13 lágrimas, una por cada año que no estás aquí

Seré breve, y seré breve porque cada palabra que escribo me cuesta. Es 12 de noviembre, un día negro, un día de luto. Hoy hace 13 años que te has ido.

Desde que tengo uso de razón me prometí a mí misma que cada año te dedicaría unas líneas, te escribiría una carta; y aunque me resulta doloroso, no solo por mí, sino porque soy consciente de que tu hermano, mi padre, también las lee, no quiero dejar de hacerlo. Y sencillamente no quiero dejar de hacerlo porque no quiero olvidarte.

Muchas veces me enfado conmigo misma porque ya no recuerdo ciertas cosas. Cuando te fuiste tenía cinco años y mi memoria no era fuerte ni grande. Me enfado porque ya no puedo recordar tu olor, me enfado porque ya no puedo recordar tu risa, ni tu altura, ni siquiera el sonido de tu voz.

Me pregunto cómo hubiera sido si esa enfermedad que tanto odiamos y que fue la culpable de tu muerte, además de la negligencia de aquel médico, hubiera aparecido ahora y no entonces. Quizás seguirías viva, la medicina ha avanzado mucho. O quizás no. Me temo que nos quedará vivir con la duda. A veces, y aunque no sirva de nada, me pregunto cómo sería mi vida si todavía estuvieras aquí: qué pensarías de mí, si leerías mis artículos, si me seguirías llamando cada semana y en mi cumpleaños…

Sé que estés dónde estés lo sigues haciendo. Sé que me quieres. Sé que me proteges. Sé que me cuidas. Sé que formas parte de esa vocecilla interna que me dice ‘adelante’ cuando tengo dudas, que me dice ‘tú puedes’ cuando me siento insegura, y que me dice ‘ya sabes lo que tienes que hacer’ cuando algo me encorajina, me apena o me vuelve loca de alegría. Me gustaría darte las gracias, es un consuelo; es el mejor de los lamentos.

Dicen por ahí que nadie es imprescindible. Tienen razón, el mundo sigue avanzando a pesar de que la gente fallezca, pero que continúe no significa que no cambie. Y cuando te fuiste todo cambió. Es ley de vida, pero es muy injusto. Solo espero que si existe ese Dios que dicen que resguarda las nubes, las almas y las vidas de los vivos, te esté cuidando, porque si no se las tendrá que ver conmigo cuando suba.

No quiero sonar egoísta, pero espero que todavía quede mucho tiempo para volvernos a ver, nos sentimos; y por el momento eso es suficiente. Tú mejor que nadie sabes por qué. Quiero recordarte que te veo en cada estrella, que te noto en cada escalofrío, en los abrazos que le doy a papá de tu parte, y en cada lágrima. 13 lágrimas, una por cada año que no estás aquí.

‘- No quiero morirme. No quiero convertirme en un recuerdo. Los recuerdos se olvidan.

– No si la gente los escribe.’

Te quiero muchísimo, tía. Estés donde estés.

Lauren Izquierdo.

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