Urban Cosmopolita

Fotografía: Alodia Navarro

Dirección creativa: Sergio G. Del Amo

Texto e imagen: Lauren Izquierdo

Su perdición siempre fue el conocimiento. Tenía ansias por saber, por conocer lo desconocido, por descubrir los lugares más recónditos del planeta. Quería ver el mundo. ¿Y quién podría culparla?

Su pasión por lo que hacía era infinita. Siempre vestía de forma impecable, quizás algo aparatosa y extravagante. Su estilo era inconfundible, y su inteligencia hablaba por sí misma.

‘Siempre seremos ignorantes en algo y no pasa nada. Es imposible saber sobre todo. El problema está en no reconocerlo. Uno no debería hablar sobre lo que no sabe’; me dijo una vez.

Resultaba interesante hablar con ella, sobre todo debatir. Hablar de política con alguien que sabe y reconoce que la política está inmersa en absolutamente todo es satisfactorio. Además, le gustaba el arte, el buen cine y las exposiciones. Sus pintores favoritos eran Monet, Dalí y Van Gogh. Le gustaba el rock, los años 80 y todo aquello que se escapara de lo estrictamente establecido. Adoraba la ciudad. Adoraba ser cosmopolita, los cócteles y Sexo en Nueva York. Adoraba la vida, Madrid y todo lo que tuviera que ver con el Sol. 

¿Y qué le haremos a la vida si nos quiere tal y cómo somos?, solía preguntarme.

Salgamos a bailar, a beber y a olvidar. Dicen que no hay mal que cien años dure; me dijo.

Ni nada que un buen tequila no cure; le respondí.

Ella me sonrió. Era de ciudad, sabía de qué hablaba. Contuve mi sentido hasta que mi cuerpo tuvo aguante, porque la verdad es que cuesta. Cuesta mantener la compostura en aquellas situaciones, en aquellas horas de la noche.

Y tras verla deslizarse entre las multitudes desordenadas, sintiéndose libre dentro del caos, me di cuenta de que nunca sería mía. Llegué a la conclusión de que hay historias que finalizan justo antes de empezar. Y la culpa no es de nadie. Simplemente, es la historia paulatina que se ha de terminar; sin silencios, ni oraciones, ni supuestos; solo conversaciones con versos sacados del pensamiento, de la historia de nuestras vidas, provenientes de un rezo sin un credo. Porque amor, de forma instintiva y nada conspiratoria. Tú y yo siempre, juntos en mi memoria.

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