Los lunares de tu espalda: prólogo

Has llegado hasta aquí. Ya no hay vuelta atrás. Has caído en mis redes. Saca tu móvil. Busca Cry me out y escúchala en bucle. Esto solo funcionará si me haces caso. ¿Estás preparado, preparada? Está bien. Prepárate para pasar los mejores minutos de tu sábado. 

Por una vez en mi vida voy a ser sincero: odio llorar; y no sé qué detesto más, si ver o escuchar a la gente hacerlo. No puedo con ello. Sé que es necesario, que es incontrolable, y que muchas veces es una descarga de emociones, pero venga ya, es una experiencia horrible. Todo comienza con un silencio que dura menos de diez segundos. Seguidamente, se escuchan sollozos que ascienden de susurros casi inaudibles a gritos llenos de ira, dolor o desolación. Otras veces lloramos sin saber por qué.

Ahí está. ¿La veis? Llorando como si no existiese un mañana, con sus preciosos ojos de cristal enrojecidos por la salinidad de sus lágrimas, con su despampanante melena rubia alborotada por culpa de la brisa marina y sintiéndose sola, abatida y abrumada. No hay nada peor que llorar en soledad. No tienes a nadie que te consuele; y eso que la gran mayoría de nosotros no sabemos hacerlo. De hecho, yo no sé.

Normalmente Julia Jones no llora, pero todo el mundo necesita desahogarse de vez en cuando. Tiene mucho dinero. Es millonaria. Bueno, sus padres lo son. Tiene chófer y un deportivo rojo. Pero los ricos también tienen problemas.

No sabéis quién es el culpable de la rebeldía de sus lágrimas; tranquilos, lo sabréis; pero ya os voy adelantando que Julia Jones no llora por cualquier tontería. Es más, creo que nunca antes la había visto hacerlo. Es de las mías. Posiblemente sea por Marcos. La gente llora por la gente a la que quiere. Ellos tenían una relación muy liberal, poco convencional, eran el Chuck Bass y la Blair Waldorf de Gossip Girl, pero se querían. No era una relación de intereses, pero todos sabemos que Gefri es muy útil cuando hay alguna fiesta. No es por ser un capullo, pero puedes beber hasta perder el conocimiento, tienes quién te lleve a tu casa sin miedo a que se aprovechen de ti y eso es un puntazo cuando eres universitario. 

Hay algo más que debéis saber antes de que saquéis vuestras propias conclusiones: Julia, nuestra chica, no es alguien que se deje conocer tan fácilmente. Cuanto más sabe la gente sobre ti, más posibilidades tiene de hacerte daño. Es francesa. Parisina. Los franceses no se caracterizan por su expresividad, precisamente. Una vez salí con un francés, un error. No hacen más que comer pan y beber vino; parecen curas. Además, son algo ariscos. 

Julia y Marcos eran la pareja perfecta, la que todo el mundo envidia y bla bla bla. Sigo sin saber en qué consiste el amor realmente. Llamadme pesimista, pero pienso que está sobrevalorado. Lo sepáis o no, todo se basa en la química y en el sexo. Así que no me ha quedado muy claro qué papel juega. Aunque tras conocerlos, he llegado a la conclusión de que es posible que la idea del amor que nos trata de vender Hollywood, esa idea tan surrealista y azucarada que tanto odio, exista. Porque Julia y Marcos son los Bradngelina que todos conocemos. Podrían hacer una película. Es más, espero que algún día la hagan y que me contraten como guionista, porque lo clavaría. Todo sea pedir.

Circunstancias atenuantes hicieron que la relación comenzara a cojear hasta que el principio del verano marcó final definitivo. Y resultó ser como un parto programado. Sigo flipando con que la ciencia haya conseguido que este tipo de cosas funcione. Pero fue perfecto. La gente hablaría de ello en verano y ambos tendrían tiempo y océano para pensar y tratar de olvidar. Según mis fuentes más cercanas, Marcos se apuntó a un voluntariado en Tailandia y Julia viajó por toda Europa. Cuando tienes un avión privado, ¿por qué no ibas a viajar?

Pero las vacaciones han terminado. Y la vida es algo hija de puta. ¿Qué son un par de kilómetros cuando los sentimientos han existido de verdad? ¿Qué significan un par de meses cuando has convivido con una persona tanto tiempo? ¿Qué papel juega la ropa cuando te conoces cada rincón de su cuerpo? ¿Y qué es la desnudez cuando ya has contado todos y cada uno de los lunares de su espalda?

Como ya habéis llegado hasta aquí, os contaré la historia. ¿Por dónde queréis que empiece? ¿Por el principio? Dios, estáis obsesionados con los principios.

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