Velvety melancholy

Fotografía: Alodia Navarro
Dirección creativa: Sergio g. del amo
Texto e imagen: Lauren izquierdo

‘Eh, tú, niña. La que baila en medio del salón, la que escucha música fuera del pop rock comercial establecido. Eh, tú, niña.”

La aterciopelada voz de los mejores maestros del jazz revisten el clima de su casa ambientada en los mejores años de Cuéntame. ¿Qué demonios beberá? ¿Champán? ¿Vino? ¿Zumo de piña? ‘Corazón, que son las nueve de la mañana.’ ¿A quién echará de menos? ¿A quién extrañará?

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‘Mi dolor echa de menos tu piel‘; me dijo una vez.

No vive su mejor momento. Su mirada siempre está perdida en la nada, su sonrisa es instantánea, escueta, ambigua; y sus lágrimas son fugitivas de la justicia. ¿Qué tendrá? ¿Quién le habrá hecho eso?  Fui a verla durante noventa y dos días. Noventa y dos días y nunca me pareció que mejorara. Su ánimo era sosegado, sus ojos eran tristes y no aparentaba interés por nada de lo que le decía. Ese maldito estado de ánimo permanente. Me recordaba a las antiguas Divas del Diván, a Norma Desmon en ‘El Crepúsculo de los Dioses’, o a Audrey Helpuburn en ‘Desayuno con Diamantes’. La única diferencia era que ella nunca dejaría de sentirse elegante, poderosa e impertinente.

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Celebraba fiestas, invitaba a mucha gente y la casa se convertía en un auténtico circo. Siempre fui para intentar cuidarla, aunque ella no quería que nadie lo hiciese. Saludaba, de manera forzada. Apenas decía nada. Señalaba el mueble bar y media hora después desaparecía de su propia casa. Subía a la terraza con su copa de champán, vino o zumo de piña, encendía un cigarrillo y abrazaba su cuerpo dejándose llevar por los ruidos más hipnóticos de la ciudad. Nunca comprendí qué le pasaba. Pero siempre estaba ida. Nunca me llamó por mi nombre y no sé si lo haría a propósito, si sería cinismo o si sería porque realmente no le importaba. Todo el mundo me hablaba maravillas de ella.

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‘En otra época…’; ‘Apostó su porvenir‘; me decían. Nunca lo entendí. Quizás fuera por amar, quizás fuera por abandonar, o quizás por huir. Quizás estaba enferma y nadie lo sabía, pero sus ojos tristes confesaban lo que pudo ser y ya no fue. Desprendía ternura, todo el mundo la quería. Todo el mundo menos ella.

Estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, que surge por causas físicas o morales. Generalmente de leve importancia: melancolía.
 
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