Todo aquello que me ha hecho sentir un pelín más feliz esta semana

Volvemos a la carga con las cosas que hacen que la vida sea un poquito menos cruel. ¿Os cuento un secreto? Últimamente estoy trabajando tanto que pensaba que hoy iba a dormir un hora menos en vez de una hora más. Y como duermo cuatro horas, he entrado en cúnico… Claro que una de mis amigas me ha dicho “tía, que no”, y yo como vale, vale… Es cuestión de minutos, pero cómo se notan, qué queréis que os diga…

Ahora estaréis leyendo esto y yo estaré en un editorial para nuestro especial de Navidad… Posiblemente uno de mis chicos tenga mi móvil en su poder y esté haciendo tropecientas stories… Así que, ya podéis pasaros por Instagram, pero antes de nada… Me gustaría contaros qué me ha hecho sentir un pelín más feliz esta semana, porque tenemos mucho que celebrar.

Todo lo que me juraste, de Malva

No sé qué es lo que tienen estos niños (además de ser majos, monos y buenos en lo que hacen) pero su nuevo single es lo más y después de la entrevista que les hice (la cual podéis leer aquí), no puedo evitar no seguirles la pista.

El Hotel Mayorazgo

Y su tarta de queso. O su propuesta gastronómica. O su decoración. Vamos, todo. En HOY Magazine os cuento todo lo que tenéis que saber (pincha aquí), pero alerta spoiler, la tarta de queso que sabe a queso es un must. Tienes que probarla.

Mi vuelta a Talla Treinta y Ocho moda

Porque me habéis recibido con los brazos abiertos. Sabemos que Mamen tiene un talento inigualable (y quien diga lo contrario, miente), pero el regreso ha sido mejor de lo que me esperaba. Así que gracias, sois monísimos.

La fiesta de Dulceida

Fue divertida a rabiar. Lo mejor es que estaba con amigos y que había vino, jamón, queso y tarta. Supuso una forma muy bonita de celebrar los 30 de Aida, al mismo tiempo que estrenaba colaboración con Primark. Además, fue en el restaurante Hielo y Carbón (Gran Vía, 31), que es un sitio que me encanta – y donde hacen una tarta de queso alucinante.

La inauguración de La Lianta+La que se lía Madrid

Si no sabes por dónde salir, yo te digo dónde. En La Lianta+La que se lía Madrid (María De Molina, 37). Yo fui con Mamen y, además de beber más vino y comer más queso y jamón, fue una noche alucinante en una propuesta obrera maravillosa con actuaciones en directo como la de Paula Matthew y Pol 3.14.

La Alfombra de la exposición de Game of Tones

Mi primera alfombra, y como siempre, el talento de Mamen Búa tras la cámara. Tener a los actores de Juego de Tronos y a la mujer que ha confeccionado todos los trajes de la serie, fue un auténtico privilegio. El cóctel de después…. Vino, jamón y queso… ¿Os suena?

Entrevista a La La Love You

¿Queréis saber cómo los conocí? Pues no, no fue por Amaia, fue gracias a una tarde gris de oficina. Una de sus canciones me saltó en Spotify y tuvo en mí el mismo efecto que Mama Mia! Pronto, en hoymagazine.es.

Concierto de La La Love You

No podía entrevistarlos y no ir a verlos. Son geniales, tienen ritmo y sus canciones son lo más de lo más. Eso sí… Vaya clavada nos metieron por un par de cervezas. Todo hay que decirlo.

Entrevista a Bertt Que y Simón Salinas

Han sido nuestro descubrimiento de esta semana y hasta aquí puedo llegar… Porque lo podréis ver muy pronto.

Mamen

Al final, las personas que son afines, se acaban encontrando. Mamen y yo lo hemos hecho. Trabajamos toooooodoooos los días codo con codo y, en cuestión de poco, nos hemos unido mucho. Es una gran amiga y confidente (y también le encanta el vino, el jamón y el queso). Por eso hemos llegado al punto de que, si no la veo un día, la hecho de menos.

Mis padres

Se lo debo todo . Ya hace un par de semanas que no los veo, pero soy incapaz de pasar un día sin hablar con ellos. Necesito decirles que les quiero y que ellos me lo digan a mí. La vida es más bonita (y llevadera) así. Llamadme loca.

Savage On City

Dicen que septiembre es el mes de los urbanitos (y lo es). Pero, a pesar de que yo regresé con fuerza, no lo hice en el terreno fashion. Sin embargo, ahora que mi vida comienza a encauzarse de nuevo, ahora que está todo en orden y más o menos en su sitio, tengo que deciros una cosa… I’m back, bitches.

Sabéis que mi vida es un pelín locurita: La Moda en las Calles por un lado, HOY Magazine por otro, ahora Mine, la Universidad… Y todo ello con denuncias y escapadas a mi casa de por medio. Con todo este ajetreo, (que por otra parte me encanta, he de decir; si no, solo tenéis que ver mi Instagram) me ha costado encontrar un hueco para decir: venga, vamos a hacer un post de moda. Algo de esa talla treinta y ocho reivindicativa que hace mucho que no hago y que de alguna forma fue el inicio de todo. Y con ayuda de Mamen Búa, mi fotógrafa, amiga y confidente, lo hemos conseguido. Así que, os presento Savage On City.

© Mamen Búa.

¿Y a dónde vas así?, os preguntaréis. La respuesta es muy fácil: a cualquier sitio. En mi caso, yo decidí acudir así a un encuentro privado del grupo Malva, a quienes hace muy poco entrevisté (os dejo la entrevista por aquí), pero las opciones son diversas y tan variadas como quieras.

No obstante, puede que las prendas a simple vista y sin mezclarlas puedan parecer demasié, pero no lo son. Todo está bien equilibrado. Es una armonía: unas bermudas de animal print, un top lencero (que os voy a matar, pero es mi camiseta del pijama), una chaqueta de purpurina verde, un abrigo de piel de dálmata sintético y unos botines de charol. ¿El secreto? Creérselo, como todo en esta vida.

© Mamen Búa.

Así que, dejo que lo disfruten. Que canten, bailen, se desgalliten y me sigan la pista en Instagram, porque esta semana viene cargada de maravillas que estoy deseando contaros. PD: el cigarro es postureo fotográfico. Mamá, principalmente esto va por ti.

Sed felices…. ¡Y pasad buena semana!

XOXO!

© Mamen Búa.

Estilismo:

Vestido de purpurina, de Zara (c.p.v.).

Camisa lencera, de Intimissimi (49,99 €).

Bermudas de estampado print de leopardo, de Zara (c.p.v.).

Abrigo de pelo sintético, de C&A (c.p.v.).

Bolso de tachuelas, de El Baúl de la Marquesa (c.p.v.).

Medias de Intimissimi (15,95 €).

Pendientes de hojas, de Luxenter (62,75 €).

Botines de charol, de Valentina Zapaterías (c.p.v.).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo.
  • Fotografía: Mamen Búa.
  • Maquillaje: Nyx Professional y Sephora.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Madrid

Gallery:

Si yo fuera Mía: Capítulo 2

Yo soy María

— ¿No te das cuenta? Eres tú a la que quiero. No puedo vivir sin ti, yo…
— María, déjate ya el Netflix – mi madre acababa de llegar a mi cuarto. Sin llamar. Otra vez.
— Joder, mamá; me has estropeado el final de la peli.
— Pero si siempre es lo mismo: chico conoce a chica, se enamoran, se engañan y luego se casan.
— Y son felices para siempre – le dije.
— No, y son felices hasta que acaba la peli – me miró de reojo.
— Touché – no quería rebatirle.
— ¿Has limpiado los baños? – me preguntó mientras estiraba la colcha.
— Sí. Hace una hora.
— ¿Todos?
— Sí, mamá – resoplé.
— ¿Tienes deberes?
— Voy a la universidad, no tengo deberes – espeté.
— Entonces, ponte a estudiar.
— No hay nada que estudiar. Hoy ha sido el primer día – insistí. Estaba esforzándome por no estallar. Pero mi madre era desesperante.
— Seguro que hay algo.
— Los horarios – bufé.
— Ya sabes que…
— Lo sé, mamá – la corté-. Pero no hace falta que me lo repitas seis veces al día.
— Vale, perdona – me cogió por los hombros-. Voy a hacer la comida. ¿Tienes hambre?
— Siempre tengo hambre – espeté.
— Lo sé, ni que no te diera de comer… – dejó caer-. Ahora te aviso.
— Mamá.
— Dime.
— ¿Qué hay para comer?
— Macarrones con queso – sonrió.
— ¡Bien! – aplaudí. Es mi comida favorita.
— Te vas a poner como una foca – volvió a dirigirse hacia la puerta.
— Mamá.
— ¿Qué?
— Te quiero.
— Y yo – y cerró la puerta.

Volví a darle al play, pero retrocedí 20 segundos.

— ¿No te das cuenta? Eres tú a la que quiero. No puedo vivir sin ti, yo… Te quiero.
— Carlos…
— Cásate conmigo.

La pantalla se oscureció y al son de una balada romántica, tres letras anunciaron su fin. Qué bonita. Qué mágica. Qué romántica.

Me llamo María Saavedra. Tengo dieciocho años recién cumplidos. Soy cabezota, y Tauro. ¿Qué le vamos a hacer? Estudio y vivo en Madrid con mi madre. Vivimos en una mansión a las afueras de la ciudad, en un barrio muy rico al que apodan la Moraleja. Pero no es nuestra casa. Es más, vivimos aquí porque los Falcó (que no son quién pensáis) la compraron hace tres años. Nosotras nos encargamos de parte del mantenimiento de la finca. Así que, sí; somos las encargadas de que los baños huelan a a pino y de que los sumideros traguen el agua de las duchas. No sabéis la de mierda que se acumula ahí. De verdad. Pero, a cambio de todo eso, dejan que hagamos nuestra vida bajo su techo; y no solo eso, sino que me han pagado la universidad. Estoy estudiando derecho en la Universidad Antonio de Nebrija. Lo sé. Podría haber ido a una universidad pública, esto no es Estados Unidos, pero insistieron. No tienen hijos y mi madre dice que hubiera estado feo rechazar un regalo como ese.

Mi mayor sueño es convertirme en abogada y especializarme en casos de violencia de género. Sé que valgo para ello, y sé que valgo porque no hay mayor poder de convicción y de hacer que la verdadera vocación. Voy a por ello. Y voy a conseguirlo. Me cueste lo que me cueste.

Como habéis podido comprobar, me encantan los macarrones con queso. Quizás es algo básico, pero no he probado ninguna pasta con polvorone como la de mi madre. Como en casa no se come en ningún sitio.

Me encanta pasarme las tardes viendo películas y series. Mi favorita es ‘Suits’ y ‘How to get away with murder?’ Era fácil de adivinar. Aunque la verdad es que siempre lloro con el final de ‘Glee’, es la única serie que he visto más de dos veces. Concretamente, siete. No obstante, también soy algo snob, porque para escribir, leer o estudiar me encanta encender una vela con olor a vainilla y canela y escuchar música clásica, como ‘Nocturne en mi bémol majeur opus 9 n2: Ballade en Sol Mineur No.1’, de Chopin. Y cuando llega la época navideña, paso los domingos con mi madre viendo películas de magia blanca, aunque ya hace tres años que la Navidad es algo más amarga, como el chocolate negro. La disfrutas, pero ya no tanto como antes.

Pero son cosas que pasan. Y más cuando la realidad es que ambas tenemos suerte de estar vivas.

Si yo fuera Mía: Capítulo 1

Yo soy Mía

No es cinismo, y mucho menos autocompasión. Vuelvo a decir que sé que soy una privilegiada. Pero es difícil ser como Mía. Es muy difícil ser como yo.  ¿Nunca habéis deseado ser otra persona? ¿Nunca habéis deseado cambiaros por alguien a lo ‘Cambio de princesa’ o ‘ Tú a Londres y yo a California’? Es curioso. Porque yo quise hacerlo; de hecho, lo hice, y ahora me gustaría volver a hacerlo. Supongo que es algo que va incrustado dentro de la anatomía del ser humano. Siempre queremos más y nunca nos conformamos. Es algo que también nos pasa a los inconformistas. Pero somos de la generación Z, ¿qué más puede justificarnos?

Mía puede ser un nombre algo pedante. ¿Os suena pedante? Me apuesto un McQueen a que sí. Pero es lo que hay. Además, es un nombre corto que suele gustar a todo el mundo. A los chicos les encanta. ‘Eres mía, Mía‘; les pone muchísimo, os lo aseguro. Aunque he de decir que a mi novia también le vuelve loca. Que te susurren eso mientras utilizan el succionador de clítoris contigo es increíble. Probadlo. En serio.

Ahora estoy viviendo en Madrid, aunque para ser exactos, paso un 60% de mi vida en trenes, barcos y aviones. Viajo muchísimo. Soy influencer y ecoactivista. Sé lo que estáis pensando y sí, conozco a Greta Thunberg. Es más, quedamos de vez en cuando para tomar el té y comer pastel, eso sí, vegano. No consumo nada que no lleve la etiqueta verde. La revolución ha llegado. Nos estamos cargando el planeta y no, no es ninguna tontería.

En mi cuenta de Instagram, @ifyouweremia, os hablo de datos, leyes y posibles soluciones para luchar a favor del medioambiente. Bueno, y para seros sincera, también cuelgo fotos mías haciendo yoga, con Clara (mi novia) y con mis mejores amigas, Rosalía y Beyoncé. Son la caña. ¿Habéis ido alguna vez a un cabaret con las reinas del Coachella? Es lo más.

Sé lo que me vais a decir. ¿Greta Thunberg, Rosalía y Beyoncé? Pero sí, es una true story. Si no me creéis, entrad en mi Instagram, y seguidme, claro. Tengo 10 millones de seguidores. Supero a Ester Expósito y Danna Paola. ¿Sabéis quién son? Bueno, tampoco os perdéis nada.

También he salido en los Fashion Vogue Drama, he cocinado una paella para C. Tangana y le hecho una entrevista a Michel Obama. Una mujer con muchas cosas que contar, la verdad. Algún día me la hará ella a mí, estoy segura. Congeniamos bastante bien. Espero pasar las navidades en La Casa Blanca, aunque si no, me iré con Oprah. Beyoncé estará ocupada con sus niños y no puedo irme con Rosalía… Las cosas para los que no somos catalanes están mu mal, mu mal.

Pero insisto, no os dejéis llevar por las apariencias, engañan. Vuelvo a repetir, es muy difícil ser como yo, pero Rocío, mi manager (que no es la de Rosalía), dice que todo el mundo quiere ser como Mía. Por cierto, tengo apellido, pero no os voy a decir cuál es. No quiero acabar con el misterio tan pronto. Es posible que os preguntéis si mi vida ha sido siempre así. Soy rica, famosa y ecoactivista, pero no lo he sido siempre. Lo cierto es que he concedido varias entrevistas contando mi historia, aunque francamente os recomiendo que sigáis leyendo. Leerlo en primera persona siempre será mejor que hacerlo por medio de un periodista de pacotilla que ha tergiversado tus palabras. Y estáis en lo cierto: como os imaginaréis, odio esa revista

Si yo fuera Mía: Sinopsis

María es una chica con muchos sueños que cumplir. El mayor de ellos es ser abogada de casos contra la violencia de género. Vive en el norte de Madrid, en la casa de una familia muy rica. Aunque no es su hija, sino la de la limpiadora. 

Su comida favorita son los macarrones con queso y su hobbie es disfrutar de una buena sesión de Netflix. A veces, cuando está sola, llora con el final de Glee. No le van las relaciones, pero se casaría con Ryan Gosling. ¿Quién no?

Mía es una influencer ecoactivista que vive en el centro de Madrid. Sus mejores amigas son Rosalía y Beyoncé, aunque de vez en cuando toma el té y un trozo de tarta (vegana, eso sí) con Greta Thunberg. Se pasa el 60% de su vida en trenes, barcos y aviones. Le encanta su vida, pero a veces… A veces desearía que ese periodista de la revista que tanto odia no hubiera tergiversado sus palabras.

“Nada es permanente. Ni lo que eres, ni lo que tienes, ni lo que crees que te romperá para siempre”.

Cómo hacer un match y no morir en el intento

No os preocupéis, hasta hace exactamente seis días yo tampoco sabía lo que era hacer un match. Es lo que tiene vivir el amor en tiempos de Instagram.

El caso es que desde la fiesta de los Vogue, esa fiesta en la que os hablé de narcisismo, hipocresía, superficialidad y cinismo; unos amigos me hablaron de hacer un match. No estábamos muy cuerdos, para qué os voy a engañar, pero empecé a replanteármelo.

El viernes fue un día horrible: me timaron en la peluquería, me suspendieron un festival de cine cuando me estaban haciendo las ondas porque los chinos no se organizaban, fui a hacerme fotos para no desaprovechar el timo de la peluquería pero las sandalias de la mañana, de mimbre y ortopédicas, muy a lo Agatha Ruiz de la Prada en el desfile de esta pasada edición, me habían hecho heridas y entonces los zapatos que llevaba en ese momento me hacían daño… El caso es que ya estaba hasta la mismísima patatona e invité a mi amiga a tomar una copa de champán a casa. Sí, estás leyendo bien, una copa de champán. También tenía cerveza, pero tras el día que llevaba necesitaba algo tan snob que me hiciera sentir todavía peor, porque cuando estás depre, además de estar depre, te vuelves algo masoquista. En fin, continúo: estábamos mi amiga, yo, mi terraza, Madrid y una botella de champán que le regalaron a mi compañera de piso por Navidad en la cesta del trabajo, y comenzamos a hablar de la vida: escasez de tiempo, mil cosas que hacer, universidad, trabajo, autoexigencia, perfeccionismo, Madrid y ese sentimiento de vacío que te deja una ciudad como esta, porque no sé si lo habréis notado u os ha pasado, que no es por joder, me caéis bien, pero espero que sí; Madrid tiene no sé cuántos miles de residentes, es una ciudad inmensa, con una cantidad ingente de personas, tanto que llevamos 80 años con la ampliación de las calles de Gran Vía, y el convivir en una ciudad así, hace que muchas veces te sientas sola. ¿Te has agobiado? Bien, esto acaba de empezar, así que sigue leyendo.

No recuerdo muy bien cómo terminó la noche, pero a la mañana siguiente tenía a mi amiga durmiendo en mi sofá, yo me acababa de despertar en el otro y tenía una app nueva en el móvil: Tinder.

“Sí, Tinder. Alto el fuego, no me juzgues. Iba a desinstalármela pero le prometí a mis amigos que la probaría durante una semana. Solo una semana, y entonces… Entonce empezó la fiesta”

Decidí hacer un estudio sociológico sobre el tema. Ya que iba a durar siete días, sacaría algo de todo esto, lo haría bien, y me lo tomaría en serio. Lo primero que debes hacer cuando decides hacerte un perfil en Tinder es poner seis fotos que te describan. Yo fui a galería, quise seleccionar una de ellas, pero mi amiga me detuvo y me explicó que eso no era una foto Tinder. Lo sé, yo me quedé igual. Hay fotos tipo Tinder. Existen las fotos tipo Tinder. Seis fotos: la adorable, la sexy, la divertida, la estúpida, la artística y la estándar. Eh, y ojo; que debes seguir este mismo orden. ¿Cómo te quedas? Yo como el tartán, más a cuadros y paso por escocesa. El siguiente paso es, posiblemente, lo más difícil: escribir una biografía... La mía fue:

Soy mujer de muchas palabras pero también de muchos misterios. (Uy, no; borra. Bebe champán). Soy una mujer a la que le gustan… (borrar. Rellena la copa de champán). Las palabra son mis amigas, pero….(¿En serio, Lauren? Bebe champán). El silencio es… (Sí, ya, ya, ya; borrar. Me conozco el argumento). A medida que mi biografía descendía también lo hacía mi botella. ¿Sabéis que hice? No poner biografía. Quien quisiera algo, que preguntara. Hala. ¿No quería misterios? ¿No era misteriosa? Pues toma, dos copas…(o mejor dos botellas).

“Una vez resuelto el drama, o más bien no, la realidad te acorrala, te sacude, te golpea y te deja inconsciente. ¿Que por qué? Porque te das cuenta de que todo el mundo está en Tinder”

No, no; en serio. Todo el mundo está en Tinder. Tinder es el nuevo romance. Si Nicholas Sparks escribiera una nueva novela, estoy segura de que se dejaría de tantas Noches de tormenta y tanto diario de Noa y desarrollaría la historia en Tinder. Tinder es el nuevo Shakespeare. En Tinder está todo el mundo, desde perfiles públicos como puede ser el Dante Caro hasta mi personal trainer, todo ello pasando por gente de mi universidad, gente que se parece a Bradley Cooper y gente que pone imágenes de Bradley Cooper. En Tinder estamos todos.

Y en Tinder encuentras perfiles de todo tipo, pero ojo, no os emocionéis dándole al no, que es adictivo, avisados quedáis. Se empieza con unos cuantos noes y, de repente, te sale un chico como Gonzalo, no te das cuenta, le das a no, intentas volver hacia atrás y te das cuenta que no se puede. El amor de tu vida ha desaparecido para siempre. Días después vuelves a ver perfiles que ya te habían salido, pero Gonzalo no aparece. (Gonzalo, búscame. Sé que teníamos futuro).

Volvamos a los chicos de Tinder.

De todo tipo: están los chuloplaya, esos que solo aparecen sin camiseta para que te quede claro lo buenos que están; los surferos, los cuales tienen el pelo más bonito y más brillante que tú (podríamos decir que son los chuloplaya en versión más chavacana); y los deportistas, esos que en todas sus fotos aparecen haciendo deporte, y solo de mirar lo activos que parecen, te cansas y ya no te apetece ir al gimnasio, tranquila, es normal, nos ha pasado a todas, no estás sola… Luego están los que aparecen con animales y con niños, esto es para mostrarte lo cucos que pueden llegar a ser, que también tienen corazón y que son tiernos, claro que si no te gustan los niños como a mí, han fracasado. Nunca os fiéis de un chico que aparezca en todas sus fotos con gafas de sol. La mirada de una persona dice mucho, y en la mayoría de los casos, cuando se quitan las gafas de sol, el mito se cae. Y por último están los que salen fumándose un porro o con una chica, entonces les preguntas por ella y te dicen que es su ex novia. Te quedas flipando, deshaces el match y asunto arreglado. De los perfiles con fotos de Will Smith, Nietzsche o Bradley Cooper, mejor ni hablamos.

“Están los chuloplaya, los surferos, los deportistas, los que salen con animales y niños, los que aparecen fumando porros o con su ex novia, los randoms y fakes”

Pero eso es solo el físico. La parte más divertida comienza cuando te empiezan hablar. Está el tímido que empieza con un hola, ¿qué tal?, generalmente estos son majos, hasta que te preguntan que qué buscas en Tinder, y no lo sabes, no sabes qué responder, te agobias y/o no le contestas o deshaces el match; el ansioso, que solo por haberle dicho ‘hola’ quiere quedar contigo (a tomar una cerve, además. ¿Y si no te gusta la cerveza?); luego están los que pasan del hola y te pides que vayas a su casa para que os acostéis, yo los llamo los APAM (aquí te pillo, aquí te mato) suelen ser muy directos; también están los amebas, demasiados insulsos a nivel comunicativo e intelectual; aunque los que en otra vida fueron Paulo Cohelo tampoco se escapan: me encantaría perderme en tu mirada; tu sonrisa es preciosa, su sonido deber ser un deleite; eres la mujer que se aparecería en mis sueños… Pero ojo, también podéis encontrar gente maja e inteligente, o gente que quiera hacer un trío. En Tinder hay de todo.

¿Y cuál es el motivo por el cual deberíais haceros Tinder? Bueno, en mi opinión es perfecto para el inicio de una ruptura, para que se te suba el ego, por necesidades humanas, porque tus amigos estén cansados de que le des el coñazo con lo sola que estás, por curiosidad, aunque la curiosidad mató al gato, o por estudios sociológicos como el mío. Sea como fuere, opino que todo el mundo debería probarlo alguna vez, aunque sinceramente, después de 7 días, 239 matches, 53 desmatches y 35 conversaciones, debo confesaros una realidad: vivimos el amor en tiempos de Instagram. Lo que quiere decir que Tinder solo sirve para ahorrarte el mal rato de decirle a una persona que no quieres nada porque no te pone, o porque te parece un cardo. Luego, si les has molado, o si no te quieren para un polvo y ya está, te piden el Instagram. Así que, nunca hagáis caso a la opción de enlazar vuestra cuenta, si no… Se pierde la poca magia que hay.

“Después de 7 días, 239 matches, 53 desmatches y 35 conversaciones, debo informaros que me he borrado la cuenta y desinstalado la aplicación. No estoy hecha para Tinder”

Y una última cosa: mamá, sé que tarde o temprano leerás esto, y sé que puede que ahora mismo estés pensando que tu hija está como una puta cabra, pero también sé que te habrás reído y que haga lo que haga siempre estarás orgullosa de mí. Eso sí, te pediría que si alguna vez tengo hijos, jamás les cuentes que una vez su madre hizo algo como esto. Nunca volverían a tomarme en serio.

Lauren Izquierdo