Feliz cuarto cumpleaños, Talla Treinta y Ocho

Perseguir un sueño no es fácil (y llevarlo a cabo, mucho menos). Además, comenzar un proyecto es una decisión importante. Porque la ilusión y las ganas están. Y a pesar de que suponen el 50% para que un abstracto se materialice en un posible, el otro 50% se descubre en el camino. Y como podréis intuir, el camino no es precisamente de rosas. Tampoco de baldosas amarillas.

Talla Treinta y Ocho comenzó el 21 de marzo de 2016 como un trámite para un fin. Ese mismo año supe que quería dedicarme al periodismo, y concretamente al periodismo de moda. Quería meter la cabeza y me abrí un blog. De manera amateur, gratuita y sin tener ambición por nada.

Recuerdo que trataba de mostrar mi estilo, esa esencia naíf y bohemia que a día de hoy recibe el nombre de ‘Sobre el asfalto’. Me hacía las fotos con el temporizador del móvil, en mi dormitorio y con las poses (Tuenti) que por aquel entonces se llevaban tanto. Si tenía suerte y ese día estaba inspirada, le pedía a mi madre que me hiciera una foto cuando bajábamos a la calle. Así, ¡a lo loco!

Al poco tiempo, Instagram entró en nuestras vidas y los blogs comenzaron a decaer, aunque yo no desistí. No tenía ni idea de números, pero le había pedido a una chica que me diseñara el logo, ese vaso de café con alas que mostraba mi energía y libertad y estaba contenta. Alcanzar las 50.000 visitas anuales para mí era algo imposible en un principio. Tampoco tenía a nadie cerca que me dijera “Mira, rica, eso es una basura”.

El panorama de Instagram no acababa de entenderlo, pero todas las bloggers que conocían se habían pasado a la red social. Todo era mucho más visual y a mí lo que de verdad me llenaba era escribir. Por eso había inaugurado el blog.

Por lo que seguí, cada vez con mayor pulcritud en las fotos, e incluso me atreví a diversificar mi trabajo y comenzar a escribir de todo lo que tuviera que ver con a cultura. Eso fue lo que hizo que medios como The Citizen o la mismísima HOY Magazine, se fijaran en mí para formar parte de su equipo. Captar la atención de otros de mi mismo mundo. Ese era mi objetivo, y al parecer estaba funcionando.

En una de las ediciones de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid recuerdo estar en el Kissing Room antes de irme a currar como una loca y alguien se me acercó para decirme que leía mi blog y que Lauren Izquierdo le parecía alguien muy guay. No os podéis imaginar mi reacción en ese momento. Quería besar el suelo por dónde pisaba. Pero conforme los días pasaban, me fui fijando más y más y me di cuenta de que Lauren Izquierdo como marca personal, y como producto, era un éxito.

A finales del tercer año hice balance y ¡sorpresa! las visitas se habían tripilicado. Por lo que, no me lo pensé más. Compré el dominio y comencé a leerme todos los libros habidos y por haber sobre marketing digital, empresa y sí, marca personal. ¿Lo primero? Trabajar en la imagen pública de Lauren Izquierdo. Es decir, Instagram. Empecé a contar con amigas detrás de la cámara, tales como Beatriz Jericó, Celia Gómez, Sparks Photo, María Murcia, Alodia Navarro y mi nueva apuesta, Mamen BG .Aunque la verdad es que cuando vuelvo a casa, siempre acabo recurriendo a mi hermana, Ana Sánchez. Hay cosas que nunca cambian, ¿pero qué le vamos a hacer si la niña tiene talento? Me había equivocado de familiar. Pero al fin y al cabo, todo esto lo hice (y lo hago) por el nuevo marcador: innovar y profesionalizar Talla Treinta y Ocho.

Pues a raíz de esto empezó mi ambición, nunca a nivel económico (porque no soy influencer en Instagram y la verdad es que no monetizo demasiado en la web), pero sí a nivel estructural.

Poco a poco, y de manera paulatina, Talla Treinta y Ocho ha conseguido tener presencia en Latino América, Italia, Japón y EEUU. ¡Toma castaña, María Antonia! Además, me ha servido de trampolín para conocer a personas maravillosas y, al fin y al cabo, es el escaparate perfecto para potenciar a Lauren Izquierdo y para que “la audiencia” tenga la oportunidad de conocer a quién se esconde detrás de mis reportajes, artículos y entrevistas.

Hoy es nuestro cuarto aniversario y no puedo evitar echar la vista atrás y darme dos palmaditas en la espalda. Porque si hubiese parado cuando comenzaron las críticas, la desconfianza y el rechazo no estaríamos aquí celebrando todas y cada una de las mil razones que tenemos para brindar.

Así que, aunque no hemos podido hacer una fiesta por la epidemia del coronavirus, vamos a chocar nuestras copas. Cada uno en su casa. Por las ganas, los emprendedores, la ambición y los principios. Por eso y por todo lo demás, ¡feliz cumpleaños Talla Treinta y Ocho!

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