¿Es nuestra generación una fracasada en el amor?

Me han dejado. Menuda tragedia. El amor es una mierda. Él se lo pierde. No va a encontrar a otra como yo. Menudo capullo. Yo lo quería. Me veía casada con él. La vida es una mierda. Ya no volveré a encontrar a nadie que me quiera.Ya no volveré a creer en el amor. ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Dónde habré dejado el helado de vainilla? ¿Qué hora es? ¿Estará el chino abierto? Ah, aquí está. ¿Que estarán echando en la tele? ¿El Diario de Noa? ¿En serio? ¿Qué consternación divina ha decidido ir a por mí? No me merezco esto. Voy a quedarme sola toda la vida. Voy a ser una cuarentona solterona y con cuarenta gatos. Ah, no, que soy alérgica; pues con cuarenta peces. Un día la vecina del cuarto, esa que ahora es una mocosa pero que luego estará tan buena, subirá por las escaleras, porque los ascensores son para las vagas como yo, claro, y ese culo prieto no se consigue comiendo helados y subiendo por ascensores, olerá a tufo, llamará a mi puerta, y como no responderé, llamará al conserje. Abrirán la puerta y se encontrarán mi cadáver. Los de la autopsia dirán que llevo muerta casi una semana y la vida se habrá acabado para mí. Sola, con helado de vainilla, viendo El Diario de Noa y con cuarenta peces, porque soy millennial y los gatos están pasados de moda y me dan alergia.

La parodia novelesca y la tragedia shakespeariana se fusionan para describir la situación por la que pasa nuestra generación: el amor, o mejor dicho, el aparente fracaso del amor.

No ha sido culpa mía, ha sido culpa suya; lo que una persona no encuentra en su casa lo busca fuera; no eres tú, soy yo; podemos ser amigos; la relación se ha enfriado y por eso te he puesto los cuernos; iba borracho; se me lanzó él; no ha significado nada… Y así podríamos seguir durante horas. Y muchas veces, no se trata de buscar culpables, muchas veces, no ha sido culpa de nadie, pero no podemos pretender que el amor dure toda la vida cuando elementos como el aire, la vida o el sueño tienen fecha de caducidad. Todo tiene un fin. Todo termina. El problema está cuando hacemos un mundo de ello.

Pero, ¿queréis buscar culpables? ¿Queréis tener un nombre al que maldecir cuando lloréis enfundadas y enfundados en vuestros pijamas de franela y vuestro rímel corrido? Está bien. Busquemos culpables.

Hollywood. Sí, la culpa la tiene Hollywood. Hace mucho tiempo que le declaré la guerra. Las productoras de cine nos han hecho creer que el amor es una hipocresía barata llena de narcisismo. El amor no lo puede todo. Las relaciones no suelen acabar bien, y tu primer beso y tu primera vez no te hacen sentir como en una burbuja rodeada de magia, mariposas en el estómago y flores por todas partes; son torpes, desastrosos y suelen hacer que te avergüences. La burbuja se pincha, la magia resulta ser polvo, las mariposas, gastroenteritis, y encima descubres que eres alérgica a las margaritas. Los príncipes azules no existen y que te roben un beso es más una invasión de tu privacidad que un gesto romántico.

Todas las películas de Hollywood, si os fijáis, tienen el mismo argumento: Chico conoce a chica, se pelean, se reconcilian y son felices para siempre. Muchas veces esconden que tienen un hijo, que son primogénitos del presidente, de un millonario o del mismísimo rey, y otras veces es un perro superdotado el que los vuelve a unir, pero oye, solo para variar el argumento. Todo muy romántico, con lluvia o nieve. Sí, sí; que la lluvia y la nieve son muy románticos. Bueno, pues dejadme que os recuerde que el significado original del romanticismo es todo lo que acaba mal, Romeo y Julieta, para que nos entendamos. Ser romántico significa que estás dispuesto a clavarte un puñal en el pecho si no consigues a tu dama, literalmente. Si no estás dispuesto a hacerlo, lo siento, pero no eres un romántico. Si estás dispuesto, lo siento, pero tienes un problema.

La reconversión del romanticismo ha sido obra de las productoras de cine, que han añadido este significado posmoderno donde las rosas, los rubíes y San Valentín están por encima de cualquier dios que digan que existe; aunque tengas que pedir un crédito al banco. ¡Estamos hablando de ser románticos, por Madonna! Que te regalen un ramo de rosas rojas en plena temporada que cueste alrededor de sesenta euros y que se seque al cabo de dos días es muy romántico. Uy, menudo sacrificio. Luego, les abres tu corazón y salen corriendo por patas.

Pero ojo, que cualquier persona que piense que el significado actual del amor millennial es pura campaña de marketing y un fajo de billetes para los comercios es un amargado, que una mujer tenga cuarenta años y esté soltera o que no sea madre es una fracasada. Da igual que dirija una empresa, que sea una emprendedora o que contribuya a que el mundo sea mejor. Eres una fracasada y punto. Solo hay que ver que la primera pregunta que te hacen cuando cuentas que estás estudiando es si tienes novio; y ojo, que como digas que no, la siguiente preguntas es “uy, ¿y por qué no? Si eres muy guapa”, como si los feos no tuvieran derecho a encontrar el amor. ¿No se te ha ocurrido que a lo mejor no tengo novio porque no quiero o porque ahora mismo no lo necesito? No, no tienes novio porque no te has esforzado lo suficiente. Claro, ahora mismo voy y pongo un anuncio. Porque esa es otra, la gente ya no se enamora como antes. Te veo en la discoteca, ciega y hasta arriba de todo, te perreo, nos liamos, nos volvemos a liar, nos acostamos y ya luego, si eso, vemos qué hacemos.

Es más difícil encontrar a alguien leyendo en una cafetería que encontrar una prenda intacta del Zara en plenas rebajas. Luego está la nueva forma de ligar, el Instagram. ¿Puede competir Meetic contra Instagram? Como poder, puede; pero su futuro es más negro que el armario de una viuda.

También están los “en la cama no es muy bueno, pero bueno, lo compensa con otras cosas”. Sí, ya. Historias para no dormir. Nos han enseñado que lo que debemos hacer es estudiar una carrera, enamorarnos, casarnos, tener hijos, cuidarlos hasta que aprendan a decidir solos, formar una familia y dejar un legado. Nos han enseñado que el hombre es quien debe gastarse el sueldo de tres meses en un anillo de compromiso, que París es la ciudad del amor y que las joyas, las rosas y la penumbra son detalles románticos. ¿Y si no quiero hacer eso? ¿Tu relación es mejor que la mía? ¡Y tú qué sabes! ¿Y si no me quiero conformar o no quiero seguir la regla que dicta que debo firmar un papel donde diga que estoy unida a otra persona? ¿Y si me quiero unir a cuarenta? ¿Y si lo único que quiero es a alguien que me escuche, que me acompañe, que me haga sentir especial porque piense que realmente lo soy y que me anime a querer más? ¿De verdad preferís un ramo de rosas a un viaje o a una persona a la que realmente le preocupes o le intereses? Claro que a todos nos gusta que nos regalen cosas, pero si a la persona le nace, no si cree que le nace o piensa que debe hacerlo.

¿Qué pasa si no te quieres conformar? Aparentemente nada, luego habría que ver lo que piensan o lo que hablan cuando no estás delante. El conformismo es uno de los principales problemas en este país.

¿Cuál es entonces la clave para que una relación no fracase? ¡Y yo qué sé! Hollywood debería ir entrevistando a gente de la calle, no hacer que idealicemos una relación perfecta, porque abrid oídos, la perfección no existe. Ninguna relación lo es, y si un matrimonio se termina por X o por Y, pues nada, chico; a otra cosa mariposa. El mundo no se acaba. El día que alguien no se escandalice porque un matrimonio no haya funcionado, sin lugar a dudas, estaremos avanzando. La vida real no es una película, pero ni una película ni una novela; y el amor, al final, es una combinación química de serotonina y oxitocina que no se produce precisamente porque llueva o nieve mientras una pareja discuta. Amores hay muchos, pero quizás sepas con anterioridad cómo es esa persona que tanto te llama la atención dejando el móvil, el perreo y la idealización a un lado. La realidad duele mucho menos que la decepción. Eso seguro.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Bianca dice:

    Gracias por esto

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  2. Ivanna dice:

    “¿Qué pasa si no te quieres conformar? Aparentemente nada, luego habría que ver lo que piensan o lo que hablan cuando no estás delante. El conformismo es uno de los principales problemas en este país.” cierto como la vida misma

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  3. Jaime dice:

    Quizás eres un poco radical a la hora de escribir sobre un tema como este. Pero me encanta la manera en la que has ido hilando el discurso. Enhorabuena

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  4. Hollywood usa fórmulas que sabe que funcionan y de paso adoctrina un poquito, por eso hace eso, es una fórmula estudiada que vende y que cambiarán si dejamos de consumir ese tipo de contenidos, así que darnos cuenta de que lo que nos venden no es real es un primer paso.

    Efectivamente el amor no es lo que nos contaron, muy buen post.

    Por otro lado hay más motivos para que las cosas estén cambiando (creo yo), como el discurso con el que antes tenían a las mujeres convencidas de que para que las cosas funcionen hay que aguantar, ser el sostén principal de todo y aceptar que tu pareja “es así” y si realmente lo quieres tienes que tragar. Eso está cambiando, aunque poquito a poco.

    Un saludo

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