Estar y sentir

22 de diciembre

Querido Santa:

A dos días de tu gran noche – y día, recordemos que en otras partes del mundo la noche es el día y el día la noche – me apetece que hablemos de algo en lo que tenemos que trabajar el año que viene. Estoy dispuesta a ayudarte. Aunque no será fácil, ya te lo voy advirtiendo. 

La gente no puede estar sola, Santa. Fíjate, odio el término ‘gente’. No me gusta usarlo. No obstante, no lo he podido evitar. Estoy mosqueada. 

Sé que cada casa tiene un patio distinto, pero por eso mismo lo digo, porque sé lo que es, y debemos aprender a estar solos. Por varias razones:

¿La primera? Porque es maravilloso. ¿La segunda? Porque sentir dependencia de otra persona, ya sea padres, amigos, pareja, novio, baja o el baby Yoda no es bueno, ni sano. Y la tercera – y más importante – porque es la única manera de saber quién eres, qué quieres y qué quieres hacer.

Por eso entramos en pánico. Porque vivimos en una sociedad que es experta en opinar, en decir lo que piensa (y, en realidad, esa opinión viene influenciada por su círculo), y provocar cámaras de resonancia, o lo que es lo mismo, sentirte diferente porque opinas algo que no opinan los demás y prefieres callarte a expresar tu opinión.

Es algo que pasa, Santa. Tengo amigas y amigos que no pueden estar solas y solos. Les aterroriza. Necesitan a alguien. Pero ya no solo en el terrero amoroso y/o emocional, sino que no son capaces de quedarse un viernes por la noche en sus casas viendo Netflix o leyendo un libro. No saben disfrutar de la soledad – y joder, la soledad es maravillosa. Y, sobre todo, necesaria. 

Sé puedes pensar “joder, Lauren; qué triste”. No obstante, y esto es algo que defiendo mucho en mi libro – no sé por qué siempre acaba apareciendo en nuestras cartas. Te prometo que no estoy intentando colar el mensaje subliminal –, pero en fin, que en ‘Silencio’ hago una distinción que me parece muy importante: el hecho de estar solo, no de sentirse solo. 

Puede parecer una tontería, pero no lo es. Porque una persona puede estar rodeada de personas que la quieren, puede ser la protagonista de una película de Navidad, y sentirse sola. Es un sentimiento que se experimenta mucho en las ciudades y existe una correlación con tendencias depresivas (como has podido comprobar, he hecho mis deberes). No obstante, no quiero ponerme técnica, porque sé que tienes mucho trabajo y te voy a aburrir. 

Mira, ¿quieres que te cuente un secreto? Mis primeros días en Madrid fueron maravillosos, hasta que llegaron los segundos. El efecto narcótico de la emoción se había pasado y me sentía muy sola. Sobre todo, porque algo que me ha enseñado Madrid es que soy una persona muy familiar, cosa que no sabía. Siempre me he considerado una persona muy independiente, que lo soy, pero por allá entonces no sabía que podías ser las dos cosas. Por lo que, como me sentía sola, comencé a salir, a hacer amigos, planes y a llenar mi calendario. Más o menos como ahora, pero de forma inconsciente.

A las semanas me di cuenta de que estaba viviendo una mentira, que no me apetecía hacer los planes que proponían, ni comer lo que se comía, ni ser la persona en la que me había convertido. Yo no he luchado tanto por encontrarme a mí misma para que en un par de meses me desviara de mi camino.

¿Y sabes lo que hice? Llorar. Mucho. Todos los días. Durante semanas. Casi meses. Me obligué a encerrarme y a salir a correr. Lo peor eran las noches. No sé qué es lo que tienen, pero te animan a hacer, pensar o decir cosas que durante el día son impensables. Poco a poco, comprendí qué era lo que quería: seguir siendo Lauren Izquierdo. En cuerpo y alma.

Aun así, hice la prueba de fuego: fui al cine sola. ¡Lo sé! Vaya locura, ¿eh? Para colmo, estaba lleno y fui víctima de miraditas de ‘Oh, Dios mío, ¿viene sola?’. Sin embargo, al salir, me sentía bien. Me gustó la película. Llamé a mamá para ver qué hacía. Tenía 18 años y estaba sola en la gran ciudad. Sin embargo, sabía que no estaba sola y tampoco me sentía así.

¿Qué te parece? Qué de historias tengo, ¿verdad? En fin, no quiero entretente más. Ya hablaremos cuando vuelvas. Dale recuerdos a la Sra. Claus. Y recuerda: no es lo mismo estar solo que sentirse solo. 

Recuerdos, 

Lauren Izquierdo. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s