Historia de un helado incomprendido

No lo entiendo. No lo entiendo de verdad. Normalmente, esto no suele pasar. Tengo calor. Mucho calor. Estoy sudando. Estoy perdiendo consistencia. Tengo siete pares de ojos observándome con recelo. Yo sé que quieren comerme. ¿Por qué no me comen? Yo sé que quieren disfrutar de mi sabor. Lo veo desde la vitrina cuando pasan, lo veo cuando me miran, y no los culpo, tienen motivos. Esto es así: estoy muy bueno. Muy, muy bueno. Y no soy un ególatra. No, no, no; solo soy realista. Por eso no lo entiendo. Es que no lo entiendo. Estamos a cuarenta grados a la sombra. Agosto ha empezado con un calor atroz, y soy una de las mejores salvaciones del verano. Ese odioso tinto me hace la competencia, pero yo he existido durante toda la vida. Y lo bueno perdura. Además, que soy muy versátil; y tengo más sabores que Carmen Lomana vestidos. Chica, que estás a pie de playa, y yo aquí no soy barato. ¡Cómeme! Mírala, si parece lela. ¿Puede hacer alguien el favor de comerme?

Jo. Si lo llego a saber no me gasto cuatro euros. En verdad me apetece, pero es que no paran de mirarme. Debería darme igual, lo sé; pero en verano pierdo seguridad en mí misma. No me siento acomplejada, pero eso de estar con los michelines al aire no hace que me sienta especial especialmente lo que se dice cómoda. Y menos con ellas delante. Sus ojos me miran desafiantes. 

Tendrá valor. ¿No irá a comerse eso verdad? ¿Es que no sabe que esta en marcha la operación bikini? Yo hoy ni siquiera he comido. Que alguien se lo explique, por favor, que me está poniendo nerviosa. ¿Quién la ha traído?

Por desgracia, para muchas personas el verano es un calvario, y no porque hagan cuarenta grados a la sombra, que también, sino porque cada día el ser humano se vuelve más hipócrita, más cínico y mucho, pero que mucho más cruel.

Las redes sociales se han llenado de palabras afiladas que tienen el mismo efecto que el día a posteriori de la primera clase de crossfit. Los cánones que esta sociedad de mierda ha implantado están llegando demasiado lejos. Hablamos del body shaming. Su traducción al español corresponde a “cuerpo avergonzado”. En resumidas cuentas, un cuerpo que no cumple con los estándares de belleza establecidos por la sociedad actual.

Ya no se critica el hecho de hacerte una foto en la playa, otra absurdidad de la que ya hablaré otro día, sino que ahora parece que, o tienes unas medidas concretas o no tienes derecho a subir una foto sin ser humillada públicamente. Humanos, despertad. Despertad porque hay animales más cívicos que vosotros, además de menos gilipollas.

Esta aberración comenzó con vituperios de usuarios hacia fotos en bikini o bañador que famosas y celebridades colgaron en sus redes personales. Un caso viral es el de Chiara Ferragni en su despedida de soltera. Lo más indignante de toda esta parafernalia es que la mayoría de esos comentarios punzantes son obra de mujeres. Es decir, ya no solo tenemos que combatir contra los machitos que nos comentan puta, zorra, te partía en dos, o el clásico hola, guapa, ¿tienes WhatsApp?; sino que ahora tenemos que batallar con cuatro retraídas que tienen más complejos que Paquita Salas ganas de comerse un Donettes. Chica, supera primero tus propios fantasmas y y deja en paz a los demás.

Y algunos dirán que esto es libertad de expresión o que España, para lo que quiere, ojo al dato; es un país libre. Tu libertad de expresión comienza donde acaba la mía. Por lo que no es libertad, es opresión. Le arrebatas a alguien el derecho de expresarse libremente como persona para alimentar el ego, tus propios complejos, y un exceso de libertad que ni viene al cuento ni es necesario. Luego le echan la culpa a la industria de la moda por promover la anorexia, que no digo que algunos no lo hagan, aquí nadie es un santo, y quien lo sea ya irá al cielo; pero pensemos un momento en la clase de monstruos en la que nos estamos convirtiendo, en el odio y en la inseguridad en uno mismo que estamos fomentando y en el aburrimiento y en la vida vacía que estamos demostrando que algunos tienen. Venga, por favor. Esto es una vergüenza.

Vergüenza es lo que yo siento y lo que muchos y muchas deberían sentir. Que no hace falta que nos recuerden que tenemos estrías, que no hace faltan que nos recuerden que tenemos celulitis, pelos o kilos de más, que tenemos ojos; pero lo que no me parece normal es que si una persona se quiere tal y como es, o no, porque eso no lo sabes; tengas que venir a joderle la marrana, hablando en plata. Encima, además de un aberración me parece de una cobardía impetuosa: ni siquiera a la cara, todo detrás de la pantallita dichosa.

Así que la próxima vez, piénsalo, pero no lo digas. No lo digas porque no es necesario, y como dijo Christina Aguilera: You are beautiful no matter what they say. Words won’t bring you down.

Una última cosa: pensad y solidarizaros con los helados, que en verano, si no te los comes, se vuelven unos incomprendidos y no hay Dios que los soporte.

Y como no podía ser de otra forma, os dejo con una foto mía en bikini, y a quien no le guste, pues que no mire.

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