Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Gula (II)

Silvia Abril dijo hace poco en una entrevista que concedió a S Moda que uno de los mayores delitos de España a día de hoy sigue siendo estar gorda.

Lo cual me hizo reflexionar sobre el concepto de estar gorda. Porque, ¿qué es exactamente estar gorda? ¿Cuándo sabes a ciencia cierta que estás gorda o gordo? ¿Cuando tienes michelines? ¿Celulitis? ¿Estrías? ¿La cara de pan de ocho? Luego, claro está, existe el cinismo cortés: tía, no está gruesa, solo eres de hueso ancho; estás hinchada por la regla; son gases; y la nueva: no, es que yo soy curvy. No queremos sentirnos gordos, nos cuesta pronunciar la dichosa palabra, como si los sustitutos fueran a solucionar algo… Así como si estar gorda fuera algo malo.

Las connotaciones y los significados de las palabras se los da el ser humano. Porque antes estar gorda era ser un pibón que merecía ser inmortalizado a golpe de pincel en un cuadro al óleo. Son tendencias, cánones que establece la propia sociedad, y dejadme que os diga que ésta se ha vuelto un pelín gordofóbica.

El marketing nos ha llenado de hipocresía barata. Movimientos de bodypositive y modelos curvy. Soy una fiel defensora de que cada mujer y hombre ha de sentirse bien con su propio cuerpo (siempre que no le cause problemas de salud), quererse mucho y quererse bien – porque nadie lo va a hacer si tú no lo haces-. Pero por el amor de Madonna, para eso no necesitamos ningún movimiento, y mucho menos una etiqueta. La revolución de las modelos curvy viene precedida por mujeres de tallas reales que se suben sobre una pasarela. Bárbara Palvin no es una modelo curvy e Itziar Castro no es curvy. Nos hemos dejado embaucar por un saco de mentiras y sensibilidades. Marilyn Monroe no usaba una 42. Sí de antes, pero queridos amigos y amigas, la 42 de antes es la 38 de ahora. Y la talla 38 NO es una talla real. Es real porque existe, pero las mujeres no la consideran como tal.

Y os hablo sobre esto, porque la gordura desemboca en uno de los pecados capitales que a mí más me gustan: la gula.

María Murcia.

La gente trata de evitar la palabra gorda o gordo para sortear los problemas con la comida. Cuando uno de los mayores placeres de esta vida, es eso mismo: comer.

Hoy, rodeada de modelos, esas maniquíes de dos metros, finísimas y que son capaces de actuar, bailar y toda clase de movidas para alzar las prendas de quienes visten a lo más alto, me acuerdo de Mesa, el artesano que firma este maravilloso vestido.

La primera vez que hablamos me dijo: Una mujer es divina por el simple hecho de que es una mujer. No hay que ser muy alta, ni muy guapa, ni la más delgada, ni la más inteligente, ni tener cinco brazos para ser maravillosa. Una de las gilipolleces más gordas que se escapa a mi capacidad de comprensión es esa obsesión que tiene la mujer por estar delgada. ¿Por qué lo hacen? ¿Por ser cómo una modelo? ¿Pero quién narices quiere ser como una modelo? ¿Quién quiere ser diez veces más alta que su novio? ¿Quién desea no tener pecho ni culo? ¿Quién quiere eso?

María Murcia.

Y después continuó con: adoro a todas las mujeres en sus diferentes formas, cuerpos, colores y pieles. No defiendo a las mujeres rollizas. No os equivoquéis. Defiendo a la mujer tal y como es. La que es gorda es gorda, la que es flaca es flaca, la que es coja es coja y la que tiene tres brazos, tiene tres brazos; no hay más. No pasa nada. Todo es ideal. Pero la gente tiene que dejar de echarle la culpa a las modelos porque ellas no han hecho nada. Están delgadas y sanas. No promueven la anorexia. Simplemente son así. Además, influye más en la sociedad una Miley Cyrus que una modelo. En la década de los 80’s puede, todo el mundo conocía sus nombres, eran famosas, conocidas, celebridades… Ahora nadie sabe cómo se llaman. Así que, qué menos que dejarlas tranquilas.

Me di cuenta que, para variar, tenía razón. Tengo a varias amigas que son modelos. Soy el punto de su I, pero llevan una vida muy ordenada y la mayoría tienen más gula que yo. Nadie tiene la culpa. Si tan de moda está el bodypositive, que se demuestre con hechos, no con notas de prensa. Sin embargo, vivimos en una sociedad en la que quererse y mimarse también está mal visto.

María Murcia.

Los excesos están mal vistos. Menuda tontería. Eh, y que la gula también es provocación (qué, francamente, eso es lo que más me gusta). Según la RAE, la gula representa el apetito desmedido de comer y beber. Ciertas religiones lo tachan de pecado capital porque lo consideran un deseo egoísta y lujurioso que busca la satisfacción personal. Y para de leer.

Porque si la vida son dos días y la provocación es un arte – esto lo digo por el resto de apetitos -, ¿qué más me da si soy distinta a ellos? No soy de nadie, no tengo dueño.

Aunque una cosa os voy a decir, queridos: con otras cosas sí, pero con la comida no se juega.

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Estilismo:

Vestido negro, de Maison Mesa (c.v.p.).

Mules de perlas, de Asos (90 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: María Murcia.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Ruinas.

Gallery:

Go Fashion, Maison Mesa y el Art Club

Creo que algo que amamos todos los terrestres es el momento en el que llega la hora de salir del trabajo. No era consciente del placer que supone que el reloj marque la hora exacta en la que apagas el ordenador, coges la chaqueta (porque últimamente está haciendo un frío que pela) y entras en el ascensor; hasta ahora. La jornada ha acabado. ¡Y es hora de divertirse!

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¡Entrevistando a Maison Mesa!

Buenos días, mis queridas urbanitas.

Aunque ayer fue martes de mil horrores, la tarde estuvo llena de color gracias a Juan Carlos Mesa, fundador y diseñador de la firma española Maison Mesa. El pop art decó invade el espacio, las prendas revisten las paredes. Todo encaja. Dulce armonía. Piezas únicas llaman la atención. Como él, un diseñador que tiene mucho que decir, extravagante, divertido y diferente; que en España falta hace.

Dentro de poco tendréis la entrevista en HOY Magazine, (espero que para el viernes: la vida de ejecutiva millennial, ya sabéis). Estoy muy contenta con el trabajo realizado. Creo que han salido cosas muy buenas. Podréis juzgarlo vosotros mismos. Pronto.

Ahora voy a hablaros del look que escogí para la ocasión. como diría mi amigo Daniel Fez, director creativo de la Fashion Rodute: muy a lo Balenciaga.

¿El secreto? Combinar el look de oficina con la regla de los tres colores. Aires vanguardistas, mixes, e innovación y nobleza en los tejidos.

¿Los tres colores? Rojo, azul petróleo y blanco.

La camisa. La que todos adoráis. De organza, con semitrasparencias y muy versátil. Me la he puesto en un montón de ocasiones y en un montón de estilismos diferentes. De Zara. Para quien necesite o quiera saberlo.

Los culottes. Igual de versátiles que la camisa. Son de algodón. Muy cómodos, para un día todoterreno. Para mujeres todoterreno.

Los complementos son los culpables de que este este look sea una maravilla. Les da vida, elegancia y color. Cosa que me encanta.

La bufanda. Muy al estilo Gucci. Una representación de una abeja con su colmena. Es de cachemir. Tejidos nobles. Maravillosa. Soy mucho de bufandas. Dan un toque muy chic.

El bolso. De cuero rojo. Una media luna trenzada con efecto brillante. Es de una tienda de mi pueblo. Para que veáis de lo que son capaces los negocios locales. Confío mucho en ellos. Te traen piezas artesanales que no puedes conseguir en ninguna gran marca.

Las botas. De Pull&Bear. Unas over knee de ante rojas. Me encanta cómo queda con el pantalón por encima. Son maravillosas. Cómodas. Y urbanitas, eres el centro de atención cuando las llevas puestas; te miran (todo el mundo, en serio). Son tendencia. Son un must.

Aquí os dejo un par de fotillos más. La entrevista llegará pronto, lo prometo. Hasta entonces, solo os puedo desear que paséis un increíble miércoles. Yo esta noche voy a ver ‘La Llamada’. Mañana os contaré. Je. Je.

Sed felices,

Lauren Izquierdo