Los lunares de tu espalda: Capítulo II

¿Te has perdido el capítulo anterior? No sufras. Puedes leerlo aquí.

Bueno, estás aguantando. Volvemos a vernos las caras. ¿Estás preparado para la fiesta? Porque Hugo sí. Lo de Julia todavía no lo sabemos. Sigue mis directrices. Coge tus cascos. Nos vamos de fiesta con Antes de Morirme de C. Tangana.

Era el primer juernes del curso. Un ritual que el capitán del equipo de baloncesto celebraba todos los años. La primera toma de contacto, la presentación de los nuevos, la oportunidad de demostrar quiénes eran los reyes del campus; por muy clasista que sonara eso (que lo era). Intercambio de intereses, droga, alcohol y fluidos. Una macrofiesta. Una buena macrofiesta llena de universitarios.

Nicolás y Julia llegaron a las puertas de la casa de Hugo. Ambos bajaron del coche. Un aparcacoches se encargó del resto.

– ¿Preparada?

– Pues no sé yo qué decirte – confesó.

– Vamos, cobarde.

Nicolás tiró de la chica antes de que ésta saliera corriendo. Estaba aterrada y eso le daba pavor. La música se podía escuchar desde la entrada. Estaba claro que no era un plan de chill. Ambos intercambiaron una mirada cómplice.

– ¡Y los reyes del mambo han llegado! – anunció India.

Hugo, que en ese momento echaba unas canastas con Valentina y Carlos, sonrió. Lo había conseguido. Julia había venido. La saludó con la mano. Ella lo imitó. India corrió a los brazos de su novio y le plantó un beso.

– ¿Ves? – miró a Julia.- Esto es un recibimiento en condiciones – India los miró un tanto desconcertada.

– No pienso preguntar. Eso sí, ahora que habéis llegado …- caminó hacia el DJ y le susurró algo al oído.- ¡Eh! – consiguió captar la atención de todo el mundo. Decenas de miradas atentas la observaban -. ¿Qué tal? ¿Lo estáis pasando bien? – la gente comenzó a vitorear-. ¡Así me gusta! Acaban de llegar los embajadores del barril. Así que… ¡QUE EMPIECE LA FIESTA!- vociferó.

El DJ puso su mejor mix. La noche recaía sobre los hombros de todos los presentes. Hay que ver lo Paulo Cohelo que me pongo muchas veces. Baños en la piscina, mucho alcohol, porros y alguna que otra sustancia estupefaciente. Cada escena era única e irrepetible. Si esto fuera una película, el espectador no sabría hacia dónde mirar. India y Nicolás se esfumaron entre las multitudes. Julia trató de buscar al resto de sus amigas; eso sí sin mucho éxito. Así que, se dio por vencida. Pero no estaba sola. La gente quería saber de ella y de su viaje por Europa. Notaba la atenta mirada de Hugo clavada en la nuca. No iba a mirar.

Después de un par de horas, la distracción comenzó a convertirse en abrume. No sabía nada de sus amigas. ¿Habrían ligado todas? Fue a por otra copa. No recordaba cuántos Daikiris se había tomado ya.

– ¡No me puedo creer que la Julia que todo el mundo conoce se esté emborrachando en mi fiesta! – exclamó Hugo.

– Es una fiesta, todo el mundo mundo está borracho – le dijo. Cogió su Daikiri-. Gracias.

– ¿Te lo estás pasando bien?- le preguntó.

– Todo el mundo se lo pasa bien en una fiesta- gritó para que lo oyera.

– Qué generalista estás – comentó.

– Mira, chico; el verano – alzó los hombros.

– Me alegro de que hayas venido – fue sincero.

– Bueno, creo que hubiera sido peor si no hubiera venido, sinceramente – sentenció.

– ¿Qué hay coleguis?- preguntó Fede pegando un trago largo a su copa.

– ¿Has sido bueno, Hugo?- le preguntó Nicolás.

– Sí, sí. Muy bueno – le aseguró.

– ¿Te está molestando, Julia? – preguntó Fede.

– Un poco – negó con la cabeza. Hugo la miró incrédulo-. Creo que le hace falta un buen baño – sonrió.

– ¡Ohhhh!- anunciaron los dos.

– Ya has oído a la señorita – se mofó Nicolás.

– ¿Móvil, llaves? – Fede se colocó detrás de Hugo.

– Eres una traidora – le lanzó una mirada fulminante. Julia le envió un beso.

Nicolás y Fede lo balancearon y lo tiraron a la piscina. La gente alzó otro “ohh” y, segundos más tarde, siguió a su rollo, como la vida misma. Julia estalló a carcajadas.

– Ahí te lo dejamos, rubia- le dijo Nicolás.

– ¿Estás bien?- se acercó a él.

– El agua está calentita.

– Pues lo siento, colega; pero la gente se ha meado en tu piscina – le pegó un trago a su cóctel.

– ¡Qué graciosa! – le reprochó- Ayúdame a salir – le dio la mano.

– Claro – se apresuró-. Vosotros, ¿ayudáis a mi amigo?

– Claro.

– Es que se cree que soy tonta y que no sé que me va a tirar en cuanto le dé la mano – se justificó.

– Yo nunca haría eso – le dijo.

– ¡Ya! – ironizó. Los chicos que supuestamente iban a ayudar a Hugo a salir, empujaron a Julia.

– ¡La madre que te parió! – le gritó.

– ¡Lo siento rubia! – se disculpó el chico.

– ¡Gracias, Marcos! – bufó Hugo.

– Te he dicho que yo nunca te haría eso.

– ¡Maldito mentiroso!- exclamó lanzándole agua.

– Ah, ¿pero no querías bañarte en pis? Si Cosmopolitan ha dicho que es muy bueno para la piel.

– ¡Qué asco! ¡Eres un cabrón y encima está fría! – exclamó.

– Estás montando un numerito – le dije.

– Tú sí que eres un numerito – le hizo burla. Eso provocó que Hugo estallara a reír. Julia nadó hacia la escalera. Él la siguió.

– ¿Una toalla? – le preguntó tiritando.

– Arriba. Vamos.

Y entraron en el interior de la casa. La fiesta seguía su curso. La gente estaba muy puesta, aunque la gran mayoría estaba planteándose marcharse a sus casas. Era tarde. Estaba a punto de amanecer.

– Mañana me voy a matar a limpiar- espetó mientras se dirigían al piso de arriba.

– Así como si tú limpiaras – espetó.

– Qué salá eres cuando bebes, hija.

Abrieron su habitación. Los dormitorios eran los únicos espacios que permanecían cerrados con llave. No era santo de su devoción que la gente manifestara su amor entre sus sábanas. Entró al baño y sacó dos toallas.

– Gracias.

– Te aconsejo que te quites la ropa- le dijo-. Si de verdad es pis, ahora mismo apestarás. Voy a ver si mi hermana dejó algo. Ahora vuelvo.

Julia resopló y se quitó el vestido. Se acercó a la ventana y observó a los supervivientes que habían aguantado hasta el final. La fiesta había sido un éxito. La gente no hablaría de otra cosa. Hugo quedaría como un gran anfitrión y los de su círculo serían la ‘gente top’. Así funcionaría hasta la próxima fiesta, que sería dentro de dos semanas.

Se dio la vuelta. Hugo estaba tardando demasiado. ¿Habría encontrado la habitación de su hermana? No estaba muy sobrio. Escaneó el espacio que la rodeaba. Estaba tal y cómo la recordaba. Siempre le gustó su habitación, era confortable. Los trofeos de baloncesto resplandecían sobre una de las lejas de la estantería. El corcho de su mesa captó su atención. Había varias fotos. Su hermana aparecía en primera plana. Hugo idolatraba a su hermana. Vivía con su novio a las afueras de la ciudad y trabajaba como ingeniera automovilística. Un momento. Volvió la cabeza hacia la mesilla y allí seguía, aquella foto. No la había quitado. Ella tampoco lo había hecho. No había sido capaz.

– Sé que tendría que haberla quitado, pero no he podido – Hugo acababa de pillarla.

– Tranquilo, no tienes que darme explicaciones – cogió la ropa que le había traído-. Si te sirve de consuelo, yo tampoco lo he hecho.

– ¿Recuerdas el día que la hicimos? – la cogió.

– Pues claro que me acuerdo – sonrió.

– Casi nos perdemos por tu culpa – la miró de reojo.

– Y tú casi me vendes por 10.000 camellos – le recriminó.

– Es que eran 10.000 camellos – ella lo golpeó-. Vamos, nunca lo hubiera hecho.

– No sé yo – ladeó la cabeza.

– No, ya en serio. ¿De verdad me ves capaz de hacer algo así? – le preguntó.

– Quiero creer que no – espetó-, pero la gente te sorprende.

– Y decepciona.

– Exacto – se terminó de vestir.

El silencio se hizo dueño del espacio. ¿Qué quedaba por decir? No tenía ningún sentido que siguiera allí.

– En fin, gracias por invitarme y por el baño. Nico te traerá la ropa en cuanto la lave.

– No, Julia; no te vayas así – la cogió por el brazo.

– ¿Y cómo quieres que me vaya? ¿Qué pretendías invitándome, Hugo? – le preguntó-. ¿Creías que volveríamos a vernos y que todo sería igual que antes? Porque si es así, debo decirte que Tailandia te ha vuelto algo iluso. Y gilipollas.

– No, pero…

– ¿Pero qué?

– Nada – optó por decir.

– ¿Nada? – aquella respuesta le pilló por sorpresa. Hugo seguía en silencio-. En fin – recogió su ropa mojada-, tú sabrás.

– ¿Sabes que te digo?

Y justo cuando estaba dispuesta a marcharse por segunda vez, Hugo la volvió a agarrar por el brazo, reteniendo sus pasos. No se contuvo. No podía más. Calló su desconcierto con un beso. Dicen que una imagen vale más que mil palabras.

Entonces Julia abrió los ojos de par en par. Se sentía agitada. Tenía calor. Su mente estaba obnubilada. La voz de Roberta llegaba a sus oídos como un leve murmullo, un eco distorsionado. Había vuelto a la realidad. Todo había sido un sueño.

Vosotros sí que sois unos ilusos. ¿Desde cuándo la vida es tan fácil? Espero veros a todos la semana que viene con la verdadera historia, lo prometo. Nada es lo que parece. Es un consejo que debéis tener presente durante toda la historia. ‘Yo no quiero hacer lo correcto. Para esa mierda ya no tengo tiempo”.

Continuará…

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