Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Envidia (I)

Hace tiempo me dio por comprobar el significado de todos los colores. Es curioso. La psicología del color es algo inquietante, aunque a mí me parece muy divertido. Podemos jugar con ellos y con las sensaciones que causan en los demás.

Aprendí que el blanco es el color de la pureza– algo que ya sabía–, pero lo que descubrí es que también significa desconcierto. Por eso las novias se casaban de blanco, porque eran puras y porque no tenían ni idea de la que les iba a caer encima.

El verde significa la esperanza del provenir. Significa que siempre ves el algo positivo, que eres capaz de ver el lado bueno de las cosas. Es una cualidad que todo el mundo busca en una persona. Porque la generación Z– y algunos millennials tardíos– somos muy pesimistas. La mayoría de veces, no lo hacemos intencionadamente. No es algo de lo que nos sintamos orgullosos, simplemente se ha convertido en un estilo de vida. Y es más, si alguien se siente todo el tiempo alegre y optimista, nos da hasta rabia.

Lo tiene mucho que ver con el negro. Este color significa dolor, desconfianza y pesimismo. Por eso se asiste de negro a los funerales. Aunque, paradójicamente, también es el color de la elegancia. ¿Y sabéis por qué? Porque la elegancia es una cualidad de la que la gente suele desconfiar. La elegancia puede ser muy natural cuando es física, pero cuando juegas con la moda, ándate con cuidao’. Porque a lo largo de toda la historia, la elegancia ha ido de la mano de las apariencias. Y eso, queridos amigos, provoca desconfianza.

Y el último color: el rojo. La sangre, la vida y la pasión. Es el color que escojo para las ocasiones importantes. Me da seguridad y podríamos decir que… Es un color muy intenso. Y a intensita no me gana nadie. ¿Una anécdota de la psicología del color? Los hombres se sienten completamente hipnotizados por una mujer con los labios pintados de rojo. Y sé que es una predicción muy generalista, pero no falla. El color rojo te hace crecer ante las adversidades.

@ Sparksphoto.

Cucú. Aquí estoy yo. Cinco de julio de 2019. Primer día de la fashion week. Estos días van a ser intensos. Se van a vivir momentos icónicos que pasarán a la historia de la moda española y otros que se quedarán por el camino. Además, me estreno como redactora jefe de la sección de cultura y coordinadora de contenidos de la MBFW Madrid de la revista HOY Magazine. Llevo varias ediciones haciéndolo, pero este verano es diferente. Es oficial y tengo un puesto relevante (y largo).

Me hace mucha ilusión estar aquí con vosotros, porque estos días también hablaremos los siete pecados capitales, independientemente de que seamos creyentes o no.

Y tras haber aprendido los conocimientos básicos de los colores que hoy luzco con orgullo, vamos a hablar de la envidia.

@ Sparksphoto.

Mi madre me ha visto por videollamada. Me encanta, pero prepárate para que te mire todo el mundo. No es la primera vez me lo dice. A lo largo de mi vida, siempre me ha dicho que mi estilo, la forma de expresión que me ayuda a sobrevivir en este mundo de locos, ‘llama mucho la atención’. Siempre me han dicho que la gente critica por envidia. Y no porque no fueran afín a un estilo; es más, soy la primera en ser consciente de que muchas veces parezco un circo; sino porque no son capaces de llevar, vestir o lucir lo que les de la gana: por miedo, inseguridad, o vete tú a saber– y no soy nadie para decir qué es lo que siente o no la gente–. Pero eso, queridos amigos, es muy triste.

Sin embargo, ocurre todos los días. Me encanta, pero yo no me lo pondría. Cada vez que mis amigas o gente conocida ha soltado esta expresión que todos hemos escuchado alguna vez, me han entrado ganas de preguntarle: ¿Y por qué? Si todos nos aplicáramos el lema Vive y deja vivir, ese lema que tanto predicamos, la vida sería mucho más fácil.

© Sparksphoto.

Acaba de llegar mi coche. Conduce una mujer. Se llama Angélica, es latina. Me encanta su acento. No me dice nada, pero mira mucho por el espejo. Y tras pasados siete minutos se decide: No quiero sonar entrometida, ¿pero puedo preguntarte a dónde vas? Valoro que no haya añadido ‘vestida’. Porque lo que de verdad me ha querido preguntar es ‘¿dónde vas así vestida?’. Pero con mucha energía respondo a un desfile. Su expresión se ha relajado, aunque no entiendo muy bien por qué. No vuelve a decirme nada hasta pasado otros cinco minutos. Me gusta mucho el vestido. Le doy las gracias. Pablo tiene mucho talento.

Se despide de mí y desea que me lo pase bien. Sé que es sincera, pero puedo notar sus ojos clavados en el espejo retrovisor. No me incomoda que la gente me mire. Como diría mi amigo Maison Mesa: hemos venido a este mundo para ser vistos y dejar que nos vean.

© Sparksphoto.

He escogido estos cuatro colores por una sencilla razón. Todo en esta vida tiene un motivo. Antes os he dicho que podemos jugar con los colores y con las impresiones que casusamos en los demás a nuestro antojo, y es cierto.

El blanco representa la pureza y el desconcierto. Cada edición de la MBFW Madrid es algo nuevo, algo que nadie espera y que recibimos con ilusión, aunque con gran desconcierto. Se llama factor sorpresa.

El verde es el color de la esperanza porque, a pesar de no estar de acuerdo con algunas prácticas elitistas de la organización, la moda siempre nos deja ver ese toque álgido de esperanza y esa ilusión de los diseñadores al presentar sus nuevas colecciones.

© Sparksphoto.

El negro es el toque pesimista, llamémosle realista. Algunas trabajos no son santo de mi devoción y por mucho que quieras apoyar a la moda… Siempre habrá algo que salga mal. Y es normal. Lo raro sería que no fuese así.

Y eso rojo es mi sello distintivo, lo que me aporta seguridad y la pasión por mi trabajo.

Así que… Dicho esto, solo puedo añadir una cosa: ¡Bienvenida 70a edición de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid!

© Sparksphoto.

Estilismo:

Vestido midi con volantes, de Le Petit Modern (c.p.v.).

Mantilla blanca de encaje, de Rivers (15 €/m).

Stilettos metalizados, de Stradivarius (35,95 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: Celia Sparksphoto.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Matadero de Madrid.

Gallery:

El año nuevo de las urbanitas se inaugura con un vestido amarillo

Toda historia tiene un final, pero ya sabéis lo que dicen, el final de una historia es el principio de otra, y aunque las vacaciones se hayan acabado y haya empezado la asquerosa rutina, todo vuelve; también el verano.

Ana Milán dijo en su Twitter hace unos días que septiembre es el año nuevo de las urbanitas. Así que hoy, primer lunes de septiembre os doy la bienvenida otro año más a Talla Treinta y Ocho, a mi hogar, mi lugar de refugio, mi vía de escape y libertad de expresión. Espero que os quedéis, sed bienvenidos y feliz año nuevo.

Por tanto, nos vestimos de gala y abro el baúl de los recuerdos para sacar a relucir otro de mis estilismos para uno de los desfiles de la edición pasada de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Como bien sabéis, cubrí al completo la semana de la moda para Hoy Magazine, la revista digital con la que colaboro. Concretamente este vestido es Zara y de rebajas para más inri. Lo utilicé para el desfile de jóvenes diseñadores de la ESNE.

Dicen que el amarillo da mala suerte, pero seamos francos, nunca he sido una mujer supersticiosa. También dicen que a las bajitas los vestidos largos no nos quedan bien. Bueno, pues no llego a 1’60 y mírame.

El vestido me gusta por muchas razones. En primer lugar, la tela pesa, por lo que la caída es libre; la raja en medio de las piernas es otra razón que me hizo enamorarme de este vestido, me parece sexy y evita que beses el suelo(esta razón es mi favorita). Además, el escote de vértigo en forma de V es espectacular.

Luego están los pendientes. Son de Stradivarius y recopilan la elegancia y magia del océano. Son uno de mis favoritos y la verticalidad me ayudan a estilizar mi cuello, no es un secreto decir que no tengo demasiado…😂

Y sé que a muchas de vosotras os encantan los zapatos. Os voy a confesar algo: ¡a mí también! Son de Mango y me los compré para la confirmación de mi hermana, fui la madrina. Son stilettos color mostaza mezclados con vinilo. Su altura es de unos 8’5 cm más o menos. Son muy bonitos, pero cuando los llevas un rato ¡auch! Duelen.

Y muchas os preguntaréis por qué este vestido es especial. Además de que me encanta y de que lo utilicé para una ocasión que valía por mil la pena, con este vestido salí en el programa Flash Moda y en fotografías de street style.

Solo me queda deciros que tenéis todos los links directos en mi perfil de 21 buttons y que os espero la semana que viene. Pasad un buen día y tomaros una copa de sidra o champán, hay que celebrar el año nuevo. Brindemos solo por el hecho de estar vivos.

Lauren Izquierdo.

Mi MBFWM…

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! 

Hoy es domingo y adoro os domingos, ¿sabéis? Es el día el descanso por excelencia, unos lo usan para dormir, para adelantar tareas, y otros para recuperarse de una buena resaca. Amigos, daros por aludidos.

Esta semana, como bien sabéis, ha sido la MBFWM, la semana de la moda por excelencia en la capital que tanto nos ofrece. Este año he tenido la magnífica oportunidad de disfrutar de varios desfiles como el de la ESNE, Ana Loking o JC Pajares. Voy a intentar resumiros al máximo la que ha sido, una edición más, una inigualable experiencia, porque no creo que pudiera parar de escribir, y anda que no me gusta, vaya.

Esta edición decidí ir en contra de lo que dije en mi post pasado Esne: Europa 3.0., y quise demostrar, como sí es posible asistir con un vestido de fiesta a un desfile y “marcar la diferencia”. Lo entrecomillo porque marcar la diferencia, al igual que todo en el mundo de la moda, es relativo. Os dejo una preciosa galería, la cual se abrirá si pincháis en una imagen, para que podáis apreciar el look y me paso a hablaros de los desfiles.

 

Este año tuve la suerte de poder admirar desde muy cerca a uno de los grandes talentos de la industria de la moda, la diseñadora Ana Loking. He admirado su trabajo desde siempre desde un punto externo, y ayer me quedé de piedra cuando las luces de la pasarela se encendieron. Ana Loking abrió su desfile con una cabeza de Trump de varios metros, rota; una genialidad bajo mi punto de mira. Sus creaciones fueron maravillosas, absoluta e increíblemente maravillosas. El corte, el tejido, el acabado, los colores… Me sentí dichosa de poder haber vivido su trabajo, esfuerzo y dedicación, y sobre todo de haber podido escuchar sus palabras de agradecimiento de manera tan próxima a ella en la KISSING ROOM.

Mi diseño favorito fue este:

 

Y otros tantos…

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Muchos de vosotros me preguntáis por los famosos a los que vi y con los que hablé, entre ellos Pelayo Díaz, Ángela Rozas, Susana Banana, Charo Izquierdo, Lucía Fernández, alias Luceral, mi nueva amiga, Angy… Algunos me parecieron fantásticas personas y me parecieron súper interesantes, más en la vida real que en la ficticia, he de decir. Prestaron interés en mantener una conversación conmigo y se mostraron intrigados e incluso sorprendidos por todo lo que hacía. Otros me supuso una completa decepción. Me resulta terrible cuando a alguien se le sube la fama a la cabeza, cuando no hace más que hablar de sí mismo y una conversación se centra en “yo hablo y tú escuchas”. Se convierte en una decepción, pero bueno, debe haber gente para todo.

Por la tarde fui al desfile siendo el más uno de mi amiga Lucía, o como sus 139 mil seguidores la conocen, Lucberal; claro que acabé viendo en el taller del concesionario de Mercedes el desfile de JC Pajares sin Lucía. Fue un desfile donde adjetivos como frescura, originalidad o sorpresa, me vienen a la cabeza cuando pienso en él.

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Y bueno, hasta aquí el post de hoy, espero que no se os haya hecho muy largo y que la espera haya merecido la pena. Nos vemos muy pronto con otro post en mi blog Talla Treinta y Ocho. ¡MUACK!

L.I.

 

Esne: Europa 3.0.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!
Hi, guys! Como bien sabéis, ayer estuve de invitada especial en el desfile de la universidad de diseño de Madrid ESNE, la cual y como motivo de una nueva edición de la MBFWM, presentaba una serie de colecciones cápsula en el Museo del Ferrocarril. Sinceramente, no estoy aquí para decir si fue bonito, odio ese adjetivo, si me gustó, si me horrorizó, o si la vida es de color de rosa, solo hablaré de ellos…

Creo que a lo que más teme un escritor, periodista o, simplemente una persona que quiera escribir algo con total libertad de expresión es a la hoja en blanco. Tengo a mi derecha un cuaderno donde apunté todo lo que se me ocurría y todo lo que sentía mientras veía el desfile. Sinceramente, ahora me siento como Carrie Bradshaw, y lo cierto es que sigo sin entender por qué no tengo todavía unos Manolo Blahnik, claro que tras unos segundos, la respuesta siempre me viene a la cabeza rápidamente: ni soy rica, ni tengo a un Mr. Big.


Ayer me convertí en la chica del cuaderno y la chica de los brillos. Todo el mundo me admiraba curioso ¿de verdad eres prensa?, llegaron a preguntarme algunos. Si esto fuera Vogue y me pagaran dos euros por cada palabra me extendería al referirme a ciertos cuadros no identificados, pero como no lo es, me limitaré a repetir el continuo humor que me provoca el hecho de que todo el mundo que consigue apuntarse para ir a un desfile, cree que sabe de moda; luego les preguntas quién es Custo y te sueltan que es el diminutivo de customizar. ¡Y se quedan tan panchos! ¿Suena duro? Vaya, lo siento. 


Ayer llegaron a preguntarme, ¿Estás aquí para escribir sobre el desfile? Entonces sabrás mucho de moda. Dime, ¿qué opinas de mi look? Mi madre siempre me ha dicho que hay que tener un mínimo de respeto, pero cuando te lo colocas todo y las prendas no concuerdan con una cierta armonía… Mejor no decir nada. Luego están las que se colocan un vestido de fiesta y ya creen que saben de moda: Mírame, no se casa nadie, pero aquí estoy. El problema de Madrid es Moda, es que a pesar de que me encanta la oportunidad que esta ciudad ofrece a los habitantes y no habitantes de Madrid, todo los presentes no saben sobre moda, aunque éstos crean que sí. Claro que yo no soy una experta, recalco.

Cuando me preguntaron, ¿estás aquí para escribir sobre el desfile? Lo analicé internamente. Llegué a la conclusión de que las palabras son importantes, y que sí, ciertamente iba a escribir sobre el desfile, pero mi verdadero objetivo no era elogiar o criticar unas colecciones u otras; mi verdadero objetivo era disfrutar del talento.

El tema de la ESNE era la Europa 3.0. El hecho de que se celebrara en el Museo del Ferrocarril me pareció muy adecuado, dado que junto con la música, también muy acertada, he de decir, creaba un ambiente de la Europa pasada vs la Europa futura. ¿Suena muy disparatado? Vaya, no me digáis eso. Todo estaba en su perfecta armonía, sinceramente me recordaba a Londres y a sus estaciones de tren de épocas pasadas. Y eso meencantó. 

Las colecciones cápsula guardaban un mismo patrón, en el maquillaje reinaba los colores tierra, el calzado estaba protagonizado por la bota calcetín y el peinado lo dirigía el llamado wet hair. Los colores eran neutros, puros, y a excepción de alguna excentricidad, me dio la sensación de que términos como “oficina millenial”, “mujeres y hombres todo terreno” eran conceptos que querían hacerse presente y como no, dejar huella.

Todos los que queremos realmente vivir hemos venido a este mundo para dejar huella.

Tendencias como las asimetrías, el minimalismo (a pesar de ser una chica extravagante, me parece una apuesta segura), las bases blancas, las formas rígidas, los flecos y tejidos como el satén, lo acolchado y el chubasquero guardaron cierto protagonismo en todas las colecciones, guardando una cierta armonía y siendo en unas más evidentes que en otras.

Cuando terminó el desfile me pregunté a mí misma si me había gustado. Un error que comete la gente a la hora de disfrutar un desfile es ¿me pondría yo esto? Y es un caso error. Lo importante no es saber si te lo pondrías o no, lo importante es llegar a la mente de la persona que lo ha diseñado y tratar de adivinar el porqué de su creación, tratar de observar las horas invertidas de diseño, corte y confección, tratar de ver el esfuerzo, las horas sin dormir, los calentamientos de cabeza y sí, el sudor y el estrés de tener que terminar un proyecto a tiempo. Yo terminé viéndolo, y básicamente he de decir, y no porque me lo ponga todo, que me encantó. Así que gracias a la ESNE por invitarme, fue fresco y enriquecedor. Os invito a visitar su página si de verdad queréis ser alguien en el mundo, porque no me parece que haya otro sitio mejor que este, si lo que quieres es estudiar un grado. 

Mi más sincera enhorabuena a todos los jóvenes diseñadores y futuros talentos de este país. España sin duda tiene mucho que ofrecer en cuanto al mercado del diseño, de eso estoy completamente segura.

Os adjunto algunas fotos de ayer. 

L.I.

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Segundo capítulo de mi libro: Silencio.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Hoy estoy extremadamente feliz porque es el primer día que voy a estar en la zona  prensa de un desfile, así que mañana espero tener una crónica barra crítica que os enamore y enganche tanto como espero que me enganche a mí. La ESNE ha tenido el precioso detalle de tenerme en cuenta para su lista de invitados especial, así que tendré una acreditación con mi nombre y todo. ¡Es tan guay!

Al estar tan feliz he decidido haceros un regalo y os he publicado el segundo capítulo de mi libro, ya que he podido observar que el primero tuvo muy buenos resultados. Si no recuerdas el primero no te preocupes Capítulo uno de mi nuevo libro, Silencio. con que pinches en lo azul será suficiente, te llevará a la entrada donde lo publiqué. Una vez más solo espero que os encante y nada. Nos vemos esta tarde en mi Instagram y mañana con otro post en mi blog “Talla treinta y Ocho”.

L.I.

CAPÍTULO II.

Manuel, Marco, Carlos, Mikel y Martín.

Eran tantas las cosas que me resultaban inverosímiles en esta historia. No sabía por qué me habían contratado. ¿Por qué ahora quería que formara parte de su séquito? No sabía nada de ese hombre, solo que quería que fuera su secretaria porque Julia Jones iba a ser madre. Qué bonito. Ojalá yo tuviera a alguien con quien poder volver a intentarlo. Siempre quise ser madre, pero al igual que mis centenares de proyectos de obsesiva adolescente, no había cumplimentado ninguno. Decidí investigar a Maximum Smith, tratar de averiguar algo que todavía no supiera. Mañana debería darle una respuesta. Era el segundo millonario más rico del mundo y lideraba la herencia del proyecto ambicioso de su padre Maximum Jefferson Smith. Tenía tres hijos, trillizos; Amber era una promesa en el mundo del diseño, Carlos era escritor y estaba licenciado en empresariales y James era jugador de rugby, que si no recuerdo mal, salió un tiempo con Kate, una amiga mía de la facultad. Kate solo sale con ricos. No sé qué me sorprende más, si el hecho de lo superficial que puede llegar a ser o que cada dos semanas tenga un novio nuevo. No mantengo relación con ella. Todo se acabó entre nosotras después de nuestro viaje a las Vegas, pero las redes sociales dan mucho de sí, y aunque no la sigo en Instagram, sí que me sé su cuenta de memoria y muchas veces le cotilleo. La tía está forrada, está estupenda y encima polioperada. Algunas se lo montan bien.

El reloj anunció su llegada a media noche. No sabía qué decisión tomaría. A veces deseaba que todavía estuviese aquí. Echaba de menos tener a alguien con quien hablar. Mañana sería otro día.

 

No sé ni cómo terminé rellenando aquel extenso e inacabable contrato, pero me sentía como si estuviese vendiéndole mi alma al diablo. Posiblemente así fuera. Julia me miraba lastimosa, como si la hubiese traicionado, aunque si no hubiera aceptado, el despido de ella seguiría en pie y otro más listo que yo tendría mi puesto.

Era la nueva secretaria del jefe de la cadena de compraventa de empresas más importante de todo Nueva York, NY Publish. Un magnate en toda regla. Un idiota en toda regla; un hombre que además tenía millones de acciones distribuidas por toda el planeta que lo hacía más multimillonario de lo que ya era. Sonaba intimidante, pero quizás ahora pudiera renovar mi coche, mi pobre Jake necesitaba morir de una vez.

No puedo negar lo que me dolieron muchas de las palabras que expulsó aquel misógino de tomo y lomo. Ni siquiera sabía cómo demonios conocía la noticia de mi quinto fracaso matrimonial. Sí, la irónica historia de Hera, la supuesta diosa del matrimonio. Deberían hacer un reality show sobre mí. Al fin y al cabo lo único que me diferencia de las Kardashian es mi lamentable y actual aspecto, y si no recuerdo mal, ellas están operadas. Tengo una maldición, soy una fracasada en el amor, y no lo digo precisamente de manera figurativa. Mi vida ha ido pegando altibajos excéntricos. Mi madre no fue lo suficientemente fuerte como para cargar con todo ella sola, y no puedo culparla por ello, es más, muchas veces pienso que la culpa fue mía.

Mi adolescencia fue algo… ¿alocada? Sí, utilicemos ese adjetivo. Quizás hubiera necesitado un internado, la cárcel, o un padre.  Me casé con dieciocho años con Manuel, el batería buenorro de la banda de mi primo. Se conocieron en Erasmus. Era español y me enamoró que odiara los toros. Nunca entenderé la cultura de aquel país. Sé que cada uno tiene sus costumbres y que NY no es perfecto, pero vamos, ¿matar a un animal inocente para la diversión de otros? Adoro y adoraré España, a sus gentes, su gastronomía, su folclore, sus playas, pero aunque no sea antitaurina, lo cierto es que no es fruto de mi devoción. Aquello duró apenas seis meses. Lo descubrí con una hippie en mi cama, y además no me hacía gracia que usara mis bragas como turbante en sus conciertos.  Creía que lo nuestro duraría toda la vida, qué estúpida, y qué adolescente.

Volví a estudiar, necesitaba encarrilar mi vida, y en el segundo año de carrera conocí a Marco, un estudiante italiano que me prometió la luna. ¡Malditos italianos y maldita su labia! Era muy religioso, por lo que no copulamos hasta el matrimonio. Al principio me pareció extraño, pero poco a poco me autoconvencí de que si estaba inculcado en la fe cristiana, era algo medianamente normal. ¿Normal? Ahora no me lo parece en absoluto, y más en los tiempos en los que estamos. Cuando llevábamos un año saliendo me pidió matrimonio. ¿Matrimonio precipitado y fe cristina que impedía el coito? Me sentí confusa. ¡Ni siquiera me había presentado a sus padres!, pero como una boba alocada y una amante deseosa, acepté. La boda fue genial, pero a la semana me enteré por Margarita, mi suegra, una encantadora mujer con la que todavía mantengo contacto, que él había exilado de un convento la misma noche en la que nos conocimos. Desde que me enteré de aquello, mi matrimonio fue decayendo,  no confiaba en él, y a Marco le molestaba todo de mí, sobre todo que fuera atea. Pasados seis meses, me dijo que se volvía al convento. Pensaba que estaría mejor allí. La única a la que siempre le entregaría su amor fiel sería a la virgen, pese a que él ya no lo fuera. En un año incluso obtuvimos la nulidad matrimonial.

Tras dos matrimonios y terminar la carrera de publicidad, me largué con mis dos mejores amigas, Inés y Kate, a las Vegas. Necesitaba aclararme las ideas. Casino, juerga, y nada de matrimonios. Pasamos unos días alucinantes. Fue el mejor regalo de fin de carrera que nos pudimos hacer. Claro que volví con anillo. ¡En serio! Debería estar prohibido que Elvis case a gente estando ebria y sin testigos. Se llamaba Carlos. Era español, otro, y estudiante de medicina, un buen chico. Los dos decidimos que lo más sensato era desprenderse de ese matrimonio, que asombrosamente tenía validez. Ni siquiera sé si puedo contarlo como marido, pero era un gran chico. Me hacía reír todo el tiempo, se lo tomó a broma y tranquilizó a mi madre. Todavía recuerdo el momento en el que se lo dijimos:

 – Madre mía, Hera. Es que no piensas en las consecuencias. Tienes que dejar de vivir aventuras y empezar a sentar cabeza.

– Sra. Harrison, ambos estamos muy arrepentidos y no sabemos cómo ha podido suceder tal cosa.

– A mí no me sorprende. Cómo se nota que no conoces a mi hija.

– No, es cierto, no la conozco, pero por lo que he hablado con ella, no me cabe la menor duda de que es una mujer maravillosa.

 

Y puede que hubiéramos congeniado, pero ninguno quisimos correr riegos, y menos con un anillo de por medio. Podríamos haber seguido conociéndonos después de aquello, es más, me invitó a un par de cafés después de los trámites, pero yo lo rechacé. ¡Adiós al tercero de la lista! Y eso que dicen que a la tercera va la vencida.

Nunca me gusta citar a mi cuarto matrimonio. Fue el más deprimente de los cinco. Se llamaba Mikel, ruso. Me dejó porque se volvió gay. Ahora está casado con una amiga mía, Evelyn, pero a estas alturas de mi vida… Eso ya me da igual. No le guardo rencor, pero no le mando postales de Navidad como a los demás. No se las merece, no me gustan los mentirosos.

Tras siete años de consternación divina contra mí, conocí a Martín, un chico catalán que viajaba a Nueva York por asuntos de trabajo. Era arquitecto y se convirtió en el hombre de mi vida, pese a que suene cursi. Odio que todavía suene cursi. Lo que más me gustaba de él eran sus ojos color aceituna. Era guapísimo aunque él lo negara continuamente. La modestia era uno de sus fuertes y me hizo olvidar a aquellos cuatro patanes. No me juzgó por haber estado casada cuatro veces con tan corta edad. Simplemente sonrió e hizo un comentario gracioso. “No serás una viuda negra, ¿verdad?” Qué ocurrente. Cuando dices que llevas cuatro divorcios a tus espaldas a tus veintitrés años, te miran raro, y con motivo. Sin duda lo que me enamoró infinitamente de él fue su perseverancia, además de sus múltiples virtudes. Me mudé a España tras seis meses de relación. Lo nuestro iba en serio, aparentemente, y me alegré de poder afirmar que al fin caminaba en la senda correcta… Ninguno nos queríamos hacer ilusiones, pero sabíamos que el tiempo pasaba y seguíamos juntos, y eso importaba, ya lo creo que importaba. Una de las cosas que más le gustaba era que cantara en la ducha después de hacer el amor. Encontré trabajo en una revista de moda, que al principio odiaba, digamos la verdad. Era publicista, no una finolis de talla treinta y seis que se quejaba de que sus Manolos le hacían daño. La gente nos sonreía por la calle. Definitivamente él me hizo sentir como nunca antes nadie me había hecho sentir y era bonito poder decir aquello. Después de tres años me pidió matrimonio en una bonita casa rural en un verano muy lluvioso. Nuestra boda fue grandiosa. No quisimos quedarnos cortos en nada. Mi madre no paraba de llorar al ver que al fin había logrado ser feliz y me aseguró cientos de veces que no había visto una novia más bonita que yo… Me hubiera encantado que mi padre se hubiera presentado, me hubiera visto casada, de blanco y feliz al fin, aunque no le importara. Desgraciadamente todo termina. Mi madre enfermó en estado grave debido a un cáncer craneoencefálico. Enseguida quise estar a su lado y Martín lo entendió. Él abandonó su puesto de trabajo, tal y como yo hice en su momento, aunque lo hiciéramos por amores distintos. No tardó en encontrar otro trabajo que suplantara al antiguo. Tenía talento. Era absurdo negarlo. Era absurdo no contratarlo. Yo llené mi tiempo entrando en esta empresa individualista, NY Publish. Pronto mi madre murió. Era inevitable. Ese cáncer no tenía cura. Martín me apoyó durante todo el proceso, y yo se lo agradecí, pero no fue suficiente. Comencé a abandonarme, a llegar tarde a casa, a no aceptar sus caricias… Terminé por alejarlo de mí cuando lo que necesitaba era justo lo contario. No pude aceptar que otro ser querido me abandonara. Demasiado injusto. Demasiado duro.

Quizás este toque envidioso de ambición fuera justo lo que necesitaba para llenar mi vacía vida, pero francamente no creía que mis pantalones de pinza desgastados por las continuas lavadas y mi blusa victoriana de hacía siete temporadas encajara con el perfil que quería otorgar. Quizás en el 2000, pero no ahora. ¿Cuánto haría que no iba de compras? Tenía que admitir que era algo dejada. Era una treinta y dos añera dejada. Aunque, ¿qué habría llegado a los oídos de mi jefe que tanto lo había convencido? ¿Qué, cómo y por qué? La eficacia y mi persistencia podría decirse. ¿De verdad, Hera? Había tomado la decisión de ascenderme… E iba a aprovecharlo.

 

 

VOGUE FASHION NIGHT OUT MADRID 2017.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys! Creo que hoy es uno de esos días en los que esperáis mi nuevo post con ansia. Bueno, pues stop a la ansiedad que ya estoy aquí.  Pido perdón por mis historias de Instagram de ayer, y sí lo afirmo en 1… 2… 3… ¡LOS VFNO FUERON UN FIESTÓN!

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Si os soy sincera solo me moví por el barrio de Serrano, lo sentía más mi rollo, más mi estilo, más yo. Cuando salí de metro tuve que subirme a la escalinata de un banco para sostener la poca esperanza que me quedaba de que mis amigas me encontraran, porque QUÉ DE GENTE, DIOS MÍO. La gente estaba piradísima.

Cierto es lo que dicen, todo el que disfruta de un mundo tan extenso y peculiar como el de la moda estaba ahí. Las calles de Serrano estaban abarrotadas por gente con estilo y con cuadros abstractos que intentaban serlo y nadie entendía, vamos a ser sinceros. El style street de los VFNO fue muy diverso.

Había chicas y chicos que podían posar para el catálogo de una marca porque en cuanto los veías pensabas “¿de dónde serán esos zapatos?”, claro que luego había otros que incluso hasta decías en voz alta: ” pero hija mía, ¿qué te has puesto?” Es solo una opinión y muchos de vosotros podéis pensar que no soy nadie para hablar, que diferís en mi mera opinión o que simplemente tengo razón y soy la reina del drama; a gustos colores, pero me hizo mucha gracia, y lo siento si ofendo a alguien, que chicas y chicos se colocaran un vestido largo de boda y que se creyeran que eran los modelos de la nueva colección de María Escoté, cuando el verdadero atuendo de una fiesta como la de los VFNO es vestir informal, ser tu misma, hacer locuras y crear looks de portada de revista. Claro que una vez confesado mi criterio de  ojo de halcón con respecto a la fiesta de anoche, también os digo que os pongáis lo que os dé la gana.

Yo escogí este look:

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La verdad es que estoy muy orgullosa de él, y no solo porque me encante el rollo que tiene, cómo me queda o cómo me hizo sentir, sino porque se ve que a los fotógrafos del evento también les encantó porque ¡ME HICIERON FOTOOOOOOOOOOS!

No, ahora en serio, no me lo podía creer. Estaba con una amiga y de repente observé cómo una chica con una cámara más grande que ella disparaba flashes en mi dirección. Así que desde aquí hago un llamamiento, si me veis por algún lado, ¡avisadme!

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Fotomatones, concursos, palomitas, algodón de azúcar, ofertas, champán, música… La fiesta de los Vogue fue una experiencia única y exitosa que una vez más triunfó en el mundo de los que nos apasiona la moda. Por cierto, tengo cuatro meses de HBO gratis.

Celebridades como Madame de Rosa, Mario Vaquerizo, Laura Sánchez (no yo, la actriz, la famosa), Pelayo Díaz, Natalia Ferviú, Moisés Nieto, Gigi Vives, se paseaban por las calles viviendo y disfrutando la experiencia al igual que “las personas corrientes”. Puede que a veces se nos olvide que siguen siendo personas como nosotros. Fue una fiesta increíble, la cual era ideal para disfrutar con amigos, lo cual yo hice.

Solo cabe destacar lo bien que me lo pasé, lo grandioso que me pareció y lo resacosa y cansada que me siento la mañana en la que me toca estudiar, poner lavadoras y planchar. Se puede decir que mi primer juernes universitario ha sido un boom, algo que tardaremos en superar y es que estoy casi segura de que los culpables de que me lo pasara tan increíblemente bien y de que hoy me dé vergüenza mirar mis historias de Instagram, además de los Vogue, fueron mis amigos, que están tan mal de la cabeza como yo.

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Os he cedido una galería detallada de todo lo que pude captar anoche. Solo me queda daros las infinitas gracias que siempre os debo por llegar al final de cada post, por leerme cada vez más y sobre todo por la joya de la corona, que ya sabéis que para mí es el tiempo. Seguid atentos a mi Instagram y a mi blog porque la semana que viene voy a tener una millonada de eventos y de fiestas, entre ellos el desfile de la ESNE y mi tour por la Mercedes-Benz Fashion Week, donde nuevamente soy invitada. Madrid es vida. Madrid es moda.

Nos vemos muy, muy pronto.

L.I.