23 de enero: bienvenida libertad

23 de enero. 16:00h de la tarde. Solo tengo algo que deciros: feliz fin de exámenes. Bienvenida libertad.

Acabo de terminar el último examen final del primer cuatrimestre del segundo año de mi carrera. Ahora que han terminado, creo que estoy lista para hablar del tema.

Los exámenes de enero. La pesadilla de cualquier universitario. Universitaria estresada, los memes, los gifs y el sabor a libertad creo que nacieron aquí y por esto. Soy una persona que se maneja increíblemente bien en las situaciones de estrés. Los que me conocéis ya lo sabéis, los que no, solo os queda fiaros de mi palabra; que queráis hacerlo o no ya es cosa vuestra. El caso es que me manejo muy bien en las situaciones de estrés, a pesar de que soy cafeinómana y tengo problemas de ansiedad. Pues tengo algo que confesaros: no recuerdo haberlo pasado tan mal en mucho tiempo.

Quizás el año pasado la materia fuera más fácil, quizás tenía menos exámenes o quizás todo estaba más relacionado, yo que sé, pero este enero, para mí, ha sido una terrible y maldita, asquerosa pesadilla. La sensación de libertad se ha materializado sobre mis hombros y aunque puede sonar algo dramático, si eres estudiante o lo has sido, puede que me entiendas. O no.

Te levantas, estudias, comes, estudias, trabajo, estudias, cenas, estudias, duermes. Cuando llegas al examen, haces lo que puedes y te vas, y empiezas otra vez: estudias, comes, estudias, trabajas, estudias…

Te pierdes la Navidad, te la pierdes; no finjas. Los que vivimos fuera del lugar donde estudiamos no podemos disfrutar de nuestros seres queridos lo que nos gustaría, volvemos antes de tiempo, y cuando llegamos a nuestro apartamento la vida se convierte en 7 horas de sueño, 15 de estudio y 2 para comer. Te levantas, estudias, comes, estudias, trabajo, estudias, cenas, estudias, duermes. Cuando llegas al examen, haces lo que puedes y te vas, y empiezas otra vez: estudias, comes, estudias, trabajas, estudias… Y así durante todo el mes de enero. El mes de enero es un lunes constante. La cuesta de enero se hace insoportable. Y ojo; no me estoy quejando, sé que nadie se ha muerto por los exámenes universitarios, sé que han existido toda la vida y sé que es lo que hay. Lo único que digo es que lo que hay es una mierda.

Sé que nadie se ha muerto por los exámenes universitarios, sé que han existido toda la vida y sé que es lo que hay. Lo único que digo es que lo que hay es una mierda

No soy una persona que se deje llevar por la histeria, como ya he dicho antes, controlo las situaciones de estrés, y he intentado que los sentimientos que gorjeaban dentro de mí durante estas semanas no fueran muy evidentes. Y debo decir que lo conseguí con éxito durante todo el mes, menos en el examen de economía, aunque días a posteriori me he dado cuenta de que es normal, porque el ser humano también explota si se sobrecalienta. Las cabezas petan y los sentimientos albergan. Y lo hacen porque a pesar de todo, parece que nunca es suficiente. Puedes tener la suerte de que los resultados sean consecuentes con tu trabajo previo, pero que hayas trabajado, estudiado y que te lo hayas currado no significa que sean los únicos factores que incurren en un examen final. Influyen, pero no determinan. La suerte, aquello que yo siempre he relacionado como el resultado de un trabajo constante, tiene más de una acepción.

Estudiar para un examen influye, pero no determina

Siendo optimista, he contado 7 veces que he llorado de impotencia, de frustración y de rabia. Y eh, a mí me ha ido mucho mejor que a muchos otros.

Muchos de los que estáis leyendo estas líneas de confesión pensaréis que no es para tanto y que no hay que tomarse los exámenes tan en serio. Y tenéis razón, pero al final, un examen significa mucho más que la pérdida de una convocatoria ordinaria. Un examen suspenso significa que te dicen en todas tus narices que no has aprendido nada a pesar de que te hayan salido callos de estudiar, que no eres apta; un examen suspenso significa tener que enfrentarte a tus padres, a sus miradas de enojo, incomprensión y decepción; y un examen suspenso puede significar que tengas que devolver una ayuda que te da el Gobierno a pesar de que la necesites.

Eso es enero, quizás en su versión más trágica, dramática y rocambolesca, pero eso es en lo que se convierte desde la visión de un universitario estresado, presionado y a punto de petar.

Está claro que en una clase se nota las personas que quieren aprender, pero los profesores que quieren enseñar, también

Y aunque sé que esto no va a llegar a ningún político, esos personajes que dicen que velan por nuestro bienestar, y mucho menos al rector de mi universidad, diré que está claro que en una clase se nota las personas que quieren aprender, pero los profesores que quieren enseñar, también.

Ahora voy a disfrutar de mi libertad, porque puede que me la merezca más que nunca. Solo me queda desearos un feliz fin de exámenes y una bienvenida al enero que nos merecemos. Quizás deberíamos inventar una Navidad que se celebre en febrero, ya lo vamos hablando.

Lauren Izquierdo

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