Mirarnos a los ojos

20 de diciembre

Querido Santa:

¿Cómo van esos preparativos? Imagino que los elfos estarán extasiados (y súper estresados). No seas muy duro con ellos, anda. Y recuérdales que mediten antes de irse a la cama. Eso ayuda a controlar la ansiedad. Te lo dice una que es ansiática por naturaleza. 

¿Te has dado cuenta de que últimamente la sociedad no hace más que exigirnos cosas? Muchas de ellas sin sentido. Porque explícame por qué para ser dependienta en Zara te piden tres idiomas y nuestros políticos hacen el ridículo cada vez que salen del país. ¿Qué clase de incongruencia es esa? Santa, ¿te lo apuntas para el año que viene? Fuera cosas sin sentido. 

De todas maneras, todo esto hace que haga memoria sobre todo lo que he conseguido este año. Y no hablamos precisamente del inglés. Podrías echarme una mano con eso, también… Por pedir, que no sea. 

Pero es cierto que este año, los días han corrido más de la cuenta. Yo creo que quieren correr la San Silvestre y se han estado preparando. No te rías. Es verdad. Espero ser más consciente de los días de cara al año que viene. ¿Porque de qué sirve vivir si no tienes la sensación de estar viviendo?

Dicen que hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Claro que los periodistas vivimos al servicio de la comunidad y si tenemos que trabajar catorce horas al día (como una servidora), pues lo hacemos. Lo que sea para el buen periodismo. Para que luego nos tiren por tierra, o nos comparen con los de Sálvame, no sé qué es peor. 

Sin embargo, esta profesión también nos ha deja muy buen sabor de boca. Este año, gracias al ‘sobrenombre’ de Lauren Izquierdo e ido más al teatro que nunca. No sabría escoger qué obra me ha gustado más. Y lo mismo me ha pasado con los conciertos. He podido viajar sin moverme de Madrid, he podido vivir la vida de otras personas gracias a ellos. Gracias a los distintos géneros y canciones que esta ciudad nos proporciona.

La gente no aprecia las artes como debería, Santa. Puede que sea porque piensen que las pantallas de sus smartphone les pueden proporcionar algo mejor, aunque tampoco puedo quejarme demasiado – ya que, gracias a ellas llego a la audiencia, a ‘mi público’. En fin, es la pescadilla que se muerde la cola. 

El otro día estaba en una cafetería desayunando y comenzando con los correos del día – que sean las diez de la mañana y que ya tenga doscientos correos debería ser ilegal, ahí lo dejo – pero el caso es que entró una pareja muy mona, de estas del catálogo de Ikea, de esas de las películas de antena tres de las 16:00h que tanto odio. Llamaron tanto mi atención que decidí dejar a Fangoria (el único grupo, junto a La La Love You que es capaz de levantarme el ánimo por la mañana) y prestarles atención. No es ser cotilla, es sentir curiosidad. 

Recuerdo que pidieron dos cafés con leche, un cruasán con mermelada de fresa (yo soy más de la de melocotón) y una tostada con jamón. En cuanto Sara, la dueña de la panadería, les trajo el desayuno, dejaron de mirarse a la cara y no despegaron sus ojos de las pantallas de sus móviles hasta que terminaron de desayunar. Me quedé en shock, Santa. Estuve a punto de decirles que pararan. Me causó impotencia, rabia… ¿Sabes? Una vez me dijeron que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Y es verdad. Hoy en día – y esto es un dato real – siete de cada diez historias termina antes de lo que debería. ¿Dolerá así menos? 

Porque si no miras a alguien a la cara, es mucho más difícil quedarte con sus facciones, recordar sus lunares o de dónde tenía los hoyuelos. Cuando se marcharon, le pregunté a Sara si los conocía. Me contó que se habían casado hace un par de meses. Un par de meses. El inicio de una historia y ya se esquivaban. ¿Por qué hacemos eso? ¿Por qué nos preocupamos más de que los demás sepan dónde estamos y qué estamos haciendo en vez de centrarnos en quién está con nosotros? 

Me dio tanta rabia, que añadí un capítulo a ‘Silencio’ sobre el tema. Espero que compres mi novela y que se la regales a muchas personas el año que viene. Catorce de febrero. Save the date. 

Me apetecía compartir esta historia contigo. Porque creo que podría ayudar a muchas personas, sobre todo, por el la inconsciencia y el abandono empático que últimamente estamos sufriendo la especie humana. Cada día se puede aprender algo nuevo de esa persona que creías conocer. Es hora de poner a prueba esa teoría, ¿no?

En fin, no te entretengo más. Dale recuerdos a la Sra. Claus. Y Santa, lo vas a petar este año. 

Recuerdos 

Lauren Izquierdo.

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