All I want for Christmas is you.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES Y FELIZ NAVIDAD!

Hi guys and Happy Christmas for everyone!

Supongo que el encabezado de bienvenida debía ser diferente. Estamos en Navidad. Jo, qué guay y jo, cómo pasa el tiempo.

¿Cómo lo pasasteis anoche? ¿Vais a ver OT esta noche? ¿Qué os ha traído San Nicolás?

Vaya, me veo que me sale la vena periodista.

Como veis, no he querido saltarme el estar con vosotros el ratito que tardáis en leer el post. Se ha convertido en una tradición semanal y, aunque muchos de vosotros ahora estéis con resaca y con el Jingle Bell metido en los sesos, no he querido que me pusierais falta. Os enseño mi look de la cena de anoche.

La verdad es que me lo pasé muy bien haciendo estas fotos, pese a que las condiciones no eran las óptimas. Hacía un frío que te morías, no había dormido nada, y eran las ocho de la mañana, pero bueno, no pasa nada; era por una buena causa.

El peto es de Zara y como muchos ya habréis adivinado, sí, es el que me puse para el desfile de Roberto Torreta en marzo del año pasado. La camisa es de Pull&Bear.

Son fechas para mimarse y arreglarse, pero en mi casa, y al menos en mi familia, solemos vestirnos mucho más elegantes en la cena de Nochevieja, claro que yo casi siempre opto por ir de boda.

¡Pero no quiero hablar más! Contadme qué tal vuestros looks y qué tal la cena. Quiero detalles.

Eso sí, me gustaría agradecer a mi hermana su paciencia y a vosotros, vuestro tiempo, vuestros comentarios… Sois el regalo más grande que me ha podido hacer San Nicolás. All I want for Christmas is you.

Nos vemos el 30 de diciembre.

L.I.

Conoce a Luceral: “hay que saber transformar las preocupaciones en motivaciones.”

Madrid es una ciudad que me apasiona. Posee un encanto que muy pocas ciudades tienen. Es romántica, es dura, es cruel… Madrid me ha permitido crecer como persona, de manera profesional, y me ha concedido el honor de poder conocer y poder rodearme de individuos que han aportado a mi carácter. Una de ellas es Lucía Fernández, o como la conocen sus seguidores, Luceral. Una mujer maravillosa de los pies a la cabeza, con una actitud positiva y con unos objetivos, metas y logros alucinantes. 

Lauren IzquierdoSi la gente te tuviera que definir con un adjetivo, ¿cuál sería? 

Lucía: Sincera; y la verdad que no es del todo cierto. 

LI: ¿Cómo es eso? 

L: La verdad es peligrosa, y hace daño. Las personas que vienen y me dicen “ay, yo soy muy sincera”, digo “no, tú no tienes corazón.” Por ejemplo: yo ahora me pongo algo que me encanta, pero me hace gorda. A mí no me apetece que tú, que no me conoces de nada, vengas y me digas que lo que llevo me hace gorda. Soy muy sincera conmigo misma, eso sí; y creo que es lo más importante.  

LI: ¿Qué hizo en tu mente click para crear al personaje de Luceral? 

L: Fue mi padre el que lo dijo. Mi padre me comentó el lanzamiento de Fotolog, échale años (risas). Como yo pintaba, necesitaba un seudónimo. Mi padre creó Luferal, y lo cambié a Luceral. En Fotolog no era tan personaje como lo soy ahora (risas). Definitivamente, mi padre fue el click. 

LI: Entonces, ¿jamás pensaste que estarías donde estás hoy? 

L: ¡Qué va! Muchas veces no soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Para mí, no estoy en ningún sitio. Simplemente, tengo muchos amigos. 

LI: ¿Y si te preguntara por tu infancia? 

L: ¡Uy, qué curioso! Nunca nadie me ha preguntado por mi infancia. Viéndolo con distancia, me atrevería a decir que complicada. He sido muy feliz, eso sí. Los niños no son conscientes como tal de lo que pasa a su alrededor. Siempre he sido muy imaginativa, y muchas veces me agobiaba porque no entendía las cosas. No entendía por qué no existían los unicornios y las hadas si todo el mundo hablaba de ellos. Mi padre es un hombre muy inteligente y muy creativo y me explicó a muy temprana edad el concepto de imaginario: ese lugar sin límites, donde todo es posible y donde todo tiene cabida. También era muy existencialista, desde los tres años. Me preguntaba quién era, dónde estaba el final del universo… Por esa parte, era complicado; pero claro, luego jugaba con las barbies, tenía muchos amigos… 

LI: Es increíble escucharte hablar así de tus padres, con ese cariño. ¿Han supuesto un apoyo incondicional para ti? 

L: Totalmente, y no solo incondicional, sino también financiero. Además, me admiran un montón, y yo a ellos.  Han insistido en muchas ocasiones para que yo siguiera adelante. En este mismo instante se me viene a la cabeza el primer evento al que yo asistí. Fue a la inauguración de la web de Divinity. Al día siguiente tenía clase y barajaba la opción de ir o no. Mi padre fue el que me dijo que fuera y que me quedara hasta el final. Ellos han creído en mí desde el principio, aún sabiendo que, a expensas de lo que piensan muchos, no cualquiera vale para trabajar en esto. 

LI: No se sorprendieron de que quisieras estudiar bellas artes, ¿verdad? 

L: Para nada; es más, se hubieran extrañado si hubiera querido estudiar medicina. Mi padre se licenció en bellas artes. De pequeña fui a un colegio de monjas que nos obligaba a ir a misa. Me aburría mucho, y como me aburría, me dedicaba a pintar los cocorotes de las personas que tenía delante (ríe). Luego les regalaba el boceto. Se quedaban flipados porque se veían reflejados y me miraban sorprendidos, como si fuera un alien o algo. Así que, creo que era algo que se veía venir. 

LI: Y siendo licenciada en arte, ¿dirías que moda y arte tienen mucho que ver? 

L: Totalmente. La moda es arte. Cuando estudiaba, pensaba que no. Me gustaba comprar ropa. Ya está. La moda en mi vida vino después. Al principio me parecía un mundo vacío y frívolo. 

LI: ¿Y cómo terminaste sumergiéndote en el mundo? 

L: Fue gracias a Divinity, cuando empecé a trabajar en televisión. Al ver a la gente vestida, con esos colores, esas extravagancias… Me di cuenta de que la moda no era lo que yo pensaba. El día que me senté a ver un desfile, se apagaron las luces y comenzó la música, comencé a ver arte.  

LI: ¿Y si te preguntara por algún referente? 

L: No me he encontrado a ningún diseñador que no me haya mencionado a su madre como principal referente. Yo también la citaría, pero porque es la persona que tenemos más cerca.  Jane Birkin, la prota de Love Story… Mis referentes son épocas, más que personas. Cuando yo era adolescente, no había Internet en los móviles. Ahora lo tenemos muy fácil. La inspiración está en la calle. Ahora existe el street style. 

LI: ¿Cómo influyó ser Luceral en tu grupo de amigos? 

L: Uf… (sonríe). Sigo teniendo muchos de los amigos que tenía antes, y los que he perdido ha sido porque me he desprendido yo, más que ellos. Jamás he sido una chica de grupitos, ni de etiquetas de mejor amigo; siempre me ha gustado juntar pandillas, mezclar gente que me agradaba. Tenía y tengo muchas personas que me gustaban y gustan. Una vez tuve un grupo, de estos cerrados, pero dije “mira, chico, no“. Parecía que les sentaba mal que saliera con otra gente, y no, yo no les pertenecía. Soy del mundo, no de una pandilla. Además, dentro de ese grupo había personas que ni siquiera me caían en gracia. No iba a permitirme el lujo de salir con individuos que no eran afines a mí. Yo quería salir con mis amigos, los que me caían bien. Ahora estoy más ocupada y, es cierto que cuando va pasando un poco más el tiempo, te das cuenta de que has dejado de tener cosas en común, pero sigo quedando con ellos muchas veces. 

LI: Dime qué es algo que no se olvida, ¿recuerdas la primera vez que alguien te reconoció por la calle?  

L: Madre mía, sí (rió). La primera vez que alguien me conoció fue por un evento que organizó Benefit. Anunciaron que yo estaría, y pensé que no vendría nadie. Oye, al final asistieron siete chicas. Una de ellas estaba temblando, y me comentó que era guapísima, le dije que era muy guapa… Y se puso a llorar. Entonces me enfadé. No estaba en mí, pero no sabes cómo vas a reaccionar ante tales situaciones. Al final se marchó contenta a su casa: me sentí fatal, le pedí perdón y le hicieron una cesta con productos de Benefit. La segunda vez fue más real. Ocurrió en medio de la calle. Al principio pensé que era alguien conocía y no me acordaba, luego me di cuenta de que era alguien que me admiraba. No me pasa con frecuencia, anda que no hay influencersyoutubers… Pero hay veces que me siento observada. 

LI: Hay muchas personas que piensan que la moda es elitista, ¿por qué opinas que esto es así? 

L: Porque es elitista. Ahora hay moda al alcance a todo el mundo, pero existen individuos que piensan que la moda low cost no es moda. Solo consideran moda el pretàporter y la alta costura. Personalmente, a mí esto me parece una tontería. Un abrigo de cuatrocientos euros no te va a abrigar más que uno de ochenta. Tenemos que ser realistas, no solo la moda es elitista: los coches también lo son. La misma publicidad ya es elitista. Y no pasa nada. Lo importante es no ser clasista o elitista como persona. 

LI: Dicho esto, ¿por qué crees que más del 80% de la población piensa que la moda es un mundo muy superficial? 

L: Y no solo superficial, sino frívolo. Al igual que muchas personas no entienden el arte, no todo el mundo va a entender la moda. Muchos piensan que moda es saber combinar unos pantalones con un jersey y unos deportivos, cuando en realidad es la forma de expresión más pura. Todo el mundo consume moda, hasta quien no quiere hacerlo. El concepto de moda, al igual que el del arte, no es entendible para todo el mundo, y eso es lo guay. 

LI: Posiblemente te estén leyendo más de un millar de personas en este mismo momento, y lo más probable es que ahora que te conocen un poco te hayas convertido en una de sus mayores referencias, inspiraciones, si es que no lo hacían ya. Posiblemente, ahora te idolatren. Todos ellos tienen miedo a seguir sus sueños, muchos piensan en rendirse, en tirar la toalla, o simplemente no encuentran el camino. A todos ellos, luchadores, esperanzados por conseguir una meta, un sueño, un objetivo… A todos ellos, ¿qué consejo les darías? 

L: No me gusta dar consejos porque soy un desastre de persona (ríe). No se puede tirar la toalla porque tienes dos opciones: o ves motivaciones o ves problemas. Yo cada semana tengo una preocupación nueva. Pues no; hay que transformarlos en motivaciones. Si no fuera así, todo el mundo terminaría tirando la toalla, hasta yo. Los superhéroes quedan muy bien en las películas, pero el día a día es muy jodido. ¿Tirar la toalla? Cómprate otra si está sucia, que ahora están muy baratas. Los sueños no deben faltar nunca, porque son maravillosos, y cuando los cumples, siempre aparecen otros.  

Segundo capítulo de mi libro: Silencio.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Hoy estoy extremadamente feliz porque es el primer día que voy a estar en la zona  prensa de un desfile, así que mañana espero tener una crónica barra crítica que os enamore y enganche tanto como espero que me enganche a mí. La ESNE ha tenido el precioso detalle de tenerme en cuenta para su lista de invitados especial, así que tendré una acreditación con mi nombre y todo. ¡Es tan guay!

Al estar tan feliz he decidido haceros un regalo y os he publicado el segundo capítulo de mi libro, ya que he podido observar que el primero tuvo muy buenos resultados. Si no recuerdas el primero no te preocupes Capítulo uno de mi nuevo libro, Silencio. con que pinches en lo azul será suficiente, te llevará a la entrada donde lo publiqué. Una vez más solo espero que os encante y nada. Nos vemos esta tarde en mi Instagram y mañana con otro post en mi blog “Talla treinta y Ocho”.

L.I.

CAPÍTULO II.

Manuel, Marco, Carlos, Mikel y Martín.

Eran tantas las cosas que me resultaban inverosímiles en esta historia. No sabía por qué me habían contratado. ¿Por qué ahora quería que formara parte de su séquito? No sabía nada de ese hombre, solo que quería que fuera su secretaria porque Julia Jones iba a ser madre. Qué bonito. Ojalá yo tuviera a alguien con quien poder volver a intentarlo. Siempre quise ser madre, pero al igual que mis centenares de proyectos de obsesiva adolescente, no había cumplimentado ninguno. Decidí investigar a Maximum Smith, tratar de averiguar algo que todavía no supiera. Mañana debería darle una respuesta. Era el segundo millonario más rico del mundo y lideraba la herencia del proyecto ambicioso de su padre Maximum Jefferson Smith. Tenía tres hijos, trillizos; Amber era una promesa en el mundo del diseño, Carlos era escritor y estaba licenciado en empresariales y James era jugador de rugby, que si no recuerdo mal, salió un tiempo con Kate, una amiga mía de la facultad. Kate solo sale con ricos. No sé qué me sorprende más, si el hecho de lo superficial que puede llegar a ser o que cada dos semanas tenga un novio nuevo. No mantengo relación con ella. Todo se acabó entre nosotras después de nuestro viaje a las Vegas, pero las redes sociales dan mucho de sí, y aunque no la sigo en Instagram, sí que me sé su cuenta de memoria y muchas veces le cotilleo. La tía está forrada, está estupenda y encima polioperada. Algunas se lo montan bien.

El reloj anunció su llegada a media noche. No sabía qué decisión tomaría. A veces deseaba que todavía estuviese aquí. Echaba de menos tener a alguien con quien hablar. Mañana sería otro día.

 

No sé ni cómo terminé rellenando aquel extenso e inacabable contrato, pero me sentía como si estuviese vendiéndole mi alma al diablo. Posiblemente así fuera. Julia me miraba lastimosa, como si la hubiese traicionado, aunque si no hubiera aceptado, el despido de ella seguiría en pie y otro más listo que yo tendría mi puesto.

Era la nueva secretaria del jefe de la cadena de compraventa de empresas más importante de todo Nueva York, NY Publish. Un magnate en toda regla. Un idiota en toda regla; un hombre que además tenía millones de acciones distribuidas por toda el planeta que lo hacía más multimillonario de lo que ya era. Sonaba intimidante, pero quizás ahora pudiera renovar mi coche, mi pobre Jake necesitaba morir de una vez.

No puedo negar lo que me dolieron muchas de las palabras que expulsó aquel misógino de tomo y lomo. Ni siquiera sabía cómo demonios conocía la noticia de mi quinto fracaso matrimonial. Sí, la irónica historia de Hera, la supuesta diosa del matrimonio. Deberían hacer un reality show sobre mí. Al fin y al cabo lo único que me diferencia de las Kardashian es mi lamentable y actual aspecto, y si no recuerdo mal, ellas están operadas. Tengo una maldición, soy una fracasada en el amor, y no lo digo precisamente de manera figurativa. Mi vida ha ido pegando altibajos excéntricos. Mi madre no fue lo suficientemente fuerte como para cargar con todo ella sola, y no puedo culparla por ello, es más, muchas veces pienso que la culpa fue mía.

Mi adolescencia fue algo… ¿alocada? Sí, utilicemos ese adjetivo. Quizás hubiera necesitado un internado, la cárcel, o un padre.  Me casé con dieciocho años con Manuel, el batería buenorro de la banda de mi primo. Se conocieron en Erasmus. Era español y me enamoró que odiara los toros. Nunca entenderé la cultura de aquel país. Sé que cada uno tiene sus costumbres y que NY no es perfecto, pero vamos, ¿matar a un animal inocente para la diversión de otros? Adoro y adoraré España, a sus gentes, su gastronomía, su folclore, sus playas, pero aunque no sea antitaurina, lo cierto es que no es fruto de mi devoción. Aquello duró apenas seis meses. Lo descubrí con una hippie en mi cama, y además no me hacía gracia que usara mis bragas como turbante en sus conciertos.  Creía que lo nuestro duraría toda la vida, qué estúpida, y qué adolescente.

Volví a estudiar, necesitaba encarrilar mi vida, y en el segundo año de carrera conocí a Marco, un estudiante italiano que me prometió la luna. ¡Malditos italianos y maldita su labia! Era muy religioso, por lo que no copulamos hasta el matrimonio. Al principio me pareció extraño, pero poco a poco me autoconvencí de que si estaba inculcado en la fe cristiana, era algo medianamente normal. ¿Normal? Ahora no me lo parece en absoluto, y más en los tiempos en los que estamos. Cuando llevábamos un año saliendo me pidió matrimonio. ¿Matrimonio precipitado y fe cristina que impedía el coito? Me sentí confusa. ¡Ni siquiera me había presentado a sus padres!, pero como una boba alocada y una amante deseosa, acepté. La boda fue genial, pero a la semana me enteré por Margarita, mi suegra, una encantadora mujer con la que todavía mantengo contacto, que él había exilado de un convento la misma noche en la que nos conocimos. Desde que me enteré de aquello, mi matrimonio fue decayendo,  no confiaba en él, y a Marco le molestaba todo de mí, sobre todo que fuera atea. Pasados seis meses, me dijo que se volvía al convento. Pensaba que estaría mejor allí. La única a la que siempre le entregaría su amor fiel sería a la virgen, pese a que él ya no lo fuera. En un año incluso obtuvimos la nulidad matrimonial.

Tras dos matrimonios y terminar la carrera de publicidad, me largué con mis dos mejores amigas, Inés y Kate, a las Vegas. Necesitaba aclararme las ideas. Casino, juerga, y nada de matrimonios. Pasamos unos días alucinantes. Fue el mejor regalo de fin de carrera que nos pudimos hacer. Claro que volví con anillo. ¡En serio! Debería estar prohibido que Elvis case a gente estando ebria y sin testigos. Se llamaba Carlos. Era español, otro, y estudiante de medicina, un buen chico. Los dos decidimos que lo más sensato era desprenderse de ese matrimonio, que asombrosamente tenía validez. Ni siquiera sé si puedo contarlo como marido, pero era un gran chico. Me hacía reír todo el tiempo, se lo tomó a broma y tranquilizó a mi madre. Todavía recuerdo el momento en el que se lo dijimos:

 – Madre mía, Hera. Es que no piensas en las consecuencias. Tienes que dejar de vivir aventuras y empezar a sentar cabeza.

– Sra. Harrison, ambos estamos muy arrepentidos y no sabemos cómo ha podido suceder tal cosa.

– A mí no me sorprende. Cómo se nota que no conoces a mi hija.

– No, es cierto, no la conozco, pero por lo que he hablado con ella, no me cabe la menor duda de que es una mujer maravillosa.

 

Y puede que hubiéramos congeniado, pero ninguno quisimos correr riegos, y menos con un anillo de por medio. Podríamos haber seguido conociéndonos después de aquello, es más, me invitó a un par de cafés después de los trámites, pero yo lo rechacé. ¡Adiós al tercero de la lista! Y eso que dicen que a la tercera va la vencida.

Nunca me gusta citar a mi cuarto matrimonio. Fue el más deprimente de los cinco. Se llamaba Mikel, ruso. Me dejó porque se volvió gay. Ahora está casado con una amiga mía, Evelyn, pero a estas alturas de mi vida… Eso ya me da igual. No le guardo rencor, pero no le mando postales de Navidad como a los demás. No se las merece, no me gustan los mentirosos.

Tras siete años de consternación divina contra mí, conocí a Martín, un chico catalán que viajaba a Nueva York por asuntos de trabajo. Era arquitecto y se convirtió en el hombre de mi vida, pese a que suene cursi. Odio que todavía suene cursi. Lo que más me gustaba de él eran sus ojos color aceituna. Era guapísimo aunque él lo negara continuamente. La modestia era uno de sus fuertes y me hizo olvidar a aquellos cuatro patanes. No me juzgó por haber estado casada cuatro veces con tan corta edad. Simplemente sonrió e hizo un comentario gracioso. “No serás una viuda negra, ¿verdad?” Qué ocurrente. Cuando dices que llevas cuatro divorcios a tus espaldas a tus veintitrés años, te miran raro, y con motivo. Sin duda lo que me enamoró infinitamente de él fue su perseverancia, además de sus múltiples virtudes. Me mudé a España tras seis meses de relación. Lo nuestro iba en serio, aparentemente, y me alegré de poder afirmar que al fin caminaba en la senda correcta… Ninguno nos queríamos hacer ilusiones, pero sabíamos que el tiempo pasaba y seguíamos juntos, y eso importaba, ya lo creo que importaba. Una de las cosas que más le gustaba era que cantara en la ducha después de hacer el amor. Encontré trabajo en una revista de moda, que al principio odiaba, digamos la verdad. Era publicista, no una finolis de talla treinta y seis que se quejaba de que sus Manolos le hacían daño. La gente nos sonreía por la calle. Definitivamente él me hizo sentir como nunca antes nadie me había hecho sentir y era bonito poder decir aquello. Después de tres años me pidió matrimonio en una bonita casa rural en un verano muy lluvioso. Nuestra boda fue grandiosa. No quisimos quedarnos cortos en nada. Mi madre no paraba de llorar al ver que al fin había logrado ser feliz y me aseguró cientos de veces que no había visto una novia más bonita que yo… Me hubiera encantado que mi padre se hubiera presentado, me hubiera visto casada, de blanco y feliz al fin, aunque no le importara. Desgraciadamente todo termina. Mi madre enfermó en estado grave debido a un cáncer craneoencefálico. Enseguida quise estar a su lado y Martín lo entendió. Él abandonó su puesto de trabajo, tal y como yo hice en su momento, aunque lo hiciéramos por amores distintos. No tardó en encontrar otro trabajo que suplantara al antiguo. Tenía talento. Era absurdo negarlo. Era absurdo no contratarlo. Yo llené mi tiempo entrando en esta empresa individualista, NY Publish. Pronto mi madre murió. Era inevitable. Ese cáncer no tenía cura. Martín me apoyó durante todo el proceso, y yo se lo agradecí, pero no fue suficiente. Comencé a abandonarme, a llegar tarde a casa, a no aceptar sus caricias… Terminé por alejarlo de mí cuando lo que necesitaba era justo lo contario. No pude aceptar que otro ser querido me abandonara. Demasiado injusto. Demasiado duro.

Quizás este toque envidioso de ambición fuera justo lo que necesitaba para llenar mi vacía vida, pero francamente no creía que mis pantalones de pinza desgastados por las continuas lavadas y mi blusa victoriana de hacía siete temporadas encajara con el perfil que quería otorgar. Quizás en el 2000, pero no ahora. ¿Cuánto haría que no iba de compras? Tenía que admitir que era algo dejada. Era una treinta y dos añera dejada. Aunque, ¿qué habría llegado a los oídos de mi jefe que tanto lo había convencido? ¿Qué, cómo y por qué? La eficacia y mi persistencia podría decirse. ¿De verdad, Hera? Había tomado la decisión de ascenderme… E iba a aprovecharlo.

 

 

VOGUE FASHION NIGHT OUT MADRID 2017.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Creo que hoy es uno de esos días en los que esperáis mi nuevo post con ansia. Bueno, pues stop a la ansiedad que ya estoy aquí.  Pido perdón por mis historias de Instagram de ayer, y sí lo afirmo en 1… 2… 3… ¡LOS VFNO FUERON UN FIESTÓN!

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Si os soy sincera solo me moví por el barrio de Serrano, lo sentía más mi rollo, más mi estilo, más yo. Cuando salí de metro tuve que subirme a la escalinata de un banco para sostener la poca esperanza que me quedaba de que mis amigas me encontraran, porque QUÉ DE GENTE, DIOS MÍO. La gente estaba piradísima.

Cierto es lo que dicen, todo el que disfruta de un mundo tan extenso y peculiar como el de la moda estaba ahí. Las calles de Serrano estaban abarrotadas por gente con estilo y con cuadros abstractos que intentaban serlo y nadie entendía, vamos a ser sinceros. El style street de los VFNO fue muy diverso.

Había chicas y chicos que podían posar para el catálogo de una marca porque en cuanto los veías pensabas “¿de dónde serán esos zapatos?”, claro que luego había otros que incluso hasta decías en voz alta: ” pero hija mía, ¿qué te has puesto?” Es solo una opinión y muchos de vosotros podéis pensar que no soy nadie para hablar, que diferís en mi mera opinión o que simplemente tengo razón y soy la reina del drama; a gustos colores, pero me hizo mucha gracia, y lo siento si ofendo a alguien, que chicas y chicos se colocaran un vestido largo de boda y que se creyeran que eran los modelos de la nueva colección de María Escoté, cuando el verdadero atuendo de una fiesta como la de los VFNO es vestir informal, ser tu misma, hacer locuras y crear looks de portada de revista. Claro que una vez confesado mi criterio de  ojo de halcón con respecto a la fiesta de anoche, también os digo que os pongáis lo que os dé la gana.

Yo escogí este look:

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La verdad es que estoy muy orgullosa de él, y no solo porque me encante el rollo que tiene, cómo me queda o cómo me hizo sentir, sino porque se ve que a los fotógrafos del evento también les encantó porque ¡ME HICIERON FOTOOOOOOOOOOS!

No, ahora en serio, no me lo podía creer. Estaba con una amiga y de repente observé cómo una chica con una cámara más grande que ella disparaba flashes en mi dirección. Así que desde aquí hago un llamamiento, si me veis por algún lado, ¡avisadme!

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Fotomatones, concursos, palomitas, algodón de azúcar, ofertas, champán, música… La fiesta de los Vogue fue una experiencia única y exitosa que una vez más triunfó en el mundo de los que nos apasiona la moda. Por cierto, tengo cuatro meses de HBO gratis.

Celebridades como Madame de Rosa, Mario Vaquerizo, Laura Sánchez (no yo, la actriz, la famosa), Pelayo Díaz, Natalia Ferviú, Moisés Nieto, Gigi Vives, se paseaban por las calles viviendo y disfrutando la experiencia al igual que “las personas corrientes”. Puede que a veces se nos olvide que siguen siendo personas como nosotros. Fue una fiesta increíble, la cual era ideal para disfrutar con amigos, lo cual yo hice.

Solo cabe destacar lo bien que me lo pasé, lo grandioso que me pareció y lo resacosa y cansada que me siento la mañana en la que me toca estudiar, poner lavadoras y planchar. Se puede decir que mi primer juernes universitario ha sido un boom, algo que tardaremos en superar y es que estoy casi segura de que los culpables de que me lo pasara tan increíblemente bien y de que hoy me dé vergüenza mirar mis historias de Instagram, además de los Vogue, fueron mis amigos, que están tan mal de la cabeza como yo.

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Os he cedido una galería detallada de todo lo que pude captar anoche. Solo me queda daros las infinitas gracias que siempre os debo por llegar al final de cada post, por leerme cada vez más y sobre todo por la joya de la corona, que ya sabéis que para mí es el tiempo. Seguid atentos a mi Instagram y a mi blog porque la semana que viene voy a tener una millonada de eventos y de fiestas, entre ellos el desfile de la ESNE y mi tour por la Mercedes-Benz Fashion Week, donde nuevamente soy invitada. Madrid es vida. Madrid es moda.

Nos vemos muy, muy pronto.

L.I.

Y qué mono para estar mona.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!

Tal y como os avisé, aquí estoy, un lunes más a vuestro lado. Es la última semana de julio y no puedo creer que nos quede tan poco tiempo para despedirnos del verano. Esta semana son fiestas en mi pueblo, Almoradí; y ya veis, voy del trabajo a la feria y madrugo muchísimo para estar con vosotros. Tenedlo en cuenta, eh; que aunque como dicen “quien algo quiere algo le cuesta” hoy tengo un sueño que me muero. (Pobre Lauren)

Hoy he sacado de mi armario un mono que a muchos os encanta. Una prenda que adquirí en Madrid por una cantidad inimaginable, y es que si os soy sincera, este mono, que tanto me gusta y que tanto os gusta, no llega ni a 20 euros. Sí, como lo escucháis. Para quien no sepáis de qué narices hablo… Hablo de este mono.

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¿Es bonito, verdad?

Tanto el mono como los zapatos son de tiendas de Madrid que muy fácilmente podéis encontrar, simplemente porque son franquicias, vamos. Los zapatos son de Stradivarius, que lo cierto es que ahora están de rebajas y están tirados del precio. El mono es de Primark. De nuevo increíble pero cierto.

El mono me gusta porque es muy versátil. Me apasiona su diseño con esos volantes tan discretos, la caída, el corte… Yo he escogido estos zapatos multicolor porque no soy una persona discreta, pero muchas veces he utilizado sandalias amarillas con perlas, un zapato rojo, negro, plata, cereza… ¡SI ES QUE LE PUEDES METER CUALQUIER COSA! Es una maravilla. Y es apto para la noche y para el día.

Os dejo unas cuantas fotillos más y os prometo que el próximo lunes será un paisaje distinto…

Y como siempre, gracias por compartir vuestro tiempo conmigo, sois una de las mejores cosas que me ha pasado. Hasta la semana que viene, con un nuevo post en Talla Treinta y Ocho By Lauren.

Muack!

L.I.

Algo diferente…

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys…

Tal y como os prometí os traigo algo diferente y es que he decidido mimar un poco al Rincón de Lauren y os presento lo que tanto me habéis pedido: ¡INFORMACIÓN SOBRE MÍ!

Os presento mi primer tag: ¡VEINTE COSAS SOBRE LAUREN!

Espero que os guste y como siempre gracias por estar aquí, por compartir vuestro tiempo conmigo y por apoyarme… Siento la demora. Nos vemos muy pronto con nuevas noticias en Talla Treinta y Ocho by Lauren. Os lo prometo.

L.I.

De nuevo a la capital…

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

 
Hi guys!!! ¡Tengo noticias muy muy buenas! ¡¡Mañana me voy a Madrid!! Sí, no sé si habréis visto ya mi Instagram, pero arde… Sea como fuere, ¡la futura periodista va a la capital de nuevo!

 
¡Y la razón simplemente es que tengo un desfile que ver! Exacto. La IED de nuevo me ha invitado y allá que me voy. ¡Ya veréis, ya! Además voy a ver un piso chulísimo, que espero quedarme con él (suspiro, suspiro) y voy a ver una cosa de la uni también.
Esta vez es diferente a todas las demás porque me voy sola, así que lectores madrileños míos, recordad que no me gusta tomar café sola (Lauren, deja de ligar). Estoy deseando contároslo todo.

Espero que os guste. Gracias por vuestro tiempo y por llegar al final. Sois los mejores.
L.I.