Querida Lauren del futuro:

Me siento ocluida. Es extraño. Hoy he hecho un examen de matemáticas y tengo una sensación agridulce. El día está nublado y hace frío. Mucho frío. Casi podría decir que he visto al invierno saludar desde la esquina de casa. En clase hay discusiones. No sabemos qué va a pasar con nuestro futuro, ojalá pudieras decírmelo tú.
 Sería fantástico que pudieras decirme que me tranquilice, que todo saldrá bien, que entraré en la universidad, que encontraré trabajo en lo que quiero estudiar, que encontraré a alguien que me quiera sin problemas, que podré pagarme unas vacaciones cada año y un pisito en una de las avenidas de Madrid, junto a Callao o al Retiro, si es posible, no muy lejos de mi lugar de oficio, con un Starbucks cercano, y tiendas alrededor. No me hace falta ser rica. No me hace falta ser famosa. Puede que suene paradójico, a película o incluso cursi, pero solo quiero ser feliz. ¿Estoy pidiendo demasiado?

 Ojalá pudieras decirme eso y más. Sería fantástico y te creería, lo prometo. Pero no puedes. Y ojalá pudieras, pero sé no puedes. Lo comprendo. 
Solo queda ceñirme ‘a lo que tenemos’, aunque ninguno sepamos muy bien qué demonios es. 

Hoy he hecho un examen de matemáticas y estaba nerviosa. Muy nerviosa. Tenía las manos frías, el estómago cerrado y dudas hasta en el alma, pese a que había estudiado y me lo sabía todo. Mamá me ha dicho esta mañana: “No vas a suspender. Te va a salir bien, ya verás. Bien no, genial. Y si no, piensa que no puedes ser perfecta. Que alguien tenga cojones a ser la mitad que tú”. Qué buena es mamá, qué bien me hace sentir. 

Pero… ¿por qué a pesar de no tener por qué ser perfectos, parece que nunca es suficiente? 

Muchos profesores nos dicen que estudiar no es lo más importante, que hay otras cosas de mayor relevancia en la vida. Y es cierto. Claro que luego nos exigen que lo demos todo en sus exámenes. Nos mandan ejercicios, tareas y trabajos de investigación, ¡como si su asignatura fuera la única…! Pero estudiar no es lo más importante. Qué retórico es todo. Qué irónico me suena. 

Nos enseñan a soñar, a descubrir qué queremos ser y cómo podemos averiguarlo. Es maravilloso. Es aterrador. Los que saben lo que quieren desde un principio como nosotras es lo más. Tan solo es una meta que alcanzar, un objetivo por el que luchar. Los que no lo saben, tan solo tienen que indagar, conocerse a sí mismos y pensar qué carrera puede hacerles felices el día de mañana. Es un clima por el cual, si yo fuera profesora, se me saltarían las lágrimas. 

Tienes que estudiar para ser alguien el día de mañana… ¿Pero entonces por qué tengo la sensación de que cada vez tenemos más trabas en el camino? ¿Por qué entonces la lucha es cada vez más difícil de lidiar?

La generación del 99. Papá y mamá la liaron. Somos la generación perdida. Nuestros amigos sabían a qué enfrentarse, y yo a 7 de noviembre no sé qué pintas tendrá mi monstruo. El obstáculo más grande, la última carta en el castillo de naipes, la llave que me ayudará a llegar donde quiero estar. La que me llevará a ser tú. No es justo. 

Timbres, apuntes, café, estrés, la luz del flexo… Y puede que no merezca la pena. Es desolador. ¿Cómo quieren que me tranquilice? ¿Cómo quieren que tengamos valor?
 Ojalá pudieras decirme que todo saldrá bien. 

Y estudiar, y estudiar, y estudiar… Sabía que el camino de segundo de bachillerato sería duro, sería turbio, pero nadie nos advirtió que sería translúcido. No me da miedo la selectividad, la reválida… Me da miedo la incertidumbre. Me da miedo perder el curso. Me dan miedo muchas cosas, pero sobre todo defraudarte. 

Hoy he tenido examen, y mamá lo sabe. Mi habitación es una leonera, pero no tengo tiempo para ordenarla. Ella nos entiende. ¿Te acuerdas de esta sensación? Dime que te acuerdas. Dime que te acuerdas de esta angustia. Dime que no exagero. Dime que mereció la pena. 

Me he enterado que ahora, en esta prueba de mierda, donde no hay nada claro todavía, nos va a entrar filosofía de primero. Tendré que ir por las tardes a repasar. Explícame en qué piensan estos políticos. Explícame por qué parece que no quieren que estudie en Carlos III. No sé que va a pasar, pero ojalá pudieras decírmelo. 

Hoy he hecho un examen de matemáticas, y como no apruebe, mi media se arruinará, no me llegará la media, no entraré en la nota de corte, y no podré estudiar… Todos pensamos lo mismo en cada examen, aunque parezca dramático. Todos. En cada uno de ellos. 

Hoy he hecho un examen. Y qué miedo me da. 

Dime que todo saldrá bien. Dime que toda esta mierda merecerá la pena. Dime que esto es solo un capítulo de tensión. Dime que no estamos perdiendo el tiempo, que no somos la generación perdida. Dime algo. 
Ojalá pudieras. Ojalá. 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Luxi31 dice:

    Estar en bachiller es aterrador, pero yo ya he pasado por ahí y lo que se suele ver son:
    1- gente que ha entrado en lo que quería y es la mas feliz de la vida
    2- gente que por desgracia no le llega la nota de corte, pero aplican a otras carreras
    Igual entras en la que quieres, igual no, pero todo tiene un por qué y hay que pensar que el destino nos tiene algo preparados, así que piensa en estas palabras que te he dicho y espero que te sirvan aunque sea un poco de alivio.
    Ánimo!!

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