Cómo hacer un match y no morir en el intento

No os preocupéis, hasta hace exactamente seis días yo tampoco sabía lo que era hacer un match. Es lo que tiene ser una romántica en el s.XXI, que lo eres aunque no quieras serlo, y hay ciertos tecnicismos en los que te pierdes, pero la ignorancia dura hasta que tú quieras que dure.

El caso es que desde la fiesta de los Vogue, esa fiesta en la que os hablé de narcisismo, hipocresía, superficialidad y cinismo; unos amigos me hablaron de hacer un match. No estábamos muy cuerdos, para qué os voy a engañar, pero empecé a replanteármelo.

El viernes fue un día horrible: me timaron en la peluquería, me suspendieron un festival de cine cuando me estaban haciendo las ondas porque los chinos no se organizaban, fui a hacerme fotos para no desaprovechar el timo de la peluquería pero las sandalias de la mañana, de mimbre y ortopédicas, muy a lo Agatha Ruiz de la Prada en el desfile de esta pasada edición, me habían hecho heridas y entonces los zapatos que llevaba en ese momento me hacían daño… El caso es que ya estaba hasta la mismísima patatona e invité a mi amiga a tomar una copa de champán a casa. Sí, estás leyendo bien, una copa de champán. También tenía cerveza, pero tras el día que llevaba necesitaba algo tan snob que me hiciera sentir todavía peor, porque cuando estás depre, además de estar depre, te vuelves algo masoquista. En fin, continúo: estábamos mi amiga, yo, mi terraza, Madrid y una botella de champán que le regalaron a mi compañera de piso por Navidad en la cesta del trabajo, y comenzamos a hablar de la vida: escasez de tiempo, mil cosas que hacer, universidad, trabajo, autoexigencia, perfeccionismo, Madrid y ese sentimiento de vacío que te deja una ciudad como esta, porque no sé si lo habréis notado u os ha pasado, que no es por joder, me caéis bien, pero espero que sí; Madrid tiene no sé cuántos miles de residentes, es una ciudad inmensa, con una cantidad ingente de personas, tanto que llevamos 80 años con la ampliación de las calles de Gran Vía, y el convivir en una ciudad así, hace que muchas veces te sientas sola. ¿Te has agobiado? Bien, esto acaba de empezar, así que sigue leyendo.

No recuerdo muy bien cómo terminó la noche, pero a la mañana siguiente tenía a mi amiga durmiendo en mi sofá, yo me acababa de despertar en el otro y tenía una app nueva en el móvil: Tinder.

“Sí, Tinder. Alto el fuego, no me juzgues. Iba a desinstalármela pero le prometí a mis amigos que la probaría durante una semana. Solo una semana, y entonces… Entonce empezó la fiesta”

Decidí hacer un estudio sociológico sobre el tema. Ya que iba a durar siete días, sacaría algo de todo esto, lo haría bien, y me lo tomaría en serio. Lo primero que debes hacer cuando decides hacerte un perfil en Tinder es poner seis fotos que te describan. Yo fui a galería, quise seleccionar una de ellas, pero mi amiga me detuvo y me explicó que eso no era una foto Tinder. Lo sé, yo me quedé igual. Hay fotos tipo Tinder. Existen las fotos tipo Tinder. Seis fotos: la adorable, la sexy, la divertida, la estúpida, la artística y la estándar. Eh, y ojo; que debes seguir este mismo orden. ¿Cómo te quedas? Yo como el tartán, más a cuadros y paso por escocesa. El siguiente paso es, posiblemente, lo más difícil: escribir una biografía... La mía fue:

Soy mujer de muchas palabras pero también de muchos misterios. (Uy, no; borra. Bebe champán). Soy una mujer a la que le gustan… (borrar. Rellena la copa de champán). Las palabra son mis amigas, pero….(¿En serio, Lauren? Bebe champán). El silencio es… (Sí, ya, ya, ya; borrar. Me conozco el argumento). A medida que mi biografía descendía también lo hacía mi botella. ¿Sabéis que hice? No poner biografía. Quien quisiera algo, que preguntara. Hala. ¿No quería misterios? ¿No era misteriosa? Pues toma, dos copas…(o mejor dos botellas).

“Una vez resuelto el drama, o más bien no, la realidad te acorrala, te sacude, te golpea y te deja inconsciente. ¿Que por qué? Porque te das cuenta de que todo el mundo está en Tinder”

No, no; en serio. Todo el mundo está en Tinder. Tinder es el nuevo romance. Si Nicholas Sparks escribiera una nueva novela, estoy segura de que se dejaría de tantas Noches de tormenta y tanto diario de Noa y desarrollaría la historia en Tinder. Tinder es el nuevo Shakespeare. En Tinder está todo el mundo, desde perfiles públicos como puede ser el Dante Caro hasta mi personal trainer, todo ello pasando por gente de mi universidad, gente que se parece a Bradley Cooper y gente que pone imágenes de Bradley Cooper. En Tinder estamos todos.

Y en Tinder encuentras perfiles de todo tipo, pero ojo, no os emocionéis dándole al no, que es adictivo, avisados quedáis. Se empieza con unos cuantos noes y, de repente, te sale un chico como Gonzalo, no te das cuenta, le das a no, intentas volver hacia atrás y te das cuenta que no se puede. El amor de tu vida ha desaparecido para siempre. Días después vuelves a ver perfiles que ya te habían salido, pero Gonzalo no aparece. (Gonzalo, búscame. Sé que teníamos futuro).

Volvamos a los chicos de Tinder.

De todo tipo: están los chuloplaya, esos que solo aparecen sin camiseta para que te quede claro lo buenos que están; los surferos, los cuales tienen el pelo más bonito y más brillante que tú (podríamos decir que son los chuloplaya en versión más chavacana); y los deportistas, esos que en todas sus fotos aparecen haciendo deporte, y solo de mirar lo activos que parecen, te cansas y ya no te apetece ir al gimnasio, tranquila, es normal, nos ha pasado a todas, no estás sola… Luego están los que aparecen con animales y con niños, esto es para mostrarte lo cucos que pueden llegar a ser, que también tienen corazón y que son tiernos, claro que si no te gustan los niños como a mí, han fracasado. Nunca os fiéis de un chico que aparezca en todas sus fotos con gafas de sol. La mirada de una persona dice mucho, y en la mayoría de los casos, cuando se quitan las gafas de sol, el mito se cae. Y por último están los que salen fumándose un porro o con una chica, entonces les preguntas por ella y te dicen que es su ex novia. Te quedas flipando, deshaces el match y asunto arreglado. De los perfiles con fotos de Will Smith, Nietzsche o Bradley Cooper, mejor ni hablamos.

“Están los chuloplaya, los surferos, los deportistas, los que salen con animales y niños, los que aparecen fumando porros o con su ex novia, los randoms y fakes”

Pero eso es solo el físico. La parte más divertida comienza cuando te empiezan hablar. Está el tímido que empieza con un hola, ¿qué tal?, generalmente estos son majos, hasta que te preguntan que qué buscas en Tinder, y no lo sabes, no sabes qué responder, te agobias y/o no le contestas o deshaces el match; luego están los que pasan del hola y te pides que vayas a su casa para que os acostéis, yo los llamo los sinceros, suelen ser muy directos; también están los amebas, demasiados insulsos a nivel comunicativo e intelectual, perfectos para una dieta de personas con obesidad, más sosos que los fideos sin sal; los que en otra vida fueron Paulo Cohelo tampoco se escapan: me encantaría perderme en tu mirada; tu sonrisa es preciosa, su sonido deber ser un deleite; eres la mujer que se aparecería en mis sueños… Pero ojo, también podéis encontrar gente maja e inteligente, o gente que quiera hacer un trío. En Tinder hay de todo.

¿Y cuál es el motivo por el cual deberíais haceros Tinder? Bueno, en mi opinión es perfecto para el inicio de una ruptura, para que se te suba el ego, por necesidades humanas, porque tus amigos estén cansados de que le des el coñazo con lo sola que estás, por curiosidad, aunque la curiosidad mató al gato, o por estudios sociológicos como el mío. Sea como fuere, opino que todo el mundo debería probarlo alguna vez, aunque sinceramente, después de 7 días, 239 matches, 53 desmatches y 35 conversaciones, debo informaros que me he borrado la cuenta y desinstalado la aplicación. No estoy hecha para Tinder. Así que, si alguno de mis chicos Tinder está leyendo esto, os pido perdón por si mis motivos egoístas os han ofendido, pero me temo que si queréis saber algo más de mí, tendréis que buscarme por alguna de las cafeterías de Madrid. Esa pelirroja extrafalaria siempre anda por ahí: leyendo, escribiendo o con la mirada perdida. Sigo siendo una romántica chapada a la antigua. Qué le vamos a hacer.

“Después de 7 días, 239 matches, 53 desmatches y 35 conversaciones, debo informaros que me he borrado la cuenta y desinstalado la aplicación. No estoy hecha para Tinder”

Y una última cosa: mamá, sé que tarde o temprano leerás esto, y sé que puede que ahora mismo estés pensando que tu hija está como una puta cabra, pero también sé que te habrás reído y que haga lo que haga siempre estarás orgullosa de mí. Eso sí, te pediría que si alguna vez tengo hijos, jamás les cuentes que una vez su madre hizo algo como esto. Nunca volverían a tomarme en serio.

Lauren Izquierdo

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