Las canciones que me han hecho feliz este 2019

Voy a ser clara: este año, para mí, la música ha sido crucial. Ha sido de gran ayuda en mi desarrollo personal y profesional, me ha ayudado a escribir mi primer libro, me ha enseñado a amar, sentir, perdonar, e incluso a cosas tan banales como seguir en el gimnasio.

A su vez, y tengo la suerte de poder decir que he disfrutado de mogollón de conciertos y de amigos que, de una forma u otra, me han descubierto a nuevos artistas, veteranos y novatos. Pero igual de maravillosos.

No obstante, me considero una persona que apuesta por la variedad de géneros a la hora de escuchar música. Como solía decir en mis artículos sobre ‘Las canciones que me han hecho feliz esta semana’, soy una henoteísta musical. Todo el mundo debería serlo.

Y tras 365 días, estas son las canciones que me han hecho feliz este 2019.

You’re All I Need, de Motley Crue

I still haven’t found what I looking for, de U2

No Surrender, de Bruce Springsteen

Salir, de Extremoduro

Let’s Have a Kiki, de Scissor Sister

Don’t You, de Simple Minds

Work bitch, de Britney Spears

Un veneno, de C. Tangana

A quién le importa, de Fangoria

New York, New York, de Liza Minnelli

Kiss Me, de New Found Glory

Cello Suite No.1 in G Major, BWV 1007: 1. Prélude, de Bach

The Show Must Go On, de Jim Broadbent, Nicole Kidman y Anthony Weigh

Quiero, quiero y quiero, de Arnau Griso

How It Feel to Be Lose, de Sleeping With Sirens

Chasing Cars, de Snow Patrol

Todo lo que me juraste, de Malva

Besos en guerra, de Morat

Héroes del sábado, La M.O.D.A.

Brass in Pocket, de Pretenders

Creep, de Radiohead

Teenage Dream, de Tyler Ward

Everybody Talks, de Neon Trees

Rootless Tree, de Damien Rice

La fuerza del destino, de Iván Ferreiro y Love of Lesbian

Más Colao que el ColaCao, de La La Love You

How You Like Me Now?, de The Heavy

Wicked Ones, de Dorothy

Howlin’ For You, de The Black Keys

Man on a Mission, de Oh The Larceny

El tango de Roxanne, de José Feliciano

We Will Always Have Tomorrow

26 de diciembre

Querido Santa:

¿Qué? ¿Ya has dormido la mona? ¿Te sientes descansado? ¿Sí? ¿No? ¿Ahora qué harás hasta el año que viene? Siempre he tenido curiosidad… No hace falta insistir en el hecho de que ya se sabía para qué profesión estaba destinada.

Voy a escribirte una última carta, para que tengas presente sobre presente mis pensamientos. Esperaré los tuyos de vuelta. Siempre podrás mandarme a un elfo, o a Rudolf, creo que le caigo bien.

El caso es que creo recordar que ya te conté que siempre he sido una niña complicada a la que costaba encajar. Es más, a día de hoy, todavía tengo la sensación de que no encajo en ninguna parte – y puede que sea verdad. Pero teniendo a gente que me quiere, eso me ha dejado de importar.

Sin embargo, otro de los asuntos que siempre me ha preocupado es no saber qué me deparará el futuro. ¿Qué me espera, Santa? Hay quien dice que nuestro destino está escrito, y antes que creer en las casualidades, prefiero pensar que tienen razón. Y pensarás, ¿cómo una persona que cree que el amor son sustancias químicas puede pensar eso? No lo sé, pero lo hago. Sobre todo, porque creo que todo siempre pasa por algo.

Creo que todo siempre pasa por algo

Cuando era pequeña quería ser profesora, luego actriz (siempre se me ha dado bien subir a un escenario y creer que soy otra persona), pero desde que me publicaron mi primer relato, la injusticia y el hecho de escribir siempre me ha motivado. Las frustraciones siempre me motivan a hacer grandes cosas. Creo que eso es algo que no puede decir todo el mundo.

Además, me gusta lo que hago, y sé que esto es a lo que me gustaría dedicarme en el futuro. No obstante, es imposible no sentir miedo. Más aún sabiendo cómo está nuestra profesión.

Es imposible no sentir miedo

Es lo primero que me dijeron en la universidad: “que sepáis que el 85% de los que estáis aquí no vais a tener trabajo cuando salgáis”. Y desmotiva, Santa. Porque lo sabemos, pero se supone que nuestro profesor, debería animarnos un poco, coño.

No obstante, luego te dicen que los jóvenes somos quienes vamos a cambiar el mundo. Normal. Claro que vamos a hacerlo. Somos el futuro. Somos lo que quedará cuando las generaciones anteriores mueran. Somos los que tomaremos decisiones y lo bueno es que tenemos algo que muchos de ellos no tienen: conciencia. Y consciencia. Nos han dicho cómo pelear, cómo defendernos y eso es lo que estamos haciendo, porque a pesar de lo que digan muchos los políticos, ellos no están peleando por nosotros.

Es por eso que no debemos desaprovechar ninguna oportunidad. Sin embargo, si me preguntas cómo me veo dentro de diez años, no sabría que responderte, porque no lo sé. Tengo claro que, a no ser que algo vaya en contra de mis principios, no voy a rechazar ninguna oferta si la propuesta es buena.

Y si eso nunca llega, ¿quién sabe? A lo mejor abro un medio, a lo mejor soy mi propia jefa… Como te decía ayer: si crees en ti mismo y en lo que haces y peleas por ello, todo llega. Puede que tarde y a trompicones, pero llega. Al fin de cuentas, si algo no nos sale hoy, siempre nos quedará mañana.

Equipo:

  • Fotografía: Alodia Navarro.
  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Muah: Mary Coco.
  • Estilista: Sergio García del Amo.
  • Texto: Lauren Izquierdo.

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And… This Is Me

25 DE DICIEMBRE

Querido Santa: 

Solo quería decirte una cosa: enhorabuena. No sé si la gente te suele felicitar por tu trabajo, pero bien hecho. Si estuviera ahí, contigo, te daría una palmadita en la espalda y un chupito en el pecho por lo bien que lo has hecho, pero tendrás que conformarte con leer esta carta en tu sillón de cuero mientras descansas junto al fuego. Bien hecho, Santa. Bien hecho. 

Voy a entretenerte, porque en las siguientes líneas voy a hablar de mí, quizás en un sentido algo más trascendental. Como sabes, me cuesta horrores hablar de mí, hablar de Laura. Hace unos meses que me reconcilié con ella y con mi pasado, pero eso es una historia que dejaremos para otro día. 

No obstante, debo decir que cosas como esa me han llevado a poder confirmar que este 2019 ha sido increíble. Podría ser mejor – ¡siempre puede ser mejor! –, pero no me esperaba muchas de las cosas que han pasado. He tratado de trabajar en mi yo interno, porque a veces se nos olvida que tenemos que mimarlo y cuidarlo casi más que el externo. Gracias a eso, me he atrevido a dar ciertos pasos que, de lo contrario, no hubiera sido capaz.

He ganado confianza y seguridad, y eso no se consigue de un día para el otro. Es cuestión de darte una y otra y otra vez contra la pared hasta hacerte sangre. Es repetirte todos los días frente al espejo lo que Violet Davis le dice a la pequeña en ‘Criadas y señoras’: eres guapa, eres lista, eres especial. Porque lo somos. Todas. Todos. Todes. Todxs.

Es repetirte todos los días frente al espejo lo que Violet Davis le dice a la pequeña en ‘Criadas y señoras’: eres guapa, eres lista, eres especial

Te voy a confesar algo: la gran mayoría de veces tengo la sensación de que vivimos en una sociedad en la que el complejo de inferioridad está demasiado presente. Tienes que reconocer lo que haces mal, pero no te vayas a pasar, no seas dramática, victimista. Y pase lo que pase, jamás digas lo que haces bien porque entonces serás una creída y una egocéntrica. Es estúpido, pero este año me las he dado de socióloga y he buscado la razón. ¿Y sabes qué es lo que he descubierto, Santa? Que es un efecto de la dictadura franquista, ese sistema que todavía no hemos superado y que está comenzando a resurgir en la mente de los más inseguros. 

Falda y blusa de Maison Mesa.

A pesar de eso, me parece un poco triste que haya personas y/o productos a los que no hemos decidido querer hasta que han triunfado en el extranjero. Pero ni antes, ni ahora: ‘La Casa de Papel’, Rosalía, Mónica Naranjo, Mecano… Es muy fuerte. Por eso, este año he hecho de tripas corazón y he decidido ser fiel a mis principios, a mi personalidad y a mis creencias y pensamientos para ser una imagen (tanto en privado como en público) de lo que soy. He generado controversias, pero también he ganado libertad. Y no sabes cómo sienta eso. Porque si aceptas que eres tal y como eres, da igual que te equivoques. Porque eso es lo que hace un humano. Eso es lo que hacemos todos. 

Si aceptas que eres tal y como eres, da igual que te equivoques

Esa ‘naturalidad’, esa aceptación, torpeza, si quieres; ese saber reconocer lo que haces mal, pero también lo que haces bien, entre muchas otras cosas, es lo que ha provocado que haya conocido a personas increíbles que me han brindado oportunidades maravillosas: como trabajar en La Moda en las Calles, ser la redactora jefe de HOY Magazine, la semana de la moda en Madrid, colaborar en medios como Mine, firmar el contrato de ‘Silencio’, mi primera novela, firmar nuevos proyectos para el año que viene… 

Sin embargo, y ante todo, no te haces una idea de lo agradecida que me siento. Y de lo contenta que estoy. No vamos a hablar de la meritocracia, pero jo, una se da cuenta de que todo trabajo tiene su recompensa, y que poco a poco, si tienes fe en ti mismo y confías en lo que haces, las cosas llegan. A veces, tarde y a trompicones, pero llegan.

Ver tus objetivos y poder celebrarlos con gente a la que quieres (y que te quiere) es algo que no tiene precio. Sobre todo, porque te apoyan y viven el proceso contigo. Al igual que tú con ellos, y al final, la gente generosa, la gente de verdad, vive con la misma intensidad sus éxitos que los tuyos. 

Saber disfrutar de ese tipo de cosas, saber lo que vale el tiempo, lo que cuesta comenzar ‘esa conversación’, el significado de un beso, la intención de brindis, la letra de una canción, la energía de un buen abrazo o una conversación que dura horas y horas, es lo que me ha llevado a ser quien soy hoy: Lauren Izquierdo. Con errores y sin ellos. Tras la pantalla y la versión de carne y hueso. 

Al fin y al cabo, somos lo que somos por aquello que vivimos, por aquello que nos influye, y por todo lo que nos hace sentirnos un poquito más felices esta semana y siempre. 

Descansa, grandullón. Te lo mereces más que nadie.

Equipo:

  • Fotografía: Alodia Navarro.
  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Muah: Lauren Izquierdo
  • Estilista: Maison Mesa.
  • Texto: Lauren Izquierdo.

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Children’s lessons

24 de diciembre

Querido Santa:

Hoy es tu gran noche, ¿cómo te sientes? Imagino que nervioso y lleno de ilusión. Pero mira lo que te voy a decir: la ilusión es la clave de todo.

Hoy me apetece compartir una historia contigo, para que el trayecto de casa en casa sea más ameno. Es más, hoy vuelvo a ser una niña. Volvemos a ser innocent.

¿Quieres que te cuente un secreto? Siempre me quedo mirando a los niños por la calle. Casi más que a los perros, aunque nunca lo admitiré en público. Puede que sea porque las mayores lecciones de mi vida me las han dado niños, haciéndome preguntas que ni yo misma sabía responder. ¿Por qué los adultos no somos capaces de responder muchas de las cuestiones de los más pequeños? ¿Por qué nos quedamos en blanco si se supone que somos los ‘maduros’? 

Siempre me han dicho que la edad es solo un número, que los años no los mide el tiempo, sino que el daño que este hace sobre él. Una persona que ha sufrido, sea por X o por Y, se ve obligada a madurar antes. Eso siempre ha sido así y siempre lo será. No se me ocurre nada peor que una niña que quiera ser mayor. 

Eso ha provocado que muchas veces me pregunte si el tiempo existe realmente. Porque es algo que no tiene mucho sentido. Los días se van sin que nos percatemos: los segundos, los minutos, las horas se disipan sin que nos demos cuenta. Y cuando volvemos a la realidad, cuando nuestro ritmo de vida nos permite regresar, el año se ha ido. Para siempre. Y jamás, jamás regresará. ¿No es triste? Por este tipo de cosas, me encantaría volver a ser una niña. Pero me encantaría ser una niña con todo lo que conlleva serlo.

Ahora que el año se está acabando, ahora que el 2019 decide decirnos adiós, intento recordar todo aquello que me ha hecho estar aquí, hoy, escribiéndoos esto. Y lo primero es mi infancia. 

Armadura de perlas de Pipi Alonso. Falda de tul de Amazon Moda. Converse de plataforma.

Porque seamos claros (y yo sincera): nunca he sido una niña fácil de comprender. A mis padres les costaba responder a mis preguntas. Era muy traviesa e ingeniosa, he de decir. Todas las Navidades, mi madre cuenta un par de anécdotas de cuando mi hermana y yo éramos pequeñas y siempre termina contando las mismas: cuando quise meter a mi gato en la lavadora porque estaba sucio y cuando le dije a su mejor amiga que los zapatos que llevaba no le combinaba con su estilismo. En esta última tenía dos años – y no hace falta que diga que ya se iba viendo para dónde iban los tiros.

Todas las Navidades, mi madre cuenta un par de anécdotas de cuando mi hermana y yo éramos pequeñas y siempre termina contando las mismas

Era buena en el cole, siempre quería aprender y eso es una de las cosas que todavía mantengo: ese ansia por saber, saber y saber. Da igual el tema y el ámbito; y creo que, – aunque esto es una percepción personal – que si la gente leyera más, si la gente se preocupara por saber más, si no se conformara, todo iría mucho mejor. 

Claro que también es verdad que, cuanto más sabes, más frustrado te sientes, porque te das cuenta de que muchas cosas en el mundo, en la calle, en la gente y en ti están mal. Los millennials y la generación Z somos la generación frustrada por antonomasia, solo hace falta decir que hemos desbloqueado – y normalizado – el hecho de ir al psicólogo. Por no hablar de que nos estamos cargando el planeta, aunque de esto hablaremos otro día.

Camisa estampada de Silvia Nájera. Colgante de Luxenter.

Sea como fuere, cuando éramos niños, pensábamos en cosas alucinantes, pensamientos disparatados que en nuestra cabeza tenía sentido. No sé vosotros, pero cuando era pequeña, pensaba que si me comía una semilla de fruta me iba a crecer un manzano en el estómago, que si comía muchas zanahorias nunca iba a llevar gafas (qué ilusa y qué miope) o que si no aprendía a hacer las firmas iguales me detendrían por suplantación de identidad. Si que me despertaba las dos de la mañana y me ponía a llorar porque pensaba que el oxígeno se iba a acabar, pero también me quedaba espiando a mis juguetes porque pensaba que se moverían como en Toy Story.  

Ahora sonrío cuando una de mis primas me lo pregunta. Ahora sonrío al verlas sonreír cuando los mayores se besan o cuando llegan los Reyes Magos. Esa ilusión, esa inocencia, esa ignorancia. Demonios, que no crezcan. Que sean el Peter Pan de Disney, que no conozcan la vanidad, ni la ambición, ni el egoísmo y mucho menos la envidia. Que no se contaminen, que sigan enseñándonos cosas. Que sigan siendo lo que son, niños que llenan de ruido las siestas, de risas las cenas y de melancolía las noches en las que nosotros echamos de menos ciertas cosas y/o personas. 

Que sean el Peter Pan de Disney, que no conozcan la vanidad, ni la ambición, ni el egoísmo y mucho menos la envidia. Que no se contaminen, que sigan enseñándonos cosas

Que sigan recordándonos lo bello que es vivir y la suerte que tenemos de estar vivos, porque solo los niños son capaces de recordarnos que somos empatía, que somos humanos y que por encima de todo y más, está ese amor que todos ansiamos. 

Espero que se lo recuerdes, Santa. Feliz Nochebuena. Pétalo, como solo tú sabes hacerlo. De mientras, los adultos trataremos de seguir siendo niños.

Equipo:

  • Fotografía: Alodia Navarro.
  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Muah: Fanny Colette.
  • Estilista: Sergio García del Amo.
  • Texto: Lauren Izquierdo.

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23 de diciembre

Querido santa:

Se acerca tu gran día. Ahora sí que sí, ya no hay vuelta atrás. ¿Estás nervioso? Yo seguro que lo estaría. Culminar la Navidad con tu llegada es algo muy importante.

¿Sabes de qué otra cosa me he dado cuenta este año? De que la gente habla mucho, pero no dice nada. Da igual dónde vivas o en qué parte del mundo te encuentres. ¿Y sabes cuál es el verdadero problema? Las redes.

Actualmente, las redes sociales han invadido nuestra realidad. Tenemos mucha información, hay mucho ruido y hablamos mucho. Demasiado. El problema es que la inmensa mayoría no dice nada. Por eso, es importante parar y recordar quién fuimos, quién somos y sobre todo, quién queremos ser. Porque hoy en día nuestros mensajes están vacíos.

Y los mensajes vacíos nos llevan a objetivos, metas y sueños que también lo son. Y eso nos deshumaniza. Nos vuelve menos empáticos, más egoístas, menos humanos. ¿Te das cuenta de la gravedad del asunto?

Por eso, mi equipo de Talla Treinta y Ocho y yo hemos decidido trabajar sobre esta idea, tratando de callar nuestras mentes (sobre todo, la mía) y plasmando sobre tres editoriales y tres cartas un análisis de lo que fui, de lo que soy y de la proyección que tengo sobre mi futuro. A priori impone, ¿verdad?

Así que, durante los próximos tres días Children’s Lessons, And… This Is Me, y We Will Always Have Tomorrow será lo que leas y lo que todo el que quiera podrá leer. Aquí os dejo una prueba de lo que veréis

Equipo:

  • Fotografía: Alodia Navarro.
  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Muah: Fanny Colette y Mary Coco.
  • Estilista: Sergio García del Amo y Maison Mesa.
  • Texto: Lauren Izquierdo.

Estar y sentir

22 de diciembre

Querido Santa:

A dos días de tu gran noche – y día, recordemos que en otras partes del mundo la noche es el día y el día la noche – me apetece que hablemos de algo en lo que tenemos que trabajar el año que viene. Estoy dispuesta a ayudarte. Aunque no será fácil, ya te lo voy advirtiendo. 

La gente no puede estar sola, Santa. Fíjate, odio el término ‘gente’. No me gusta usarlo. No obstante, no lo he podido evitar. Estoy mosqueada. 

Sé que cada casa tiene un patio distinto, pero por eso mismo lo digo, porque sé lo que es, y debemos aprender a estar solos. Por varias razones:

¿La primera? Porque es maravilloso. ¿La segunda? Porque sentir dependencia de otra persona, ya sea padres, amigos, pareja, novio, baja o el baby Yoda no es bueno, ni sano. Y la tercera – y más importante – porque es la única manera de saber quién eres, qué quieres y qué quieres hacer.

Por eso entramos en pánico. Porque vivimos en una sociedad que es experta en opinar, en decir lo que piensa (y, en realidad, esa opinión viene influenciada por su círculo), y provocar cámaras de resonancia, o lo que es lo mismo, sentirte diferente porque opinas algo que no opinan los demás y prefieres callarte a expresar tu opinión.

Es algo que pasa, Santa. Tengo amigas y amigos que no pueden estar solas y solos. Les aterroriza. Necesitan a alguien. Pero ya no solo en el terrero amoroso y/o emocional, sino que no son capaces de quedarse un viernes por la noche en sus casas viendo Netflix o leyendo un libro. No saben disfrutar de la soledad – y joder, la soledad es maravillosa. Y, sobre todo, necesaria. 

Sé puedes pensar “joder, Lauren; qué triste”. No obstante, y esto es algo que defiendo mucho en mi libro – no sé por qué siempre acaba apareciendo en nuestras cartas. Te prometo que no estoy intentando colar el mensaje subliminal –, pero en fin, que en ‘Silencio’ hago una distinción que me parece muy importante: el hecho de estar solo, no de sentirse solo. 

Puede parecer una tontería, pero no lo es. Porque una persona puede estar rodeada de personas que la quieren, puede ser la protagonista de una película de Navidad, y sentirse sola. Es un sentimiento que se experimenta mucho en las ciudades y existe una correlación con tendencias depresivas (como has podido comprobar, he hecho mis deberes). No obstante, no quiero ponerme técnica, porque sé que tienes mucho trabajo y te voy a aburrir. 

Mira, ¿quieres que te cuente un secreto? Mis primeros días en Madrid fueron maravillosos, hasta que llegaron los segundos. El efecto narcótico de la emoción se había pasado y me sentía muy sola. Sobre todo, porque algo que me ha enseñado Madrid es que soy una persona muy familiar, cosa que no sabía. Siempre me he considerado una persona muy independiente, que lo soy, pero por allá entonces no sabía que podías ser las dos cosas. Por lo que, como me sentía sola, comencé a salir, a hacer amigos, planes y a llenar mi calendario. Más o menos como ahora, pero de forma inconsciente.

A las semanas me di cuenta de que estaba viviendo una mentira, que no me apetecía hacer los planes que proponían, ni comer lo que se comía, ni ser la persona en la que me había convertido. Yo no he luchado tanto por encontrarme a mí misma para que en un par de meses me desviara de mi camino.

¿Y sabes lo que hice? Llorar. Mucho. Todos los días. Durante semanas. Casi meses. Me obligué a encerrarme y a salir a correr. Lo peor eran las noches. No sé qué es lo que tienen, pero te animan a hacer, pensar o decir cosas que durante el día son impensables. Poco a poco, comprendí qué era lo que quería: seguir siendo Lauren Izquierdo. En cuerpo y alma.

Aun así, hice la prueba de fuego: fui al cine sola. ¡Lo sé! Vaya locura, ¿eh? Para colmo, estaba lleno y fui víctima de miraditas de ‘Oh, Dios mío, ¿viene sola?’. Sin embargo, al salir, me sentía bien. Me gustó la película. Llamé a mamá para ver qué hacía. Tenía 18 años y estaba sola en la gran ciudad. Sin embargo, sabía que no estaba sola y tampoco me sentía así.

¿Qué te parece? Qué de historias tengo, ¿verdad? En fin, no quiero entretente más. Ya hablaremos cuando vuelvas. Dale recuerdos a la Sra. Claus. Y recuerda: no es lo mismo estar solo que sentirse solo. 

Recuerdos, 

Lauren Izquierdo. 

Hacer feliz a alguien

21 de diciembre

Querido Santa:

Cada día falta menos para tu gran momento. ¿Te estás portando bien con la Sra. Claus? Deberías, si me entero de lo contrario, este año el carbón será para ti. Palabra de editora. 

Quería confesarte algo. Este año, al igual que los dos anteriores, he hecho un poco de Santa. No quiero robarte protagonismo, ni mucho menos – no sería capaz de hacer lo que haces tú ni aunque me convirtiera en superwoman, pero la Navidad me vuelve una persona llena de amor y de generosidad. Siempre intento serlo, pero vamos… Tú me entiendes.

Es una época que me encanta, y dejando al margen el hecho de lo mucho que parece gustarme el rojo y las galletas de jengibre – la leche no, la leche para ti – siempre trato de tener un detalle con aquellas personas a las que quiero. 

Las tarjetas están pasadas de moda. Siempre son un detalle bonito, no te lo voy a negar porque es una de los salvavidas en los que caigo a menudo, pero este año he querido ir más allá. Desde junio llevo paseándome por las librerías de segunda mano de Madrid una vez a la semana. Me encanta leer – y escribir libros – y como te decía en una de mis cartas, todos estamos cortados por el mismo patrón. Nos parecemos más de lo que pensamos. Es por eso que encontrar similitudes o sentirte identificada con un verso, con una página, un capítulo o una historia, es muy fácil. 

Por tanto, este año he decidido regalar diez historias que me han hecho sonreír y decir ‘jo, como XXX y yo’. Mis personas especiales son más mágicas de lo que ellos piensan. Y hacerles feliz y encontrar una historia a medida que nos identifique ha sido algo más gratificante de lo que pensaba. Es una de las tantas cosas que han endulzado este 2019.

No es gran cosa, pero espero que les hagan la misma ilusión que a mí. No te voy a decir el nombre de los 10 afortunados, pero sí el título de los libros… Se aceptan apuestas:

  • Cambio mis tacones por unas botas de cowboy
  • Melancolía
  • Un científico en el supermercado
  • No me dejes
  • La felicidad es un té contigo
  • Flores en el ático
  • Noches de terciopelo
  • Regreso a Irlanda
  • Uno más uno
  • Londres sin ti
  • Cinematográfico

Cada uno de ellos guarda un recuerdo, una referencia o eso, una historia, con la persona escogida. No sé si será un buen detalle o no, pero el tiempo que dediqué a buscar, encontrar y dar una segunda vida a un libro, escribir mi mensaje y envolver el regalo, me hizo tan feliz… Que solo espero que sonrían. Aunque no tengan tiempo para leer. 

¿Te sientes tú así al envolver nuestros regalos? ¿Sabes ya qué regalarle a la Sra. Claus? Si necesitas ayuda, escríbeme. Creo que encontraré la manera de echarte una mano. Se me da bien hacer regalos. 

No sé qué más decirte. Solo que me apetecía compartir esta historia contigo. Creo que es muy fácil hacer feliz a alguien. El ser humano no necesita tantas cosas materiales. Solo demostrarle que has pensado en él y ser honesto contigo mismo. En los pequeños detalles se haya la diferencia, ¿no?

En fin, no te entretengo más. Dale recuerdos a la Sra. Claus. Y Santa, mucha mierda. 

Recuerdos 

Lauren Izquierdo.