Capítulo uno de mi nuevo libro, Silencio.

¡HOLA A TODOS MIS LECTORES!

Hi, guys!

Ayer terminé de editar mi libro y me pedisteis que subiera el primer capítulo. El primer capítulo de un libro es importante, nos permite saber qué pinta tendrá un libro, saber si nos va a enganchar o no… Vuestros deseos son órdenes. Aquí lo tenéis. Solo os pido que me dejéis en los comentario vuestra más sincera y respetuosa opinión. Sabéis que soy lo que hoy día soy gracias a vosotros, así que vuestra opinión me importa. Gracias por seguir conmigo, por vuestro tiempo y por ser tan geniales como sois. Espero que os guste y decidme qué opináis. ¡Os quiero!

L.I.

CAPÍTULO I.

¿Qué se supone que debo hacer?

 

El sol radiaba brillante en toda la ciudad, pese a que fuera extraño en bien entrado el mes de diciembre. De nuevo me encontraba en Nueva York, una ciudad estrepitosa y abrumadora. Nunca me marché en realidad. Ni siquiera recordaba el motivo por el cual no había cogido un destino al azar en un mapa de carretera y me había ido con una mano delante y otra detrás, como si nunca hubiera vivido aquí, como si nunca hubiese existido. No tener identidad en este momento sería perfecto; no ser conocida por nadie, que mis conocidos no supieran por lo que había pasado y por lo que todavía estoy pasando, mis problemas hace tiempo que no dejan de existir; pero supongo que no basta con desaparecer y cambiar de nombre. El pasado siempre me arrastraría a la misma fosa una y otra vez, al mismo nicho cada noche, ahogándome en el mismo silencio abrupto de siempre; pero a veces, simplemente a veces es más fácil pensar que tus problemas desaparecerán si tú eres la que desaparece.

 

¿Y por qué no encuentro el valor para hacerlo? ¿Por qué sigo permaneciendo en esta ciudad que tanto daño me ha causado? Quizás empezar de nuevo en otro lugar sería justo lo que necesitaba. No tenía el valor para hacerlo, lo peor es que sabía que nunca lo tendría. Quizás era una cobarde. Quizás tenía miedo. Sí. Puede que fuera eso.

 

Un rayo de sol me deslumbró al volver a cruzar el umbral del portal de mi edificio, como cada mañana; una rutina. La gente parecía gritar por las calles cuando en realidad ni siquiera murmuraban, caminaban en silencio, gritando en sus pensamientos. Volvía a sentirme vacía, pese a que quizás debería sentirme plena.

 

¿A quién se le ocurriría la idea de los taxis? ¿Quién dijo que los taxis serían la solución de una ciudad inmensa? Seguro que no lo pensó dos veces. Ese tipo de locuras tan descabelladas que simplemente funcionan: coches dirigidos por desconocidos, en los que confías tu vida para que te lleven al destino que deseas a cambio de dinero. Una locura en toda regla. Una locura que realmente funciona.

Nunca entendí muy bien la tremenda prisa que aparenta tener todo el mundo. Lo cierto es que me divierte imaginar hacia dónde se dirigen todos ellos: señores con traje que se cruzan con mendigos por las calles, se miran a los ojos y se esquivan.  Y lo cierto es que ambos están cortados por un mismo patrón. Ambos serían idénticos ante los ojos de ese Dios que dicen que existe, aunque uno de ellos haya sido bendecido por un golpe repentino de suerte. Suerte, quién la tuviese. La desigualdad en esta ciudad sigue siendo mortífera por mucho que pasen los años. Pierdo la noción del tiempo con la misma facilidad que las nubes pierden sus gotas cuando están cargadas. Mi lugar de oficio se sitúa delante de mis ojos y desearía no haber llegado.

El frío aquella mañana era colosal, aunque el sol iluminara las calles. No conseguía entrar en calor ni subiendo los escalones y escuchando la musiquilla del ascensor del edificio de enfrente. No podía entender cómo formábamos parte de la misma empresa, ni siquiera el porqué de la tremenda frialdad de sus ojos, su semblante neutro… Era increíble. Te miraban por encima del hombro como si fuesen superiores, y aunque no lo fueran, te lo hacían creer. Te admiraban como queriéndote dejar claro lo perfectas que eran sus vidas. Te hacían creer que despedir a cuatrocientos empleados era bueno para la empresa, que no tendría nefastas consecuencias para sus familias, aseguraban que encontrarían trabajo pronto sin temblarles la voz un ápice. Y una mierda. Francamente, no sabía cómo conseguían conciliar el sueño por las noches. Los detestaba casi tanto como a los lunes.

El ensordecedor ruido de mi oficina se hizo presente en forma de cliché. La gente no se miraba a la cara. Los modales quedaron atrás. Todos firmamos un contrato donde el individualismo encabezaba como principal titular. Atrás quedó la solidaridad de trabajar en equipo. La ambición y la preocupación de no ser despedido y de llegar a casa con las monedas contadas era la única preocupación que nos arrancaba el sueño por las noches. El ser productivo no importaba. Solo lo hacía el éxito.

Mi madre y yo soñamos mucho tiempo con la ilusión y esperanza de la que todo el mundo habla: “ir sonriendo a trabajar”, “amar lo que haces”, llegar a casa con un sentimiento abismal de plenitud… Sin embargo, ese sentimiento no paseaba por estos pasillos ni en forma de visita. Aquí se cobraba y cuando llegabas a casa, tenías el dinero justo para pagar y para comprar comida escasamente durante el mes. Ni más ni menos. Nada de vacaciones. Nada de caprichos, y el dueño era el segundo hombre más rico del mundo, Maximum Smith.

 

-Hera, el jefe quiere verte en su despacho en dos minutos- me anunció un compañero.

-¿Sergio?- alcé las cejas extrañada. ¿Qué habría hecho?

-No, no. Sergio no- ¿cómo que Sergio no?- Maximum Smith.

-¿Maximum Smith?- me entraron ganas de vomitar. Él asintió.- Está bien, Jack, muchas gracias- me levanté.

-Hera- yo me giré hacia él-, mucha mierda.

 

Maximum Smith no era un jefe cualquiera, como ya he dicho. Maximum Smith era el dueño de la empresa, el fundador, un fantasma, un viejo mito. Solo los de la planta sesenta y seis tenían la desgracia de poder trabajar con él. Ni siquiera lo había conocido y llevaba trabajando tres años en la empresa, y de hecho nunca me importó. Rumores llegaban a la planta doce. Era un misógino. Dicen que nunca debes fiarte de los rumores, pero no sé por qué tenía la sensación de que aquello era cierto. Supongo que el hecho de que el jefe de los jefes, encima misógino, tuviese un motivo para querer verte no podría conllevar nada bueno. Es más, tenía la certeza de que nada que tuviera que ver con aquel hombre podía conducir a nada bueno.

Hera Harrison. A mis genuinos padres se les ocurrió la brillante idea de llamarme Hera, puesto que yo supuse el símbolo de la fortaleza de su matrimonio, o eso decían. Al fin y al cabo, ¿realmente se puede medir el peso y la importancia de unas simples palabras, algo tan abstracto, algo tan fácil de fallar…? Mi madre era griega, mi padre neoyorkino y se conocieron en Atenas cuando mi madre se dirigía a su nuevo trabajo y mi padre trataba de encontrarse a sí mismo. Eran jóvenes e ilusos. Oh, amada adolescencia, qué mala consejera eres. Se convirtieron en poco tiempo en la pareja empalagosa que nadie quiere tener cerca más de ocho segundos. Dos odiosas personas que se daban de comer el uno al otro, dormían abrazados y se daban besos en la nariz. Esas personas a las que sus amigos solían gritar “iros a un hotel”, “qué asco dais”, “casaros”, o “tengo la sensación de que durareis toda la vida”. Cuando nací, las tornas cambiaron. La fortaleza de su matrimonio se vio quebrantada año y medio más tarde por el miedo a la responsabilidad y a dos largas piernas bronceadas. Traté de buscar a mi padre, pero a día de hoy, y aunque suene triste, sigue sin querer que lo encuentre. Hera, diosa del matrimonio, qué irónico me suena.

Volvamos a mi trepidante realidad. Por Dios, qué ascensor tan lento. Qué larga e insufrible es la espera. Debería haber utilizado las escaleras, pero todo llega, y como un conejo en pleno bosque, me encontraba delante de la puerta del despacho, la puerta a la que todos temen. Como diría mi abuela si todavía viviese, me encontraba en plena boca del lobo.

Toqué dos veces antes de entrar, dos golpes suaves, quizás demasiado; y al hacerlo un escalofrío rondó cada centímetro de mi cuerpo. Qué sombrío y tenebroso era. Y realmente no sabría decir en claro si me refería al despacho o a él.

 

-Debo suponer que usted sea la Srta. Hera Harrison- su tono era brusco, con una pizca de ironía.

-Así es- me limité a responder.

-Vino hace dos años de España… Bueno, en su ficha pone que su madre era griega…- dejó caer con suspicacia.- ¿Por qué Harrison?

-Mi padre era neoyorquino- ¿por qué quería saber eso este hombre y qué tenía eso que ver con que estuviera aquí?

-Interesante- anunció.- Se preguntará por qué pisa usted mi suelo, Srta. Harrison- se recostó en su sillón.- Nunca imaginaría que alguien de la planta doce ascendiera a la sesenta y seis cruzando de edificio. ¿Qué le parece?- abrió sus brazos ocupando el espacio.- Aquí las cosas son un pelín diferente, ¿verdad?

-Un tanto- contesté- pero creo que el resto de sus empleados de la planta sesenta y seis tienen más curiosidad que yo de saber por qué estoy aquí.

-Estos jóvenes- se levantó-, siempre tan ansiosos- miró por su ventana.- Tengo entendido que usted ya no consta de responsabilidades.

– ¿A qué se refiere?

-Su madre, su marido, su…

-No hace falta siga- lo interrumpí.- No sé hacia dónde se dirige esta conversación, pero con todos mis respetos, Sr Smith, no creo que sea de su incumbencia- espeté.

-Ya van cinco…- ¿lleva la cuenta?

-Me reitero, no creo que eso sea algo de lo que deba otorgar explicaciones a nadie- ¿esta conversación hacia dónde se dirigía?

-Verá…- dejó caer. Lo bueno comenzaba.- La inepta de mi secretaria ha pedido la estúpida baja de maternidad- ¿estúpida?- y necesito a alguien que ocupe su lugar.

-¿Y ha pensado en mí?- me atreví a preguntar después de todo.

-En realidad no sé ni por qué permití que la contratasen- fue franco.

Sinceramente no supe dónde meterme. ¿Me despediría después de todo?

-Está claro que usted no tiene la presencia que ha de tener la persona acompañante de una figura representativa como yo, puesto que no sabrá diferenciar entre cashmere y cachemir…

-Acaba de decir lo mismo- espeté.- Por mucho que cambie de idioma, la palabra seguirá significando lo mismo.- Aquel hombre me fulminó con la mirada.

-Oh, sí- y ahí lucía su más esplendorosa ironía.- Olvidaba que trabajó en una revista de moda. Dígame, ¿se quedó estancada en los 2000?

-Sr Maximum Smith, ¿qué quiere de mí?- me sentía exhausta de todo aquello. Solo quería irme a casa.

-Entre toda su plantilla, creo que es lo mejor.

-Supongo que debería sentirme halagada.

-No te pases de lista, Harrison. Aquí quien domina la ironía soy yo- suspiró irritado.- Señorita Harrison, le estoy ofreciendo la vacante. ¿Usted cree que yo habría querido perder mi tiempo con alguien de la plantilla doce de no ser posible la okupa del puesto vacante?- dicho así… Sonaba lógico.

-Mis disculpas- a este idiota no hay quién lo aguante-, mas me desacuerda que usted quiera que ascienda de posición cuando la señorita Jones volverá en dos meses. Entonces, dígame, ¿qué pasará conmigo?

-¿Que la señorita Jones volverá? ¿Me cree imbécil, Harrison?- la vena de su cuello se hinchó. Tan solo quería desaparecer- ¿Quién ha dicho que la señorita Jones volverá? ¿Osa decidir por mí?

-Yo… Creía…

-Oh, por Dios, no tartamudee- me pidió y acto seguido suspiró.- Ese es el problema, que piensa sin ser dueña de sus actos- se levantó de su silla de cuero negro de nuevo. Ahora sí creía que me despediría.- Mire, Srta. Harrison, no tengo todo el día. La creo idónea para el puesto porque es una mujer tétrica- alcé las cejas sin querer. Si eso era un piropo que bajara Dios y lo viese-, sin responsabilidades y eficiente; es la única por la que hoy día apuesto. Se toma su trabajo en serio y eso me turba a la vez que me gusta. Le acabo de dar la posibilidad de ascender en la pirámide. Muchos querrían estar donde está usted. Si quiere ser alguien y tiene ambición me dirá que sí. Es su elección. Ahora sí, fuera de mi despacho. Sus horribles zapatos naranjas están espantando a mi ficus.

22 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elena dice:

    Sinceramente no me esperaba menos de ti, pero lo cierto es que no sabiendo muy bien por qué, tengo que decirte que me ha parecido súper interesante. El primer capítulo y ya le he cogido asco a su jefe. Tengo que decirte que escribes muy bien y que seré la primera en comprarlo cuando lo publiques.
    Estoy deseando!

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  2. Pablo dice:

    Me ha sorprendido tú manera de escribir. La trama es interesante y a pesar de que el primer capítulo es importante, no nos permite saber si nos gustará o odiaremos el libro. De momento pinta bien: buen trabajo.

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  3. Esther dice:

    Es interesante y Hera me parece una protagonista con mucha historia detrás. El simil de su nombre con la historia de sus padres es una paradoja. Espero que siga la novela con este hilo, porque de ser así, tienes una gran admiradora.

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  4. Sara EL. dice:

    Madre mía, Laura! Increíble. Me he quedaddo estupefacta. Estoy muy orgullosa de ti. Estas en línea. Me he enganchado muchísimo con Hera.
    Enhorabuena, mi niña, sigue así. ¡muy buena historia! Mis más sinceras palabras.

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  5. Selena Mañogil dice:

    Laura! Ahora me has dejado con la intriga. Quiero saber más sobre Hera y su historia! Me ha enganchado muchísimo. Sigue así!!

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  6. Celia dice:

    Me ha encantado!! Me ha parecido super interesante y te deja con ganas de más! Estoy deseando leerlo entero ❤

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  7. No hay que escribir nada más que un MARAVILLOSO…es adictiva y una expresividad en el texto que te hace envolverte y ponerte en situación. Felicidades por esto y espero saber más💓

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  8. Ashley dice:

    Estoy realmente intrigada y con muchas ganas de seguir leyendo! La historia del nombre de Hera, el señor Smith y el piso 66 son detalles que me han parecido geniales.
    Felicidades Lau! 💕

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  9. Esperanza dice:

    Me ha gustado. Espero poder conocer con mayor profundidad a Hera Harrison. Me quedo con buen sabor de boca y con ganas de más.

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  10. Susi dice:

    Increíble!!!! Me ha encantado!

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  11. Eleanor dice:

    Quiero otro capítulo! Me ha encantado el detalle de número 66, el número del diablo y odio a maximum.

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  12. Diana dice:

    Addictive sería un buen adjetivo.

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  13. Samuel dice:

    Yo que te veía como la típica cría pija, a ver no me mal interpretes, lo que haces lo haces bien, pero no te veía escribiendo una novela seria, y me he llevado un zas en toda la boca.

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  14. Victor Saez dice:

    Tiene pinta de ser un muy buen libro

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  15. Victoria dice:

    Es de esos libros! Que los lees y te enganchan!

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  16. Annabel dice:

    Yo, Lauren, de verdad, solo espero que te lo publiquen porque se nota. Se nota la calidad literaria y que te lo has currado, y eso no lo hace cualquiera. Ha sido un proyecto bonito.

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  17. Cris dice:

    Moda. Zapatos. Libros. Si es que haces de todo; y todo bien!

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  18. Sonia dice:

    Deja algo para los demás! Como me ha gustado!

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  19. Sergio dice:

    Maravilloso.

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  20. Sara dice:

    Muy bueno el primer capítulo! Tiene pinta de ser muy de lo que a mí me gusta leer, un beso y toda la suerte del mundo con este proyecto!

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  21. Malú dice:

    ¡La segunda leída es aún mejor! Me gusta muchísimo y seguro que el libro entero es lo más!!! Eres una artistaza y seguro que el libro triunfa, tanto como tú😍 y yo apoyándote siempre, lo sabes💜
    ¡Eres increíble!

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