Tres años con vosotros…

Me encanta que el tiempo pase. Aunque a veces me preocupa. Me preocupa no llegar. Creo que todo el mundo le tiene algo de miedo a quedarse sin decir o hacer algo. Cosa que también me parece retórico, porque la mayoría de nosotros preferimos quedarnos sin decir o hacer ciertas cosas. Dejamos pasar la oportunidades como si la vida estuviera llena de ellas. Y no es así. La vida es bastante cabrona.  

Hoy quiero celebrar con vosotros que Talla Treinta y Ocho cumple tres años. Es su aniversario, es mi cumpliblog. Son 1.095 días, 28.280 horas, 1.576.800 minutos, 94.608.000 segundos. Y joder, desglosado y dicho así, que se dice pronto, es mucho tiempo.

Fotografía Beatriz Jericó.

Talla Treinta y Ocho nació como un espacio para poder expresar todo aquello que no era capaz de trasmitir con el lenguaje oral, tanto a nivel personal como estético. Dicen que una imagen vale más que mil palabras. La caducidad de plataformas como esta no sé cuándo llegará. No soy adivina, pero los millennials se están haciendo viejos, los de la generación Z (que es la mía), también y los de la generación Y vienen muy preparados. Si las influencers ya están viendo la luz al final del túnel, muy posiblemente los blogs también lo hagan. No obstante, quiero dejar claro que yo nunca he buscado una repercusión ni una fama que provenga de la etiqueta de ‘yo es que soy blogger’, las etiquetas yoístas no me gustan. Lo que sé es que soy periodista, que me gusta mucho escribir, decir lo que pienso y que la moda me ofrece algo que no he sido capaz de encontrar en nada más. La moda me permite ser yo misma. Exterioriza mi verdadera personalidad (y a veces la que me interesa mostrar). Pero todo se queda ahí. 

Por otra parte, me preguntaron hace poco si actualmente soy feliz, y la verdad es que me cuesta mucho hablar de conceptos que albergan lo abstracto. ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es la tristeza? ¿Y la ira? ¿Y el orgullo?¿El amor? Todo el mundo sabe lo que es, o al menos cree que lo sabe; pero ninguno es capaz de otorgar una significación exacta, por esta misma razón, porque los sentimientos son abstractos. Las interpretaciones son diversas. Uno puede asociar la tristeza a las lágrimas, pero también hay personas que lloran de felicidad, de ira o de impotencia. Puede que dejes de leer con lo que voy a decir ahora, pero… Puede que la felicidad no exista. Y con su inexistencia no quiero decir que soy fatalista (aunque un poco de femme fatale sí que soy) sino que lo que creemos que es, puede que no sea. Os voy a poner un ejemplo:

Cuando quieres algo y lo consigues, tienes la sensación de que parece que no ha sido para tanto. Lo has conseguido. Vale. Guay. ¿Y ahora qué? Ahora a otra cosa. Entonces, recapacitas y te das cuenta que lo que verdad has disfrutado es el camino, el proceso. La angustia, la satisfacción, el orgullo, los nervios, los momentos, instantes y segundos que te ha regalado aquello que querías conseguir. Llegar a un determinado objetivo o a una meta está muy bien, pero los objetivos son objetivos por eso. Porque cuando logras conseguirlos, quieres más. Nadie hace algo y ya está. Siempre queremos más. Si la felicidad es el camino, sí; os puedo asegurar que soy odiosa y asquerosamente feliz. Me siento como el final de una comedia romántica, con eso os lo digo todo. 

Fotografía María Murcia

Hoy también quisiera daros las gracias. Al final, los responsables de que esto siga adelante, que celebráramos hace poco las 100.000K y que ahora podamos celebrar las 120.000K es gracias a vosotros. Porque siempre estáis, porque confiasteis en este proyecto desde que empezó y que os habéis quedado porque os gusta. Por todo eso, gracias. Hoy me toca a mí agradeceros que estéis aquí. Porque sois ese aliento, ese tirón de orejas y ese foco cenital en medio de un escenario vacío. Sois la razón. Los culpables. Los protagonistas de esta historia. Por eso y por todo lo demás, gracias. 

Y seguimos creciendo. Hay muchos proyectos de lo que no os puedo hablar todavía. Factor sorpresa, lo llaman. Lo que sí que os prometo, y sabéis que soy mujer de palabra, es que os va a sorprender, y muy mucho. Así que espero que estéis ahí, con la misma fidelidad con la que permanecéis ahora.

¡Feliz cumpleaños, Talla Treinta y Ocho! Por muchos años más. 

Gracias por todo lo que me has dado y por todo lo que me vas a regalar. 

Lauren Izquierdo

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