Conoce a Luceral: “hay que saber transformar las preocupaciones en motivaciones.”

Madrid es una ciudad que me apasiona. Posee un encanto que muy pocas ciudades tienen. Es romántica, es dura, es cruel… Madrid me ha permitido crecer como persona, de manera profesional, y me ha concedido el honor de poder conocer y poder rodearme de individuos que han aportado a mi carácter. Una de ellas es Lucía Fernández, o como la conocen sus seguidores, Luceral. Una mujer maravillosa de los pies a la cabeza, con una actitud positiva y con unos objetivos, metas y logros alucinantes. 

Lauren IzquierdoSi la gente te tuviera que definir con un adjetivo, ¿cuál sería? 

Lucía: Sincera; y la verdad que no es del todo cierto. 

LI: ¿Cómo es eso? 

L: La verdad es peligrosa, y hace daño. Las personas que vienen y me dicen “ay, yo soy muy sincera”, digo “no, tú no tienes corazón.” Por ejemplo: yo ahora me pongo algo que me encanta, pero me hace gorda. A mí no me apetece que tú, que no me conoces de nada, vengas y me digas que lo que llevo me hace gorda. Soy muy sincera conmigo misma, eso sí; y creo que es lo más importante.  

LI: ¿Qué hizo en tu mente click para crear al personaje de Luceral? 

L: Fue mi padre el que lo dijo. Mi padre me comentó el lanzamiento de Fotolog, échale años (risas). Como yo pintaba, necesitaba un seudónimo. Mi padre creó Luferal, y lo cambié a Luceral. En Fotolog no era tan personaje como lo soy ahora (risas). Definitivamente, mi padre fue el click. 

LI: Entonces, ¿jamás pensaste que estarías donde estás hoy? 

L: ¡Qué va! Muchas veces no soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Para mí, no estoy en ningún sitio. Simplemente, tengo muchos amigos. 

LI: ¿Y si te preguntara por tu infancia? 

L: ¡Uy, qué curioso! Nunca nadie me ha preguntado por mi infancia. Viéndolo con distancia, me atrevería a decir que complicada. He sido muy feliz, eso sí. Los niños no son conscientes como tal de lo que pasa a su alrededor. Siempre he sido muy imaginativa, y muchas veces me agobiaba porque no entendía las cosas. No entendía por qué no existían los unicornios y las hadas si todo el mundo hablaba de ellos. Mi padre es un hombre muy inteligente y muy creativo y me explicó a muy temprana edad el concepto de imaginario: ese lugar sin límites, donde todo es posible y donde todo tiene cabida. También era muy existencialista, desde los tres años. Me preguntaba quién era, dónde estaba el final del universo… Por esa parte, era complicado; pero claro, luego jugaba con las barbies, tenía muchos amigos… 

LI: Es increíble escucharte hablar así de tus padres, con ese cariño. ¿Han supuesto un apoyo incondicional para ti? 

L: Totalmente, y no solo incondicional, sino también financiero. Además, me admiran un montón, y yo a ellos.  Han insistido en muchas ocasiones para que yo siguiera adelante. En este mismo instante se me viene a la cabeza el primer evento al que yo asistí. Fue a la inauguración de la web de Divinity. Al día siguiente tenía clase y barajaba la opción de ir o no. Mi padre fue el que me dijo que fuera y que me quedara hasta el final. Ellos han creído en mí desde el principio, aún sabiendo que, a expensas de lo que piensan muchos, no cualquiera vale para trabajar en esto. 

LI: No se sorprendieron de que quisieras estudiar bellas artes, ¿verdad? 

L: Para nada; es más, se hubieran extrañado si hubiera querido estudiar medicina. Mi padre se licenció en bellas artes. De pequeña fui a un colegio de monjas que nos obligaba a ir a misa. Me aburría mucho, y como me aburría, me dedicaba a pintar los cocorotes de las personas que tenía delante (ríe). Luego les regalaba el boceto. Se quedaban flipados porque se veían reflejados y me miraban sorprendidos, como si fuera un alien o algo. Así que, creo que era algo que se veía venir. 

LI: Y siendo licenciada en arte, ¿dirías que moda y arte tienen mucho que ver? 

L: Totalmente. La moda es arte. Cuando estudiaba, pensaba que no. Me gustaba comprar ropa. Ya está. La moda en mi vida vino después. Al principio me parecía un mundo vacío y frívolo. 

LI: ¿Y cómo terminaste sumergiéndote en el mundo? 

L: Fue gracias a Divinity, cuando empecé a trabajar en televisión. Al ver a la gente vestida, con esos colores, esas extravagancias… Me di cuenta de que la moda no era lo que yo pensaba. El día que me senté a ver un desfile, se apagaron las luces y comenzó la música, comencé a ver arte.  

LI: ¿Y si te preguntara por algún referente? 

L: No me he encontrado a ningún diseñador que no me haya mencionado a su madre como principal referente. Yo también la citaría, pero porque es la persona que tenemos más cerca.  Jane Birkin, la prota de Love Story… Mis referentes son épocas, más que personas. Cuando yo era adolescente, no había Internet en los móviles. Ahora lo tenemos muy fácil. La inspiración está en la calle. Ahora existe el street style. 

LI: ¿Cómo influyó ser Luceral en tu grupo de amigos? 

L: Uf… (sonríe). Sigo teniendo muchos de los amigos que tenía antes, y los que he perdido ha sido porque me he desprendido yo, más que ellos. Jamás he sido una chica de grupitos, ni de etiquetas de mejor amigo; siempre me ha gustado juntar pandillas, mezclar gente que me agradaba. Tenía y tengo muchas personas que me gustaban y gustan. Una vez tuve un grupo, de estos cerrados, pero dije “mira, chico, no“. Parecía que les sentaba mal que saliera con otra gente, y no, yo no les pertenecía. Soy del mundo, no de una pandilla. Además, dentro de ese grupo había personas que ni siquiera me caían en gracia. No iba a permitirme el lujo de salir con individuos que no eran afines a mí. Yo quería salir con mis amigos, los que me caían bien. Ahora estoy más ocupada y, es cierto que cuando va pasando un poco más el tiempo, te das cuenta de que has dejado de tener cosas en común, pero sigo quedando con ellos muchas veces. 

LI: Dime qué es algo que no se olvida, ¿recuerdas la primera vez que alguien te reconoció por la calle?  

L: Madre mía, sí (rió). La primera vez que alguien me conoció fue por un evento que organizó Benefit. Anunciaron que yo estaría, y pensé que no vendría nadie. Oye, al final asistieron siete chicas. Una de ellas estaba temblando, y me comentó que era guapísima, le dije que era muy guapa… Y se puso a llorar. Entonces me enfadé. No estaba en mí, pero no sabes cómo vas a reaccionar ante tales situaciones. Al final se marchó contenta a su casa: me sentí fatal, le pedí perdón y le hicieron una cesta con productos de Benefit. La segunda vez fue más real. Ocurrió en medio de la calle. Al principio pensé que era alguien conocía y no me acordaba, luego me di cuenta de que era alguien que me admiraba. No me pasa con frecuencia, anda que no hay influencersyoutubers… Pero hay veces que me siento observada. 

LI: Hay muchas personas que piensan que la moda es elitista, ¿por qué opinas que esto es así? 

L: Porque es elitista. Ahora hay moda al alcance a todo el mundo, pero existen individuos que piensan que la moda low cost no es moda. Solo consideran moda el pretàporter y la alta costura. Personalmente, a mí esto me parece una tontería. Un abrigo de cuatrocientos euros no te va a abrigar más que uno de ochenta. Tenemos que ser realistas, no solo la moda es elitista: los coches también lo son. La misma publicidad ya es elitista. Y no pasa nada. Lo importante es no ser clasista o elitista como persona. 

LI: Dicho esto, ¿por qué crees que más del 80% de la población piensa que la moda es un mundo muy superficial? 

L: Y no solo superficial, sino frívolo. Al igual que muchas personas no entienden el arte, no todo el mundo va a entender la moda. Muchos piensan que moda es saber combinar unos pantalones con un jersey y unos deportivos, cuando en realidad es la forma de expresión más pura. Todo el mundo consume moda, hasta quien no quiere hacerlo. El concepto de moda, al igual que el del arte, no es entendible para todo el mundo, y eso es lo guay. 

LI: Posiblemente te estén leyendo más de un millar de personas en este mismo momento, y lo más probable es que ahora que te conocen un poco te hayas convertido en una de sus mayores referencias, inspiraciones, si es que no lo hacían ya. Posiblemente, ahora te idolatren. Todos ellos tienen miedo a seguir sus sueños, muchos piensan en rendirse, en tirar la toalla, o simplemente no encuentran el camino. A todos ellos, luchadores, esperanzados por conseguir una meta, un sueño, un objetivo… A todos ellos, ¿qué consejo les darías? 

L: No me gusta dar consejos porque soy un desastre de persona (ríe). No se puede tirar la toalla porque tienes dos opciones: o ves motivaciones o ves problemas. Yo cada semana tengo una preocupación nueva. Pues no; hay que transformarlos en motivaciones. Si no fuera así, todo el mundo terminaría tirando la toalla, hasta yo. Los superhéroes quedan muy bien en las películas, pero el día a día es muy jodido. ¿Tirar la toalla? Cómprate otra si está sucia, que ahora están muy baratas. Los sueños no deben faltar nunca, porque son maravillosos, y cuando los cumples, siempre aparecen otros.  

Mi MBFWM…

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! 

Hoy es domingo y adoro os domingos, ¿sabéis? Es el día el descanso por excelencia, unos lo usan para dormir, para adelantar tareas, y otros para recuperarse de una buena resaca. Amigos, daros por aludidos.

Esta semana, como bien sabéis, ha sido la MBFWM, la semana de la moda por excelencia en la capital que tanto nos ofrece. Este año he tenido la magnífica oportunidad de disfrutar de varios desfiles como el de la ESNE, Ana Loking o JC Pajares. Voy a intentar resumiros al máximo la que ha sido, una edición más, una inigualable experiencia, porque no creo que pudiera parar de escribir, y anda que no me gusta, vaya.

Esta edición decidí ir en contra de lo que dije en mi post pasado Esne: Europa 3.0., y quise demostrar, como sí es posible asistir con un vestido de fiesta a un desfile y “marcar la diferencia”. Lo entrecomillo porque marcar la diferencia, al igual que todo en el mundo de la moda, es relativo. Os dejo una preciosa galería, la cual se abrirá si pincháis en una imagen, para que podáis apreciar el look y me paso a hablaros de los desfiles.

 

Este año tuve la suerte de poder admirar desde muy cerca a uno de los grandes talentos de la industria de la moda, la diseñadora Ana Loking. He admirado su trabajo desde siempre desde un punto externo, y ayer me quedé de piedra cuando las luces de la pasarela se encendieron. Ana Loking abrió su desfile con una cabeza de Trump de varios metros, rota; una genialidad bajo mi punto de mira. Sus creaciones fueron maravillosas, absoluta e increíblemente maravillosas. El corte, el tejido, el acabado, los colores… Me sentí dichosa de poder haber vivido su trabajo, esfuerzo y dedicación, y sobre todo de haber podido escuchar sus palabras de agradecimiento de manera tan próxima a ella en la KISSING ROOM.

Mi diseño favorito fue este:

 

Y otros tantos…

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Muchos de vosotros me preguntáis por los famosos a los que vi y con los que hablé, entre ellos Pelayo Díaz, Ángela Rozas, Susana Banana, Charo Izquierdo, Lucía Fernández, alias Luceral, mi nueva amiga, Angy… Algunos me parecieron fantásticas personas y me parecieron súper interesantes, más en la vida real que en la ficticia, he de decir. Prestaron interés en mantener una conversación conmigo y se mostraron intrigados e incluso sorprendidos por todo lo que hacía. Otros me supuso una completa decepción. Me resulta terrible cuando a alguien se le sube la fama a la cabeza, cuando no hace más que hablar de sí mismo y una conversación se centra en “yo hablo y tú escuchas”. Se convierte en una decepción, pero bueno, debe haber gente para todo.

Por la tarde fui al desfile siendo el más uno de mi amiga Lucía, o como sus 139 mil seguidores la conocen, Lucberal; claro que acabé viendo en el taller del concesionario de Mercedes el desfile de JC Pajares sin Lucía. Fue un desfile donde adjetivos como frescura, originalidad o sorpresa, me vienen a la cabeza cuando pienso en él.

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Y bueno, hasta aquí el post de hoy, espero que no se os haya hecho muy largo y que la espera haya merecido la pena. Nos vemos muy pronto con otro post en mi blog Talla Treinta y Ocho. ¡MUACK!

L.I.

 

16.01.2017

Querida Lauren del futuro: 

Es curioso cómo avanza el tiempo; de manera despreocupada y tranquila, hasta tal punto que debo reconocer que me saca de quicio. 

Hoy hemos hablado de sueños. Qué odiosos, impertinentes e inocentes son. 

Hoy hemos dicho las palabras que nadie quiere nombrar, las que citan un futuro distorsionado, titubeante, incierto, y no tan lejano como nosotros pensábamos: “te echaré de menos cuando esto se acabe.”

Hoy nos han hablado de la Universidad. Creíamos que nunca llegaría, pero ahí está; a apenas cinco meses de rellenar un documento en blanco que supondrá nuestros próximos años, la siguiente parada, nuestra vida… Y qué miedo me da eso. 

Unos saben qué hacer, o eso creen; unos no tienen ni idea, se encuentran inseguros y desorientados, creyendo que no valen para nada cuando en realidad, tienen muchísimo potencial, muchísimo talento. 

Hoy se han derramado las primeras lágrimas de una catarata inagotable que seguirá activa al encontrar una foto escondida en el fondo de un baúl polvoriento y antiguo, al recordar un momento que nos provoque una sonrisa instantánea en el rostro, o al soñar con la mirada inocente e intensa o con el inconfundible sonido de la risa de las personas que nos hicieron la vida más fácil durante unos años. 

No será imposible mantener el contacto, pero sí duro para las personas que ya están haciendo las maletas, cuando ni siquiera se han graduado. 

Qué bonito es el recuerdo, Lauren, y qué triste resulta cuando estás a punto de crear uno. Hay cosas que no se pueden evitar.