8 anécdotas random del Arenal Sound

Los viajes son lo que tienen. Cuantas más personas, más cosas pueden pasar, más recuerdos se pueden almacenar y más historias se pueden contar.

Esta ocasión hay ocho anécdotas que han marcado (¡y de qué manera!) mi primera vez en el festival Arenal Sound. Mis historias (famosas en algunos lares) se han multiplicado con anécdotas a lo… “Es que esto sólo te pasa a ti, Lauren”.

El alojamiento

Teníamos claro que no nos íbamos a alojar en el camping. Muchos lo creen una condena, una manera de sobrevivir. Porque seamos claros… Las condiciones del camping de Burriana no destacan por ser las mejores. Y no podíamos ir al Glamping porque no somos (ni soy) Influencer, y estas podrían verse ofendidas.

El caso es que habíamos reservado en un hotel de dos estrellas, que la cartera no está para derroches. Durante el camino, íbamos bromeando sobre el tema. No teníamos wifi, pero teníamos ducha y aire acondicionado. Algo es algo.

Lo que nadie se esperaba, era que después de bromear con “no chicos, si en realidad estamos en el Palace…” nos iban a trasladar ahí. Eso es. No. No es una broma.

Al llegar allí, nos dijeron que por el mismo precio, nos habían pasado al Palace. Así que, pasamos de no tener wifi a tener spa, piscina, bañera de hidromasaje, sauna, gym y wifi. Y no, no nos vamos a quejar.

La piscina con Donpa

Ya habíamos llegado, deshecho las maletas y flipado un poco. Así que, era hora de meternos en la pisci. Climatizada y de dos metros (vamos que yo tenía complejo koala todo el rato), pero a caballo regalado no le mires el diente.

Y estando ahí, se metió un señor. Soy periodista de moda y el mundo farándula/famoseo no lo controlo mucho. Al salir, me di cuenta (más bien me lo dijeron) que era Don Patricio. Sí, señoras y señores, el rey de ‘Contando lunares’ y ‘Enchochado de ti’ estaba en nuestro hotel, en la piscina y con nosotras.

El epicentro de la purpurina

Claramente tenía que ser en mi habitación. No por nada, sino porque era la más grande. Así que, desde las 5 de la tarde hasta las 8, Lauren abría el chiringuito e iban pasando una a una. Íbamos monísimas y llenas de brilli brilli. A la limpiadora no le hizo mucha gracia. Y nosotras acabamos con purpurina hasta no sabéis dónde.

El misterioso rubio

Yo desayunaba reglamentariamente todos los días. El desayuno no entraba. Lo hacía el spa, la piscina, el Gym y la bañera de hidromasaje, pero el desayuno no. Cosas de famosos y de la jet set, ¿qué queréis que os diga? Pero para mí, el desayuno es la comida más importante del día, y si hay que pagar, se paga.

Era súper variado, había de todo (¡y más!). Y un día vino un rubio monísimo, todo hay que decirlo, y se sentó conmigo a desayunar. Muy majo, he de decir. Pero yo me terminé mis cuatro cafés y me subí. Volvimos a coincidir en el ascensor y luego en la pisci; y en uno de nuestros encuentros, vi que dos limpiadoras comenzaron a correr (literalmente estaban corriendo) y a lanzar gritos agudos detrás del rubio. Yo no sé quién sería, pero algo me dice que era famoso. Eso sí, un famoso muy majo.

Una Lola muy ‘ausente’

Los conciertos fueron increíbles. Mi top tres lo encarnan Fangoria, C. Tangana y Morat; pero tenía muchas ganas de ver a Carolina Durante, Arnau Griso y sí, Lola Índigo. ¿Pero qué le pasaba a la Índigo? Porque estaba muy ausente. Y descoordinada. Cada uno que saque sus propias conclusiones.

El sol de Burriana

Ana se torció el tobillo el primer día y yo soy una desgraciada (y un poco gafe) así que algo me tenía que pasar. Uno de los días fuimos a la playa y por mucho que me eché protección, de esa que parece yeso; me quemé. Y no cualquier parte, claro, sino el culo. Muy gracioso para sentarme, menos mal que cuando bebes, el mundo se convierte en otra historia.

De after con Tangana

Ya el último día, Lu y yo tomábamos café, intentado no potar y recuperando algo de cordura. Un hombre nos interrumpió para preguntarnos de qué hablábamos. No era ningún misterio y tras un par de minutos, nos preguntó si nos apetecía irnos con C. Tangana, Ayax y Prok, y Natos y Waor, de after. Eran las 12 del mediodía, pero ellos seguían de fiesta. Les dijimos que no, pero la anécdota vale la pena.

Las alucinaciones de Tangana

Después de decirle que no al director creativo del directo, Tangana bajó. Yo recibí una llamada y fui a ver quién era y qué quería. Después de un par de gritos, colgué, y Tangana estaba delante. Me miró como si hubiera visto a un alíen. Supongo que ver a una chica de metro y medio con una falda de purpurina, una camisa de margaritas y un saddle bag, gritando por el móvil que X había cantado como el culo y que lo destripara si hacía falta, lo dejó en estado alucinógeno. Pero su concierto me encantó. Así que puede estar tranquilo.

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