Conoce a Luceral: “hay que saber transformar las preocupaciones en motivaciones.”

Madrid es una ciudad que me apasiona. Posee un encanto que muy pocas ciudades tienen. Es romántica, es dura, es cruel… Madrid me ha permitido crecer como persona, de manera profesional, y me ha concedido el honor de poder conocer y poder rodearme de individuos que han aportado a mi carácter. Una de ellas es Lucía Fernández, o como la conocen sus seguidores, Luceral. Una mujer maravillosa de los pies a la cabeza, con una actitud positiva y con unos objetivos, metas y logros alucinantes. 

Lauren IzquierdoSi la gente te tuviera que definir con un adjetivo, ¿cuál sería? 

Lucía: Sincera; y la verdad que no es del todo cierto. 

LI: ¿Cómo es eso? 

L: La verdad es peligrosa, y hace daño. Las personas que vienen y me dicen “ay, yo soy muy sincera”, digo “no, tú no tienes corazón.” Por ejemplo: yo ahora me pongo algo que me encanta, pero me hace gorda. A mí no me apetece que tú, que no me conoces de nada, vengas y me digas que lo que llevo me hace gorda. Soy muy sincera conmigo misma, eso sí; y creo que es lo más importante.  

LI: ¿Qué hizo en tu mente click para crear al personaje de Luceral? 

L: Fue mi padre el que lo dijo. Mi padre me comentó el lanzamiento de Fotolog, échale años (risas). Como yo pintaba, necesitaba un seudónimo. Mi padre creó Luferal, y lo cambié a Luceral. En Fotolog no era tan personaje como lo soy ahora (risas). Definitivamente, mi padre fue el click. 

LI: Entonces, ¿jamás pensaste que estarías donde estás hoy? 

L: ¡Qué va! Muchas veces no soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Para mí, no estoy en ningún sitio. Simplemente, tengo muchos amigos. 

LI: ¿Y si te preguntara por tu infancia? 

L: ¡Uy, qué curioso! Nunca nadie me ha preguntado por mi infancia. Viéndolo con distancia, me atrevería a decir que complicada. He sido muy feliz, eso sí. Los niños no son conscientes como tal de lo que pasa a su alrededor. Siempre he sido muy imaginativa, y muchas veces me agobiaba porque no entendía las cosas. No entendía por qué no existían los unicornios y las hadas si todo el mundo hablaba de ellos. Mi padre es un hombre muy inteligente y muy creativo y me explicó a muy temprana edad el concepto de imaginario: ese lugar sin límites, donde todo es posible y donde todo tiene cabida. También era muy existencialista, desde los tres años. Me preguntaba quién era, dónde estaba el final del universo… Por esa parte, era complicado; pero claro, luego jugaba con las barbies, tenía muchos amigos… 

LI: Es increíble escucharte hablar así de tus padres, con ese cariño. ¿Han supuesto un apoyo incondicional para ti? 

L: Totalmente, y no solo incondicional, sino también financiero. Además, me admiran un montón, y yo a ellos.  Han insistido en muchas ocasiones para que yo siguiera adelante. En este mismo instante se me viene a la cabeza el primer evento al que yo asistí. Fue a la inauguración de la web de Divinity. Al día siguiente tenía clase y barajaba la opción de ir o no. Mi padre fue el que me dijo que fuera y que me quedara hasta el final. Ellos han creído en mí desde el principio, aún sabiendo que, a expensas de lo que piensan muchos, no cualquiera vale para trabajar en esto. 

LI: No se sorprendieron de que quisieras estudiar bellas artes, ¿verdad? 

L: Para nada; es más, se hubieran extrañado si hubiera querido estudiar medicina. Mi padre se licenció en bellas artes. De pequeña fui a un colegio de monjas que nos obligaba a ir a misa. Me aburría mucho, y como me aburría, me dedicaba a pintar los cocorotes de las personas que tenía delante (ríe). Luego les regalaba el boceto. Se quedaban flipados porque se veían reflejados y me miraban sorprendidos, como si fuera un alien o algo. Así que, creo que era algo que se veía venir. 

LI: Y siendo licenciada en arte, ¿dirías que moda y arte tienen mucho que ver? 

L: Totalmente. La moda es arte. Cuando estudiaba, pensaba que no. Me gustaba comprar ropa. Ya está. La moda en mi vida vino después. Al principio me parecía un mundo vacío y frívolo. 

LI: ¿Y cómo terminaste sumergiéndote en el mundo? 

L: Fue gracias a Divinity, cuando empecé a trabajar en televisión. Al ver a la gente vestida, con esos colores, esas extravagancias… Me di cuenta de que la moda no era lo que yo pensaba. El día que me senté a ver un desfile, se apagaron las luces y comenzó la música, comencé a ver arte.  

LI: ¿Y si te preguntara por algún referente? 

L: No me he encontrado a ningún diseñador que no me haya mencionado a su madre como principal referente. Yo también la citaría, pero porque es la persona que tenemos más cerca.  Jane Birkin, la prota de Love Story… Mis referentes son épocas, más que personas. Cuando yo era adolescente, no había Internet en los móviles. Ahora lo tenemos muy fácil. La inspiración está en la calle. Ahora existe el street style. 

LI: ¿Cómo influyó ser Luceral en tu grupo de amigos? 

L: Uf… (sonríe). Sigo teniendo muchos de los amigos que tenía antes, y los que he perdido ha sido porque me he desprendido yo, más que ellos. Jamás he sido una chica de grupitos, ni de etiquetas de mejor amigo; siempre me ha gustado juntar pandillas, mezclar gente que me agradaba. Tenía y tengo muchas personas que me gustaban y gustan. Una vez tuve un grupo, de estos cerrados, pero dije “mira, chico, no“. Parecía que les sentaba mal que saliera con otra gente, y no, yo no les pertenecía. Soy del mundo, no de una pandilla. Además, dentro de ese grupo había personas que ni siquiera me caían en gracia. No iba a permitirme el lujo de salir con individuos que no eran afines a mí. Yo quería salir con mis amigos, los que me caían bien. Ahora estoy más ocupada y, es cierto que cuando va pasando un poco más el tiempo, te das cuenta de que has dejado de tener cosas en común, pero sigo quedando con ellos muchas veces. 

LI: Dime qué es algo que no se olvida, ¿recuerdas la primera vez que alguien te reconoció por la calle?  

L: Madre mía, sí (rió). La primera vez que alguien me conoció fue por un evento que organizó Benefit. Anunciaron que yo estaría, y pensé que no vendría nadie. Oye, al final asistieron siete chicas. Una de ellas estaba temblando, y me comentó que era guapísima, le dije que era muy guapa… Y se puso a llorar. Entonces me enfadé. No estaba en mí, pero no sabes cómo vas a reaccionar ante tales situaciones. Al final se marchó contenta a su casa: me sentí fatal, le pedí perdón y le hicieron una cesta con productos de Benefit. La segunda vez fue más real. Ocurrió en medio de la calle. Al principio pensé que era alguien conocía y no me acordaba, luego me di cuenta de que era alguien que me admiraba. No me pasa con frecuencia, anda que no hay influencersyoutubers… Pero hay veces que me siento observada. 

LI: Hay muchas personas que piensan que la moda es elitista, ¿por qué opinas que esto es así? 

L: Porque es elitista. Ahora hay moda al alcance a todo el mundo, pero existen individuos que piensan que la moda low cost no es moda. Solo consideran moda el pretàporter y la alta costura. Personalmente, a mí esto me parece una tontería. Un abrigo de cuatrocientos euros no te va a abrigar más que uno de ochenta. Tenemos que ser realistas, no solo la moda es elitista: los coches también lo son. La misma publicidad ya es elitista. Y no pasa nada. Lo importante es no ser clasista o elitista como persona. 

LI: Dicho esto, ¿por qué crees que más del 80% de la población piensa que la moda es un mundo muy superficial? 

L: Y no solo superficial, sino frívolo. Al igual que muchas personas no entienden el arte, no todo el mundo va a entender la moda. Muchos piensan que moda es saber combinar unos pantalones con un jersey y unos deportivos, cuando en realidad es la forma de expresión más pura. Todo el mundo consume moda, hasta quien no quiere hacerlo. El concepto de moda, al igual que el del arte, no es entendible para todo el mundo, y eso es lo guay. 

LI: Posiblemente te estén leyendo más de un millar de personas en este mismo momento, y lo más probable es que ahora que te conocen un poco te hayas convertido en una de sus mayores referencias, inspiraciones, si es que no lo hacían ya. Posiblemente, ahora te idolatren. Todos ellos tienen miedo a seguir sus sueños, muchos piensan en rendirse, en tirar la toalla, o simplemente no encuentran el camino. A todos ellos, luchadores, esperanzados por conseguir una meta, un sueño, un objetivo… A todos ellos, ¿qué consejo les darías? 

L: No me gusta dar consejos porque soy un desastre de persona (ríe). No se puede tirar la toalla porque tienes dos opciones: o ves motivaciones o ves problemas. Yo cada semana tengo una preocupación nueva. Pues no; hay que transformarlos en motivaciones. Si no fuera así, todo el mundo terminaría tirando la toalla, hasta yo. Los superhéroes quedan muy bien en las películas, pero el día a día es muy jodido. ¿Tirar la toalla? Cómprate otra si está sucia, que ahora están muy baratas. Los sueños no deben faltar nunca, porque son maravillosos, y cuando los cumples, siempre aparecen otros.  

Lunes, y me siento genial.

¡HOLA A TODO MIS LECTORES!

Hi guys!

¡Feliz lunes! Sí, son felices, que no os engañen. ¡Seamos positivos! Hoy os escribo en el tren. Son las ocho de la mañana y voy por mi segundo café, quizás por eso ahora mismo la vida es maravillosa. Este puente (llevo sin ir a clase desde el miércoles) he tenido millones de cosas por organizar, por hacer, y seamos claros: cuanto más días libres tengo, menos ganas tengo de hacer nada (ahí le has dado) Las sábanas se han adherido a mi cara como las mascarillas de carbón que tanto se pusieron de moda y por eso, para mí y para vosotros, buenos días.

Hoy os traigo un look que, personalmente me fascina. Lauren, siempre dices lo mismo; y es verdad, pero si no me gusta a mí, que soy la que lo llevo, no sé a quién le va a gustar. ¿Y has necesitado muchos años de carrera para llegar a esa conclusión? Pues no, porque todavía estoy en primero.

Me centro, porque a veces desvarío… Me estoy haciendo mayor.

El caso es que me encanta. El jersey oversize, los colores neutros, mis botas altas, y mis labios rojos. Siento que nadie puede pararme.

Esto último puede parecer una tontería, pero no lo es. En nuestra mano se encuentra el querer sentirnos guapas, guapos, el poder con todo. Mi madre siempre me decía de pequeña que tenía que saber ser yo misma por mí, y no por los demás. Sabia, madre. Esta última frase he acabado aplicándola para todos los campos de mi vida.

Así que ahora os digo yo a vosotras y a vosotros: “Vístete para gustarte a ti y no para los demás.” Siéntete guapa, guapo, sexy, poderosa, poderoso, ¿por qué no? ¿Quién te lo impide? Si te apetece ir a por el pan en tacones, adelante; y si te apetece ir a una gala en chándal, ¿qué? ¿Qué pasa?

No puedo decir que sea licenciada en moda o que tenga un máster, pero una de las cosas que he aprendido del mundo de la moda es que la moda no es el cinturón, como muchas personas creen, sino que es más como el brilli brilli de La Vecina Rubia.

Así que cálzate unos tacones, o unas zapatillas, qué más da, y sal al mundo. Porque una cosa está clara, nadie va a hacerlo por ti.

Solo me queda daros las gracias por vuestro tiempo y por llegar al final. De verdad, estoy muy agradecida. Os quiero un montón y nos vemos muy pronto con otro post en “Talla Treinta y Ocho”. Pasad buena semana. Es vuestro tiempo, y no hay cosa que me guste más que me digan “Lauren, el tiempo es tuyo”.

L.I.

Descubre a Tomás Ocaña: “No era nadie, pero tuve la oportunidad de hablar con gente que sí lo era.”

Nuestro alrededor se encuentra repleto de personas que nos llegan a sorprender casi tanto como la Navidad. El pasado veintiséis de octubre, descubrí  a una persona increíble, descubrí a Tomás Ocaña, periodista de investigación.

Tomás Ocaña es un hombre que trabaja actualmente en una rama del periodismo que muy poca gente conoce: el periodismo de investigación. Desgraciadamente, cuando pensamos en el oficio del periodismo nos viene a la cabeza revistas el corazón y programas de televisión donde lo único que hacen es meterse en la vida de los demás. Este es nuestro día.

Como casi todos, Tomás comenzó siendo un becario más, y trabajando en medios de comunicación modestos. Tras haber conseguido tres Emmy y haciendo un hueco extraordinario en su agenda, Tomás acudió a la Universidad Carlos III de Madrid para hablarnos un poco de este oficio y para contarnos lo peligroso, serio y comprometido puede llegar a ser. No quiso ser el protagonista exclusivo de la conferencia, sino que dejó pie para que los presentes habláramos y dejáramos desnudas nuestras preocupaciones más alarmantes.

Una de las cosas que le preguntaron es que si había sentido miedo alguna vez, a lo que éste respondió:

               A mí no me parece justo hablar de miedo cuando hay periodistas en México, en los Narcos. Mi amigo Javier, que desgraciadamente ha fallecido hace poco me decía: “Tomás, no te equivoques. Tú vienes, haces el reportaje y te vas, pero ellos saben a qué colegio van mis hijos y dónde trabaja mi mujer.”

En la historia de Chapo tuve miedo. Nos enviaron amenazas. Recuerdo que fuimos a un centro comercial donde había una cruz en el aparcamiento. Nadie aparcaba cerca de ella y me acuerdo de que a los pocos segundos de estar grabándola, se nos acercó un segurata con una K-47. El cámara corrió al coche y yo me quedé entreteniéndolo y tratándolo de engañar borrando algunas fotos que había hecho con una cámara pequeña que traía conmigo. Al subir al coche vimos como hacía una llamada, y en momento en el que vi al que estaba al volante temblar, me entró miedo de verdad. Él sabía de qué iban estas cosas. Nos pasmos tres días haciendo reportajes sobre otros asuntos. No quisimos arriesgarnos. Así que sí, a veces, se pasa miedo.

Además, Tomás nunca supo que quería terminar haciendo esto. Él vivía frustrado, estaba cansado de publicar lo que le dictaban las agencias, estaba harto de recurrir a la frase de “Haz una llamada”. Tuvo la suerte de que Gerardo Reyes se cruzara en su vida. Recomienda tener un maestro, alguien que te guíe y te aconseje sobre ciertas cosas.

Para saber sobre periodismo de investigación, hay que leer mucho sobre periodismo de investigación. Diría que para trabajar en esto, la clave está en no constituir primero el titular. Es un periodismo colectivo. Aquí nada es de nadie, ni nadie es más que nadie. Pueden surgir disputas dentro del equipo, pero fuera de la oficia siempre seremos una piña que se apoya.

Al hablarnos sobre la importancia de este periodismo y en cómo los detalles son los que marcan la diferencia comentó:

 Hay que tenerlo todo muy bien atado antes de publicar algo. Si hay alguien que puede rebatirte algo, la potencia del mensaje se cae. Nosotros viajábamos como abogado del diablo. Siempre debes tener a alguien dispuesto a hacerte las preguntas que te haría un lector. Tú sabes cuáles son tus puntos flacos. En esta profesión no existen los atajos, y nunca puedes decir que el fin justifica los medios. Hablamos de ética, si haces las cosas mal, además de sufrir tú y tu equipo, sufre la investigación.

Pero no todo es de color de rosa. Tomás Ocaña respondió a la pregunta de la frustración, y cómo muchas veces el trabajo de años no se ve bien recompensado.

Este es el periodismo que aporta a la sociedad, y es frustrante que muchos trabajos no se los tomen en serio, pero tenemos que tomar muy claro cuál es nuestro papel. Solo informamos. Nuestra labor es encender los focos del escenario para que se descubra la verdad, y lo conseguimos encontrando a esa persona que se siente frustrada, engañada o enfadada. Todos los locos tienen algo de razón y es importante escuchar a todo el mundo. Este periodismo se encuentra en el ámbito de lo chungo, no contamos historias bonitas. También hay sexismo, pero dentro de este machismo somos muy críticos. Tenemos muy claro que las mujeres son muy buenas en lo que hacen y en lo que se proponen.

Tras revelar estos aspectos que muchas veces no nos quedan tan claros, Tomás Ocaña terminó su charla diciendo:

El periodismo de investigación ha llegado a España en el mejor momento. Hoy en día, con los blogs y las redes sociales, el periodismo tradicional está acabado. Si no posees algo en lo que te diferencias o un contenido exclusivo, todo se convierte en una noticia más. No estoy menospreciando el trabajo de mis compañeros, ni mucho menos, creo que hacen una labor fantástica, labor que yo también he hecho, pero ahora todo el que tiene un perfil y va a cualquier sitio, informa. Opino que este periodismo, el periodismo de investigación, es el futuro. 

De lo que no hay duda es que, Tomas Ocaña, poseedor de tres Emmy, además de ser una persona que ama lo que hace y de la cual, se siente orgulloso, es una persona sincera. Se convertirá en mentor de muchas personas, las cuales no habrá duda alguna de lo afortunadas que serán. Tomás Ocaña se ha convertido en uno de los principales referentes de miles de estudiantes que, como él, están deseando licenciarse en periodismo y acabar descubriendo la verdad de una sociedad llena de secretos.

Por lo que, gracias, Tomás.

Y a vosotros os veré muy pronto con otro post en “Talla Treinta y Ocho By Lauren”. Hasta entonces, sed felices, pasároslo bien y a todos, desde mi más infinita sinceridad, gracias por vuestro tiempo.

L.I.

 

 

Mi MBFWM…

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! 

Hoy es domingo y adoro os domingos, ¿sabéis? Es el día el descanso por excelencia, unos lo usan para dormir, para adelantar tareas, y otros para recuperarse de una buena resaca. Amigos, daros por aludidos.

Esta semana, como bien sabéis, ha sido la MBFWM, la semana de la moda por excelencia en la capital que tanto nos ofrece. Este año he tenido la magnífica oportunidad de disfrutar de varios desfiles como el de la ESNE, Ana Loking o JC Pajares. Voy a intentar resumiros al máximo la que ha sido, una edición más, una inigualable experiencia, porque no creo que pudiera parar de escribir, y anda que no me gusta, vaya.

Esta edición decidí ir en contra de lo que dije en mi post pasado Esne: Europa 3.0., y quise demostrar, como sí es posible asistir con un vestido de fiesta a un desfile y “marcar la diferencia”. Lo entrecomillo porque marcar la diferencia, al igual que todo en el mundo de la moda, es relativo. Os dejo una preciosa galería, la cual se abrirá si pincháis en una imagen, para que podáis apreciar el look y me paso a hablaros de los desfiles.

 

Este año tuve la suerte de poder admirar desde muy cerca a uno de los grandes talentos de la industria de la moda, la diseñadora Ana Loking. He admirado su trabajo desde siempre desde un punto externo, y ayer me quedé de piedra cuando las luces de la pasarela se encendieron. Ana Loking abrió su desfile con una cabeza de Trump de varios metros, rota; una genialidad bajo mi punto de mira. Sus creaciones fueron maravillosas, absoluta e increíblemente maravillosas. El corte, el tejido, el acabado, los colores… Me sentí dichosa de poder haber vivido su trabajo, esfuerzo y dedicación, y sobre todo de haber podido escuchar sus palabras de agradecimiento de manera tan próxima a ella en la KISSING ROOM.

Mi diseño favorito fue este:

 

Y otros tantos…

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Muchos de vosotros me preguntáis por los famosos a los que vi y con los que hablé, entre ellos Pelayo Díaz, Ángela Rozas, Susana Banana, Charo Izquierdo, Lucía Fernández, alias Luceral, mi nueva amiga, Angy… Algunos me parecieron fantásticas personas y me parecieron súper interesantes, más en la vida real que en la ficticia, he de decir. Prestaron interés en mantener una conversación conmigo y se mostraron intrigados e incluso sorprendidos por todo lo que hacía. Otros me supuso una completa decepción. Me resulta terrible cuando a alguien se le sube la fama a la cabeza, cuando no hace más que hablar de sí mismo y una conversación se centra en “yo hablo y tú escuchas”. Se convierte en una decepción, pero bueno, debe haber gente para todo.

Por la tarde fui al desfile siendo el más uno de mi amiga Lucía, o como sus 139 mil seguidores la conocen, Lucberal; claro que acabé viendo en el taller del concesionario de Mercedes el desfile de JC Pajares sin Lucía. Fue un desfile donde adjetivos como frescura, originalidad o sorpresa, me vienen a la cabeza cuando pienso en él.

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Y bueno, hasta aquí el post de hoy, espero que no se os haya hecho muy largo y que la espera haya merecido la pena. Nos vemos muy pronto con otro post en mi blog Talla Treinta y Ocho. ¡MUACK!

L.I.

 

Segundo capítulo de mi libro: Silencio.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Hoy estoy extremadamente feliz porque es el primer día que voy a estar en la zona  prensa de un desfile, así que mañana espero tener una crónica barra crítica que os enamore y enganche tanto como espero que me enganche a mí. La ESNE ha tenido el precioso detalle de tenerme en cuenta para su lista de invitados especial, así que tendré una acreditación con mi nombre y todo. ¡Es tan guay!

Al estar tan feliz he decidido haceros un regalo y os he publicado el segundo capítulo de mi libro, ya que he podido observar que el primero tuvo muy buenos resultados. Si no recuerdas el primero no te preocupes Capítulo uno de mi nuevo libro, Silencio. con que pinches en lo azul será suficiente, te llevará a la entrada donde lo publiqué. Una vez más solo espero que os encante y nada. Nos vemos esta tarde en mi Instagram y mañana con otro post en mi blog “Talla treinta y Ocho”.

L.I.

CAPÍTULO II.

Manuel, Marco, Carlos, Mikel y Martín.

Eran tantas las cosas que me resultaban inverosímiles en esta historia. No sabía por qué me habían contratado. ¿Por qué ahora quería que formara parte de su séquito? No sabía nada de ese hombre, solo que quería que fuera su secretaria porque Julia Jones iba a ser madre. Qué bonito. Ojalá yo tuviera a alguien con quien poder volver a intentarlo. Siempre quise ser madre, pero al igual que mis centenares de proyectos de obsesiva adolescente, no había cumplimentado ninguno. Decidí investigar a Maximum Smith, tratar de averiguar algo que todavía no supiera. Mañana debería darle una respuesta. Era el segundo millonario más rico del mundo y lideraba la herencia del proyecto ambicioso de su padre Maximum Jefferson Smith. Tenía tres hijos, trillizos; Amber era una promesa en el mundo del diseño, Carlos era escritor y estaba licenciado en empresariales y James era jugador de rugby, que si no recuerdo mal, salió un tiempo con Kate, una amiga mía de la facultad. Kate solo sale con ricos. No sé qué me sorprende más, si el hecho de lo superficial que puede llegar a ser o que cada dos semanas tenga un novio nuevo. No mantengo relación con ella. Todo se acabó entre nosotras después de nuestro viaje a las Vegas, pero las redes sociales dan mucho de sí, y aunque no la sigo en Instagram, sí que me sé su cuenta de memoria y muchas veces le cotilleo. La tía está forrada, está estupenda y encima polioperada. Algunas se lo montan bien.

El reloj anunció su llegada a media noche. No sabía qué decisión tomaría. A veces deseaba que todavía estuviese aquí. Echaba de menos tener a alguien con quien hablar. Mañana sería otro día.

 

No sé ni cómo terminé rellenando aquel extenso e inacabable contrato, pero me sentía como si estuviese vendiéndole mi alma al diablo. Posiblemente así fuera. Julia me miraba lastimosa, como si la hubiese traicionado, aunque si no hubiera aceptado, el despido de ella seguiría en pie y otro más listo que yo tendría mi puesto.

Era la nueva secretaria del jefe de la cadena de compraventa de empresas más importante de todo Nueva York, NY Publish. Un magnate en toda regla. Un idiota en toda regla; un hombre que además tenía millones de acciones distribuidas por toda el planeta que lo hacía más multimillonario de lo que ya era. Sonaba intimidante, pero quizás ahora pudiera renovar mi coche, mi pobre Jake necesitaba morir de una vez.

No puedo negar lo que me dolieron muchas de las palabras que expulsó aquel misógino de tomo y lomo. Ni siquiera sabía cómo demonios conocía la noticia de mi quinto fracaso matrimonial. Sí, la irónica historia de Hera, la supuesta diosa del matrimonio. Deberían hacer un reality show sobre mí. Al fin y al cabo lo único que me diferencia de las Kardashian es mi lamentable y actual aspecto, y si no recuerdo mal, ellas están operadas. Tengo una maldición, soy una fracasada en el amor, y no lo digo precisamente de manera figurativa. Mi vida ha ido pegando altibajos excéntricos. Mi madre no fue lo suficientemente fuerte como para cargar con todo ella sola, y no puedo culparla por ello, es más, muchas veces pienso que la culpa fue mía.

Mi adolescencia fue algo… ¿alocada? Sí, utilicemos ese adjetivo. Quizás hubiera necesitado un internado, la cárcel, o un padre.  Me casé con dieciocho años con Manuel, el batería buenorro de la banda de mi primo. Se conocieron en Erasmus. Era español y me enamoró que odiara los toros. Nunca entenderé la cultura de aquel país. Sé que cada uno tiene sus costumbres y que NY no es perfecto, pero vamos, ¿matar a un animal inocente para la diversión de otros? Adoro y adoraré España, a sus gentes, su gastronomía, su folclore, sus playas, pero aunque no sea antitaurina, lo cierto es que no es fruto de mi devoción. Aquello duró apenas seis meses. Lo descubrí con una hippie en mi cama, y además no me hacía gracia que usara mis bragas como turbante en sus conciertos.  Creía que lo nuestro duraría toda la vida, qué estúpida, y qué adolescente.

Volví a estudiar, necesitaba encarrilar mi vida, y en el segundo año de carrera conocí a Marco, un estudiante italiano que me prometió la luna. ¡Malditos italianos y maldita su labia! Era muy religioso, por lo que no copulamos hasta el matrimonio. Al principio me pareció extraño, pero poco a poco me autoconvencí de que si estaba inculcado en la fe cristiana, era algo medianamente normal. ¿Normal? Ahora no me lo parece en absoluto, y más en los tiempos en los que estamos. Cuando llevábamos un año saliendo me pidió matrimonio. ¿Matrimonio precipitado y fe cristina que impedía el coito? Me sentí confusa. ¡Ni siquiera me había presentado a sus padres!, pero como una boba alocada y una amante deseosa, acepté. La boda fue genial, pero a la semana me enteré por Margarita, mi suegra, una encantadora mujer con la que todavía mantengo contacto, que él había exilado de un convento la misma noche en la que nos conocimos. Desde que me enteré de aquello, mi matrimonio fue decayendo,  no confiaba en él, y a Marco le molestaba todo de mí, sobre todo que fuera atea. Pasados seis meses, me dijo que se volvía al convento. Pensaba que estaría mejor allí. La única a la que siempre le entregaría su amor fiel sería a la virgen, pese a que él ya no lo fuera. En un año incluso obtuvimos la nulidad matrimonial.

Tras dos matrimonios y terminar la carrera de publicidad, me largué con mis dos mejores amigas, Inés y Kate, a las Vegas. Necesitaba aclararme las ideas. Casino, juerga, y nada de matrimonios. Pasamos unos días alucinantes. Fue el mejor regalo de fin de carrera que nos pudimos hacer. Claro que volví con anillo. ¡En serio! Debería estar prohibido que Elvis case a gente estando ebria y sin testigos. Se llamaba Carlos. Era español, otro, y estudiante de medicina, un buen chico. Los dos decidimos que lo más sensato era desprenderse de ese matrimonio, que asombrosamente tenía validez. Ni siquiera sé si puedo contarlo como marido, pero era un gran chico. Me hacía reír todo el tiempo, se lo tomó a broma y tranquilizó a mi madre. Todavía recuerdo el momento en el que se lo dijimos:

 – Madre mía, Hera. Es que no piensas en las consecuencias. Tienes que dejar de vivir aventuras y empezar a sentar cabeza.

– Sra. Harrison, ambos estamos muy arrepentidos y no sabemos cómo ha podido suceder tal cosa.

– A mí no me sorprende. Cómo se nota que no conoces a mi hija.

– No, es cierto, no la conozco, pero por lo que he hablado con ella, no me cabe la menor duda de que es una mujer maravillosa.

 

Y puede que hubiéramos congeniado, pero ninguno quisimos correr riegos, y menos con un anillo de por medio. Podríamos haber seguido conociéndonos después de aquello, es más, me invitó a un par de cafés después de los trámites, pero yo lo rechacé. ¡Adiós al tercero de la lista! Y eso que dicen que a la tercera va la vencida.

Nunca me gusta citar a mi cuarto matrimonio. Fue el más deprimente de los cinco. Se llamaba Mikel, ruso. Me dejó porque se volvió gay. Ahora está casado con una amiga mía, Evelyn, pero a estas alturas de mi vida… Eso ya me da igual. No le guardo rencor, pero no le mando postales de Navidad como a los demás. No se las merece, no me gustan los mentirosos.

Tras siete años de consternación divina contra mí, conocí a Martín, un chico catalán que viajaba a Nueva York por asuntos de trabajo. Era arquitecto y se convirtió en el hombre de mi vida, pese a que suene cursi. Odio que todavía suene cursi. Lo que más me gustaba de él eran sus ojos color aceituna. Era guapísimo aunque él lo negara continuamente. La modestia era uno de sus fuertes y me hizo olvidar a aquellos cuatro patanes. No me juzgó por haber estado casada cuatro veces con tan corta edad. Simplemente sonrió e hizo un comentario gracioso. “No serás una viuda negra, ¿verdad?” Qué ocurrente. Cuando dices que llevas cuatro divorcios a tus espaldas a tus veintitrés años, te miran raro, y con motivo. Sin duda lo que me enamoró infinitamente de él fue su perseverancia, además de sus múltiples virtudes. Me mudé a España tras seis meses de relación. Lo nuestro iba en serio, aparentemente, y me alegré de poder afirmar que al fin caminaba en la senda correcta… Ninguno nos queríamos hacer ilusiones, pero sabíamos que el tiempo pasaba y seguíamos juntos, y eso importaba, ya lo creo que importaba. Una de las cosas que más le gustaba era que cantara en la ducha después de hacer el amor. Encontré trabajo en una revista de moda, que al principio odiaba, digamos la verdad. Era publicista, no una finolis de talla treinta y seis que se quejaba de que sus Manolos le hacían daño. La gente nos sonreía por la calle. Definitivamente él me hizo sentir como nunca antes nadie me había hecho sentir y era bonito poder decir aquello. Después de tres años me pidió matrimonio en una bonita casa rural en un verano muy lluvioso. Nuestra boda fue grandiosa. No quisimos quedarnos cortos en nada. Mi madre no paraba de llorar al ver que al fin había logrado ser feliz y me aseguró cientos de veces que no había visto una novia más bonita que yo… Me hubiera encantado que mi padre se hubiera presentado, me hubiera visto casada, de blanco y feliz al fin, aunque no le importara. Desgraciadamente todo termina. Mi madre enfermó en estado grave debido a un cáncer craneoencefálico. Enseguida quise estar a su lado y Martín lo entendió. Él abandonó su puesto de trabajo, tal y como yo hice en su momento, aunque lo hiciéramos por amores distintos. No tardó en encontrar otro trabajo que suplantara al antiguo. Tenía talento. Era absurdo negarlo. Era absurdo no contratarlo. Yo llené mi tiempo entrando en esta empresa individualista, NY Publish. Pronto mi madre murió. Era inevitable. Ese cáncer no tenía cura. Martín me apoyó durante todo el proceso, y yo se lo agradecí, pero no fue suficiente. Comencé a abandonarme, a llegar tarde a casa, a no aceptar sus caricias… Terminé por alejarlo de mí cuando lo que necesitaba era justo lo contario. No pude aceptar que otro ser querido me abandonara. Demasiado injusto. Demasiado duro.

Quizás este toque envidioso de ambición fuera justo lo que necesitaba para llenar mi vacía vida, pero francamente no creía que mis pantalones de pinza desgastados por las continuas lavadas y mi blusa victoriana de hacía siete temporadas encajara con el perfil que quería otorgar. Quizás en el 2000, pero no ahora. ¿Cuánto haría que no iba de compras? Tenía que admitir que era algo dejada. Era una treinta y dos añera dejada. Aunque, ¿qué habría llegado a los oídos de mi jefe que tanto lo había convencido? ¿Qué, cómo y por qué? La eficacia y mi persistencia podría decirse. ¿De verdad, Hera? Había tomado la decisión de ascenderme… E iba a aprovecharlo.

 

 

VOGUE FASHION NIGHT OUT MADRID 2017.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Creo que hoy es uno de esos días en los que esperáis mi nuevo post con ansia. Bueno, pues stop a la ansiedad que ya estoy aquí.  Pido perdón por mis historias de Instagram de ayer, y sí lo afirmo en 1… 2… 3… ¡LOS VFNO FUERON UN FIESTÓN!

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Si os soy sincera solo me moví por el barrio de Serrano, lo sentía más mi rollo, más mi estilo, más yo. Cuando salí de metro tuve que subirme a la escalinata de un banco para sostener la poca esperanza que me quedaba de que mis amigas me encontraran, porque QUÉ DE GENTE, DIOS MÍO. La gente estaba piradísima.

Cierto es lo que dicen, todo el que disfruta de un mundo tan extenso y peculiar como el de la moda estaba ahí. Las calles de Serrano estaban abarrotadas por gente con estilo y con cuadros abstractos que intentaban serlo y nadie entendía, vamos a ser sinceros. El style street de los VFNO fue muy diverso.

Había chicas y chicos que podían posar para el catálogo de una marca porque en cuanto los veías pensabas “¿de dónde serán esos zapatos?”, claro que luego había otros que incluso hasta decías en voz alta: ” pero hija mía, ¿qué te has puesto?” Es solo una opinión y muchos de vosotros podéis pensar que no soy nadie para hablar, que diferís en mi mera opinión o que simplemente tengo razón y soy la reina del drama; a gustos colores, pero me hizo mucha gracia, y lo siento si ofendo a alguien, que chicas y chicos se colocaran un vestido largo de boda y que se creyeran que eran los modelos de la nueva colección de María Escoté, cuando el verdadero atuendo de una fiesta como la de los VFNO es vestir informal, ser tu misma, hacer locuras y crear looks de portada de revista. Claro que una vez confesado mi criterio de  ojo de halcón con respecto a la fiesta de anoche, también os digo que os pongáis lo que os dé la gana.

Yo escogí este look:

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La verdad es que estoy muy orgullosa de él, y no solo porque me encante el rollo que tiene, cómo me queda o cómo me hizo sentir, sino porque se ve que a los fotógrafos del evento también les encantó porque ¡ME HICIERON FOTOOOOOOOOOOS!

No, ahora en serio, no me lo podía creer. Estaba con una amiga y de repente observé cómo una chica con una cámara más grande que ella disparaba flashes en mi dirección. Así que desde aquí hago un llamamiento, si me veis por algún lado, ¡avisadme!

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Fotomatones, concursos, palomitas, algodón de azúcar, ofertas, champán, música… La fiesta de los Vogue fue una experiencia única y exitosa que una vez más triunfó en el mundo de los que nos apasiona la moda. Por cierto, tengo cuatro meses de HBO gratis.

Celebridades como Madame de Rosa, Mario Vaquerizo, Laura Sánchez (no yo, la actriz, la famosa), Pelayo Díaz, Natalia Ferviú, Moisés Nieto, Gigi Vives, se paseaban por las calles viviendo y disfrutando la experiencia al igual que “las personas corrientes”. Puede que a veces se nos olvide que siguen siendo personas como nosotros. Fue una fiesta increíble, la cual era ideal para disfrutar con amigos, lo cual yo hice.

Solo cabe destacar lo bien que me lo pasé, lo grandioso que me pareció y lo resacosa y cansada que me siento la mañana en la que me toca estudiar, poner lavadoras y planchar. Se puede decir que mi primer juernes universitario ha sido un boom, algo que tardaremos en superar y es que estoy casi segura de que los culpables de que me lo pasara tan increíblemente bien y de que hoy me dé vergüenza mirar mis historias de Instagram, además de los Vogue, fueron mis amigos, que están tan mal de la cabeza como yo.

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Os he cedido una galería detallada de todo lo que pude captar anoche. Solo me queda daros las infinitas gracias que siempre os debo por llegar al final de cada post, por leerme cada vez más y sobre todo por la joya de la corona, que ya sabéis que para mí es el tiempo. Seguid atentos a mi Instagram y a mi blog porque la semana que viene voy a tener una millonada de eventos y de fiestas, entre ellos el desfile de la ESNE y mi tour por la Mercedes-Benz Fashion Week, donde nuevamente soy invitada. Madrid es vida. Madrid es moda.

Nos vemos muy, muy pronto.

L.I.

Capítulo uno de mi nuevo libro, Silencio.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys!

Ayer terminé de editar mi libro y me pedisteis que subiera el primer capítulo. El primer capítulo de un libro es importante, nos permite saber qué pinta tendrá un libro, saber si nos va a enganchar o no… Vuestros deseos son órdenes. Aquí lo tenéis. Solo os pido que me dejéis en los comentario vuestra más sincera y respetuosa opinión. Sabéis que soy lo que hoy día soy gracias a vosotros, así que vuestra opinión me importa. Gracias por seguir conmigo, por vuestro tiempo y por ser tan geniales como sois. Espero que os guste y decidme qué opináis. ¡Os quiero!

L.I.

CAPÍTULO I.

¿Qué se supone que debo hacer?

 

El sol radiaba brillante en toda la ciudad, pese a que fuera extraño en bien entrado el mes de diciembre. De nuevo me encontraba en Nueva York, una ciudad estrepitosa y abrumadora. Nunca me marché en realidad. Ni siquiera recordaba el motivo por el cual no había cogido un destino al azar en un mapa de carretera y me había ido con una mano delante y otra detrás, como si nunca hubiera vivido aquí, como si nunca hubiese existido. No tener identidad en este momento sería perfecto; no ser conocida por nadie, que mis conocidos no supieran por lo que había pasado y por lo que todavía estoy pasando, mis problemas hace tiempo que no dejan de existir; pero supongo que no basta con desaparecer y cambiar de nombre. El pasado siempre me arrastraría a la misma fosa una y otra vez, al mismo nicho cada noche, ahogándome en el mismo silencio abrupto de siempre; pero a veces, simplemente a veces es más fácil pensar que tus problemas desaparecerán si tú eres la que desaparece.

 

¿Y por qué no encuentro el valor para hacerlo? ¿Por qué sigo permaneciendo en esta ciudad que tanto daño me ha causado? Quizás empezar de nuevo en otro lugar sería justo lo que necesitaba. No tenía el valor para hacerlo, lo peor es que sabía que nunca lo tendría. Quizás era una cobarde. Quizás tenía miedo. Sí. Puede que fuera eso.

 

Un rayo de sol me deslumbró al volver a cruzar el umbral del portal de mi edificio, como cada mañana; una rutina. La gente parecía gritar por las calles cuando en realidad ni siquiera murmuraban, caminaban en silencio, gritando en sus pensamientos. Volvía a sentirme vacía, pese a que quizás debería sentirme plena.

 

¿A quién se le ocurriría la idea de los taxis? ¿Quién dijo que los taxis serían la solución de una ciudad inmensa? Seguro que no lo pensó dos veces. Ese tipo de locuras tan descabelladas que simplemente funcionan: coches dirigidos por desconocidos, en los que confías tu vida para que te lleven al destino que deseas a cambio de dinero. Una locura en toda regla. Una locura que realmente funciona.

Nunca entendí muy bien la tremenda prisa que aparenta tener todo el mundo. Lo cierto es que me divierte imaginar hacia dónde se dirigen todos ellos: señores con traje que se cruzan con mendigos por las calles, se miran a los ojos y se esquivan.  Y lo cierto es que ambos están cortados por un mismo patrón. Ambos serían idénticos ante los ojos de ese Dios que dicen que existe, aunque uno de ellos haya sido bendecido por un golpe repentino de suerte. Suerte, quién la tuviese. La desigualdad en esta ciudad sigue siendo mortífera por mucho que pasen los años. Pierdo la noción del tiempo con la misma facilidad que las nubes pierden sus gotas cuando están cargadas. Mi lugar de oficio se sitúa delante de mis ojos y desearía no haber llegado.

El frío aquella mañana era colosal, aunque el sol iluminara las calles. No conseguía entrar en calor ni subiendo los escalones y escuchando la musiquilla del ascensor del edificio de enfrente. No podía entender cómo formábamos parte de la misma empresa, ni siquiera el porqué de la tremenda frialdad de sus ojos, su semblante neutro… Era increíble. Te miraban por encima del hombro como si fuesen superiores, y aunque no lo fueran, te lo hacían creer. Te admiraban como queriéndote dejar claro lo perfectas que eran sus vidas. Te hacían creer que despedir a cuatrocientos empleados era bueno para la empresa, que no tendría nefastas consecuencias para sus familias, aseguraban que encontrarían trabajo pronto sin temblarles la voz un ápice. Y una mierda. Francamente, no sabía cómo conseguían conciliar el sueño por las noches. Los detestaba casi tanto como a los lunes.

El ensordecedor ruido de mi oficina se hizo presente en forma de cliché. La gente no se miraba a la cara. Los modales quedaron atrás. Todos firmamos un contrato donde el individualismo encabezaba como principal titular. Atrás quedó la solidaridad de trabajar en equipo. La ambición y la preocupación de no ser despedido y de llegar a casa con las monedas contadas era la única preocupación que nos arrancaba el sueño por las noches. El ser productivo no importaba. Solo lo hacía el éxito.

Mi madre y yo soñamos mucho tiempo con la ilusión y esperanza de la que todo el mundo habla: “ir sonriendo a trabajar”, “amar lo que haces”, llegar a casa con un sentimiento abismal de plenitud… Sin embargo, ese sentimiento no paseaba por estos pasillos ni en forma de visita. Aquí se cobraba y cuando llegabas a casa, tenías el dinero justo para pagar y para comprar comida escasamente durante el mes. Ni más ni menos. Nada de vacaciones. Nada de caprichos, y el dueño era el segundo hombre más rico del mundo, Maximum Smith.

 

-Hera, el jefe quiere verte en su despacho en dos minutos- me anunció un compañero.

-¿Sergio?- alcé las cejas extrañada. ¿Qué habría hecho?

-No, no. Sergio no- ¿cómo que Sergio no?- Maximum Smith.

-¿Maximum Smith?- me entraron ganas de vomitar. Él asintió.- Está bien, Jack, muchas gracias- me levanté.

-Hera- yo me giré hacia él-, mucha mierda.

 

Maximum Smith no era un jefe cualquiera, como ya he dicho. Maximum Smith era el dueño de la empresa, el fundador, un fantasma, un viejo mito. Solo los de la planta sesenta y seis tenían la desgracia de poder trabajar con él. Ni siquiera lo había conocido y llevaba trabajando tres años en la empresa, y de hecho nunca me importó. Rumores llegaban a la planta doce. Era un misógino. Dicen que nunca debes fiarte de los rumores, pero no sé por qué tenía la sensación de que aquello era cierto. Supongo que el hecho de que el jefe de los jefes, encima misógino, tuviese un motivo para querer verte no podría conllevar nada bueno. Es más, tenía la certeza de que nada que tuviera que ver con aquel hombre podía conducir a nada bueno.

Hera Harrison. A mis genuinos padres se les ocurrió la brillante idea de llamarme Hera, puesto que yo supuse el símbolo de la fortaleza de su matrimonio, o eso decían. Al fin y al cabo, ¿realmente se puede medir el peso y la importancia de unas simples palabras, algo tan abstracto, algo tan fácil de fallar…? Mi madre era griega, mi padre neoyorkino y se conocieron en Atenas cuando mi madre se dirigía a su nuevo trabajo y mi padre trataba de encontrarse a sí mismo. Eran jóvenes e ilusos. Oh, amada adolescencia, qué mala consejera eres. Se convirtieron en poco tiempo en la pareja empalagosa que nadie quiere tener cerca más de ocho segundos. Dos odiosas personas que se daban de comer el uno al otro, dormían abrazados y se daban besos en la nariz. Esas personas a las que sus amigos solían gritar “iros a un hotel”, “qué asco dais”, “casaros”, o “tengo la sensación de que durareis toda la vida”. Cuando nací, las tornas cambiaron. La fortaleza de su matrimonio se vio quebrantada año y medio más tarde por el miedo a la responsabilidad y a dos largas piernas bronceadas. Traté de buscar a mi padre, pero a día de hoy, y aunque suene triste, sigue sin querer que lo encuentre. Hera, diosa del matrimonio, qué irónico me suena.

Volvamos a mi trepidante realidad. Por Dios, qué ascensor tan lento. Qué larga e insufrible es la espera. Debería haber utilizado las escaleras, pero todo llega, y como un conejo en pleno bosque, me encontraba delante de la puerta del despacho, la puerta a la que todos temen. Como diría mi abuela si todavía viviese, me encontraba en plena boca del lobo.

Toqué dos veces antes de entrar, dos golpes suaves, quizás demasiado; y al hacerlo un escalofrío rondó cada centímetro de mi cuerpo. Qué sombrío y tenebroso era. Y realmente no sabría decir en claro si me refería al despacho o a él.

 

-Debo suponer que usted sea la Srta. Hera Harrison- su tono era brusco, con una pizca de ironía.

-Así es- me limité a responder.

-Vino hace dos años de España… Bueno, en su ficha pone que su madre era griega…- dejó caer con suspicacia.- ¿Por qué Harrison?

-Mi padre era neoyorquino- ¿por qué quería saber eso este hombre y qué tenía eso que ver con que estuviera aquí?

-Interesante- anunció.- Se preguntará por qué pisa usted mi suelo, Srta. Harrison- se recostó en su sillón.- Nunca imaginaría que alguien de la planta doce ascendiera a la sesenta y seis cruzando de edificio. ¿Qué le parece?- abrió sus brazos ocupando el espacio.- Aquí las cosas son un pelín diferente, ¿verdad?

-Un tanto- contesté- pero creo que el resto de sus empleados de la planta sesenta y seis tienen más curiosidad que yo de saber por qué estoy aquí.

-Estos jóvenes- se levantó-, siempre tan ansiosos- miró por su ventana.- Tengo entendido que usted ya no consta de responsabilidades.

– ¿A qué se refiere?

-Su madre, su marido, su…

-No hace falta siga- lo interrumpí.- No sé hacia dónde se dirige esta conversación, pero con todos mis respetos, Sr Smith, no creo que sea de su incumbencia- espeté.

-Ya van cinco…- ¿lleva la cuenta?

-Me reitero, no creo que eso sea algo de lo que deba otorgar explicaciones a nadie- ¿esta conversación hacia dónde se dirigía?

-Verá…- dejó caer. Lo bueno comenzaba.- La inepta de mi secretaria ha pedido la estúpida baja de maternidad- ¿estúpida?- y necesito a alguien que ocupe su lugar.

-¿Y ha pensado en mí?- me atreví a preguntar después de todo.

-En realidad no sé ni por qué permití que la contratasen- fue franco.

Sinceramente no supe dónde meterme. ¿Me despediría después de todo?

-Está claro que usted no tiene la presencia que ha de tener la persona acompañante de una figura representativa como yo, puesto que no sabrá diferenciar entre cashmere y cachemir…

-Acaba de decir lo mismo- espeté.- Por mucho que cambie de idioma, la palabra seguirá significando lo mismo.- Aquel hombre me fulminó con la mirada.

-Oh, sí- y ahí lucía su más esplendorosa ironía.- Olvidaba que trabajó en una revista de moda. Dígame, ¿se quedó estancada en los 2000?

-Sr Maximum Smith, ¿qué quiere de mí?- me sentía exhausta de todo aquello. Solo quería irme a casa.

-Entre toda su plantilla, creo que es lo mejor.

-Supongo que debería sentirme halagada.

-No te pases de lista, Harrison. Aquí quien domina la ironía soy yo- suspiró irritado.- Señorita Harrison, le estoy ofreciendo la vacante. ¿Usted cree que yo habría querido perder mi tiempo con alguien de la plantilla doce de no ser posible la okupa del puesto vacante?- dicho así… Sonaba lógico.

-Mis disculpas- a este idiota no hay quién lo aguante-, mas me desacuerda que usted quiera que ascienda de posición cuando la señorita Jones volverá en dos meses. Entonces, dígame, ¿qué pasará conmigo?

-¿Que la señorita Jones volverá? ¿Me cree imbécil, Harrison?- la vena de su cuello se hinchó. Tan solo quería desaparecer- ¿Quién ha dicho que la señorita Jones volverá? ¿Osa decidir por mí?

-Yo… Creía…

-Oh, por Dios, no tartamudee- me pidió y acto seguido suspiró.- Ese es el problema, que piensa sin ser dueña de sus actos- se levantó de su silla de cuero negro de nuevo. Ahora sí creía que me despediría.- Mire, Srta. Harrison, no tengo todo el día. La creo idónea para el puesto porque es una mujer tétrica- alcé las cejas sin querer. Si eso era un piropo que bajara Dios y lo viese-, sin responsabilidades y eficiente; es la única por la que hoy día apuesto. Se toma su trabajo en serio y eso me turba a la vez que me gusta. Le acabo de dar la posibilidad de ascender en la pirámide. Muchos querrían estar donde está usted. Si quiere ser alguien y tiene ambición me dirá que sí. Es su elección. Ahora sí, fuera de mi despacho. Sus horribles zapatos naranjas están espantando a mi ficus.