3 tips (a prueba de balas) para no volvernos locas durante la cuarentena

Los días pasan y el coronavirus nos obliga a seguir en casa. Pero no hay que desesperar, porque saldremos de esta. ¿La clave? Hacer lo mismo que hacíamos antes, pero en el calor de tu hogar.

Eso es. Exactamente lo mismo: ve a la universidad (virtualmente), teletrabaja (si puedes), haz deporte, y aprovecha para hacer todo lo que llevas tiempo queriendo hacer pero que nunca encontrabas el momento perfecto. Ahora lo es.

Esta mañana mi casa se ha convertido en una oficina que revisaba cajas antiguas con millones de fotos que revivían nuestros momentos más queridos. Y una cosa os voy a decir: el tiempo pasa para todos, queridos urbanitos.

Así que, no lo perdamos más. Y si lo que necesitas es levantarte el ánimo, ¡saca papel y boli! Porque sé lo que necesitas. En dos palabras: mimarte mucho.

Y para hacerlo os cuento cuáles están siendo mis tips (fashion y beauty) para no volverme loca.

Vístete

Eso es. Porque el pijama es para dormir. Sal del dormitorio. Dúchate y vístete como si fueras a ir a la universidad o a la oficina. Ya verás como algo en ti cambiará. Palabra de fashionista.

1. Reloj ‘HANIPA’ con pulsera metálica decorado con cristales de Swarovski, de Ted Baker (295 €).
2.  Pendientes “trepadores” realizados en plata de ley 925 y bañados en oro de 18k con circonitas blancas, de Luxenter (22,90 €).
3. Mono blanco y negro con logomanía, de Valentino (2.690 €).
4. Sandalia fina de piel en color rosa metalizado, de Fígara Shoes (85 €).
5. Conjunto lencero de encaje, de Promise (55,98€) (39,99€) el sostén + (15,99€) la braguita.

¿el perfume? Un imprescindible

Os voy a hacer una pregunta, urbanitas. ¿Usáis perfume? ¿Y por qué lo hacéis? Sea cual sea tu motivación, no dejes de hacerlo porque no vayas a salir. Te voy a contar un secreto: el perfume saca lo mejor de nosotras.

1. Kiss Me Intenso, de Nicolaï (177€/ 100ml).
2. Siwa, de Memo Paris (205€/ 75ml).
3. Egalité, de BIBA (19€/ 100ml).
4. Guaria Morada, de Very Coqueta (85€/ 100ml).

Sombra aquí, sombra allá

Solo falta un poco de sombra aquí, bush allá y algo de color en los labios, ¿no? Si bien es necesario que nuestra piel respire, también lo es vernos y sentirnos guapas. Por eso, lo mejor será cuidarnos con los mejores productos (beauty).

1. BB Cream, de Herbera (28,50€).
2. Le liner eyeliner, de L’oreal Paris (8,95€).
3. Máscara Noche Renovadora ‘Night Success’, de Germaine de Capuccini (29,50€).
4. Color Sensational Made For All, de Maybelline (5,99€).
5. Lolita Por Vida Eyeshadow Palette, de KVD Vegan Beauty (49,55€).

Eso, unido a tus ganas y a un calendario para no aburrirnos (y no atracar la nevera) nos hará más llevadero nuestro nuevo escenario. Mucho ánimo para estos días. Juntos saldremos de esta.

Con el corazón en el puño y la pluma en el otro

He soñado mucho con este día. Desde que era pequeña. Y dejé de considerarme una renacuaja hace 12 años. Hoy voy a publicar mi primera novela. Mi primera novela. ¿No es increíble? A mí me lo parece. Sigo sin creerme que me dijeran que sí. Qué fuerte.

Me despierto lentamente. Hoy es el día. Estoy girada hacia la derecha y cuando abro los ojos, uno de mis ejemplares me mira desafiante. No recuerdo las veces que he ensayado una y otra vez, una y otra vez el capítulo que pienso leer esta tarde. Espero no equivocarme. Espero no trabarme. Espero no hacer el ridículo. “Lauren, has hablado muchas veces en público“; me digo a mí misma para calmarme. Pero esto es distinto. Es un momento irrepetible.

Mi hermana y yo hemos decidido subir una foto a Instagram para celebrar el día de los enamorados. Salgo con mi camisón rojo, como en la portada del libro y escribo lo que siento: ganas, emoción; como su fuera una novia de camino al altar. Y lo cierto es que muy probablemente mi camisón nupcial fuera rojo.

Pronto, y sin saber muy bien por qué, la gente me felicita como si fuera el día de mi boda. Probablemente porque he puesto que me siento así. Pero mucha gente me da la enhorabuena y me felicita, cosa que engrandece mi felicidad.

Durante todo el día estoy acompañada de mi hermana y de mis amigos del pueblo que han venido a verme. Mis padres no pueden estar, pero lo verán en streaming. Y sin darme cuenta, mi hermana me dice “es la hora“. Llevo un vestido rojo, de Paloma Suárez, precioso, que además me hace sentir muy guapa. Y antes de decir “allá voy” ya estamos dentro del coche que nos llevará hasta Nanai.

Foto: Mamen BG.

El tráfico de Madrid está como siempre. Aunque, quizás, el hecho de que sea viernes y de que sea el Día de los Enamorados, ha hecho que el caos no amaine. Madrid siempre ha sido y será caótica. Como yo. Como ‘Silencio’. Pero todo llega, y cuando llegamos, las puertas están abiertas.

Foto: Mamen BG.

El primero en llegar es mi editor, Francisco, de ediciones Ruser, que llega con Cristina, otra chica del equipo que estarán pendientes de que todo esté a la perfección. Luego John, mi jefe de comunicación. Después, mis amigos. Luego, Mamen. Y poco a poco, el restaurante se va llenando de gente dulce, bonita y maravillosa que ha venido a acompañarme en un día muy especial para mí.

Lo reconozco: cada vez estoy más nerviosa. Pero no son nervios malos, sino más bien, todo lo contrario. No me esperaba tanta gente, ni tantos abrazos, ni tantas sonrisas, ni tantos buenos deseos. Me siento querida, y quizás, un poco obnubilda por la situación.

Foto: Mamen BG.

Francisco me rescata para que suba al escenario. Ahora sí que sí es la hora. Trato de no mirar mucho a los ojos de la gente mientras mi editor me presenta. Y cuando por fin es mi turno y una marabunta de aplausos me cobija, el teléfono de alguien suena. “Con banda sonora y todo. Qué maravilla“; se me ocurre decir. Eso calma el ambiente – y a mí.

Doy las gracias por venir. Porque realmente estoy flipando de que esto esté pasando y, sin saber muy bien qué ni cómo, comienzo una homilía. Hablo de ‘Silencio’, pero de manera superficial porque luego vienen las preguntas. Otra marea de aplausos.

Foto: Mamen BG.

Entonces, me decido a leer el capítulo número dos: Manuel, Marco, Mason, Mikel y Martín. Es un capítulo divertido, ocurrente, simpático y ameno que se aleja de la dramaturgia del resto. Además, comienza con “Hay personas que no están destinadas a casarse…“; y teniendo en cuenta que todo el mundo va de negro y que hoy es San Valentín, me pareció que era idóneo.

Consigo una atmósfera íntima, que se engancha al discurso de mi protagonista, que se ríe con ella y que abandona cualquier esperanza con su final. Distingo un par de lágrimas en los pómulos de un par de conocidas, pero no digo nada, porque todavía no sé ni cómo he conseguido no llorar. Otra marea de aplausos.

Es el turno de las preguntas, y dejo que sean libres para actuar. Tras responder a todas ellas, pasamos a la firma. Y es aquí donde mis invitados no paran de decirme cosas maravillosas, donde yo desbordo mi emoción y donde trato de expresar lo agradecida que me siento de que hoy estén todos aquí. No se hacen una idea de cómo me siento. No me la hago ni yo.

Foto: Mamen BG.

Poco a poco, el local se queda vacío. Y yo me voy a cenar con mis amigos. Después a tomar algo, y cuando regreso al hotel con mi hermana, me deshago del vestido, de los tacones, del maquillaje y me tumbo en la cama, cierro los ojos, sonrío y digo en voz alta: “Silencio ya está aquí“.

Porque al final, mi objetivo espero que no haya sido escribir un libro, sino escribir un buen libro, con el puñal en el pecho y la pluma en el otro.

We Will Always Have Tomorrow

26 de diciembre

Querido Santa:

¿Qué? ¿Ya has dormido la mona? ¿Te sientes descansado? ¿Sí? ¿No? ¿Ahora qué harás hasta el año que viene? Siempre he tenido curiosidad… No hace falta insistir en el hecho de que ya se sabía para qué profesión estaba destinada.

Voy a escribirte una última carta, para que tengas presente sobre presente mis pensamientos. Esperaré los tuyos de vuelta. Siempre podrás mandarme a un elfo, o a Rudolf, creo que le caigo bien.

El caso es que creo recordar que ya te conté que siempre he sido una niña complicada a la que costaba encajar. Es más, a día de hoy, todavía tengo la sensación de que no encajo en ninguna parte – y puede que sea verdad. Pero teniendo a gente que me quiere, eso me ha dejado de importar.

Sin embargo, otro de los asuntos que siempre me ha preocupado es no saber qué me deparará el futuro. ¿Qué me espera, Santa? Hay quien dice que nuestro destino está escrito, y antes que creer en las casualidades, prefiero pensar que tienen razón. Y pensarás, ¿cómo una persona que cree que el amor son sustancias químicas puede pensar eso? No lo sé, pero lo hago. Sobre todo, porque creo que todo siempre pasa por algo.

Creo que todo siempre pasa por algo

Cuando era pequeña quería ser profesora, luego actriz (siempre se me ha dado bien subir a un escenario y creer que soy otra persona), pero desde que me publicaron mi primer relato, la injusticia y el hecho de escribir siempre me ha motivado. Las frustraciones siempre me motivan a hacer grandes cosas. Creo que eso es algo que no puede decir todo el mundo.

Además, me gusta lo que hago, y sé que esto es a lo que me gustaría dedicarme en el futuro. No obstante, es imposible no sentir miedo. Más aún sabiendo cómo está nuestra profesión.

Es imposible no sentir miedo

Es lo primero que me dijeron en la universidad: “que sepáis que el 85% de los que estáis aquí no vais a tener trabajo cuando salgáis”. Y desmotiva, Santa. Porque lo sabemos, pero se supone que nuestro profesor, debería animarnos un poco, coño.

No obstante, luego te dicen que los jóvenes somos quienes vamos a cambiar el mundo. Normal. Claro que vamos a hacerlo. Somos el futuro. Somos lo que quedará cuando las generaciones anteriores mueran. Somos los que tomaremos decisiones y lo bueno es que tenemos algo que muchos de ellos no tienen: conciencia. Y consciencia. Nos han dicho cómo pelear, cómo defendernos y eso es lo que estamos haciendo, porque a pesar de lo que digan muchos los políticos, ellos no están peleando por nosotros.

Es por eso que no debemos desaprovechar ninguna oportunidad. Sin embargo, si me preguntas cómo me veo dentro de diez años, no sabría que responderte, porque no lo sé. Tengo claro que, a no ser que algo vaya en contra de mis principios, no voy a rechazar ninguna oferta si la propuesta es buena.

Y si eso nunca llega, ¿quién sabe? A lo mejor abro un medio, a lo mejor soy mi propia jefa… Como te decía ayer: si crees en ti mismo y en lo que haces y peleas por ello, todo llega. Puede que tarde y a trompicones, pero llega. Al fin de cuentas, si algo no nos sale hoy, siempre nos quedará mañana.

Equipo:

  • Fotografía: Alodia Navarro.
  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Muah: Mary Coco.
  • Estilista: Sergio García del Amo.
  • Texto: Lauren Izquierdo.

Gallery:

Children’s lessons

24 de diciembre

Querido Santa:

Hoy es tu gran noche, ¿cómo te sientes? Imagino que nervioso y lleno de ilusión. Pero mira lo que te voy a decir: la ilusión es la clave de todo.

Hoy me apetece compartir una historia contigo, para que el trayecto de casa en casa sea más ameno. Es más, hoy vuelvo a ser una niña. Volvemos a ser innocent.

¿Quieres que te cuente un secreto? Siempre me quedo mirando a los niños por la calle. Casi más que a los perros, aunque nunca lo admitiré en público. Puede que sea porque las mayores lecciones de mi vida me las han dado niños, haciéndome preguntas que ni yo misma sabía responder. ¿Por qué los adultos no somos capaces de responder muchas de las cuestiones de los más pequeños? ¿Por qué nos quedamos en blanco si se supone que somos los ‘maduros’? 

Siempre me han dicho que la edad es solo un número, que los años no los mide el tiempo, sino que el daño que este hace sobre él. Una persona que ha sufrido, sea por X o por Y, se ve obligada a madurar antes. Eso siempre ha sido así y siempre lo será. No se me ocurre nada peor que una niña que quiera ser mayor. 

Eso ha provocado que muchas veces me pregunte si el tiempo existe realmente. Porque es algo que no tiene mucho sentido. Los días se van sin que nos percatemos: los segundos, los minutos, las horas se disipan sin que nos demos cuenta. Y cuando volvemos a la realidad, cuando nuestro ritmo de vida nos permite regresar, el año se ha ido. Para siempre. Y jamás, jamás regresará. ¿No es triste? Por este tipo de cosas, me encantaría volver a ser una niña. Pero me encantaría ser una niña con todo lo que conlleva serlo.

Ahora que el año se está acabando, ahora que el 2019 decide decirnos adiós, intento recordar todo aquello que me ha hecho estar aquí, hoy, escribiéndoos esto. Y lo primero es mi infancia. 

Armadura de perlas de Pipi Alonso. Falda de tul de Amazon Moda. Converse de plataforma.

Porque seamos claros (y yo sincera): nunca he sido una niña fácil de comprender. A mis padres les costaba responder a mis preguntas. Era muy traviesa e ingeniosa, he de decir. Todas las Navidades, mi madre cuenta un par de anécdotas de cuando mi hermana y yo éramos pequeñas y siempre termina contando las mismas: cuando quise meter a mi gato en la lavadora porque estaba sucio y cuando le dije a su mejor amiga que los zapatos que llevaba no le combinaba con su estilismo. En esta última tenía dos años – y no hace falta que diga que ya se iba viendo para dónde iban los tiros.

Todas las Navidades, mi madre cuenta un par de anécdotas de cuando mi hermana y yo éramos pequeñas y siempre termina contando las mismas

Era buena en el cole, siempre quería aprender y eso es una de las cosas que todavía mantengo: ese ansia por saber, saber y saber. Da igual el tema y el ámbito; y creo que, – aunque esto es una percepción personal – que si la gente leyera más, si la gente se preocupara por saber más, si no se conformara, todo iría mucho mejor. 

Claro que también es verdad que, cuanto más sabes, más frustrado te sientes, porque te das cuenta de que muchas cosas en el mundo, en la calle, en la gente y en ti están mal. Los millennials y la generación Z somos la generación frustrada por antonomasia, solo hace falta decir que hemos desbloqueado – y normalizado – el hecho de ir al psicólogo. Por no hablar de que nos estamos cargando el planeta, aunque de esto hablaremos otro día.

Camisa estampada de Silvia Nájera. Colgante de Luxenter.

Sea como fuere, cuando éramos niños, pensábamos en cosas alucinantes, pensamientos disparatados que en nuestra cabeza tenía sentido. No sé vosotros, pero cuando era pequeña, pensaba que si me comía una semilla de fruta me iba a crecer un manzano en el estómago, que si comía muchas zanahorias nunca iba a llevar gafas (qué ilusa y qué miope) o que si no aprendía a hacer las firmas iguales me detendrían por suplantación de identidad. Si que me despertaba las dos de la mañana y me ponía a llorar porque pensaba que el oxígeno se iba a acabar, pero también me quedaba espiando a mis juguetes porque pensaba que se moverían como en Toy Story.  

Ahora sonrío cuando una de mis primas me lo pregunta. Ahora sonrío al verlas sonreír cuando los mayores se besan o cuando llegan los Reyes Magos. Esa ilusión, esa inocencia, esa ignorancia. Demonios, que no crezcan. Que sean el Peter Pan de Disney, que no conozcan la vanidad, ni la ambición, ni el egoísmo y mucho menos la envidia. Que no se contaminen, que sigan enseñándonos cosas. Que sigan siendo lo que son, niños que llenan de ruido las siestas, de risas las cenas y de melancolía las noches en las que nosotros echamos de menos ciertas cosas y/o personas. 

Que sean el Peter Pan de Disney, que no conozcan la vanidad, ni la ambición, ni el egoísmo y mucho menos la envidia. Que no se contaminen, que sigan enseñándonos cosas

Que sigan recordándonos lo bello que es vivir y la suerte que tenemos de estar vivos, porque solo los niños son capaces de recordarnos que somos empatía, que somos humanos y que por encima de todo y más, está ese amor que todos ansiamos. 

Espero que se lo recuerdes, Santa. Feliz Nochebuena. Pétalo, como solo tú sabes hacerlo. De mientras, los adultos trataremos de seguir siendo niños.

Equipo:

  • Fotografía: Alodia Navarro.
  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Muah: Fanny Colette.
  • Estilista: Sergio García del Amo.
  • Texto: Lauren Izquierdo.

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23 de diciembre

Querido santa:

Se acerca tu gran día. Ahora sí que sí, ya no hay vuelta atrás. ¿Estás nervioso? Yo seguro que lo estaría. Culminar la Navidad con tu llegada es algo muy importante.

¿Sabes de qué otra cosa me he dado cuenta este año? De que la gente habla mucho, pero no dice nada. Da igual dónde vivas o en qué parte del mundo te encuentres. ¿Y sabes cuál es el verdadero problema? Las redes.

Actualmente, las redes sociales han invadido nuestra realidad. Tenemos mucha información, hay mucho ruido y hablamos mucho. Demasiado. El problema es que la inmensa mayoría no dice nada. Por eso, es importante parar y recordar quién fuimos, quién somos y sobre todo, quién queremos ser. Porque hoy en día nuestros mensajes están vacíos.

Y los mensajes vacíos nos llevan a objetivos, metas y sueños que también lo son. Y eso nos deshumaniza. Nos vuelve menos empáticos, más egoístas, menos humanos. ¿Te das cuenta de la gravedad del asunto?

Por eso, mi equipo de Talla Treinta y Ocho y yo hemos decidido trabajar sobre esta idea, tratando de callar nuestras mentes (sobre todo, la mía) y plasmando sobre tres editoriales y tres cartas un análisis de lo que fui, de lo que soy y de la proyección que tengo sobre mi futuro. A priori impone, ¿verdad?

Así que, durante los próximos tres días Children’s Lessons, And… This Is Me, y We Will Always Have Tomorrow será lo que leas y lo que todo el que quiera podrá leer. Aquí os dejo una prueba de lo que veréis

Equipo:

  • Fotografía: Alodia Navarro.
  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Muah: Fanny Colette y Mary Coco.
  • Estilista: Sergio García del Amo y Maison Mesa.
  • Texto: Lauren Izquierdo.

Savage On City

Dicen que septiembre es el mes de los urbanitos (y lo es). Pero, a pesar de que yo regresé con fuerza, no lo hice en el terreno fashion. Sin embargo, ahora que mi vida comienza a encauzarse de nuevo, ahora que está todo en orden y más o menos en su sitio, tengo que deciros una cosa… I’m back, bitches.

Sabéis que mi vida es un pelín locurita: La Moda en las Calles por un lado, HOY Magazine por otro, ahora Mine, la Universidad… Y todo ello con denuncias y escapadas a mi casa de por medio. Con todo este ajetreo, (que por otra parte me encanta, he de decir; si no, solo tenéis que ver mi Instagram) me ha costado encontrar un hueco para decir: venga, vamos a hacer un post de moda. Algo de esa talla treinta y ocho reivindicativa que hace mucho que no hago y que de alguna forma fue el inicio de todo. Y con ayuda de Mamen Búa, mi fotógrafa, amiga y confidente, lo hemos conseguido. Así que, os presento Savage On City.

© Mamen Búa.

¿Y a dónde vas así?, os preguntaréis. La respuesta es muy fácil: a cualquier sitio. En mi caso, yo decidí acudir así a un encuentro privado del grupo Malva, a quienes hace muy poco entrevisté (os dejo la entrevista por aquí), pero las opciones son diversas y tan variadas como quieras.

No obstante, puede que las prendas a simple vista y sin mezclarlas puedan parecer demasié, pero no lo son. Todo está bien equilibrado. Es una armonía: unas bermudas de animal print, un top lencero (que os voy a matar, pero es mi camiseta del pijama), una chaqueta de purpurina verde, un abrigo de piel de dálmata sintético y unos botines de charol. ¿El secreto? Creérselo, como todo en esta vida.

© Mamen Búa.

Así que, dejo que lo disfruten. Que canten, bailen, se desgalliten y me sigan la pista en Instagram, porque esta semana viene cargada de maravillas que estoy deseando contaros. PD: el cigarro es postureo fotográfico. Mamá, principalmente esto va por ti.

Sed felices…. ¡Y pasad buena semana!

XOXO!

© Mamen Búa.

Estilismo:

Vestido de purpurina, de Zara (c.p.v.).

Camisa lencera, de Intimissimi (49,99 €).

Bermudas de estampado print de leopardo, de Zara (c.p.v.).

Abrigo de pelo sintético, de C&A (c.p.v.).

Bolso de tachuelas, de El Baúl de la Marquesa (c.p.v.).

Medias de Intimissimi (15,95 €).

Pendientes de hojas, de Luxenter (62,75 €).

Botines de charol, de Valentina Zapaterías (c.p.v.).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Fotografía: Mamen Búa.
  • Maquillaje: Nyx Professional y Sephora.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Madrid

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