba en él, y a Marco le molestaba todo de mí, sobre todo que fuera atea. Pasados seis meses, me dijo que se volvía al convento. Pensaba que estaría mejor allí. La única a la que siempre le entregaría su amor fiel sería a la virgen, pese a que él ya no lo fuera. En un año incluso obtuvimos la nulidad matrimonial.

Tras dos matrimonios y terminar la carrera de publicidad, me largué con mis dos mejores amigas, Inés y Kate, a las Vegas. Necesitaba aclararme las ideas. Casino, juerga, y nada de matrimonios. Pasamos unos días alucinantes. Fue el mejor regalo de fin de carrera que nos pudimos hacer. Claro que volví con anillo. ¡En serio! Debería estar prohibido que Elvis case a gente estando ebria y sin testigos. Se llamaba Carlos. Era español, otro, y estudiante de medicina, un buen chico. Los dos decidimos que lo más sensato era desprenderse de ese matrimonio, que asombrosamente tenía validez. Ni siquiera sé si puedo contarlo como marido, pero era un gran chico. Me hacía reír todo el tiempo, se lo tomó a broma y tranquilizó a mi madre. Todavía recuerdo el momento en el que se lo dijimos:

 – Madre mía, Hera. Es que no piensas en las consecuencias. Tienes que dejar de vivir aventuras y empezar a sentar cabeza.

– Sra. Harrison, ambos estamos muy arrepentidos y no sabemos cómo ha podido suceder tal cosa.

– A mí no me sorprende. Cómo se nota que no conoces a mi hija.

– No, es cierto, no la conozco, pero por lo que he hablado con ella, no me cabe la menor duda de que es una mujer maravillosa.

 

Y puede que hubiéramos congeniado, pero ninguno quisimos correr riegos, y menos con un anillo de por medio. Podríamos haber seguido conociéndonos después de aquello, es más, me invitó a un par de cafés después de los trámites, pero yo lo rechacé. ¡Adiós al tercero de la lista! Y eso que dicen que a la tercera va la vencida.

Nunca me gusta citar a mi cuarto matrimonio. Fue el más deprimente de los cinco. Se llamaba Mikel, ruso. Me dejó porque se volvió gay. Ahora está casado con una amiga mía, Evelyn, pero a estas alturas de mi vida… Eso ya me da igual. No le guardo rencor, pero no le mando postales de Navidad como a los demás. No se las merece, no me gustan los mentirosos.

Tras siete años de consternación divina contra mí, conocí a Martín, un chico catalán que viajaba a Nueva York por asuntos de trabajo. Era arquitecto y se convirtió en el hombre de mi vida, pese a que suene cursi. Odio que todavía suene cursi. Lo que más me gustaba de él eran sus ojos color aceituna. Era guapísimo aunque él lo negara continuamente. La modestia era uno de sus fuertes y me hizo olvidar a aquellos cuatro patanes. No me juzgó por haber estado casada cuatro veces con tan corta edad. Simplemente sonrió e hizo un comentario gracioso. “No serás una viuda negra, ¿verdad?” Qué ocurrente. Cuando dices que llevas cuatro divorcios a tus espaldas a tus veintitrés años, te miran raro, y con motivo. Sin duda lo que me enamoró infinitamente de él fue su perseverancia, además de sus múltiples virtudes. Me mudé a España tras seis meses de relación. Lo nuestro iba en serio, aparentemente, y me alegré de poder afirmar que al fin caminaba en la senda correcta… Ninguno nos queríamos hacer ilusiones, pero sabíamos que el tiempo pasaba y seguíamos juntos, y eso importaba, ya lo creo que importaba. Una de las cosas que más le gustaba era que cantara en la ducha después de hacer el amor. Encontré trabajo en una revista de moda, que al principio odiaba, digamos la verdad. Era publicista, no una finolis de talla treinta y seis que se quejaba de que sus Manolos le hacían daño. La gente nos sonreía por la calle. Definitivamente él me hizo sentir como nunca antes nadie me había hecho sentir y era bonito poder decir aquello. Después de tres años me pidió matrimonio en una bonita casa rural en un verano muy lluvioso. Nuestra boda fue grandiosa. No quisimos quedarnos cortos en nada. Mi madre no paraba de llorar al ver que al fin había logrado ser feliz y me aseguró cientos de veces que no había visto una novia más bonita que yo… Me hubiera encantado que mi padre se hubiera presentado, me hubiera visto casada, de blanco y feliz al fin, aunque no le importara. Desgraciadamente todo termina. Mi madre enfermó en estado grave debido a un cáncer craneoencefálico. Enseguida quise estar a su lado y Martín lo entendió. Él abandonó su puesto de trabajo, tal y como yo hice en su momento, aunque lo hiciéramos por amores distintos. No tardó en encontrar otro trabajo que suplantara al antiguo. Tenía talento. Era absurdo negarlo. Era absurdo no contratarlo. Yo llené mi tiempo entrando en esta empresa individualista, NY Publish. Pronto mi madre murió. Era inevitable. Ese cáncer no tenía cura. Martín me apoyó durante todo el proceso, y yo se lo agradecí, pero no fue suficiente. Comencé a abandonarme, a llegar tarde a casa, a no aceptar sus caricias… Terminé por alejarlo de mí cuando lo que necesitaba era justo lo contario. No pude aceptar que otro ser querido me abandonara. Demasiado injusto. Demasiado duro.

Quizás este toque envidioso de ambición fuera justo lo que necesitaba para llenar mi vacía vida, pero francamente no creía que mis pantalones de pinza desgastados por las continuas lavadas y mi blusa victoriana de hacía siete temporadas encajara con el perfil que quería otorgar. Quizás en el 2000, pero no ahora. ¿Cuánto haría que no iba de compras? Tenía que admitir que era algo dejada. Era una treinta y dos añera dejada. Aunque, ¿qué habría llegado a los oídos de mi jefe que tanto lo había convencido? ¿Qué, cómo y por qué? La eficacia y mi persistencia podría decirse. ¿De verdad, Hera? Había tomado la decisión de ascenderme… E iba a aprovecharlo.

 

 

Una periodista en apuros.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!!!

¡¡Hoy me voy a la playa!! ¡Sí! ¡Me lo merezco! Voy a ponerme como una gamba, voy a dejar que los rayos abrasadores traspasen mi piel,…. ¡qué pena que no me lleve una botella de tinto! Sea como fuere, no me puede dar mucho el sol porque mañana me entregan un premio los del Rotary por haber publicado en los salones del casino de Almoradí a las 12.30h de la mañana y mi vestido floral no hace juego con el rojo gamba, la verdad. 

Os cuento lo que iba a contaros que sé que lo estáis deseando y por eso estáis leyendo esto. ¿Qué me pasó ayer…? Estas cosas solo me pasan a mí, estoy segura. 

Fui a la presentación de Manuel Molina y al lanzamiento de la revista digital Rezuma Azud, esa revista que me hizo una entrevista y en la que he sido colaboradora todo el año. 

Bien, hasta ahí bien, ¿no? Nada extraño.

 Decidí irme a mi casa tras el vino de honor y cuando apenas había caminado medio kilómetro mis zapatos de marca belga, esos que tanto me gustan, esos que tanto os gustan, se quebraron por la mitad, dejándome en un aprieto, puesto que tuvieron que venir por mí y tuve que salir de aquel parque donde me quedé anclada como la Pocahontas. 

Sesenta euros tirados a la basura. No voy a comprar nunca más ahí. Qué sofoco. Qué vergüenza. Qué cosas me pasan, coño. Desde luego que podrían montar una película con mi argumento. Se me ocurren títulos como una periodista en apuros o quizás algo más como una blogger con mala suerte. 

Sea como fuere os dejo fotos de aquel precioso evento, el cual disfrute un montón, digamos la verdad. Os invito a visitar la revista, y a echarle un vistazo a todos sus artículos, en especial, esos que he escrito yo (siempre tan predecible, Lauren.) 

Gracias por llegar al final, por vuestro tiempo; espero que no se os haya hecho muy largo el post y que la espera haya merecido la pena. Nos vemos muy pronto. ¡Ya no puedo esperar para contaros qué tal todo!!


¡¡Una comida en mi honor!!

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!!

¿Cómo anda este junio? ¡¡Dios mío que caloraso!! Esta semana anunciaban oleada de calor, y es solo el principio, no me quiero ver en agosto…

Bueno, lo cierto es que el domingo nos fuimos de comida para celebrar que soy la primera mujer universitaria de mi familia. Aunque suene un poco raro el hecho de que estando en estos tiempos sea la primera, mis padres están orgullosísimos de que su hija predilecta (lo siento, Ana) se convierta en universitaria.

¿Destino? Madrid, por supuesto. Siempre lo he tenido claro, de eso puedo presumir. Y muchos me preguntáis si estoy buscando otras opciones. No sé qué me deparará el futuro porque yo estoy muy loca, pero siempre he creído que la capital es mi sitio, así que allá voy, empezando por España. Quién sabe. Quizás en tercero de carrera decido que Londres, NY, Sídney o Roma es mi sitio… ¡YO QUE SÉ! Aunque claro, antes de seguir divagando tendré que ver las notas de selectividad… que también os digo que me parece fatal que estemos condicionados a una serie de pruebas que acaban determinado nuestro futuro cuando ya has demostrado durante todo el curso a una serie de especialistas que mereces estar en una buena universidad. En fin, puede que sea una pequeña antisistema en este aspecto, pero me parece muy injusto.
No me entretengo más, que os aburro. Os dejo las fotos del día de la comida que por lo poco que sé, os encanta mi mono de Zara de la temporada pasada. Las sandalias de Stradivarius. Le añaden al negro ese toque multicolor que tanto nos encanta.

 También quiero deciros, como os comunico en mis stories de Instagram, que esta tarde saldré a recitar cuatro poemas del poeta oriolano Manuel Molina en la presentación oficial de la revista digital de la que era colaboradora, Rezuma Azud en el IES AZUD DE ALFETAMÍ a las 19.30h y que estáis todos oficialmente invitados. 

Gracias por llegar al final, espero que no se os haya hecho muy largo el post y que la espera haya merecido la pena. Nos vemos muy pronto. ¡Ya no puedo esperar para contaros qué tal todo!!

L.I.