Así es mi nuevo look gracias a Yolanda Alonso

Encontrar una peluquería es muy difícil cuando te mudas de ciudad. No, en serio; es una de las cosas más difíciles a las que te enfrentas. Porque cuando encuentras un peluquero que corta los dos dedos que dijo que iba a cortar, no lo sueltas.

Y ayer, Yolanda Alonso y su equipo me puso a prueba. “¿Confías en mí?” Cuando preguntas eso, hay que llevar cuidado, porque la confianza es algo que cuesta mucho conseguir, pero muy poco perder. No obstante, se la ganó y cumplió su palabra.

Además, me hicieron un tratamiento de hidratación que salvó mi cabello. Le dio luz, vida y mucho brillo. Con tanta fiesta, shootings, eventos y demás, tenía el pelo muy castigado. Pero gracias a la línea Montobello y a la profesionalidad de Yolanda y su equipo, eso no fue problema alguno.

En primer lugar, me lavaron el cabello con un champú efecto calmante. ¡Mi cuero cabelludo necesitaba vacaciones! Después, me aplicaron una ampolla para fortificar el cabello y detener su rotura. Vamos, un producto todoterreno. Entonces, ¡llegó la hora del secador! Y mirad qué mona estaba…

Otra cosa no, pero natural soy un rato.

Aclarar y lista para otro asalto. Claro que… Yolanda no me iba a dejar marchar sin dejarme una melena impresionante digna de una alfombra roja. Así que, con el secador en una mano y el rulo en otra, se hizo la magia. Soy muy fan de ‘Grease’, creo que es uno de esos clásicos que nunca pasarán de moda. Y aquí me recuerdo mucho a Sandy en ‘Summer Nights’.

Tras unos minutos, mi melena hollywoodiense estaba lista para cualquier batalla. ¡Muy contenta!

Yolanda Peluqueros

Podrás encontrarla en: Calle Isabel de Patacón, 2. Madrid.

Horario: De lunes a sábado de 9:30h a 20:00h.

Teléfono: 910 16 50 27

Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Codicia (IV)

La fiesta ha terminado. ¿Qué queréis que os diga? Me encantan esas cosas. En ellas se pueden ver muchas cosas, aunque también aprender.

Lo primero que aprendes es que los famosos son personas. Yo nunca he tenido dudas, aunque tampoco pruebas. Y cuando los conoces en un ambiente ‘relajado’ en el que (muchas veces) echan la pota, y se sienten lo suficientemente cómodos como para ser ellos mismos, despiertan en ti sentimientos que olvidamos muchas veces: como la empatía.

El DJ se está despidiendo. Todavía nos queda media hora. Miro a mis amigos. Sonreímos cómplices. Vamos a por otra. La última, nos prometemos. Nos cruzamos con dos actores de Élite, y nos saludan porque nos llevamos viendo toda la semana. Les devolvemos el saludo y nos acercamos a la barra.

Champán, whisky, vodka, un roncola y un gin tonic. Os dejo adivinar cuál es mi bebida. Suena A quién le importa; y me encantaría que estuviera mi amiga Ana. Es nuestra canción. Le mando un vídeo y guardo el móvil.

Sin saber muy bien cómo, mis amigos y yo nos dejamos embaucar por un tema a debatir: la codicia.

© Sergardamo.

Todo el mundo ansía tener más, porque eso es lo bueno del inconformismo, que no existen los límites. Siempre podemos mejorar. Sin embargo, y a pesar de lo contradictorio que resulta, querer más está mal visto. La gran mayoría de nosotros nos hemos criado en un ambiente en el que ‘hay que conformarse con lo que hay’. Los inconformistas son los artistas y esos ‘soñadores que tienen muchos pájaros en la cabeza’.

Querer más casi siempre va relacionado con el dinero, la fama y el estatus. Y ‘el dinero es muy avaricioso’. El lujo está mal visto, pero todos pensamos que ‘el dinero no da la felicidad, pero ayuda’. Qué cínicos resultamos a veces.

© Sergardamo.

Una de mis amigas propone un brindis: ¡Por querer más!; grita. Varios ojos curiosos nos observan. Una cantante (bastante famosa, he de decir) nos mira sonriente y nos alza la copa. Está de nuestra parte. Le guiño el ojo. Hace diez minutos hemos bailado Con altura juntas.

Recuerdo una conversación con una buena amiga guionista y actriz. Fue hace un par de semanas, en uno de los garitos de Madrid. Estábamos hablando de nuestras cosas y entraron Los Javis. Se les acercó alguna friki fan y se hicieron un par de fotos. Y lo comentamos. La gente quiere ser famoso. Para muchos, es su mayor aspiración en la vida. Es el sueño de muchos niños. Lo que nadie les ha dicho a estos niños es que la fama es un lugar vacío.

© Sergardamo.

Lo que me obligó a reflexionar y a evadirme de los debates acalorados de mis amigos. Llegué a una conclusión – un tanto obvia, la verdad–. Los famosos, estos personajes que idolatramos, simplemente son personas que no se han dejado guiar por el rebaño, que han creído en ellos mismos, en ‘sus talentos’; y que han decidido enfrentarse a una sociedad (la mayoría de veces, cruel y vil) para lograr aquello que querían conseguir.

Y eso me parece maravilloso.

Porque sí que habrá alguno que solo quiera poder, dinero, fama y estatus; pero generalmente, ‘querer más’ es lo que hay que hacer.

© Sergardamo.

El DJ se ha bajado del escenario. Mis amigos siguen debatiendo, aunque ya han dejado el tema de la codicia a un lado. El fervor lo dejamos para nuestros artículos. Pero somos incapaces de quedarnos en silencio. Siempre tenemos algo que decir. Puede que por eso siempre queramos más. Qué viva el inconformismo.

Los camareros han empezado a recoger. Es hora de marcharnos. Nos despedimos de los pocos valientes que han podido sobrevivir hasta el final de la fiesta.

Y antes de encaminarme hacia el Caby, miro el local… Abrimos y cerramos todas las fiestas. Por eso nos conoce todo el mundo, además de por nuestra ambición.

Porque aunque los niveles son distintos, todos coincidimos en una cosa: los jóvenes queremos más.

© Sergardamo.

Estilismo:

Top de satén, de Asos (33,99 €).

Falda de lentejuelas, de Asos (84,99 €).

Sandalias de colores, de Stradivarius (29,95 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: Sergio García del Amo.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Planetario de Madrid.

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Los 7 pecados capitales de la MBFW Madrid: Vanidad (III)

Roma recorre sus calles estrechas. Siempre me ha gustado Italia. Venecia, Florencia, Milán, Nápoles, Cerdeña… ¿Mi favorita? Sicilia. Aunque… ¿Quién puede resistirse a Roma si todos los caminos te llevan hasta ella?

La fashion week de Madrid ha llegado. Es una mañana calurosa, como cualquier otro día del mes de julio. No me sorprenden ni me incomodan las altas temperaturas. Nunca lo han hecho, puede que sea porque soy del sur.

Siempre he dicho que el calor de Madrid es más cómodo que el del Mediterráneo. Los madrileños siempre se enfadan. Nunca he entendido muy bien por qué. No tienen razón, pueden enfurruñarse todo lo que quieran. El calor del litoral es pegajoso y húmedo. No hablamos de cuál es más insoportable, hablamos de comodidad, y quien se haya bañado en nuestras playas, sabrá que el agua parece caldo y que cuando sales de la ducha, ya estás sudando.

Los fotógrafos ya guardan el tipo en la puerta. Son profesionales del mundo de la comunicación. Me sorprende su talento y su ojo para el estilo. Deciden qué y quién es arte, quién tiene buen gusto y o quién es santo de su devoción. Eso lo hacen los buenos, claro. Otros solo fotografían los estilismos– outfits para los millennials– más raros. Me piden un par de fotos. Roma estaría orgullosa de mí. Sonrió, aunque no demasiado. Solo son las 10 de la mañana.

© Sparksphoto.

Me introduzco en la plantilla. No se cuántos cafés llevo ya, pero necesito otro. La cafeína es mi droga. Podría ser peor. La sala de prensa comienza a llenarse de compañeros que tratan– o pretenden– adelantar algo de trabajo. Y digo lo de pretenden porque la cafetería es una zona peligrosa. Todos somos muy majos– salvaguardando alguna que otra petarda– y enzarzarte en una conversación de más de una hora es tentador, pero sobre todo muy fácil.

Reviso la agenda y el correo. Algunos de los redactores tienen problemas. Me gusta esto de delegar y de tener algo de control: algunos lo llaman vanidad. Es un pecado capital. Pero yo no soy creyente. Al menos, no de esa manera.

© Sparksphoto.

Los desfiles van a comenzar. El tiempo pasa muy deprisa. Camino hacia los pabellones. Muestro mi acreditación a los azafatos. Son muy simpáticos pero acaban hasta el moño, como todos los que trabajamos aquí. A veces, les traigo una copa, pero no se lo contéis a nadie. Ya me conocen, son varias ediciones las que he compartido con ellos, Pasa Lauren, menuda tienen montada ahí dentro. Y me encanta que sea así. Cada desfile es una nueva historia sobre la que escribir. Si todos apostaran por el mismo cuento, mi trabajo no tendría sentido.

Busco mi nombre entre los asientos de la Grada B, zona de prensa. Lauren Izquierdo. Os metiría si no admitiera que me encanta encontrarme. Los de comunicación cuentan contigo, y que alguien aprecie tu trabajo hasta el punto de que quieran- y esperan– que vayas, es algo que me llena de ilusión. Mencionaría a la felicidad, pero los que me conocéis un poco ya sabéis lo que opino sobre ella.

© Sparksphoto.

Salgo del desfile. Me meto a otro. Salgo. Comienza otro. La hora de comer. Qué rápido ha llegado. Me siento con los míos y comentamos todo lo que hemos podido apreciar. Nuestras opiniones divergen. Eso es lo que me gusta. No obstante, prefiero callar y observar. Mi grupo de gente es muy guay.

Llamo a mi madre. Quiero hablar con ella y contarle todo lo que visto. Con ella puedo opinar todo lo que quiera. Me escucha con atención. La tengo que dejar. Le digo que la quiero. Y cuelgo.

@ Sparksphoto.

Tras el desfile de las tres, decido tomarme un café con un amigo diseñador. Me pregunta qué me ha parecido lo que he visto. Le soy sincera. Siempre los soy con mis amigos. Me dice que estoy muy guapa, y yo le digo que la culpa la tiene el verano. Todo el mundo está más guapo con un bronceado. Añade que he venido muy a la italiana, yo le respondo que la Italia elegante siempre ha sido mi mayor debilidad. Me felicita por mi nuevo puesto. No había tenido la oportunidad.

Le doy la enhorabuena por la colección y bromeo dejándole caer que no seré demasiado vil con la crónica de desfile. Lo que él no sabe es que, aunque quisiera, no podría. Es uno de sus mejores trabajos.

© Sparksphoto.

Ya casi ha terminado el día. Me voy a casa a cambiarme. Todavía quedan un par de desfiles off. Pero ya es hora de colgar la pamela. Me despido de mis amigos. También de los acomodadores.

Al salir, me vuelven a pedir una foto. Hoy he trinfuao, pienso para mí. Le pregunto si hace falta que sonría. Él me dice que sea yo misma. Tres, dos, uno, flash:

@ Sparksphoto.

Estilismo:

Vestido midi de cuadros vichy, de Zara (12,95 €).

Pamela de mimbre, de Primark (16,95 €).

Cuñas de esparto y mimbre, de Asos (89,99 €).

Bolso tricolor, de Utopian Dreamers (600 €).

Equipo:

  • Realización: Lauren Izquierdo para MBFW Madrid.
  • Fotografía: Celia Sparksphoto.
  • Maquillaje: Nyx Professional.
  • Peluquería: Schwarzkopf Professional.
  • Texto: Lauren Izquierdo.
  • Ubicación: Palacio de Cristal de Arganzuela.

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