Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Codicia (IV)

La fiesta ha terminado. ¿Qué queréis que os diga? Me encantan esas cosas. En ellas se pueden ver muchas cosas, aunque también aprender.

Lo primero que aprendes es que los famosos son personas. Yo nunca he tenido dudas, aunque tampoco pruebas. Y cuando los conoces en un ambiente ‘relajado’ en el que (muchas veces) echan la pota, y se sienten lo suficientemente cómodos como para ser ellos mismos, despiertan en ti sentimientos que olvidamos muchas veces: como la empatía.

El DJ se está despidiendo. Todavía nos queda media hora. Miro a mis amigos. Sonreímos cómplices. Vamos a por otra. La última, nos prometemos. Nos cruzamos con dos actores de Élite, y nos saludan porque nos llevamos viendo toda la semana. Les devolvemos el saludo y nos acercamos a la barra.

Champán, whisky, vodka, un roncola y un gin tonic. Os dejo adivinar cuál es mi bebida. Suena A quién le importa; y me encantaría que estuviera mi amiga Ana. Es nuestra canción. Le mando un vídeo y guardo el móvil.

Sin saber muy bien cómo, mis amigos y yo nos dejamos embaucar por un tema a debatir: la codicia.

© Sergardamo.

Todo el mundo ansía tener más, porque eso es lo bueno del inconformismo, que no existen los límites. Siempre podemos mejorar. Sin embargo, y a pesar de lo contradictorio que resulta, querer más está mal visto. La gran mayoría de nosotros nos hemos criado en un ambiente en el que ‘hay que conformarse con lo que hay’. Los inconformistas son los artistas y esos ‘soñadores que tienen muchos pájaros en la cabeza’.

Querer más casi siempre va relacionado con el dinero, la fama y el estatus. Y ‘el dinero es muy avaricioso’. El lujo está mal visto, pero todos pensamos que ‘el dinero no da la felicidad, pero ayuda’. Qué cínicos resultamos a veces.

© Sergardamo.

Una de mis amigas propone un brindis: ¡Por querer más!; grita. Varios ojos curiosos nos observan. Una cantante (bastante famosa, he de decir) nos mira sonriente y nos alza la copa. Está de nuestra parte. Le guiño el ojo. Hace diez minutos hemos bailado Con altura juntas.

Recuerdo una conversación con una buena amiga guionista y actriz. Fue hace un par de semanas, en uno de los garitos de Madrid. Estábamos hablando de nuestras cosas y entraron Los Javis. Se les acercó alguna friki fan y se hicieron un par de fotos. Y lo comentamos. La gente quiere ser famoso. Para muchos, es su mayor aspiración en la vida. Es el sueño de muchos niños. Lo que nadie les ha dicho a estos niños es que la fama es un lugar vacío.

© Sergardamo.

Lo que me obligó a reflexionar y a evadirme de los debates acalorados de mis amigos. Llegué a una conclusión – un tanto obvia, la verdad–. Los famosos, estos personajes que idolatramos, simplemente son personas que no se han dejado guiar por el rebaño, que han creído en ellos mismos, en ‘sus talentos’; y que han decidido enfrentarse a una sociedad (la mayoría de veces, cruel y vil) para lograr aquello que querían conseguir.

Y eso me parece maravilloso.

Porque sí que habrá alguno que solo quiera poder, dinero, fama y estatus; pero generalmente, ‘querer más’ es lo que hay que hacer.

© Sergardamo.

El DJ se ha bajado del escenario. Mis amigos siguen debatiendo, aunque ya han dejado el tema de la codicia a un lado. El fervor lo dejamos para nuestros artículos. Pero somos incapaces de quedarnos en silencio. Siempre tenemos algo que decir. Puede que por eso siempre queramos más. Qué viva el inconformismo.

Los camareros han empezado a recoger. Es hora de marcharnos. Nos despedimos de los pocos valientes que han podido sobrevivir hasta el final de la fiesta.

Y antes de encaminarme hacia el Caby, miro el local… Abrimos y cerramos todas las fiestas. Por eso nos conoce todo el mundo, además de por nuestra ambición.

Porque aunque los niveles son distintos, todos coincidimos en una cosa: los jóvenes queremos más.

© Sergardamo.

Estilismo:

Top de satén, de Asos (33,99 €).

Falda de lentejuelas, de Asos (84,99 €).

Sandalias de colores, de Stradivarius (29,95 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: Sergio García del Amo.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Planetario de Madrid.

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Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Vanidad (III)

Roma recorre sus calles estrechas. Siempre me ha gustado Italia. Venecia, Florencia, Milán, Nápoles, Cerdeña… ¿Mi favorita? Sicilia. Aunque… ¿Quién puede resistirse a Roma si todos los caminos te llevan hasta ella?

La fashion week de Madrid ha llegado. Es una mañana calurosa, como cualquier otro día del mes de julio. No me sorprenden ni me incomodan las altas temperaturas. Nunca lo han hecho, puede que sea porque soy del sur.

Siempre he dicho que el calor de Madrid es más cómodo que el del Mediterráneo. Los madrileños siempre se enfadan. Nunca he entendido muy bien por qué. No tienen razón, pueden enfurruñarse todo lo que quieran. El calor del litoral es pegajoso y húmedo. No hablamos de cuál es más insoportable, hablamos de comodidad, y quien se haya bañado en nuestras playas, sabrá que el agua parece caldo y que cuando sales de la ducha, ya estás sudando.

Los fotógrafos ya guardan el tipo en la puerta. Son profesionales del mundo de la comunicación. Me sorprende su talento y su ojo para el estilo. Deciden qué y quién es arte, quién tiene buen gusto y o quién es santo de su devoción. Eso lo hacen los buenos, claro. Otros solo fotografían los estilismos– outfits para los millennials– más raros. Me piden un par de fotos. Roma estaría orgullosa de mí. Sonrió, aunque no demasiado. Solo son las 10 de la mañana.

© Sparksphoto.

Me introduzco en la plantilla. No se cuántos cafés llevo ya, pero necesito otro. La cafeína es mi droga. Podría ser peor. La sala de prensa comienza a llenarse de compañeros que tratan– o pretenden– adelantar algo de trabajo. Y digo lo de pretenden porque la cafetería es una zona peligrosa. Todos somos muy majos– salvaguardando alguna que otra petarda– y enzarzarte en una conversación de más de una hora es tentador, pero sobre todo muy fácil.

Reviso la agenda y el correo. Algunos de los redactores tienen problemas. Me gusta esto de delegar y de tener algo de control: algunos lo llaman vanidad. Es un pecado capital. Pero yo no soy creyente. Al menos, no de esa manera.

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Los desfiles van a comenzar. El tiempo pasa muy deprisa. Camino hacia los pabellones. Muestro mi acreditación a los azafatos. Son muy simpáticos pero acaban hasta el moño, como todos los que trabajamos aquí. A veces, les traigo una copa, pero no se lo contéis a nadie. Ya me conocen, son varias ediciones las que he compartido con ellos, Pasa Lauren, menuda tienen montada ahí dentro. Y me encanta que sea así. Cada desfile es una nueva historia sobre la que escribir. Si todos apostaran por el mismo cuento, mi trabajo no tendría sentido.

Busco mi nombre entre los asientos de la Grada B, zona de prensa. Lauren Izquierdo. Os metiría si no admitiera que me encanta encontrarme. Los de comunicación cuentan contigo, y que alguien aprecie tu trabajo hasta el punto de que quieran- y esperan– que vayas, es algo que me llena de ilusión. Mencionaría a la felicidad, pero los que me conocéis un poco ya sabéis lo que opino sobre ella.

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Salgo del desfile. Me meto a otro. Salgo. Comienza otro. La hora de comer. Qué rápido ha llegado. Me siento con los míos y comentamos todo lo que hemos podido apreciar. Nuestras opiniones divergen. Eso es lo que me gusta. No obstante, prefiero callar y observar. Mi grupo de gente es muy guay.

Llamo a mi madre. Quiero hablar con ella y contarle todo lo que visto. Con ella puedo opinar todo lo que quiera. Me escucha con atención. La tengo que dejar. Le digo que la quiero. Y cuelgo.

@ Sparksphoto.

Tras el desfile de las tres, decido tomarme un café con un amigo diseñador. Me pregunta qué me ha parecido lo que he visto. Le soy sincera. Siempre los soy con mis amigos. Me dice que estoy muy guapa, y yo le digo que la culpa la tiene el verano. Todo el mundo está más guapo con un bronceado. Añade que he venido muy a la italiana, yo le respondo que la Italia elegante siempre ha sido mi mayor debilidad. Me felicita por mi nuevo puesto. No había tenido la oportunidad.

Le doy la enhorabuena por la colección y bromeo dejándole caer que no seré demasiado vil con la crónica de desfile. Lo que él no sabe es que, aunque quisiera, no podría. Es uno de sus mejores trabajos.

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Ya casi ha terminado el día. Me voy a casa a cambiarme. Todavía quedan un par de desfiles off. Pero ya es hora de colgar la pamela. Me despido de mis amigos. También de los acomodadores.

Al salir, me vuelven a pedir una foto. Hoy he trinfuao, pienso para mí. Le pregunto si hace falta que sonría. Él me dice que sea yo misma. Tres, dos, uno, flash:

@ Sparksphoto.

Estilismo:

Vestido midi de cuadros vichy, de Zara (12,95 €).

Pamela de mimbre, de Primark (16,95 €).

Cuñas de esparto y mimbre, de Asos (89,99 €).

Bolso tricolor, de Utopian Dreamers (600 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: Celia Sparksphoto.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Palacio de Cristal de Arganzuela.

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Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Gula (II)

Silvia Abril dijo hace poco en una entrevista que concedió a S Moda que uno de los mayores delitos de España a día de hoy sigue siendo estar gorda.

Lo cual me hizo reflexionar sobre el concepto de estar gorda. Porque, ¿qué es exactamente estar gorda? ¿Cuándo sabes a ciencia cierta que estás gorda o gordo? ¿Cuando tienes michelines? ¿Celulitis? ¿Estrías? ¿La cara de pan de ocho? Luego, claro está, existe el cinismo cortés: tía, no está gruesa, solo eres de hueso ancho; estás hinchada por la regla; son gases; y la nueva: no, es que yo soy curvy. No queremos sentirnos gordos, nos cuesta pronunciar la dichosa palabra, como si los sustitutos fueran a solucionar algo… Así como si estar gorda fuera algo malo.

Las connotaciones y los significados de las palabras se los da el ser humano. Porque antes estar gorda era ser un pibón que merecía ser inmortalizado a golpe de pincel en un cuadro al óleo. Son tendencias, cánones que establece la propia sociedad, y dejadme que os diga que ésta se ha vuelto un pelín gordofóbica.

El marketing nos ha llenado de hipocresía barata. Movimientos de bodypositive y modelos curvy. Soy una fiel defensora de que cada mujer y hombre ha de sentirse bien con su propio cuerpo (siempre que no le cause problemas de salud), quererse mucho y quererse bien – porque nadie lo va a hacer si tú no lo haces-. Pero por el amor de Madonna, para eso no necesitamos ningún movimiento, y mucho menos una etiqueta. La revolución de las modelos curvy viene precedida por mujeres de tallas reales que se suben sobre una pasarela. Bárbara Palvin no es una modelo curvy e Itziar Castro no es curvy. Nos hemos dejado embaucar por un saco de mentiras y sensibilidades. Marilyn Monroe no usaba una 42. Sí de antes, pero queridos amigos y amigas, la 42 de antes es la 38 de ahora. Y la talla 38 NO es una talla real. Es real porque existe, pero las mujeres no la consideran como tal.

Y os hablo sobre esto, porque la gordura desemboca en uno de los pecados capitales que a mí más me gustan: la gula.

María Murcia.

La gente trata de evitar la palabra gorda o gordo para sortear los problemas con la comida. Cuando uno de los mayores placeres de esta vida, es eso mismo: comer.

Hoy, rodeada de modelos, esas maniquíes de dos metros, finísimas y que son capaces de actuar, bailar y toda clase de movidas para alzar las prendas de quienes visten a lo más alto, me acuerdo de Mesa, el artesano que firma este maravilloso vestido.

La primera vez que hablamos me dijo: Una mujer es divina por el simple hecho de que es una mujer. No hay que ser muy alta, ni muy guapa, ni la más delgada, ni la más inteligente, ni tener cinco brazos para ser maravillosa. Una de las gilipolleces más gordas que se escapa a mi capacidad de comprensión es esa obsesión que tiene la mujer por estar delgada. ¿Por qué lo hacen? ¿Por ser cómo una modelo? ¿Pero quién narices quiere ser como una modelo? ¿Quién quiere ser diez veces más alta que su novio? ¿Quién desea no tener pecho ni culo? ¿Quién quiere eso?

María Murcia.

Y después continuó con: adoro a todas las mujeres en sus diferentes formas, cuerpos, colores y pieles. No defiendo a las mujeres rollizas. No os equivoquéis. Defiendo a la mujer tal y como es. La que es gorda es gorda, la que es flaca es flaca, la que es coja es coja y la que tiene tres brazos, tiene tres brazos; no hay más. No pasa nada. Todo es ideal. Pero la gente tiene que dejar de echarle la culpa a las modelos porque ellas no han hecho nada. Están delgadas y sanas. No promueven la anorexia. Simplemente son así. Además, influye más en la sociedad una Miley Cyrus que una modelo. En la década de los 80’s puede, todo el mundo conocía sus nombres, eran famosas, conocidas, celebridades… Ahora nadie sabe cómo se llaman. Así que, qué menos que dejarlas tranquilas.

Me di cuenta que, para variar, tenía razón. Tengo a varias amigas que son modelos. Soy el punto de su I, pero llevan una vida muy ordenada y la mayoría tienen más gula que yo. Nadie tiene la culpa. Si tan de moda está el bodypositive, que se demuestre con hechos, no con notas de prensa. Sin embargo, vivimos en una sociedad en la que quererse y mimarse también está mal visto.

María Murcia.

Los excesos están mal vistos. Menuda tontería. Eh, y que la gula también es provocación (qué, francamente, eso es lo que más me gusta). Según la RAE, la gula representa el apetito desmedido de comer y beber. Ciertas religiones lo tachan de pecado capital porque lo consideran un deseo egoísta y lujurioso que busca la satisfacción personal. Y para de leer.

Porque si la vida son dos días y la provocación es un arte – esto lo digo por el resto de apetitos -, ¿qué más me da si soy distinta a ellos? No soy de nadie, no tengo dueño.

Aunque una cosa os voy a decir, queridos: con otras cosas sí, pero con la comida no se juega.

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Estilismo:

Vestido negro, de Maison Mesa (c.v.p.).

Mules de perlas, de Asos (90 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: María Murcia.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Ruinas.

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Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Envidia (I)

Hace tiempo me dio por comprobar el significado de todos los colores. Es curioso. La psicología del color es algo inquietante, aunque a mí me parece muy divertido. Podemos jugar con ellos y con las sensaciones que causan en los demás.

Aprendí que el blanco es el color de la pureza– algo que ya sabía–, pero lo que descubrí es que también significa desconcierto. Por eso las novias se casaban de blanco, porque eran puras y porque no tenían ni idea de la que les iba a caer encima.

El verde significa la esperanza del provenir. Significa que siempre ves el algo positivo, que eres capaz de ver el lado bueno de las cosas. Es una cualidad que todo el mundo busca en una persona. Porque la generación Z– y algunos millennials tardíos– somos muy pesimistas. La mayoría de veces, no lo hacemos intencionadamente. No es algo de lo que nos sintamos orgullosos, simplemente se ha convertido en un estilo de vida. Y es más, si alguien se siente todo el tiempo alegre y optimista, nos da hasta rabia.

Lo tiene mucho que ver con el negro. Este color significa dolor, desconfianza y pesimismo. Por eso se asiste de negro a los funerales. Aunque, paradójicamente, también es el color de la elegancia. ¿Y sabéis por qué? Porque la elegancia es una cualidad de la que la gente suele desconfiar. La elegancia puede ser muy natural cuando es física, pero cuando juegas con la moda, ándate con cuidao’. Porque a lo largo de toda la historia, la elegancia ha ido de la mano de las apariencias. Y eso, queridos amigos, provoca desconfianza.

Y el último color: el rojo. La sangre, la vida y la pasión. Es el color que escojo para las ocasiones importantes. Me da seguridad y podríamos decir que… Es un color muy intenso. Y a intensita no me gana nadie. ¿Una anécdota de la psicología del color? Los hombres se sienten completamente hipnotizados por una mujer con los labios pintados de rojo. Y sé que es una predicción muy generalista, pero no falla. El color rojo te hace crecer ante las adversidades.

@ Sparksphoto.

Cucú. Aquí estoy yo. Cinco de julio de 2019. Primer día de la fashion week. Estos días van a ser intensos. Se van a vivir momentos icónicos que pasarán a la historia de la moda española y otros que se quedarán por el camino. Además, me estreno como redactora jefe de la sección de cultura y coordinadora de contenidos de la MBFW Madrid de la revista HOY Magazine. Llevo varias ediciones haciéndolo, pero este verano es diferente. Es oficial y tengo un puesto relevante (y largo).

Me hace mucha ilusión estar aquí con vosotros, porque estos días también hablaremos los siete pecados capitales, independientemente de que seamos creyentes o no.

Y tras haber aprendido los conocimientos básicos de los colores que hoy luzco con orgullo, vamos a hablar de la envidia.

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Mi madre me ha visto por videollamada. Me encanta, pero prepárate para que te mire todo el mundo. No es la primera vez me lo dice. A lo largo de mi vida, siempre me ha dicho que mi estilo, la forma de expresión que me ayuda a sobrevivir en este mundo de locos, ‘llama mucho la atención’. Siempre me han dicho que la gente critica por envidia. Y no porque no fueran afín a un estilo; es más, soy la primera en ser consciente de que muchas veces parezco un circo; sino porque no son capaces de llevar, vestir o lucir lo que les de la gana: por miedo, inseguridad, o vete tú a saber– y no soy nadie para decir qué es lo que siente o no la gente–. Pero eso, queridos amigos, es muy triste.

Sin embargo, ocurre todos los días. Me encanta, pero yo no me lo pondría. Cada vez que mis amigas o gente conocida ha soltado esta expresión que todos hemos escuchado alguna vez, me han entrado ganas de preguntarle: ¿Y por qué? Si todos nos aplicáramos el lema Vive y deja vivir, ese lema que tanto predicamos, la vida sería mucho más fácil.

© Sparksphoto.

Acaba de llegar mi coche. Conduce una mujer. Se llama Angélica, es latina. Me encanta su acento. No me dice nada, pero mira mucho por el espejo. Y tras pasados siete minutos se decide: No quiero sonar entrometida, ¿pero puedo preguntarte a dónde vas? Valoro que no haya añadido ‘vestida’. Porque lo que de verdad me ha querido preguntar es ‘¿dónde vas así vestida?’. Pero con mucha energía respondo a un desfile. Su expresión se ha relajado, aunque no entiendo muy bien por qué. No vuelve a decirme nada hasta pasado otros cinco minutos. Me gusta mucho el vestido. Le doy las gracias. Pablo tiene mucho talento.

Se despide de mí y desea que me lo pase bien. Sé que es sincera, pero puedo notar sus ojos clavados en el espejo retrovisor. No me incomoda que la gente me mire. Como diría mi amigo Maison Mesa: hemos venido a este mundo para ser vistos y dejar que nos vean.

© Sparksphoto.

He escogido estos cuatro colores por una sencilla razón. Todo en esta vida tiene un motivo. Antes os he dicho que podemos jugar con los colores y con las impresiones que casusamos en los demás a nuestro antojo, y es cierto.

El blanco representa la pureza y el desconcierto. Cada edición de la MBFW Madrid es algo nuevo, algo que nadie espera y que recibimos con ilusión, aunque con gran desconcierto. Se llama factor sorpresa.

El verde es el color de la esperanza porque, a pesar de no estar de acuerdo con algunas prácticas elitistas de la organización, la moda siempre nos deja ver ese toque álgido de esperanza y esa ilusión de los diseñadores al presentar sus nuevas colecciones.

© Sparksphoto.

El negro es el toque pesimista, llamémosle realista. Algunas trabajos no son santo de mi devoción y por mucho que quieras apoyar a la moda… Siempre habrá algo que salga mal. Y es normal. Lo raro sería que no fuese así.

Y eso rojo es mi sello distintivo, lo que me aporta seguridad y la pasión por mi trabajo.

Así que… Dicho esto, solo puedo añadir una cosa: ¡Bienvenida 70a edición de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid!

© Sparksphoto.

Estilismo:

Vestido midi con volantes, de Le Petit Modern (c.p.v.).

Mantilla blanca de encaje, de Rivers (15 €/m).

Stilettos metalizados, de Stradivarius (35,95 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: Celia Sparksphoto.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Matadero de Madrid.

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