Cómo hacer un match y no morir en el intento

No os preocupéis, hasta hace exactamente seis días yo tampoco sabía lo que era hacer un match. Es lo que tiene vivir el amor en tiempos de Instagram.

El caso es que desde la fiesta de los Vogue, esa fiesta en la que os hablé de narcisismo, hipocresía, superficialidad y cinismo; unos amigos me hablaron de hacer un match. No estábamos muy cuerdos, para qué os voy a engañar, pero empecé a replanteármelo.

El viernes fue un día horrible: me timaron en la peluquería, me suspendieron un festival de cine cuando me estaban haciendo las ondas porque los chinos no se organizaban, fui a hacerme fotos para no desaprovechar el timo de la peluquería pero las sandalias de la mañana, de mimbre y ortopédicas, muy a lo Agatha Ruiz de la Prada en el desfile de esta pasada edición, me habían hecho heridas y entonces los zapatos que llevaba en ese momento me hacían daño… El caso es que ya estaba hasta la mismísima patatona e invité a mi amiga a tomar una copa de champán a casa. Sí, estás leyendo bien, una copa de champán. También tenía cerveza, pero tras el día que llevaba necesitaba algo tan snob que me hiciera sentir todavía peor, porque cuando estás depre, además de estar depre, te vuelves algo masoquista. En fin, continúo: estábamos mi amiga, yo, mi terraza, Madrid y una botella de champán que le regalaron a mi compañera de piso por Navidad en la cesta del trabajo, y comenzamos a hablar de la vida: escasez de tiempo, mil cosas que hacer, universidad, trabajo, autoexigencia, perfeccionismo, Madrid y ese sentimiento de vacío que te deja una ciudad como esta, porque no sé si lo habréis notado u os ha pasado, que no es por joder, me caéis bien, pero espero que sí; Madrid tiene no sé cuántos miles de residentes, es una ciudad inmensa, con una cantidad ingente de personas, tanto que llevamos 80 años con la ampliación de las calles de Gran Vía, y el convivir en una ciudad así, hace que muchas veces te sientas sola. ¿Te has agobiado? Bien, esto acaba de empezar, así que sigue leyendo.

No recuerdo muy bien cómo terminó la noche, pero a la mañana siguiente tenía a mi amiga durmiendo en mi sofá, yo me acababa de despertar en el otro y tenía una app nueva en el móvil: Tinder.

“Sí, Tinder. Alto el fuego, no me juzgues. Iba a desinstalármela pero le prometí a mis amigos que la probaría durante una semana. Solo una semana, y entonces… Entonce empezó la fiesta”

Decidí hacer un estudio sociológico sobre el tema. Ya que iba a durar siete días, sacaría algo de todo esto, lo haría bien, y me lo tomaría en serio. Lo primero que debes hacer cuando decides hacerte un perfil en Tinder es poner seis fotos que te describan. Yo fui a galería, quise seleccionar una de ellas, pero mi amiga me detuvo y me explicó que eso no era una foto Tinder. Lo sé, yo me quedé igual. Hay fotos tipo Tinder. Existen las fotos tipo Tinder. Seis fotos: la adorable, la sexy, la divertida, la estúpida, la artística y la estándar. Eh, y ojo; que debes seguir este mismo orden. ¿Cómo te quedas? Yo como el tartán, más a cuadros y paso por escocesa. El siguiente paso es, posiblemente, lo más difícil: escribir una biografía... La mía fue:

Soy mujer de muchas palabras pero también de muchos misterios. (Uy, no; borra. Bebe champán). Soy una mujer a la que le gustan… (borrar. Rellena la copa de champán). Las palabra son mis amigas, pero….(¿En serio, Lauren? Bebe champán). El silencio es… (Sí, ya, ya, ya; borrar. Me conozco el argumento). A medida que mi biografía descendía también lo hacía mi botella. ¿Sabéis que hice? No poner biografía. Quien quisiera algo, que preguntara. Hala. ¿No quería misterios? ¿No era misteriosa? Pues toma, dos copas…(o mejor dos botellas).

“Una vez resuelto el drama, o más bien no, la realidad te acorrala, te sacude, te golpea y te deja inconsciente. ¿Que por qué? Porque te das cuenta de que todo el mundo está en Tinder”

No, no; en serio. Todo el mundo está en Tinder. Tinder es el nuevo romance. Si Nicholas Sparks escribiera una nueva novela, estoy segura de que se dejaría de tantas Noches de tormenta y tanto diario de Noa y desarrollaría la historia en Tinder. Tinder es el nuevo Shakespeare. En Tinder está todo el mundo, desde perfiles públicos como puede ser el Dante Caro hasta mi personal trainer, todo ello pasando por gente de mi universidad, gente que se parece a Bradley Cooper y gente que pone imágenes de Bradley Cooper. En Tinder estamos todos.

Y en Tinder encuentras perfiles de todo tipo, pero ojo, no os emocionéis dándole al no, que es adictivo, avisados quedáis. Se empieza con unos cuantos noes y, de repente, te sale un chico como Gonzalo, no te das cuenta, le das a no, intentas volver hacia atrás y te das cuenta que no se puede. El amor de tu vida ha desaparecido para siempre. Días después vuelves a ver perfiles que ya te habían salido, pero Gonzalo no aparece. (Gonzalo, búscame. Sé que teníamos futuro).

Volvamos a los chicos de Tinder.

De todo tipo: están los chuloplaya, esos que solo aparecen sin camiseta para que te quede claro lo buenos que están; los surferos, los cuales tienen el pelo más bonito y más brillante que tú (podríamos decir que son los chuloplaya en versión más chavacana); y los deportistas, esos que en todas sus fotos aparecen haciendo deporte, y solo de mirar lo activos que parecen, te cansas y ya no te apetece ir al gimnasio, tranquila, es normal, nos ha pasado a todas, no estás sola… Luego están los que aparecen con animales y con niños, esto es para mostrarte lo cucos que pueden llegar a ser, que también tienen corazón y que son tiernos, claro que si no te gustan los niños como a mí, han fracasado. Nunca os fiéis de un chico que aparezca en todas sus fotos con gafas de sol. La mirada de una persona dice mucho, y en la mayoría de los casos, cuando se quitan las gafas de sol, el mito se cae. Y por último están los que salen fumándose un porro o con una chica, entonces les preguntas por ella y te dicen que es su ex novia. Te quedas flipando, deshaces el match y asunto arreglado. De los perfiles con fotos de Will Smith, Nietzsche o Bradley Cooper, mejor ni hablamos.

“Están los chuloplaya, los surferos, los deportistas, los que salen con animales y niños, los que aparecen fumando porros o con su ex novia, los randoms y fakes”

Pero eso es solo el físico. La parte más divertida comienza cuando te empiezan hablar. Está el tímido que empieza con un hola, ¿qué tal?, generalmente estos son majos, hasta que te preguntan que qué buscas en Tinder, y no lo sabes, no sabes qué responder, te agobias y/o no le contestas o deshaces el match; el ansioso, que solo por haberle dicho ‘hola’ quiere quedar contigo (a tomar una cerve, además. ¿Y si no te gusta la cerveza?); luego están los que pasan del hola y te pides que vayas a su casa para que os acostéis, yo los llamo los APAM (aquí te pillo, aquí te mato) suelen ser muy directos; también están los amebas, demasiados insulsos a nivel comunicativo e intelectual; aunque los que en otra vida fueron Paulo Cohelo tampoco se escapan: me encantaría perderme en tu mirada; tu sonrisa es preciosa, su sonido deber ser un deleite; eres la mujer que se aparecería en mis sueños… Pero ojo, también podéis encontrar gente maja e inteligente, o gente que quiera hacer un trío. En Tinder hay de todo.

¿Y cuál es el motivo por el cual deberíais haceros Tinder? Bueno, en mi opinión es perfecto para el inicio de una ruptura, para que se te suba el ego, por necesidades humanas, porque tus amigos estén cansados de que le des el coñazo con lo sola que estás, por curiosidad, aunque la curiosidad mató al gato, o por estudios sociológicos como el mío. Sea como fuere, opino que todo el mundo debería probarlo alguna vez, aunque sinceramente, después de 7 días, 239 matches, 53 desmatches y 35 conversaciones, debo confesaros una realidad: vivimos el amor en tiempos de Instagram. Lo que quiere decir que Tinder solo sirve para ahorrarte el mal rato de decirle a una persona que no quieres nada porque no te pone, o porque te parece un cardo. Luego, si les has molado, o si no te quieren para un polvo y ya está, te piden el Instagram. Así que, nunca hagáis caso a la opción de enlazar vuestra cuenta, si no… Se pierde la poca magia que hay.

“Después de 7 días, 239 matches, 53 desmatches y 35 conversaciones, debo informaros que me he borrado la cuenta y desinstalado la aplicación. No estoy hecha para Tinder”

Y una última cosa: mamá, sé que tarde o temprano leerás esto, y sé que puede que ahora mismo estés pensando que tu hija está como una puta cabra, pero también sé que te habrás reído y que haga lo que haga siempre estarás orgullosa de mí. Eso sí, te pediría que si alguna vez tengo hijos, jamás les cuentes que una vez su madre hizo algo como esto. Nunca volverían a tomarme en serio.

Lauren Izquierdo

¿Es nuestra generación una fracasada en el amor?

Me han dejado. Menuda tragedia. El amor es una mierda. Él se lo pierde. No va a encontrar a otra como yo. Menudo capullo. Yo lo quería. Me veía casada con él. La vida es una mierda. Ya no volveré a encontrar a nadie que me quiera.Ya no volveré a creer en el amor. ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Dónde habré dejado el helado de vainilla? ¿Qué hora es? ¿Estará el chino abierto? Ah, aquí está. ¿Que estarán echando en la tele? ¿El Diario de Noa? ¿En serio? ¿Qué consternación divina ha decidido ir a por mí? No me merezco esto. Voy a quedarme sola toda la vida. Voy a ser una cuarentona solterona y con cuarenta gatos. Ah, no, que soy alérgica; pues con cuarenta peces. Un día la vecina del cuarto, esa que ahora es una mocosa pero que luego estará tan buena, subirá por las escaleras, porque los ascensores son para las vagas como yo, claro, y ese culo prieto no se consigue comiendo helados y subiendo por ascensores, olerá a tufo, llamará a mi puerta, y como no responderé, llamará al conserje. Abrirán la puerta y se encontrarán mi cadáver. Los de la autopsia dirán que llevo muerta casi una semana y la vida se habrá acabado para mí. Sola, con helado de vainilla, viendo El Diario de Noa y con cuarenta peces, porque soy millennial y los gatos están pasados de moda y me dan alergia.

La parodia novelesca y la tragedia shakespeariana se fusionan para describir la situación por la que pasa nuestra generación: el amor, o mejor dicho, el aparente fracaso del amor.

No ha sido culpa mía, ha sido culpa suya; lo que una persona no encuentra en su casa lo busca fuera; no eres tú, soy yo; podemos ser amigos; la relación se ha enfriado y por eso te he puesto los cuernos; iba borracho; se me lanzó él; no ha significado nada… Y así podríamos seguir durante horas. Y muchas veces, no se trata de buscar culpables, muchas veces, no ha sido culpa de nadie, pero no podemos pretender que el amor dure toda la vida cuando elementos como el aire, la vida o el sueño tienen fecha de caducidad. Todo tiene un fin. Todo termina. El problema está cuando hacemos un mundo de ello.

Pero, ¿queréis buscar culpables? ¿Queréis tener un nombre al que maldecir cuando lloréis enfundadas y enfundados en vuestros pijamas de franela y vuestro rímel corrido? Está bien. Busquemos culpables.

Hollywood. Sí, la culpa la tiene Hollywood. Hace mucho tiempo que le declaré la guerra. Las productoras de cine nos han hecho creer que el amor es una hipocresía barata llena de narcisismo. El amor no lo puede todo. Las relaciones no suelen acabar bien, y tu primer beso y tu primera vez no te hacen sentir como en una burbuja rodeada de magia, mariposas en el estómago y flores por todas partes; son torpes, desastrosos y suelen hacer que te avergüences. La burbuja se pincha, la magia resulta ser polvo, las mariposas, gastroenteritis, y encima descubres que eres alérgica a las margaritas. Los príncipes azules no existen y que te roben un beso es más una invasión de tu privacidad que un gesto romántico.

Todas las películas de Hollywood, si os fijáis, tienen el mismo argumento: Chico conoce a chica, se pelean, se reconcilian y son felices para siempre. Muchas veces esconden que tienen un hijo, que son primogénitos del presidente, de un millonario o del mismísimo rey, y otras veces es un perro superdotado el que los vuelve a unir, pero oye, solo para variar el argumento. Todo muy romántico, con lluvia o nieve. Sí, sí; que la lluvia y la nieve son muy románticos. Bueno, pues dejadme que os recuerde que el significado original del romanticismo es todo lo que acaba mal, Romeo y Julieta, para que nos entendamos. Ser romántico significa que estás dispuesto a clavarte un puñal en el pecho si no consigues a tu dama, literalmente. Si no estás dispuesto a hacerlo, lo siento, pero no eres un romántico. Si estás dispuesto, lo siento, pero tienes un problema.

La reconversión del romanticismo ha sido obra de las productoras de cine, que han añadido este significado posmoderno donde las rosas, los rubíes y San Valentín están por encima de cualquier dios que digan que existe; aunque tengas que pedir un crédito al banco. ¡Estamos hablando de ser románticos, por Madonna! Que te regalen un ramo de rosas rojas en plena temporada que cueste alrededor de sesenta euros y que se seque al cabo de dos días es muy romántico. Uy, menudo sacrificio. Luego, les abres tu corazón y salen corriendo por patas.

Pero ojo, que cualquier persona que piense que el significado actual del amor millennial es pura campaña de marketing y un fajo de billetes para los comercios es un amargado, que una mujer tenga cuarenta años y esté soltera o que no sea madre es una fracasada. Da igual que dirija una empresa, que sea una emprendedora o que contribuya a que el mundo sea mejor. Eres una fracasada y punto. Solo hay que ver que la primera pregunta que te hacen cuando cuentas que estás estudiando es si tienes novio; y ojo, que como digas que no, la siguiente preguntas es “uy, ¿y por qué no? Si eres muy guapa”, como si los feos no tuvieran derecho a encontrar el amor. ¿No se te ha ocurrido que a lo mejor no tengo novio porque no quiero o porque ahora mismo no lo necesito? No, no tienes novio porque no te has esforzado lo suficiente. Claro, ahora mismo voy y pongo un anuncio. Porque esa es otra, la gente ya no se enamora como antes. Te veo en la discoteca, ciega y hasta arriba de todo, te perreo, nos liamos, nos volvemos a liar, nos acostamos y ya luego, si eso, vemos qué hacemos.

Es más difícil encontrar a alguien leyendo en una cafetería que encontrar una prenda intacta del Zara en plenas rebajas. Luego está la nueva forma de ligar, el Instagram. ¿Puede competir Meetic contra Instagram? Como poder, puede; pero su futuro es más negro que el armario de una viuda.

También están los “en la cama no es muy bueno, pero bueno, lo compensa con otras cosas”. Sí, ya. Historias para no dormir. Nos han enseñado que lo que debemos hacer es estudiar una carrera, enamorarnos, casarnos, tener hijos, cuidarlos hasta que aprendan a decidir solos, formar una familia y dejar un legado. Nos han enseñado que el hombre es quien debe gastarse el sueldo de tres meses en un anillo de compromiso, que París es la ciudad del amor y que las joyas, las rosas y la penumbra son detalles románticos. ¿Y si no quiero hacer eso? ¿Tu relación es mejor que la mía? ¡Y tú qué sabes! ¿Y si no me quiero conformar o no quiero seguir la regla que dicta que debo firmar un papel donde diga que estoy unida a otra persona? ¿Y si me quiero unir a cuarenta? ¿Y si lo único que quiero es a alguien que me escuche, que me acompañe, que me haga sentir especial porque piense que realmente lo soy y que me anime a querer más? ¿De verdad preferís un ramo de rosas a un viaje o a una persona a la que realmente le preocupes o le intereses? Claro que a todos nos gusta que nos regalen cosas, pero si a la persona le nace, no si cree que le nace o piensa que debe hacerlo.

¿Qué pasa si no te quieres conformar? Aparentemente nada, luego habría que ver lo que piensan o lo que hablan cuando no estás delante. El conformismo es uno de los principales problemas en este país.

¿Cuál es entonces la clave para que una relación no fracase? ¡Y yo qué sé! Hollywood debería ir entrevistando a gente de la calle, no hacer que idealicemos una relación perfecta, porque abrid oídos, la perfección no existe. Ninguna relación lo es, y si un matrimonio se termina por X o por Y, pues nada, chico; a otra cosa mariposa. El mundo no se acaba. El día que alguien no se escandalice porque un matrimonio no haya funcionado, sin lugar a dudas, estaremos avanzando. La vida real no es una película, pero ni una película ni una novela; y el amor, al final, es una combinación química de serotonina y oxitocina que no se produce precisamente porque llueva o nieve mientras una pareja discuta. Amores hay muchos, pero quizás sepas con anterioridad cómo es esa persona que tanto te llama la atención dejando el móvil, el perreo y la idealización a un lado. La realidad duele mucho menos que la decepción. Eso seguro.