Nicotina

No quiero echarte de menos porque no te lo mereces.

No quiero pensarte porque no te lo mereces.

No quiero recordarte porque no te lo mereces.

No quiero echarte de menos, ni pensarte, ni recordarte.

Pero te echo de menos, te pienso, te recuerdo.

Y te quiero.

Te quiero aunque no quiera quererte.

No quiero que seas mi último pensamiento al acostarme,

ni que nuestros estúpidos recuerdos se infiltren en mi memoria o en mis sueños.

No quiero acariciar tu piel bajo el forro de las fotografías,

ni tener que pedirle al taxista que cambie de canción.

Somos como esas motas de pólvora que hacen a la gente estornudar,

como ese cigarrillo en una de las azoteas infinitas de la ciudad,

o como la vista de un mágico amanecer, el murmullo de la lluvia,o el rugir del viento.

Somos este verano que nunca empieza.

Somos como ese beso taciturno en un antro cutre de Madrid,

como esa música que acompaña a un buen vino,

o como esta mirada furtiva.

Somos invierno y verano;

somos ese café frío que volver a calentar,

o como esa risa contagiosa que no quieres que nadie escuche.

Somos ese polvo por despecho.

Somos tóxicos.

Somos la nicotina del amor del malo.

Y la magia de varios años.

A todos los estudiantes de segundo de bachillerato:

Soñad. Luchad.

Sabéis lo que queréis hacer, pero os da miedo. No lo tengáis. No tenéis por qué. Ninguna carrera tiene más salida que otra. Eso es un mito, un engañabobos. Un ingeniero no es más que un actor. Un médico no es más que un artista. Un profesor no es más que un periodista. Todas las carreras tienen futuro, lo que pasa es que nada es fácil y todo lo que uno quiere, cuesta.

No os dejéis intimidar por lo que os digan. Quien no apunta alto no llega arriba. A mí me dijeron que periodismo no tiene salida, que me dejara de tonterías y estudiara derecho, medicina o trabajo social. Pero yo sabía que eso a mí no me haría feliz. Tuve dudas cuando me vine, no os voy a engañar. ¿Pero sabéis qué?

Llevo casi un año viviendo en Madrid, llevo casi un año de universidad, estoy en los exámenes de mayo, por dios; y soy feliz. Feliz.

Feliz porque sé que estoy haciendo lo que en un futuro quiero ser. Hoy más que nunca tengo claro que quiero dedicarme a las ciencias de la información. Me decían que el periodismo no es una carrera seria, que apenas estudiaban y que iba a desperdiciar mi “potencial”. Bueno, pues me gustaría que vierais mi caja de apuntes, porque tela marinera lo que hay ahí metido. Me decían, pobrecita, allí en Madrid sola; y aquí no estoy sola: tengo una familia.

He conocido a gente fabulosa, y la que me queda por conocer. Tengo amigos que son increíbles, que no sería nadie sin ellos. Me encanta llegar a casa y que mis compañeras de piso me pregunten qué tal el día, cenar con ellas y salir a destrozar las canciones que cantaban mis padres en su época; he conocido a gente de mi entorno, estoy haciendo moda, escribiendo para Hoy Magazine y The Citizen, dejándome elogiar por celebridades como Ana Fernández o Malne.

No tengo vergüenza, en todo me meto y a todo respondo. Soy joven y tengo ganas. No es ambición, o puede que sí. No me importa. Y si algo no me sale, no me hundo; a otra cosa mariposa.

Estoy haciendo moda, que es lo que me gusta. Más de 52.000 visualizaciones en mi blog, una fotógrafa que integra el talento en persona, desfiles, entrevistas, colaboraciones, he incluso me han reconocido por la calle. Y no quiero ser famosa. Solo hago lo que me gusta. Me cuesta comprender por qué no todo el mundo lo hace.

He aprendido a encajar las críticas y a adorar a mis haters. He superado que me quiten la cuenta de Instagram dos veces. He echado de menos a mis padres, a mis amigos, a mi familia… He olvidado. He perdonado.

Soy feliz. Y estamos a mayo. Casi un año y no me arrepiento de haber querido seguir mi instinto. No te arrepientas tú de no seguir el tuyo.

Persigue tus objetivos, los sueños no se cumplen porque para eso son sueños. Eso son metas, y las puedes alcanzar. Estudia lo que quieras; porque tenga salida o no después, estos cuatro, cinco o seis años de universidad no te los va a quitar nadie.

Lo importante no es ser feliz, lo importante es pasárselo bien, y si consigues las dos cosas, eso que te llevas.

Estudia lo que quieras. Sé quién quieras ser. No dejes que nadie te intimide. Tu futuro está en tus manos.

Lauren Izquierdo.

Conoce a Luceral: “hay que saber transformar las preocupaciones en motivaciones.”

Madrid es una ciudad que me apasiona. Posee un encanto que muy pocas ciudades tienen. Es romántica, es dura, es cruel… Madrid me ha permitido crecer como persona, de manera profesional, y me ha concedido el honor de poder conocer y poder rodearme de individuos que han aportado a mi carácter. Una de ellas es Lucía Fernández, o como la conocen sus seguidores, Luceral. Una mujer maravillosa de los pies a la cabeza, con una actitud positiva y con unos objetivos, metas y logros alucinantes. 

Lauren IzquierdoSi la gente te tuviera que definir con un adjetivo, ¿cuál sería? 

Lucía: Sincera; y la verdad que no es del todo cierto. 

LI: ¿Cómo es eso? 

L: La verdad es peligrosa, y hace daño. Las personas que vienen y me dicen “ay, yo soy muy sincera”, digo “no, tú no tienes corazón.” Por ejemplo: yo ahora me pongo algo que me encanta, pero me hace gorda. A mí no me apetece que tú, que no me conoces de nada, vengas y me digas que lo que llevo me hace gorda. Soy muy sincera conmigo misma, eso sí; y creo que es lo más importante.  

LI: ¿Qué hizo en tu mente click para crear al personaje de Luceral? 

L: Fue mi padre el que lo dijo. Mi padre me comentó el lanzamiento de Fotolog, échale años (risas). Como yo pintaba, necesitaba un seudónimo. Mi padre creó Luferal, y lo cambié a Luceral. En Fotolog no era tan personaje como lo soy ahora (risas). Definitivamente, mi padre fue el click. 

LI: Entonces, ¿jamás pensaste que estarías donde estás hoy? 

L: ¡Qué va! Muchas veces no soy consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Para mí, no estoy en ningún sitio. Simplemente, tengo muchos amigos. 

LI: ¿Y si te preguntara por tu infancia? 

L: ¡Uy, qué curioso! Nunca nadie me ha preguntado por mi infancia. Viéndolo con distancia, me atrevería a decir que complicada. He sido muy feliz, eso sí. Los niños no son conscientes como tal de lo que pasa a su alrededor. Siempre he sido muy imaginativa, y muchas veces me agobiaba porque no entendía las cosas. No entendía por qué no existían los unicornios y las hadas si todo el mundo hablaba de ellos. Mi padre es un hombre muy inteligente y muy creativo y me explicó a muy temprana edad el concepto de imaginario: ese lugar sin límites, donde todo es posible y donde todo tiene cabida. También era muy existencialista, desde los tres años. Me preguntaba quién era, dónde estaba el final del universo… Por esa parte, era complicado; pero claro, luego jugaba con las barbies, tenía muchos amigos… 

LI: Es increíble escucharte hablar así de tus padres, con ese cariño. ¿Han supuesto un apoyo incondicional para ti? 

L: Totalmente, y no solo incondicional, sino también financiero. Además, me admiran un montón, y yo a ellos.  Han insistido en muchas ocasiones para que yo siguiera adelante. En este mismo instante se me viene a la cabeza el primer evento al que yo asistí. Fue a la inauguración de la web de Divinity. Al día siguiente tenía clase y barajaba la opción de ir o no. Mi padre fue el que me dijo que fuera y que me quedara hasta el final. Ellos han creído en mí desde el principio, aún sabiendo que, a expensas de lo que piensan muchos, no cualquiera vale para trabajar en esto. 

LI: No se sorprendieron de que quisieras estudiar bellas artes, ¿verdad? 

L: Para nada; es más, se hubieran extrañado si hubiera querido estudiar medicina. Mi padre se licenció en bellas artes. De pequeña fui a un colegio de monjas que nos obligaba a ir a misa. Me aburría mucho, y como me aburría, me dedicaba a pintar los cocorotes de las personas que tenía delante (ríe). Luego les regalaba el boceto. Se quedaban flipados porque se veían reflejados y me miraban sorprendidos, como si fuera un alien o algo. Así que, creo que era algo que se veía venir. 

LI: Y siendo licenciada en arte, ¿dirías que moda y arte tienen mucho que ver? 

L: Totalmente. La moda es arte. Cuando estudiaba, pensaba que no. Me gustaba comprar ropa. Ya está. La moda en mi vida vino después. Al principio me parecía un mundo vacío y frívolo. 

LI: ¿Y cómo terminaste sumergiéndote en el mundo? 

L: Fue gracias a Divinity, cuando empecé a trabajar en televisión. Al ver a la gente vestida, con esos colores, esas extravagancias… Me di cuenta de que la moda no era lo que yo pensaba. El día que me senté a ver un desfile, se apagaron las luces y comenzó la música, comencé a ver arte.  

LI: ¿Y si te preguntara por algún referente? 

L: No me he encontrado a ningún diseñador que no me haya mencionado a su madre como principal referente. Yo también la citaría, pero porque es la persona que tenemos más cerca.  Jane Birkin, la prota de Love Story… Mis referentes son épocas, más que personas. Cuando yo era adolescente, no había Internet en los móviles. Ahora lo tenemos muy fácil. La inspiración está en la calle. Ahora existe el street style. 

LI: ¿Cómo influyó ser Luceral en tu grupo de amigos? 

L: Uf… (sonríe). Sigo teniendo muchos de los amigos que tenía antes, y los que he perdido ha sido porque me he desprendido yo, más que ellos. Jamás he sido una chica de grupitos, ni de etiquetas de mejor amigo; siempre me ha gustado juntar pandillas, mezclar gente que me agradaba. Tenía y tengo muchas personas que me gustaban y gustan. Una vez tuve un grupo, de estos cerrados, pero dije “mira, chico, no“. Parecía que les sentaba mal que saliera con otra gente, y no, yo no les pertenecía. Soy del mundo, no de una pandilla. Además, dentro de ese grupo había personas que ni siquiera me caían en gracia. No iba a permitirme el lujo de salir con individuos que no eran afines a mí. Yo quería salir con mis amigos, los que me caían bien. Ahora estoy más ocupada y, es cierto que cuando va pasando un poco más el tiempo, te das cuenta de que has dejado de tener cosas en común, pero sigo quedando con ellos muchas veces. 

LI: Dime qué es algo que no se olvida, ¿recuerdas la primera vez que alguien te reconoció por la calle?  

L: Madre mía, sí (rió). La primera vez que alguien me conoció fue por un evento que organizó Benefit. Anunciaron que yo estaría, y pensé que no vendría nadie. Oye, al final asistieron siete chicas. Una de ellas estaba temblando, y me comentó que era guapísima, le dije que era muy guapa… Y se puso a llorar. Entonces me enfadé. No estaba en mí, pero no sabes cómo vas a reaccionar ante tales situaciones. Al final se marchó contenta a su casa: me sentí fatal, le pedí perdón y le hicieron una cesta con productos de Benefit. La segunda vez fue más real. Ocurrió en medio de la calle. Al principio pensé que era alguien conocía y no me acordaba, luego me di cuenta de que era alguien que me admiraba. No me pasa con frecuencia, anda que no hay influencersyoutubers… Pero hay veces que me siento observada. 

LI: Hay muchas personas que piensan que la moda es elitista, ¿por qué opinas que esto es así? 

L: Porque es elitista. Ahora hay moda al alcance a todo el mundo, pero existen individuos que piensan que la moda low cost no es moda. Solo consideran moda el pretàporter y la alta costura. Personalmente, a mí esto me parece una tontería. Un abrigo de cuatrocientos euros no te va a abrigar más que uno de ochenta. Tenemos que ser realistas, no solo la moda es elitista: los coches también lo son. La misma publicidad ya es elitista. Y no pasa nada. Lo importante es no ser clasista o elitista como persona. 

LI: Dicho esto, ¿por qué crees que más del 80% de la población piensa que la moda es un mundo muy superficial? 

L: Y no solo superficial, sino frívolo. Al igual que muchas personas no entienden el arte, no todo el mundo va a entender la moda. Muchos piensan que moda es saber combinar unos pantalones con un jersey y unos deportivos, cuando en realidad es la forma de expresión más pura. Todo el mundo consume moda, hasta quien no quiere hacerlo. El concepto de moda, al igual que el del arte, no es entendible para todo el mundo, y eso es lo guay. 

LI: Posiblemente te estén leyendo más de un millar de personas en este mismo momento, y lo más probable es que ahora que te conocen un poco te hayas convertido en una de sus mayores referencias, inspiraciones, si es que no lo hacían ya. Posiblemente, ahora te idolatren. Todos ellos tienen miedo a seguir sus sueños, muchos piensan en rendirse, en tirar la toalla, o simplemente no encuentran el camino. A todos ellos, luchadores, esperanzados por conseguir una meta, un sueño, un objetivo… A todos ellos, ¿qué consejo les darías? 

L: No me gusta dar consejos porque soy un desastre de persona (ríe). No se puede tirar la toalla porque tienes dos opciones: o ves motivaciones o ves problemas. Yo cada semana tengo una preocupación nueva. Pues no; hay que transformarlos en motivaciones. Si no fuera así, todo el mundo terminaría tirando la toalla, hasta yo. Los superhéroes quedan muy bien en las películas, pero el día a día es muy jodido. ¿Tirar la toalla? Cómprate otra si está sucia, que ahora están muy baratas. Los sueños no deben faltar nunca, porque son maravillosos, y cuando los cumples, siempre aparecen otros.  

Lunes, y me siento genial.

¡HOLA A TODO MIS LECTORES!

Hi guys!

¡Feliz lunes! Sí, son felices, que no os engañen. ¡Seamos positivos! Hoy os escribo en el tren. Son las ocho de la mañana y voy por mi segundo café, quizás por eso ahora mismo la vida es maravillosa. Este puente (llevo sin ir a clase desde el miércoles) he tenido millones de cosas por organizar, por hacer, y seamos claros: cuanto más días libres tengo, menos ganas tengo de hacer nada (ahí le has dado) Las sábanas se han adherido a mi cara como las mascarillas de carbón que tanto se pusieron de moda y por eso, para mí y para vosotros, buenos días.

Hoy os traigo un look que, personalmente me fascina. Lauren, siempre dices lo mismo; y es verdad, pero si no me gusta a mí, que soy la que lo llevo, no sé a quién le va a gustar. ¿Y has necesitado muchos años de carrera para llegar a esa conclusión? Pues no, porque todavía estoy en primero.

Me centro, porque a veces desvarío… Me estoy haciendo mayor.

El caso es que me encanta. El jersey oversize, los colores neutros, mis botas altas, y mis labios rojos. Siento que nadie puede pararme.

Esto último puede parecer una tontería, pero no lo es. En nuestra mano se encuentra el querer sentirnos guapas, guapos, el poder con todo. Mi madre siempre me decía de pequeña que tenía que saber ser yo misma por mí, y no por los demás. Sabia, madre. Esta última frase he acabado aplicándola para todos los campos de mi vida.

Así que ahora os digo yo a vosotras y a vosotros: “Vístete para gustarte a ti y no para los demás.” Siéntete guapa, guapo, sexy, poderosa, poderoso, ¿por qué no? ¿Quién te lo impide? Si te apetece ir a por el pan en tacones, adelante; y si te apetece ir a una gala en chándal, ¿qué? ¿Qué pasa?

No puedo decir que sea licenciada en moda o que tenga un máster, pero una de las cosas que he aprendido del mundo de la moda es que la moda no es el cinturón, como muchas personas creen, sino que es más como el brilli brilli de La Vecina Rubia.

Así que cálzate unos tacones, o unas zapatillas, qué más da, y sal al mundo. Porque una cosa está clara, nadie va a hacerlo por ti.

Solo me queda daros las gracias por vuestro tiempo y por llegar al final. De verdad, estoy muy agradecida. Os quiero un montón y nos vemos muy pronto con otro post en “Talla Treinta y Ocho”. Pasad buena semana. Es vuestro tiempo, y no hay cosa que me guste más que me digan “Lauren, el tiempo es tuyo”.

L.I.

Descubre a Tomás Ocaña: “No era nadie, pero tuve la oportunidad de hablar con gente que sí lo era.”

Nuestro alrededor se encuentra repleto de personas que nos llegan a sorprender casi tanto como la Navidad. El pasado veintiséis de octubre, descubrí  a una persona increíble, descubrí a Tomás Ocaña, periodista de investigación.

Tomás Ocaña es un hombre que trabaja actualmente en una rama del periodismo que muy poca gente conoce: el periodismo de investigación. Desgraciadamente, cuando pensamos en el oficio del periodismo nos viene a la cabeza revistas el corazón y programas de televisión donde lo único que hacen es meterse en la vida de los demás. Este es nuestro día.

Como casi todos, Tomás comenzó siendo un becario más, y trabajando en medios de comunicación modestos. Tras haber conseguido tres Emmy y haciendo un hueco extraordinario en su agenda, Tomás acudió a la Universidad Carlos III de Madrid para hablarnos un poco de este oficio y para contarnos lo peligroso, serio y comprometido puede llegar a ser. No quiso ser el protagonista exclusivo de la conferencia, sino que dejó pie para que los presentes habláramos y dejáramos desnudas nuestras preocupaciones más alarmantes.

Una de las cosas que le preguntaron es que si había sentido miedo alguna vez, a lo que éste respondió:

               A mí no me parece justo hablar de miedo cuando hay periodistas en México, en los Narcos. Mi amigo Javier, que desgraciadamente ha fallecido hace poco me decía: “Tomás, no te equivoques. Tú vienes, haces el reportaje y te vas, pero ellos saben a qué colegio van mis hijos y dónde trabaja mi mujer.”

En la historia de Chapo tuve miedo. Nos enviaron amenazas. Recuerdo que fuimos a un centro comercial donde había una cruz en el aparcamiento. Nadie aparcaba cerca de ella y me acuerdo de que a los pocos segundos de estar grabándola, se nos acercó un segurata con una K-47. El cámara corrió al coche y yo me quedé entreteniéndolo y tratándolo de engañar borrando algunas fotos que había hecho con una cámara pequeña que traía conmigo. Al subir al coche vimos como hacía una llamada, y en momento en el que vi al que estaba al volante temblar, me entró miedo de verdad. Él sabía de qué iban estas cosas. Nos pasmos tres días haciendo reportajes sobre otros asuntos. No quisimos arriesgarnos. Así que sí, a veces, se pasa miedo.

Además, Tomás nunca supo que quería terminar haciendo esto. Él vivía frustrado, estaba cansado de publicar lo que le dictaban las agencias, estaba harto de recurrir a la frase de “Haz una llamada”. Tuvo la suerte de que Gerardo Reyes se cruzara en su vida. Recomienda tener un maestro, alguien que te guíe y te aconseje sobre ciertas cosas.

Para saber sobre periodismo de investigación, hay que leer mucho sobre periodismo de investigación. Diría que para trabajar en esto, la clave está en no constituir primero el titular. Es un periodismo colectivo. Aquí nada es de nadie, ni nadie es más que nadie. Pueden surgir disputas dentro del equipo, pero fuera de la oficia siempre seremos una piña que se apoya.

Al hablarnos sobre la importancia de este periodismo y en cómo los detalles son los que marcan la diferencia comentó:

 Hay que tenerlo todo muy bien atado antes de publicar algo. Si hay alguien que puede rebatirte algo, la potencia del mensaje se cae. Nosotros viajábamos como abogado del diablo. Siempre debes tener a alguien dispuesto a hacerte las preguntas que te haría un lector. Tú sabes cuáles son tus puntos flacos. En esta profesión no existen los atajos, y nunca puedes decir que el fin justifica los medios. Hablamos de ética, si haces las cosas mal, además de sufrir tú y tu equipo, sufre la investigación.

Pero no todo es de color de rosa. Tomás Ocaña respondió a la pregunta de la frustración, y cómo muchas veces el trabajo de años no se ve bien recompensado.

Este es el periodismo que aporta a la sociedad, y es frustrante que muchos trabajos no se los tomen en serio, pero tenemos que tomar muy claro cuál es nuestro papel. Solo informamos. Nuestra labor es encender los focos del escenario para que se descubra la verdad, y lo conseguimos encontrando a esa persona que se siente frustrada, engañada o enfadada. Todos los locos tienen algo de razón y es importante escuchar a todo el mundo. Este periodismo se encuentra en el ámbito de lo chungo, no contamos historias bonitas. También hay sexismo, pero dentro de este machismo somos muy críticos. Tenemos muy claro que las mujeres son muy buenas en lo que hacen y en lo que se proponen.

Tras revelar estos aspectos que muchas veces no nos quedan tan claros, Tomás Ocaña terminó su charla diciendo:

El periodismo de investigación ha llegado a España en el mejor momento. Hoy en día, con los blogs y las redes sociales, el periodismo tradicional está acabado. Si no posees algo en lo que te diferencias o un contenido exclusivo, todo se convierte en una noticia más. No estoy menospreciando el trabajo de mis compañeros, ni mucho menos, creo que hacen una labor fantástica, labor que yo también he hecho, pero ahora todo el que tiene un perfil y va a cualquier sitio, informa. Opino que este periodismo, el periodismo de investigación, es el futuro. 

De lo que no hay duda es que, Tomas Ocaña, poseedor de tres Emmy, además de ser una persona que ama lo que hace y de la cual, se siente orgulloso, es una persona sincera. Se convertirá en mentor de muchas personas, las cuales no habrá duda alguna de lo afortunadas que serán. Tomás Ocaña se ha convertido en uno de los principales referentes de miles de estudiantes que, como él, están deseando licenciarse en periodismo y acabar descubriendo la verdad de una sociedad llena de secretos.

Por lo que, gracias, Tomás.

Y a vosotros os veré muy pronto con otro post en “Talla Treinta y Ocho By Lauren”. Hasta entonces, sed felices, pasároslo bien y a todos, desde mi más infinita sinceridad, gracias por vuestro tiempo.

L.I.

 

 

Malasaña viste de rojo.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi guys!

Hoy es lunes… ¡TAZA DE CAFÉ EN MANO, POR FAVOOOOOOOR! 

Mi agenda Mr. Wonderful dice esta mañana: si piensas en negativo, no te ocurrirá nada positivo. Así que no voy a pensar que acabo de salir de una clase de tres horas de filosofía política y que tengo que hacer ahora a las dos un trabajo para teoría de la comunicación mediática que tiene veintidós hojas sobre el mito de Superman y así, y con suerte, o más bien un milagro, llego a las nueve a mi casa. La vida universitaria es dura, amigos.

Pero no quiero aburriros con mi futura carrera. ¡Voy a hablaros del tercer componente de la creación de las Supernenas, de cosas bonitas! Apunte: para quien no lo sepa, las Supernenas están hechas de azúcar, especias y muchas cosas bonitas. Qué incultura, por Madonna.

Ayer por la tarde fui a pasear, como no tienes veinte mil cosas que estudiar, Lauren, a uno de los barrios que tanto alimenta la ciudad de la que vivo enamorada, Malasaña. La temperatura se encontraba sobre los veinte grados, pero ya va notándose el fresquito y la necesidad de una manga más larga que proteja nuestra piel. Madrid es seco. Madrid es frío.

 Os traigo de regreso en una bonita sesión cápsula, un look que me encanta, con una prenda muy, muy especial: mi abrigo rojo.

Claramente, estamos hablando de un outfit de entretiempo. A nadie le gusta el otoño. Dicen que es el jueves entre el verano y el invierno, pero a mí me encanta. ¿A que nos encanta el otoño? Claro que sí.

El abrigo ya lo conocéis, pero para el que no, es de Stradivarius, al igual que el bolso. Las botas y el pantalón mom es de Pull&Bear, y la camiseta es de Primark. ¿Lauren sin Zara? Como veis, es posible. El look completo lo podéis encontrar en mi 21 buttons, como veis, me he transformado en una moderna. 

Me encanta este conjunto, qué queréis que os diga. Es cómodo, versátil y tiene ese toque de luz que tanto me encanta. Además del rojo. Para quien no lo haya notado, me encanta el rojo, tengo una conexión especial con este color, y ni siquiera es mi favorito. 

Aquí os dejo unas cuantas fotos más…

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Ya solo queda daros las gracias por vuestro tiempo y por sumaros cada vez más al carro. En especial, gracias a Celia Gómez y a Virginia López por esta tarde llena de risas y por un trabajo bien conseguido. Me encantan las fotos. ¿A que nos encantan?

¡De nuevo, gracias! ¡Nos vemos muy pronto con otro post en Talla Treinta y Ocho y no os perdáis las novedades que nos acontecerán muy pronto!

L.I.

Mi MBFWM…

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! 

Hoy es domingo y adoro os domingos, ¿sabéis? Es el día el descanso por excelencia, unos lo usan para dormir, para adelantar tareas, y otros para recuperarse de una buena resaca. Amigos, daros por aludidos.

Esta semana, como bien sabéis, ha sido la MBFWM, la semana de la moda por excelencia en la capital que tanto nos ofrece. Este año he tenido la magnífica oportunidad de disfrutar de varios desfiles como el de la ESNE, Ana Loking o JC Pajares. Voy a intentar resumiros al máximo la que ha sido, una edición más, una inigualable experiencia, porque no creo que pudiera parar de escribir, y anda que no me gusta, vaya.

Esta edición decidí ir en contra de lo que dije en mi post pasado Esne: Europa 3.0., y quise demostrar, como sí es posible asistir con un vestido de fiesta a un desfile y “marcar la diferencia”. Lo entrecomillo porque marcar la diferencia, al igual que todo en el mundo de la moda, es relativo. Os dejo una preciosa galería, la cual se abrirá si pincháis en una imagen, para que podáis apreciar el look y me paso a hablaros de los desfiles.

 

Este año tuve la suerte de poder admirar desde muy cerca a uno de los grandes talentos de la industria de la moda, la diseñadora Ana Loking. He admirado su trabajo desde siempre desde un punto externo, y ayer me quedé de piedra cuando las luces de la pasarela se encendieron. Ana Loking abrió su desfile con una cabeza de Trump de varios metros, rota; una genialidad bajo mi punto de mira. Sus creaciones fueron maravillosas, absoluta e increíblemente maravillosas. El corte, el tejido, el acabado, los colores… Me sentí dichosa de poder haber vivido su trabajo, esfuerzo y dedicación, y sobre todo de haber podido escuchar sus palabras de agradecimiento de manera tan próxima a ella en la KISSING ROOM.

Mi diseño favorito fue este:

 

Y otros tantos…

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Muchos de vosotros me preguntáis por los famosos a los que vi y con los que hablé, entre ellos Pelayo Díaz, Ángela Rozas, Susana Banana, Charo Izquierdo, Lucía Fernández, alias Luceral, mi nueva amiga, Angy… Algunos me parecieron fantásticas personas y me parecieron súper interesantes, más en la vida real que en la ficticia, he de decir. Prestaron interés en mantener una conversación conmigo y se mostraron intrigados e incluso sorprendidos por todo lo que hacía. Otros me supuso una completa decepción. Me resulta terrible cuando a alguien se le sube la fama a la cabeza, cuando no hace más que hablar de sí mismo y una conversación se centra en “yo hablo y tú escuchas”. Se convierte en una decepción, pero bueno, debe haber gente para todo.

Por la tarde fui al desfile siendo el más uno de mi amiga Lucía, o como sus 139 mil seguidores la conocen, Lucberal; claro que acabé viendo en el taller del concesionario de Mercedes el desfile de JC Pajares sin Lucía. Fue un desfile donde adjetivos como frescura, originalidad o sorpresa, me vienen a la cabeza cuando pienso en él.

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Y bueno, hasta aquí el post de hoy, espero que no se os haya hecho muy largo y que la espera haya merecido la pena. Nos vemos muy pronto con otro post en mi blog Talla Treinta y Ocho. ¡MUACK!

L.I.