El mejor regalo para San Valentín

Ya ha llegado. 14 de febrero, el Día de los Enamorados. San Valentín, 24 horas en las que recordamos a ese valiente sacerdote que, a escondidas, casaba a hombres y mujeres por amor, obviando su clase social, su raza o su nacionalidad.

En pleno s. XXI el amor ha tomado un rumbo completamente distinto. El amor ya no es lo que era. Antiguamente, este sentimiento no existía. Estabas obligado a casarte con alguien al que ya estaba predestinado. Siglos más tarde, el amor podía matarte (literalmente). La gente se suicidaba por su amadx, asesinaban a sus rivales y desafiaban a las familias, repudiando lazos, orgullo y fortuna si era necesario. Luego dimos un salto descomunal. Los felices años veinte, las crisis, las guerras, y la época hippie. Bendita época hippie. Hierba, estado mental obnubilado y sexo. Mucho sexo. El amor comenzó a ser algo hedonista. Buscábamos por todos los medios llegar al placer. La moda puritana había dejado de ser tendencia. Los victorianos se convirtieron en mojigatos. La vida, la sociedad, los romances, el cine, la literatura, la música, el amor y el sexo cobraron significados muy diferentes.

Pero… ¿Estáis seguros de que el amor ha evolucionado?

En cierto modo, el amor ha retrocedido en el tiempo. No somos hippies (algunos sí). No somos medievales y mucho menos estamos obligados a casarnos con alguien al que no amamos y/o al que no conocemos (espero). Pero somos egoístas. Hedonistas natos. Algo ignorantes.

¿Sois de esos que cuentan los días que quedan para que llegue San Valentín? ¿Os ilusionáis con su llegada? ¿Os duele la cabeza porque no se os ocurre nada que hacer en el Dia de los Enamorados?

“Cariño, ¿vamos a hacer algo por San Valentín?”

“Dios, este mes me he quedado tieso. Me he gastado una pasta en el regalo de mi novia”.

“Pues nada, imagino que vayamos al cine o a cenar. Luego lo haremos y a dormir”.

Inconscientemente, el marketing nos dice qué debemos hacer, qué debemos comprar, cuánto nos tenemos que gastar y cuándo o de qué forma tenemos que ‘hacer el amor’.

El verdadero significado de San Valentín dejó de existir con la llegada del capitalismo en EEUU. No es que seamos modernos, es que somos tontos. Los ‘días especiales’ concentran una idea que representa lo absurdo. No existen los días especiales. Cualquier día debería ser especial, por muy a Paulo Cohelo que suene eso. Si esperas la llegada de uno de esos días especiales, no te quedará otra que conformarte con que el resto de días no destaquen y sean mediocres. Y creo que el amor no debería ser conformista. Esa idea comercial que las tiendas nos llevan vendiendo desde que Suchard agotó existencias, no es la que la vida real debería representar. Porque el amor no se pesa en un collar de diamantes, una cena elegante, un conjunto lencero de La Perla o un buen polvo. El amor va más allá de las fronteras de los escaparates de los comercios que llaman la atención por la plaga de corazones y ofertas que sirven de gancho para atraparnos en una presión social innecesaria. Porque parece ser que te miran raro si dices que no vas a hacer nada con tu pareja en San Valentín, o que eres una amargada porque no la tienes. El amor no es materialista. Nosotros lo somos. Pero porque creemos que tenemos que serlo.

No cabe duda de que el amor ha quedado relegado a un segundo plano. Ha llegado a importarnos más la imagen que damos en Instagram que la que otorgamos realmente. Tal es así, que muchas parejas dudan sobre en qué punto de su relación se encuentran, porque el reflejo que tratan de dar en las redes sociales no se asemeja a la realidad, lo cual, claro está, provoca ansiedad. Y no sé si seréis conscientes o no, pero muchas veces quedamos con nuestros amigos, con nuestra familia, o con nuestra alma gemela (no importa que sea tu alma gemela del mes), y en vez de disfrutar de nuestra compañía, de nuestro tiempo y de nuestras ganas, ni siquiera nos miramos a los ojos. La imperiosa necesidad de exponer todo lo que tratamos de ser públicamente ha reducido considerablemente nuestra sensibilidad. Nos estamos volviendo apáticos, fríos y distantes. El amor no se mide en un número determinado de likes, ni mucho menos en el número de fotos que subimos con nuestra pareja. ‘Tía, ¿pero sigues con tu novio? Ah, no sé; como hace tiempo que no subes nada con él”. Gilipolleces.

Me pedisteis que fuera sincera. Lo seré. ¿Queréis que os diga cuál es el mejor regalo para San Valentín? Muy bien, tú lo has querido. El mejor regalo para San Valentín es tu tiempo. Tus ganas. Ser capaz de mantener la pantalla apagada. Quizás te des cuenta de que la persona con la que estabas no era lo que creías. O quizás vuelvas a enamorarte otra vez. Quién sabe.

Lo que está claro es que ni las redes sociales, ni Hollywood, ni mucho menos San Valentín medirán cuán de enamorado, enamorada estás. Porque, cariño mío, eso solo puedes decidirlo tú.

Lauren Izquierdo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: